lunes, abril 14, 2014

Antonio Rivero Taravillo - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Por una de esas casualidades que tal vez no lo sean porque señalan un camino, es decir un destino. La emulación me llevó a los diecisiete años a parodiar un poemita de Juan Ramón Jiménez. Luego me di cuenta, iluso de mí, de que no se me daba mal escribir versos, y empecé a tender renglones cortos muy deficientes y con el despliegue de temas propios de la juventud. Solo con esfuerzo se fueron depurando y llegaron a tener ritmo –que, no voy a descubrir el Mediterráneo, es algo fundamental en la poesía–. A ello me ayudó también la traducción, que fue un perfecto gimnasio para mejorar la forma física, cierto dominio formal. Aquel azar lo veo hoy designio. Ya no veo mi vida separable de la escritura.
Posteriormente, complementé la poesía con el ensayo y la crítica, y solo recientemente me he pasado a la narrativa, que en mi caso nunca es enteramente ficción, pues parte de personajes reales.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Para la poesía, cualquier lugar es bueno. De hecho, casi siempre me traigo de los viajes uno o más poemas, a veces escritos directamente en el tren o en el avión. Ese lugar que se desplaza y va a otro lugar propicia la analogía, la metáfora. Aparte de que los escenarios nuevos siempre me estimulan, de modo que tengo poemas compuestos en diferentes lugares del continente americano, de Martha’s Vineyard a Tierra del Fuego, pasando por Teotihuacan. La poesía sirve como un puñal con el que el viajero cree matar al turista que hay en él, mediante un rito de apropiación de sitios y atmósferas. También los hay que surgieron en ciudades europeas, a veces en situaciones dramáticas para mí (estaba en París cuando murió mi padre y no pude despedirme de él). Mi amada Irlanda es por otra parte el escenario de varias decenas de poemas que forman parte de un libro inédito pero que desbordan este y tiñen de verde casi todos los otros. Sin embargo, apenas tengo algún poema escrito sobre Sevilla, la ciudad en que siempre he vivido.
La crítica, las columnas del periódico y ciertos ensayos no requieren por lo general un espacio propio para su redacción, pero cuando me embarco en un proyecto mayor (la biografía de Cernuda, la traducción o las novelas) me viene muy bien encerrarme en el estudio, con la documentación a mano y las distracciones al otro lado de la puerta. Además, allí, en la planta de arriba, la señal wifi es muy débil, con lo que evito la tentación de dispersarme. Casi todo lo escribo ya directamente en el ordenador, aunque la poesía sigue pidiendo el papel, porque este permite ir viendo los cambios y contemplar de un vistazo la evolución del poema en marcha.
Corrijo mucho, y más, por extraño que parezca, la prosa que la poesía.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

En la poesía, las de siempre: el amor (que es erótico pero también filial, bastante representado en mis versos, quizá por cierto complejo de no haber estado a la altura de las circunstancias) y, claro está, el paso del tiempo. Últimamente, dedico muchos poemas a objetos, a la naturaleza, tratando de que no esté demasiado presente el yo, que ha llegado a fatigarme. Fíjate qué horror: tener que convivir conmigo las veinticuatro horas del día. Pero aparte de los temas, están las épocas. Siempre fui aficionado a lo medieval, y de ahí el interés por esas literaturas, que alguna huella han dejado en lo que escribo.
En la novela, me interesa contar vidas que tienen relación con la literatura y solo subsidariamente con la historia. Si existe la ciencia ficción, mi género diría que es la “literatura ficción”, donde el argumento se fija en escritores, en su singularidad, en los ambientes por los que se movieron. Me interesa iluminar sus zonas de sombra. 

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Que no basta la idea inicial, que esta requiere ser trabajada, con disciplina y tiempo. En el camino surgen ideas imprevistas, parajes no contemplados. Pero hay que ser consciente de las limitaciones –en mi caso, muchas–, y tratar de superarlas. Y, por otra parte, cierto grado de audacia, que favorece y puede conseguir que  uno mismo se sorprenda del resultado.

5.- ¿Eres de los que se deja llevar por la historia o de los que lo tienen todo planificado desde el principio?

