martes, septiembre 19, 2006

La fugacidad

La sociedad actual se basa en el consumo. El ocio que se nos ofrece consiste en consumir. La moda, la televisión, los escaparates, las celebraciones... todo está enfocado al consumo. Para ello, es necesaria una rotación vertiginosa de los productos. Todo queda obsoleto a los pocos meses de haber aparecido. Incitándonos a ser únicos se nos conduce a la uniformidad, por paradójico que pueda sonar.

Este ritmo comercial hace tiempo que llegó también al mundo editorial. Un titulo apenas se mantiene unas pocas semanas en la mesa de novedades, de ahí, pasa a ocultarse en una estantería, otras cuantas semanas y, finalmente, vuelve a la editorial. Es difícil encontrar librerías con un fondo propio, entre otras cosas porque el consumidor, aleccionado por las promociones, siempre busca "lo último de..."

Con este sistema, también se consigue que la gente compre libros que le interesan sólo porque si espera es muy probable que ya no los encuentre. A veces, resulta asombrosa la velocidad con que un libro se descataloga.

Así las cosas, el autor novel lo tiene bastante difícil. No se trata sólo de conseguir que te publiquen, sino que, además, hay que conseguir sobresalir entre el resto de las novedades, hay que conseguir salir reseñado, ser entrevistado, que se hable de ti. En su libro "El arte del yo-yo", Juan Bonilla ironiza sobre esto en un texto titulado "La necesidad del doble":
Hace sólo unas semanas, un editor se lamentó por la escasa venta de una novela en la que había confiado el suficiente aparato publicitario como para haberse convertido en un éxito. El editor culpaba del fracaso mercantil de la obra a la renuencia del novelista a decir alguna burrada ante los periodistas en la presentación de su libro, alguna de esas frases llamativas que originan titulares y se nos agarran durante unas horas a la memoria (las suficientes como para que nos induzcan a adquirir el libro). El novelista, al parecer, se negó a hablar de otra cosa que no fuera literatura y ello incumbió de manera determinante en las ventas de su libro: si no se dice un disparate que capten y multipliquen los periodistas, la obra pasa desapercibida ante la suculencia de los disparates que han pronunciado los otros. Vende más el que más llamativos titulares arroje con sus burradas.
Ante esta situación, Bonilla propone que los escritores contraten a un doble, como los actores, que será el encargado de hacer el payaso.

También la escritora croata Dubravka Ugresic, en su libro "Gracias por no leer" se queja del mismo asunto: La propaganda de un libro es más importante que el libro en sí; tal como la foto del autor en la solapa es más importante que el contenido, y la apariencia del autor en los diarios de gran tirada y en la televisión es más importante que lo que el autor haya escrito realmente.

25 comentarios:

OjO x OjO dijo...

Que razón tienes. Espero que los que escribís, con esta herramienta (blog)lucheis contra ello. Tu granito de arena está puesto. Ya he leido dos libros que has propuesto en tu blog, uno de ellos descatalogado. Animo que te sigo.
saludos

perdidaentrelibros dijo...

Hay mucho de cierto en tus palabras, para desgracia de los amantes de la buena literatura. El consumismo en el mundo editorial puede hacer mucho daño. Ya no basta con escribir bien, de hecho eso es lo menos relevante. Estamos rodeados de libros infames que se venden como churros. Pero lo mismo ocurre con la televisión (programas y series estupendas son programadas en horarios imposibles o eliminadas rápidamente si no alcanzan un mínimo de audiencia). Parece que ya casi todo es de usar y tirar.
Un saludo

mart dijo...

El consumismo es una estrategia hábilmente diseñada por los que controlan la maquinaria del estado,es decir ,poder político,económico y los mass media,de esa forma ,el consumismo se instala en nuestras vidas convirtiéndolo en acto mecánico,rutinario,que nos mantiene aletargados con sucedáneos de droga blanda...tv de usar y tirar,los centros comerciales como los nuevos tempos del ocio,los espectáculos de masas,etc,etc.
Se trata de no darnos el tiempo suficiente para pensar y reflexionar,se trata de desviar nuestra atención de los problemas realmente importantes...si no, no me explico que con problemas como el de la vivienda, la gente no haya salido en masa a protestar,a montar una revolución pacífica....como la Revolución Naranja de los ucranianos.Los libros son una herramienta poderosa...quizás sean tiempos propicios para la literatura superficial y de baja calidad.

K dijo...

