domingo, agosto 20, 2006

Cerrado

No puedo abrir los ojos. Me pesan los párpados. Lo intento con todas mis fuerzas pero resulta inútil. Dios, qué cansado estoy. Quisiera abrir los ojos para poder ver dónde me encuentro. Imposible. Se me ocurre de pronto que quizá sí puedo abrir los ojos, es más, que los tengo abiertos y lo que pasa es que todo está oscuro, muy oscuro, rodeado de color negro por todas partes. Muevo las pupilas. Derecha, izquierda, derecha, izquierda. No veo nada. Pero estoy seguro de que tengo los ojos abiertos. Así que todo está oscuro. Un punto de partida como cualquier otro. Una oleada de pánico intenta subirme a la garganta pero la contengo. Debo calmarme. Es fundamental que conserve la tranquilidad el mayor tiempo posible. No sé dónde estoy. Ni siquiera sé si estoy de pie o sentado o acostado. No siento mi cuerpo. Abro y cierro los párpados varias veces. No me atrevo a intentar ningún otro movimiento. Respiro con dificultad. No puedo aspirar con fuerza y llenarme los pulmones de aire. El aire está cargado, espeso, como mezclado con arena. Tengo ganas de toser, pero no puedo. La sensación de ahogo acrecienta mi miedo. Debo intentar recordar cómo he llegado hasta aquí, qué es lo que ha pasado. Unos recuerdos llamarán a otros y tal vez pueda averiguar dónde me encuentro. Entonces me doy cuenta de que no recuerdo mi nombre. No recuerdo cómo me llamo. Esta certidumbre me duele, como si me clavaran algo en un costado. Calma, calma. Lo primero que tengo que hacer es recordar mi nombre. Nombres, nombres. Recuerdo a un niño en un jardín, jugando a la pelota. ¿Quién es ese niño? Ni idea. ¿Por qué recuerdo esto? ¿Qué sentido tiene? He movido el cuello sin darme cuenta. Un movimiento breve, instintivo, y he notado un golpe en la frente. Un golpe débil, pero contundente. No sé con qué me he golpeado. Intento mover una mano. No sé si lo consigo, la mano está muy lejos. No la siento. Me dejo llevar por un impulso irracional e intento girar todo el cuerpo. Pero resulta inútil. No puedo moverme. Bien, lo mejor será ir poco a poco. Vuelvo a concentrarme en la cabeza. Giro el cuello muy despacio, hasta que noto otro contacto en el lado opuesto de la frente. No es mucho. Uno o dos centímetros en total. Un niño juega a la pelota. Voy a intentar sentir los pies, el lado opuesto. Observo cierta resistencia, pero consigo mover el pie izquierdo. Empujo algo y siento una pequeña vibración a mi alrededor. Me detengo. Creo que estoy sudando. Cada vez me cuesta más respirar. Intento mover el pie derecho y este esfuerzo me provoca un fuerte dolor. Y grito. Y mi grito me sobresalta. Mi voz suena ronca y débil, pero familiar. Me reconforta oír mi voz. Grito otra vez. Ahora siento una opresión en el pecho. Demasiado esfuerzo. Estoy agotado. Debo relajarme. Pienso que tal vez tengo una pierna rota, eso explicaría el dolor. Así que decido centrarme en el pie izquierdo. Vuelvo a moverlo, ahora un poco más aprisa, más enérgico. Oigo un golpe. Creo que he golpeado una madera con el pie. Lo intento de nuevo. La resistencia es menor. Golpe, golpe, golpe. Sonrío como un estúpido. Decido no dejar de dar golpes con el pie izquierdo mientras intento ahora centrar mi atención en las manos. Vuelvo a pensar en mi mano derecha. Tengo la sensación de que la sangre corre hacia esa mano. Trato de estirar los dedos. Otra sacudida de dolor me recorre el cuerpo y vuelvo a gritar. Algo me ocurre en el lado derecho, la pierna y la mano. Será mejor dedicarme pues a la mano izquierda, la muevo despacio, con mucho cuidado, trato de arrastrarla, con ella mi brazo, pero apenas tengo sitio. El niño que juega a la pelota es mi hijo. Siento el pánico. Toso. Estoy encerrado. Empiezo a recordar, es preciso que piense. Humedad en el rostro, creo que estoy llorando. Vuelvo a gritar. Yo estaba en mi despacho, redactando un informe. ¡Socorro! Algo me desgarra la piel de la mano izquierda, así que lo mejor será no continuar moviéndola. Hubo una explosión y todo se vino abajo. Todo me cayó encima. Mi hijo estaba fuera jugando a la pelota. Esto me tranquiliza, estaba fuera. Yo estoy dentro, debajo de los cascotes del edificio, aplastado por las paredes de mi despacho. Ignoro cuánto tiempo llevo aquí. No tengo sensación de hambre, estoy dolorido, no puedo distinguir cuándo estoy despierto y cuándo dormido, no sé si tengo los ojos abiertos o cerrados. No recuerdo mi nombre. Sólo mi hijo, jugando a la pelota, espero que esté bien. ¿Y su madre? No estaba en casa. No estaba, seguro. No sé quién soy ni qué clase de informe redactaba. Enterrado vivo bajo mi edificio. Grito, mi pie izquierdo continúa golpeando rítmicamente. Creo sentir una punzada en mi pierna derecha, no sé qué puede ser. Una idea me llena de terror. ¿Y si se trata de una rata? No, debo estar herido y lo que siento es el dolor propio de mis heridas, nada más, pero ¿y si fuera una rata? Grito con fuerza. Sufro un ataque de tos que termina con una arcada. Trato de escupir el sabor del polvo que me invade la garganta. Creo que me he dormido. Deben estar buscándome, seguro. Me pregunto cuánto aire me quedará. Me asusta la idea de morir asfixiado, así que lo mejor será no pensar en ello. Si estoy tranquilo mis posibilidades de supervivencia aumentan. Pienso en el origen de la explosión. Un terremoto no ha podido ser, no en esta zona. Quizá una explosión de gas. O un atentado terrorista. Creo haber escuchado algo. Mi cuerpo se tensa y me invade el dolor en el lado derecho y grito con fuerza, hasta casi ahogarme. Algo se mueve. Están removiendo los cascotes. Un temblor me recorre el cuerpo encajado entre piedras. Con cuidado. Aquí hay alguien. Les oigo con claridad. Vienen a rescatarme. Siento la luz. Retiran la piedra de mi cara. Salgo fuera con rapidez y me mezclo con el aire mientras escucho a mis rescatadores decir: demasiado tarde, este hombre está muerto.