La historia manda. Un escritor de calidad no puede ser solo un buen redactor, un aplicado oficinista. La intuición no solo se manifiesta en el germen de la historia sino que continuamente proporciona iluminaciones. Además, por la poesía, sé de la importancia de lo epifánico. A veces, ciertos hallazgos se producen cuando se ha terminado una primera, o incluso segunda, redacción. Y al volver sobre ella lo nuevo insospechado se integra en lo ya escrito, enriqueciéndolo.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

En poesía y como crítico de la cultura, me interesó mucho Ezra Pound. Siguen siendo importantes para mí Cernuda, Cirlot, Luis Alberto de Cuenca, Seamus Heaney, Yeats, Borges. Como articulistas y novelistas, dos celtas nacidos en 1911: Álvaro Cunqueiro y Flann O’Brien.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.


Se acaba de publicar mi novela Los huesos olvidados en Espuela de Plata, el sello de narrativa de la editorial Renacimiento. En ella recreo un episodio poco conocido de la estancia de Octavio Paz y Elena Garro en España en 1937. Es un libro incómodo para la historia oficial, pero su tema no es en realidad la Guerra Civil, sino la búsqueda de la propia identidad y la indagación en la memoria, con sus lagunas y errores. Se desarrolla en México y España, a lo largo de los años treinta, con los ideales juveniles, y a finales de los noventa, cuando rondan la enfermedad y la muerte al Nobel y a su primera esposa y aparece la protagonista, hija de un antiguo amigo de Paz, con una estantigua de recuerdos y fantasmas. 


Antonio Rivero Taravillo (Melilla, 1963). Aparte del cuaderno Bajo otra luz (1989), ha publicado los libros de poemas Farewell to Poesy (2002), El árbol de la vida (2004) y Lejos (2011), a los que se sumó en 2013 La lluvia.
Autor de libros de viajes y ensayos, entre estos destacan Luis Cernuda. Años españoles (1902-1938) (2008, Premio Comillas) y Luis Cernuda. Años de exilio (1938-1963) (2011). Ha traducido, entre muchos otros, a Keats (Premio Andaluz a la Traducción Literaria), Tennyson, Graves, Pound, Marlowe, Milton, Hopkins, Donne o Whitman, así como la Poesía completa de Shakespeare y la Poesía reunida de Yeats, además de antologías de la lírica norteamericana, irlandesa medieval y gaélica escocesa.  En prosa, destacan sus traducciones de Jamie O’Neill, Jonathan Swift, Herman Melville, Liam O’Flaherty, John Donne o Flann O Biren.
Es en la actualidad columnista del diario El Mundo en su edición de Sevilla, ciudad en la que reside desde la infancia. Acaba de publicar la novela Los huesos olvidados (Espuela de Plata).

*La foto es de Juan María Rodríguez

jueves, abril 10, 2014

Manuel Astur - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Si lo supiera, probablemente, no escribiría. Supongo que es mi modo de estar en el mundo.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Por regla general necesito que el sitio donde escribo esté limpio y ordenado. También me gusta hacer algo totalmente ajeno al acto de escribir, algo mecánico como fregar los platos, hacer la cama, lavar la ropa o, si estoy en Asturias, recoger leña o segar, antes de ponerme en serio. Esto para escribir en el ordenador, porque también es cierto que siempre llevo conmigo mi libreta y tomo notas en cualquier momento sin pensármelo dos veces. Supersticiones no tengo, quizás que el sitio donde estoy huela bien.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

También varían, pero últimamente me pienso mucho en la bondad, el Demonio, la naturaleza, la soledad y la obsesión por el éxito que impera en la sociedad.

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

No sé quién decía que hay que escribir borracho y corregir sobrio. Obviamente, no recomiendo escribir borracho, pero sí ponerse a ello sin pensárselo dos veces. Si le preguntas a un ciempiés qué pie mueve antes para comenzar a andar, seguramente no podría hacerlo y se quedaría parado, incapaz de avanzar. Corregir ya es otro tema; ahí hay que dejarse el cerebro y no tener piedad con uno mismo.