No es más importante la propaganda que el libro. Por lo menos para mi.
La literatura es arte, es una actividad que motiva al artista a cuestionarse sobre su ser, el universo, su entorno, etc. O sea, su producto es algo que vuelve en si, sin necesidad que lo lean 10 personas o 40 millones. Eso sí, hay que diferenciar entre literatura y otros textos. Existen casos en los cuales un artista puede ser un best-seller, pero continuar siendo incomprendido. Por ejemplo, mucha gente compra a Borges, pero son menos quienes lo leen.
El consumismo, esta sociedad de mercado, las leyes de la economía neoliberal, sólo deberían importar a la literatura cuando afectan a los personajes que ella se crea.
No se preocupen, ningún modelo económico podrá matar el arte... tal vez transformarlo.

solodelibros dijo...

Como dice Mart, esa rotación vertiginosa no es más que la consecuencia natural del estado de ensimismamiento en el que vivimos (propiciado, sin duda, por los poderes político-económicos). Es duro para los autores noveles, sí, pero más aún para los simples lectores de a pie que, como yo, buscamos a veces un libro y nos encontramos con que hay que pedirlo directamente a la editorial porque lo han retirado de las librerías a las dos semanas de sacarlo a la venta.
Una pena. Menos mal que con la llegada de Internet, las librerías de viejo (y las normales) se han puesto las pilas y se puede conseguir casi cualquier cosa en un plazo razonable.

Francisco Ortiz dijo...

El ruido. Si algo no hace ruido parece muerto. Da igual que el ruido atrone, sea disonante o esté fuera de lugar. Ruido, ruido. Y que compren libros aunque luego no los lean. Qué tristes consignas mueven a los editores. Así les va a muchos. Así publican lo que publican.

pies diminutos dijo...

Estoy de acuerdo contigo, Miguel. Además, resulta complicadísimo hacerse con libros que ya no son novedad ni tiene una gran venta (por ejemplo, Cortázar, del que siempre encontraremos libros en las librerías). El año pasado, mis compañeros de clase y yo buscamos, primero por toda nuestra ciudad y más tarde por librerías de España, además de por editoriales, un libro de Derrida. Finalmente, incapaces de adquirirlo en ningún sitio, tuvimos que hacer 30 fotocopias del original de nuestro profesor. Y este es un sólo ejemplo, todos los años nos pasa lo mismo con diversos autores y libros. Da una rabia!

la flaca dijo...

También es cierto que el exceso de publicidad de un libro ejerce un efecto rebote, al menos en mí. No me suelo detener en la mesa de novedades. Me encanta curiosear por las estanterías y descubrir a mi aire.

Un saludo,

la flaca

Juan Jacinto Muñoz Rengel dijo...

Hola, Miguel. En efecto, el libro se ha convertido en un producto cada vez más perecedero. Obras que en realidad se han construido para ser -por qué no- intemporales, para hablar desde el pasado a otros tiempos, se venden en las librerías como los yogures en el supermercado. Y, como dices, para mantener un libro en el escaparate, el autor tiene que invertir su tiempo en promocionarlo como parte -absurda- de su trabajo. Así es que si un autor tiene éxito, puede pasar el año siguiente a la publicación del libro rodando por ciudades de España o del extranjero, haciendo algo con lo que no contaba y que no tiene nada que ver con la literatura -en las presentaciones de libros rara vez se llega a profundizar en la esencia real de la obra-; pero para más inri, y precisamente porque su libro ahora es un yogur, transcurrido ese año de tourné, el editor le exigirá un nuevo producto para su mercado, aun cuando el anterior fuera una obra del todo valiosa y el ulterior una secuela de las noches de insomnio.
Sólo nos queda la esperanza de que, pese a la fuerza absorbente de este artefacto mercantil, al final la buena literatura resista el embate y cuando pasen, no sé, cien años, las novelas y relatos imprescindibles aún estén ahí.

Miguel Sanfeliu dijo...

Ojo x Ojo, desde luego que internet brinda unas oportunidades increíbles. Gracias por los ánimos.

Perdidaentrelibros, el tema de la televisión da para mucho. Habrá que hablar de este medio con más calma. Todo parece de usar y tirar, estoy de acuerdo.

Mart, hablas de los centros comerciales, que son otro tema a tratar. Se trata de desviar nuestra atención, de tenernos aletargados. Es posible. Quizá sean tiempos propicios para la literatura superficial, como dices, pero no lo creo, o no lo quiero creer. Confío en la gente que, pese a todo, se sigue acercando a la literatura.