28 comentarios:

Alicia Liddell dijo...

He tenido que respirar varias veces profundamente. Sólo su lectura resulta opresiva, claustrofóbica, terrorífica.

Kafka,pordios, sea compasivo.

Apostillas literarias dijo...

Muy interesante tu relato. Al inicio sentí un fuerte irrealismo, pero ontológico, pudiera decir. Ahora creo que es una excelente descripción de la agonía del ser humano, o al menos eso senti.

Clarice Baricco dijo...

uffff te he leído dos veces y el corazón me está bombardeando...lograste tu cometido...pero ten piedad para este domingo soleado....No, realmente es para que no nos olvidemos de que esta es la realidad.

Texto duro y llegador y podré decir que me ha encantado? Si, tu escritura, como siempre.

Te extraño y faltan todavía diez días para tus vacaciones.
Sigue disfrutando.

Muchos abrazos...

malambruno dijo...

¡Joder, Kafka! No apto para claustrofóbicos (es mi caso). El final es una liberación y un alivio, aunque esté muerto.

sfer dijo...

Recuerdo haber leído algún otro relato muy parecido en algún sitio, y ahora no sé dónde ni cuándo... Si me lo vuelvo a encontrar te lo haré llegar ;-)

Francisco Ortiz dijo...

Claustrofóbico, muy bien escrito, muy bien llevado el ritmo, que parece puntuado por la respiración y el dolor del tipo, muy conseguida la sensación de irrealidad dentro de la realidad, hasta que nos dejas con el golpetazo final que cierra el relato de forma brillante, se diría que de la única manera, lo cual habla muy bien de cómo has llevado al lector hasta ese punto. Espero el próximo. Te felicito.

mart dijo...

Dicen algunos expertos,que en los instantes inmediatos a la muerte,en fases de la consciencia,algunos se preguntan como y quién serán en una vida próxima

pies diminutos dijo...

Enhorabuena por tu relato. Sólo decirte que desde el principio me ha remitido a uno de mis cuentos preferidos de Cortázar, "No se culpe a nadie", el relato del pulóver azul asesino. El punto de vista, la búsqueda de un estilo opresivo, asfixiante, la tensión “in crescendo”, ciertos detalles... no he podido evitar pensar en Julio. ¿Has leído el relato al que me refiero? Puede que también sea el que texto que Sfer tenía en la punta de la lengua (o de los dedos) y no acababa de recordar.

Laura Diaz dijo...

Puf Kafkapro! Excelente!

Un saludo

PD. Gracias por no "desaparecer" totalmente durante tus vacaciones.

Alvy Singer dijo...

Gran regreso el suyo con un relato desasosegante!

¡Un saludo!

Zuriñe Vázquez dijo...

relato muy opresivo, muy kafkiano ciertamente. Y con buen ritmo como dice Francisco. Me gustaría llevarlo a Periodista Digital, como hice con Francisco Ortiz y Miguel Ángel Muñoz. Quieres?

sfer dijo...

No creo que lo sea, pies diminutos, pero gracias por intentarlo. Ayer me fui con la sensación de que igual había sido un dejavu: empiezo a dudar de si la sensación de que ya lo había leído antes no sería un... fallo en matrix ;)

Olvido dijo...