5.- ¿Eres de los que se deja llevar por la historia o de los que lo tienen todo planificado desde el principio?

Hago un mapa que estoy encantado de saltarme.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Cambian con el tiempo, pero Hamsun, Malaparte, Salinger y Capote suelen estar siempre ahí cerca.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.


Justamente acabo de publicar Quince días para acabar con el mundo (Principal de libros Ed.). Es una novela en la que trato de rememorar un tiempo fronterizo, mediados de los años noventa del pasado siglo, de volver a esos lugares ahora abandonados, para encontrar una explicación a nuestro presente; una respuesta a unas preguntas formuladas hace muchísimos años y que, ahora que descubrimos horrorizados que el futuro no era lo que prometía, vuelven a ser fundamentales. 


Manuel Astur (Grado, Asturias, 1980) es escritor, periodista, poeta y productor musical. Ha sido editor de la revista cultural Arto! Es uno de los fundadores de la Retaguardia Madrileña y del Nuevo Drama. Actualmente reside en Madrid y colabora con diversas revistas nacionales. Sus cuentos han aparecido en varias antologías y es autor del poemario Y encima es mi cumpleaños (Esto no es Berlín, Ed. 2013) y de la novela Quince días para acabar en el mundo (Principal de libros Ed. 2014), que acaba de ser publicada. 

lunes, abril 07, 2014

Ginés Cutillas - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

¿Hay otra opción?

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Si me pongo música tiene que ser clásica o jazz, si busco la palabra exacta, entonces el silencio más absoluto. Me encanta esbozar historias en las servilletas de los bares.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

En mis libros creo que se intuyen con facilidad. El paso del tiempo, la muerte, las relaciones humanas…

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

No te sientes delante de la pantalla sin tener nada que decir. Hace años que apunto en una libreta ideas. Cuando tengo tiempo para escribir (y ganas), elijo la idea que más me apetece desarrollar y me pongo a ello.

5.- ¿Eres de los que se deja llevar por la historia o de los que lo tienen todo planificado desde el principio?

Soy de la escuela de Poe y Quiroga. No empiezo a escribir sin saber a dónde voy.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Hay un libro que me fascina, El mago de John Fowles. Una magnífica novela imperfecta. Autores muchos: Poe, Hoffman, Stevenson, Cortázar, Borges, Carver, Conrad, Coetzee, Greene, Baudelaire, Capote, Mrozek, Miller, Calders, Zweig, Vian.... Seguramente mañana te diré otros.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.


Lo último publicado es una novela pseudohistórica, y digo “pseudo” porque planteo una realidad diferente en torno a los poetas románticos ingleses (Byron, Shelley, Keats…), intentado explicar la temprana muerte de todos. La novela se titula La sociedad del duelo y está publicada en Editorial Base. Ahora estoy cerrando el segundo libro de microrrelatos, que espero que salga a mucho tardar el año que viene, y también en un manual práctico sobre el género.


Ginés S. Cutillas (Valencia, 1973). Ingeniero informático por la Universidad Politécnica de Valencia y licenciado en Documentación por la Universidad de Granada. Autor de La biblioteca de la vida (Fundación Drac, 2007), Un koala en el armario (Cuadernos del Vigía, 2010) y La sociedad del duelo (Editorial Base, 2013). Su obra ha aparecido también en varías antologías de relatos y microrrelatos, como Ficción sur (Traspiés, 2008), A contrarreloj II (Hipálage, 2008), Por favor, sea breve 2 (Páginas de espuma, 2009), Sólo cuento II (UNAM, 2010), Velas al viento (Cuadernos del vigía, 2010), Mar de pirañas (Menoscuarto, 2012) o Antología del microrrelato español (1906-2011) (Cátedra, 2012). Miembro del equipo de redacción de Quimera. Revista de Literatura.