K, de acuerdo con la diferenciación entre literatura y otros textos. Y me dejaste pensando con eso de que un autor puede ser un best-seller y continuar siendo incomprendido. ¿Tú crees? ¿Crees que habrá la suficiente gente que no haya leído a Borges como para que se le considere incomprendido? Estoy de acuerdo en que ningún modelo económico podrá matar el arte. El arte siempre sobrevive.

Solodelibros, a veces dejas pasar un libro y, luego, si cambias de opinión y lo buscas, resulta que ya no hay forma de encontrarlo. Internet es una solución. Reconozco que no suelo comprar por la red, pero sé que tengo que hacerme el ánimo. Es bueno cuando no hay otra forma de encontrar un titulo, pero no se puede comparar a deambular por una librería.

Francisco, tienes razón. Lo peor es que estas leyes no sólo rigen en el mundo de la edición. Se trata de hacer ruido, de dar la nota, como aquel escritor que posaba desnudo en su portada.

Pies Diminutos, es cierto, da mucha rabia no encontrar el libro que estás buscando. Cuando encuentro saldos suelo comprar más de la cuenta porque tengo la impresión de que, después, será muy difícil volver a encontrar esos titulos.

La Flaca, a mi me encanta curiosear entre las estanterías y encontrar titulos que han resistido allí escondidos, de un modo incomprensible. Sin embargo, creo que la publicidad sí es eficaz. Mueve mucho dinero la publicidad.

Juan Jacinto, te acompaño en esa esperanza. La buena literatura perdurará. Recuerdo mucho el caso de Felipe Alfau, cuyo libro resurgió de las cenizas pillando al ya anciano autor por sorpresa.

Un saludo a todos y gracias por vuestros comentarios.

malambruno dijo...

Yo también pienso que que las cosas son como dices. Pero no creo que haya nadie detrás de ello para tenernos adormecidos. Estas cosas se organizan solas. Para mí, el problema como lector sería cómo encontrar buena literatura entre tanto ruido, pero la encuentro. Y con eso me basta. Aunque sé que, perdidas entre el ruido, me pierdo cosas estupendas.

M dijo...

Con los libros de relatos ni te cuento, Miguel, lo que pasa. Yo creo que hay unas directrices claras en las grandes superficies (supongo igualmente que con las novelas de editoriales que no hacen mucho ruido pero publican cosas excelentes) para que estas obras sean relegadas a los estantes marginales o, literalmente, ocultadas detrás de otros manuscritos con alevosía (como he visto hoy en cierto Corte Inglés de cuyos brillos no quiero acordarme).
En breve voy a intentar mover un libro de cuentos y estoy pensando cómo diablos voy a hacer para que por lo menos haga un poquito, un mínimo, de eco. Nada en realidad, supongo. Durará lo que esas buenas tardes de lluvia, mansas y maravillosas, un ratejo.

Alvy Singer dijo...

La fugacidad me agota: ¡joder! tnego tantos libros por leer y encima me vienen Murakami y Roth - pienso mientras visito una librería babeante.

Y lo que leo ahora es antinovedoso pero maravilloso. Y me alegro. Es mejor... La lectura no tiene que poseer fechas incluso siendo un fuera de tertulias.

Clarice Baricco dijo...

Sueño despierta y contemplo que tengo una editorial y que ésta editorial es diferente ante todo esto que planteas.
Quizá no ganaría los grandes billetes pero sí ganaríamos en calidad y la bohemia sería maravillosa.
Y el mundo de lectores sería otro.
y....y....

No seamos fugaces...no lo permitamos.

Abrazo

Isabel Romana dijo...

El panorama que describes no es, por conocido, menos deprimente. Lo malo es que muchos de esos libros superventas contribuyen a reforzar a ese tipo de comprador.Y lo peor de todo es que no se ve, de momento, ningún camino que vaya en otra dirección. Saludos tristes.

India Ning dijo...

Vende la imagen, sí, y la inmediatez, todo ha de ser para ahora, rabiosamente actual y lo de ayer ya es pasado.
Es una espiral vertiginosa, que abarca muchos campos, y en el arte lo que más vale, es estar en cartelera.
Lo triste es que sólo hay dos opciones: seguir en el carrusel, o bajarte de él.
Un saludo!

Alexandrós dijo...

Miguel tu entrada me recuerda un comentario que te hice sobre la independencia del escritor. Sigo creyendo que mantener las habichuelas al margen de la pasión literaria te proporciona una libertad que los profesionales pierden al firmar su contrato. Por otra parte, muchas veces somos nosotros, idealizando la obra escrita en papel, quienes estamos dispuestos a sacrificar nuestra independencia. Sin embargo, fíjate en el fenómeno Napster a lo que dio lugar. ¿Podrá pasar eso con los libros? ¿Podremos tener una edición personal de la obra que nos interese sin pasar por el aro de las macro editoriales? Yo creo que los tiros pueden ir por ahí.
Un abrazo

Portorosa dijo...