El lexatín de esta noche corre de tu cuenta Kafkaprocesado;-)
Un saludo

Rosa Silverio dijo...

Kafkaprocesado, me has dejado MUDA. Me encantó tu relato y me quedé sin aire mientras lo leía.

Muy bien escrito. Me encantó el uso del lenguaje, el ritmo, el tema y sobre todo, me sentí conectada todo el tiempo.

Si sigues escribiendo relatos como este, te obligaremos a publicar pronto.

Cada vez que publicas algo en tu blog, subes el nivel...

ENHORABUENA.

Ro

P.D. Bienvenido. Regresos como estos dan gusto.

Antonia Romero dijo...

Sabes escribir de verdad.

Es el piropo más grande que puedo ofrecerte.

Un ahogado saludo.

Antonia

Miguel Sanfeliu dijo...

Alicia, lo siento, no era mi intención asfixiarte. Agradezco siempre tus visitas.

Apostillas, gracias por tus amables palabras.

Clarice, celebro que te haya encantado. Me gustó mucho el término “llegador”.

Malambruno, no sabía lo de tu claustrofobia. Me alegra que hayas vuelto al ciberespacio.

Sfer, sí, hazme llegar ese otro relato si lo encuentras. Lo leeré encantado.

Francisco, gracias por tu comentario y por el aviso de la errata.

Mart, interesante dato el que aportas. Podría dar lugar a otro relato. Bienvenido.

Pies Diminutos, bienvenida, he visto por tu blog que somos paisanos. No recuerdo ahora el relato que mencionas, pero seguro que lo tengo en alguna de las recopilaciones de Cortázar que guardo en mis estanterías. Le echaré un vistazo.

Laura, gracias por los signos de exclamación. No he podido desaparecer del todo. Ha sido superior a mí. Me compré el portátil, pero aún así he tenido problemas para conseguir red.

Alvy, siempre tan amable. Permíteme que aproveche para decirte que tu blog es cada vez más interesante.

Zuriñe, me halaga tu ofrecimiento y lo acepto. ¿Espero instrucciones? Supongo que será un buen momento para dar mi nombre real. Ya hablamos.

Olvido, espero que no sea para tanto. Gracias por tu comentario.

Rosa, tan amable como siempre. Gracias.

Antonia, ¿qué puedo decir? Muchas gracias. Vaya halago.

malambruno dijo...

Lo de la claustrofobia no es verdad (del todo). Pero me he sentido claustrofóbico leyendo tu relato. Enhorabuena por él.

malambruno dijo...

Me entere por tu comentario a Alicia que has estado o estás en Galapagar. Yo también estuve allí, aunque en el mes de julio.

Miguel Sanfeliu dijo...

Malambruno,vaya casulidad. Al parecer alguno andamos cruzándonos. Yo sigo en Galapagar, hasta el 29 o 30 más o menos.
Saludos

Alexandrós dijo...

Perfecto. ¡Enhorabuena!

Miguel Sanfeliu dijo...

Alexandrós, gracias por tus palabras. Con mi anterior relato, creaste escuela: el método Alexandrós. Saludos.

Miguel Ángel Muñoz dijo...

Pensando que aún estabas por esos mundos de Dios y entro y me llevo esta magnífica sorpresa. Buen relato, agobiante, y la literatura siempre trata de transmitir emociones de la manera más cercana posible. Felicidades. Espero el próximo.

anilibis dijo...

Me ha gustado mucho el ritmo, sobre todo la forma de ir revelando la realidad poco a poco hasta abrirse la luz (del equipo de rescate) y explicar lo que ha ocurrido. Y podría haber sido la historia de cualquiera, sobre todo en los tiempos que corren.

Qué terror!!

Zuriñe Vázquez dijo...

No te molestes en enviarlo como te dije, lo atrapa de aquí, intentaré publicarlo hoy o mañana. Saludos

Mónica dijo...

Ciao,

Qué agobio, es lo primero que me viene a la mente. Lo segundo y después de respirar como me enseñaron en taichi, es comentar algo obvio, el relato es francamente bueno.

Un saludo,

Mónica

Miguel Sanfeliu dijo...

Miguel Ángel, no andabas equivocado, sigo por esos mundos de Dios, pero ya se acaba lo bueno. Mañana o pasado estaré de vuelta en casa y recuperaré la rutina, poco a poco. Gracias por tus palabras.

Anilibis, qué bueno que encontraras tiempo para leer mi relato. Me alegra que te gustase.

Zuriñe, muy bien, entendido, gracias por todo.

Mónica, muchas gracias. Me alegra que te parezca un buen relato.

Kat dijo...

Pasar por aquí fue un exquisito descubrimiento....

Slds...

Portorosa dijo...

Angustioso.

Un abrazo.