viernes, abril 04, 2014

Rita Gardellini - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

¿Escribir? Es la posibilidad de que yo cree el vicio que generaron los escritores en mí, la sola idea me deja a puro futuro, a puro placer. Señalar que siempre escribí puede no significar nada, tener una mente plagada de diálogos, de historias. Encontrar el descubrimiento de que tanta imaginación no es algo cotidiano, ¿puede ser importante? Ubicándome  fuera del ombligo que suele pulirse sin mérito: soy escritora en la medida que lo determinen los lectores, cuando ellos se apropien de mis letras y las hagan suyas; hasta que ese momento perfecto no se produce son sólo palabras en un papel como hay tantas.
He creado historias inverosímiles y me han preguntado si son vivencias, ¿te imaginás qué satisfacción siento? Imposible mejor elogio: logro actuar mis letras; como un actor interpreta un personaje, yo cincelo personajes  en diferentes historias. Así resulte en un asesino serial, o una chica atolondrada comparecen reales; es la idea de compartir mis juguetes con otros, esos juguetes a los que los niños pequeños al jugar le otorgan diálogos, los míos han crecido y madurado y están listos para ser prestados. Es embriagante escuchar comentarios de un personaje que uno inventó.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

No tengo hábitos, me siento y escribo; poesías a mano, y la narrativa en el ordenador porque necesito rapidez. Lo ideal es estar sola y que nadie me interrumpa, pero a veces se logra y otras no.
No dispongo de casa en la playa ni de tiempos herméticos de soledad, ni de ninguna de las bellas arquitecturas que uno contempla que poseen los escritores en las películas. Soy simplemente una persona con muchas actividades en su vida diaria como directora, además de madre de familia, esposa e hija; por lo cual todo se debe a un gran exceso de imaginación, he tenido siempre historias y diálogos en mi cabeza como quien tiene la habilidad para encestar. Creo que una de las cosas que demoré en descubrir es que no todas las personas tenían sus mentes repletas de historias como me ocurría a mí; llevarlas o no a un escrito es independiente.
Disfruto escribiendo porque es la sensación de pensar que alguien pueda sentir con mis letras, lo que yo siento al leer esos libros que me han enamorado y me enamoran; es la idea de compartir mis juguetes con otros, esos juguetes a los que los niños pequeños le otorgan diálogos al jugar, los míos han crecido y madurado y están listos para ser prestados. Es embriagante escuchar comentarios de un personaje que uno inventó.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

Actúa directo mi sensibilidad, es el tamiz que reflexiona. ¿Me explico? Al escribir para adultos: no hay reglas, y eso es un descanso ante tanto mundo exigido. Es un recreo de patio libre, no hay responsable cuidándote.
Cuando escribo para niños o para un tema educativo, es diferente; es similar a cuando cocino la comida preferida de los otros, la realizo pensando en cómo van a disfrutarla y siguiendo la analogía de la escritura, en si va a ser saludable; me importa mucho que los niños lean historias con un cuidado vocabulario, y que no los perjudique ni los dañe; aborrezco que los consideren objetos de consumo.  Cuando escribo para niños pienso en lo que les agrada, en lo que quieren, en lo que sueñan,  y fundamentalmente: en lo que les hace bien –sin dudas, acá está la educadora y la mamá-. Quiero que lean y quieran seguir leyendo, y que la historia los enamore como me ocurría a mí de niña y quería protagonizarla.
Cuando escribo literatura para adultos disfruto yo, no estoy pensando en quién va a leerlo o si va a gustarle; eso viene después, y lo cierto es que me encanta cuando alguien lo lee y se lo apodera. La primera vez que me hablaron sobre los personajes fue  una sensación muy curiosa porque empezaron a resultar reales para otro, el lector les había dado vida.
En lo educativo es muy alentador cuando me dicen que pude volcar en palabras precisamente lo que querían expresar, o les provoco reflexionar sobre situaciones que no habían advertido.

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

No.  Es un todo que se involucra con lo que estoy escribiendo.

5.- ¿Eres de las que se deja llevar por la historia o de las que lo tienen todo planificado desde el principio?