Suscribo todo lo que has dicho. Y suscribo lo que ha dicho Malambruno (con lo que vuelvo a suscribir lo tuyo...). Las manos negras no son tan frecuentes como algunos se creen; somos todos, con nuestra pequeña aportación, los que hacemos estas estupideces, en una cadena que funciona perfectamente (tal vez sólo soy capaz de señalar un culpable al pensar en la educación y en lo que influye en que todo esto sea así).

Incitándonos a ser únicos se nos conduce a la uniformidad: esto lo suscribo especialmente (y ya van tres); ¡y mira que es patético!

Un abrazo.

Miguel Sanfeliu dijo...

Malambruno, todos perdemos cosas estupendas ocultas por el ruido. Es posible que estas cosas se organicen solas, pero mientras nos sigan dando carnaza en las televisiones, gritos y destellos, más difícil será la concentración y la reflexión.

M, te deseo mucha suerte con tu libro de cuentos. Recuerda que disponemos de la red. Internet puede sernos útil, y mucho.

Alvy, a mí me pasa igual en las librerías. Mucho por leer y cosas interesantes que siguen surgiendo a mi paso. Así se amontonan los libros, pero ¿cómo las dejamos pasar? Imposible.

Clarice, bonito sueño. Tienes razón. Tenemos una editorial. Es internet. Aquí podemos leernos. Ojalá podamos evitar la fugacidad. Pero no lo tenemos nada fácil.

Isabel, la cuestión de los superventas da hasta risa. Detrás de un éxito se publican decenas de libros sobre el mismo tema.

India Ning, bienvenida. Hay que buscar más opciones, hay que aprender a sobrevivir fuera de esa vorágine. No nos resignemos.

Alexandrós, tienes razón. La independencia es importante. Y es posible que la solución que aportas sea la salida que andamos buscando.

Portorosa, yo apunto a un culpable: la televisión. Habrá que dedicarle un post.

Un saludo a todos y gracias por vuestros comentarios.

Portorosa dijo...

Cuando digo que la educación sí me hace ver un culpable, al decir educación estoy pensando no sólo en la académica, sino en los medios de entretenimiento, con la maldita (he dicho) tele a la cabeza.

Un abrazo.

Mónica dijo...

Ciao,

Si es lo que digo yo, no hay como entrar en GH con el libro bajo el brazo, para ser el próximo novelón del año.
Y para lo de la prensa y la contraportada, pues nada que nos den una buena sesión de Photoshop...
Qué triste.

Besos,

Mónica

Miguel Sanfeliu dijo...

Portorosa, me imaginaba que la tele tenía algo que ver, por eso la nombré yo.

Mónica, no es mala idea la de GH, el caso es hacer ruido.

Saludos.

Rosa Silverio dijo...

Miguel, este post es muy interesante y ojalá escribieras un poco más de esto. Me apena mucho eso de que el escritor mientras más controversial es, más vende, mientras más espectáculos da, más portadas de periódico tiene y más se interesan las editoras por él.

¿Es más importante la personalidad del autor, o las locuras del autor, que la calidad de su obra?

Por otro lado, ahora el libro que vende es el que tiene mayor promoción, el de la portada más escandalosa y atractivo, porque el libro es un producto y los mismos editores nos ven como piezas de un mercado que hay que explotar (para hacer dinero) hasta reventar. Y si eso significa publicar cualquier cosa, pues así será, o si eso significa publicar groserías que en unos años serán tan sólo eso: groserías, pues así será también.

Como dice Mart, quizás esta época de consumismo sea propicia para la literatura superficial y de baja calidad. A fin de cuentas, ¿no es eso lo que la gran masa quiere leer?

Un saludo grande y gracias por los aportes que haces a través de tu blog.

sfer dijo...

Quien busque algo para leer, que en vez de a la librería se vaya a la biblioteca ;)
(Curioso, que nadie las haya mencionado todavía...)

Miguel Sanfeliu dijo...

Rosa, es cierto, por desgracia el marketing puro y duro desemboca en situaciones que no benefician a la literatura.

Sfer, tienes toda la razón. Confieso que no soy usuario de las bibliotecas, y es algo que debería solucionar.
¿Qué tal han ido esas vacaciones?

Un saludo.