Ocurren ambas situaciones, la historia se abre al escribirla y asimismo, es como si ya estuviera contada. Cuando comencé los relatos que me publicaron Después de comer perdices o por qué las mujeres son boludas e insisten en enamorarse estaba escribiendo las novelas: Permiso a la muerte, El día inicia de noche y Mujer fuerte: Josefa, la gallega de Vilalba; sin embargo: Después de comer perdices… fue finalizada antes, y dos de las que te mencioné aún no están escritas, señalo "escritas" y no "terminadas" porque es cuestión de sentarme y escribirlas, ya sé las historias. Salvo una de ellas que está basada en la vida de mi abuela y es real; lo mío es fabular, me gusta inventar todo y así poder controlarlo.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Los que leí de nena continúan resultando los mejores, tal vez porque debía esperar que me los compraran. Son cantidad, desde Papaíto Piernas Largas a Huckleberry Finn o Mi planta de naranja lima y Jane Eyre, Corazón… Cuando iniciaba con un autor quería leer todos los que escribió, de M.L. Alcott leí hasta “Una chica a la antigua”. Lugones, Poe, Dickens, Verne, Salgari, Sawyer –el primer seudónimo que utilicé en el secundario, recién de adulto advertí que era el apellido del escritor- son los que primero vienen a mi memoria porque de ellos leí la mayoría que escribieron y se me fijó el nombre del escritor, en esa época no me fijaba mucho en los autores. Ni podría decir cuándo capté que eran varias las Brontë; lo cierto es que mi memoria es casi un desaparecido sin acción, recién te mencioné a Papaíto Piernas Largas pero ni pagando recuerdo quién la escribió. ¨Violeta”, ¿quién escribió esa novela? Era desopilante, estaría nombrándote y nombrándote títulos, todos arbitrarios, encadenados uno al otro sin idea del por qué.
De nena, una sola novela no me gustó, la leí estoicamente hasta el final porque si no, no me compraban El conde de Montecristo, no menciono cuál es porque puede resultar la preferida de alguien y quién soy para  denostar amores literarios. Recuerdo que la librera se la recomendó a mi mamá porque era perfecta para una nena de mi edad; a mí me empantanó la melosidad recalcitrante y predecible de la protagonista.
Te puedo señalar dos de mis novelas preferidas como adulto: 1984 de Orwell porque esa historia de amor me resulta absolutamente desgarradora hasta perturbar  y El tren llegó puntual de Böll, perfecta en todos los sentidos que puedo mencionar.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.

Finalicé un ensayo Ser poeta y ser poesía y un proyecto Educativo Encontrarnos; ahora estoy escribiendo dos novelas.
Ocurre que para mí el proyecto no es escribir –tomado como idea de proyectar- sino publicar y el tema es difícil porque las editoriales son empresas, y en este momento, las empresas son globales y cada vez más, apuestan sobre lo seguro. Les resulta incluso más redituable traducir un éxito extranjero –ya trae publicidad, difusión y hasta puede venir de la mano de un filme-que arriesgarse con un escritor que no conoce nadie. En mi país las editoriales importantes no reciben manuscritos “no solicitados”, y las otras en su mayoría autoeditan, es decir: el escritor paga su libro; y el asunto viene de años, el padre de Borges pagó la edición de su primer poemario. Ése es uno de los motivos por los cuales yo demoré tanto, no quise autopublicarme. Me llevó años que una editorial leyera mi obra, y resultó ser en España. Además, que aceptaran en archivo adjunto, porque los envíos por correo postal son excesivos. Me refiero a la querida Editorial de Tenerife “Baile del sol” y a Ángeles Alonso, mi editora.
Fíjate que a todo lo que siempre se sumó, ahora compiten con los libros digitales, que en su mayoría son pirateados. Si seguimos así, el libro en papel quedará como un objeto de lujo; ya es muy oneroso por el cambio al euro o al dólar, más el envío. Nos terminará ocurriendo como con “el todo por dos pesos”, felices compramos baratijas inservibles casi regaladas y nos quedamos sin industria; bajamos música y películas gratis, y ahora un CD o un DVD original es menos usual que un disco de vinilo.
Y la cultura subsidiada por el estado puede resultar o no; ¿quién decidiría qué publicar, qué apoyar, que publicitar? ¿Habría que ser amigo, conocido o del partido de quién? O aún más horroroso escribir dentro de los parámetros de “…” Prefiero un estado que genere un bienestar económico que permita que las editoriales afloren y puedan arriesgarse con escritores inéditos al punto que no les implica perder el empleo o fundirse y del mismo modo, lectores que puedan adquirir libros sin tener que privarse; un estado que provea una educación tan esmerada y de calidad que los alumnos resulten lectores exigentes y desde allí, determinen el éxito de un libro, no del paquete mediático; un estado que ofrezca un patrimonio de bibliotecas donde prime la diversidad para que el lector decida qué leer. 


Rita Gardellini es escritora, docente investigadora y directora de escuela primaria estatal. Autora de varias novelas, poemarios y relatos inéditos (No dejes que muera, Después de comer perdices o por qué las mujeres son boludas e insisten en enamorarse, entre otros), es descrita como una escritora que concierta sus obras en tejidos simultáneos, sexualidad intensa, y perturbadores laberintos psicológicos. Sus tramas se componen de fractales, descubriendo universos complejos o simples, descolgándose en la cotidianeidad o el lirismo onírico; blanco y negro de una mente femenina, muy fértil, lúdica  e introspectiva, en los cuales la buena escritura se envuelve con astucia para que el lector, simplemente, se someta. Sin embargo es en Educación, donde Rita Gardellini ha volcado su hacer más conocido, destacándose en la realización permanente de actividades no aranceladas para mejorar la calidad educativa de las escuelas en donde se desempeña; tales como: la organización del Festival intercolegial de Letras y de Teatro "Soles Verdes"; las Jornadas de capacitación docente "Escuelas que enseñan y aprenden" y el Congreso Internacional de Educación: "Haciendo Escuela desde Rosario". Autora de Alumnos lectores...alumnos escritores y su seño. Los soles verdes. Anteproyecto de Investigación educativa declarado de Interés Provincial y Legislativo que incluye una colección de relatos para niños que ya cuenta con dos ediciones. Ha realizado además un sinnúmero de colaboraciones en diferentes libros y revistas de educación y ponencias en congresos relacionados con esa especialidad, así como también ha recibido premios y menciones honoríficas en relación a su labor educativa.

miércoles, abril 02, 2014

Déborah Puig-Pey Stiefel - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Por que mi pensamiento escribe.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

A pesar del ejercicio de disciplina que supone escribir, creo en un trabajo paralelo, hecho previamente, semiconsciente, que está presente en la actividad literaria. Muchas veces el guión previo será sólo una excusa para ir encontrando ese otro camino que jamás descubriremos del todo, ni siquiera al finalizar la obra.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

Si te refieres a  los temas que más me ocupan: la memoria, las  vidas cruzadas, el juego de las apariencias...

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

No preguntarme porqué lo estoy haciendo.

5.- ¿Eres de las que se deja llevar por la historia o de las que lo tienen todo planificado desde el principio?

Contesté un poco a eso en la primera pregunta. Lucho entre ambas cosas.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Ya son demasiados, no sabría priorizar. Borges me enseñó a tejer, Dickinson a desafíar, por ejemplo.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.

Les musiques de Brundibar, una novela ambientada en los años 30, entre Berlín y Sitges, que busca el parentesco entre los totalitarismos europeos del siglo XX a través de una trama algo disparatada, carnavalesca. 


Déborah Puig-Pey, es autora de relatos y novelista. En 2005 fue finalista del Max Aub con el relato “Mordechai”. En 2010 publicó la novela Donde hay nilad (Editorial Menoscuarto), donde dibuja las relaciones de una saga catalano-filipina: "Una topografía de la memoria, aunque sea una memoria prestada o escuchada, esas casas y paisajes que componen la errática historia familiar" (Isabel Núñez). Acaba de publicar el cuento infantil Nusus(TransBook)

lunes, marzo 31, 2014

Javier Gutiérrez - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Para mí escribir siempre ha sido un acto compulsivo y emotivo, nunca tuvo una motivación racional. Es una necesidad primigenia de comunicación o de autoconocimiento, una especie de exorcismo íntimo. Que uno trate de calmar ese sentimiento de incomunicación a través de la escritura puede parecer un comportamiento extraño o no. Lo que siempre me ha maravillado es que el resultado final de esa experiencia, a menudo conmovedora, de angustia e incomunicación —lo escrito— se convierta a través de la lectura en fuente de placer para otros. Encuentro poco menos que milagroso que la gente desee leer por placer lo que me resultaría imposible no escribir con dolor.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

He escrito tres novelas. Cada una ha nacido y se ha desarrollado de una forma distinta. Las novelas son diferentes, mi situación personal también lo era. Los espacios físicos donde las escribí y las condiciones personales que atravesaba durante el proceso de creación tampoco fueron los mismos. Todo ha sido diferente cada vez. Lo único que, echando la vista atrás, me parece persistente es la música, su omnipresencia durante el periodo de escritura. Escuchar música ha sido y sigue siendo, para mí, un elemento propiciatorio. El silencio, al contrario, me resulta incómodo a la hora de escribir. Es como si la música mitigara en parte la sensación de soledad que uno experimenta ante la pantalla en blanco.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?
Cada una de mis novelas maneja un puñado de temas. No muchos y no siempre los mismos aunque tampoco lleguen a variar radicalmente de un libro a otro. La necesidad de encontrar una identidad y la sensación de extrañamiento o de pertenencia al grupo podrían definir mi primera novela. Esto ha ido derivando hacia los sentimientos de culpabilidad, la imposibilidad de alterar el pasado y la necesidad, por tanto, de acabar enfrentándolo. Más que saltar de una temática a otra, lo que ha ocurrido en mi caso es que los argumentos han ido evolucionando sutilmente, como un espectro continuo de color, donde un tono puro se difumina poco a poco hasta convertirse en otro color completamente distinto.
4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

El lector no tiene la culpa. Escribiendo puedes ser experimental, exhibicionista, barroco, grotesco, puedes ser cualquier cosa que desees ser y, de hecho, debes serlo. Pero nunca olvides que el lector no tiene la culpa de tus obsesiones ni de tus excentricidades. Sé obsesivo y sé excéntrico pero no mates el interés del lector. Nadie sabe por qué motivo un lector, de entre muchos libros, ha elegido el tuyo. Lo único que sabes es que lo ha abierto por la página uno. Como escritor sabes que está en tu mano que siga leyendo hasta el final. Ni te preocupes por lo que los demás deseen leer, ni escuches sus opiniones sobre lo que deberías escribir o cómo lo deberías escribir, sólo céntrate en lo que íntimamente deseas contar pero, al mismo tiempo, nunca olvides que ese texto va dirigido a un lector y que él no tiene la culpa.

5.- ¿Eres de los que se deja llevar por la historia o de los que lo tienen todo planificado desde el principio?

Jamás he seguido un esquema previo. Jamás he sabido lo que diría la próxima frase. Jamás lo he hecho pero no lo considero ninguna ventaja. Esa falta de planificación sistemática me ha obligado a escribir las novelas dos veces: la primera para comprenderla, la segunda para cuadrarla. Muchas veces es desasosegante verse a uno mismo dar vueltas en círculos junto a tus propios personajes. Sin embargo, lo más descorazonador que puedo encontrar al abrir una novela es ver que ahí hay una línea recta y un señor siguiéndola.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Por muchos motivos tengo siempre cerca Conversación en la Catedral de Vargas Llosa. Aún la hojeo a menudo cuando me abate la desesperación y me siento incapaz de seguir escribiendo. Cuando estudiaba en la universidad me deslumbró esa mezcla de pasión, voluntad de estilo y técnica narrativa del Vargas Llosa treinteañero. Me refiero al joven escritor idealista y dolorosamente consciente de su incapacidad para cambiar el mundo, quizá el más brillante de su generación, un escritor audaz, intimista y socialmente comprometido. Curiosamente he decidido unilateralmente ignorar que ese señor del pelo cano que recoge el Nobel es la misma persona unos años después. He decidido, en definitiva, imaginar a Vargas Llosa como otro Salinger y pensar que dejó de escribir y se aisló del mundo en el año 69.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.


Un buen chico (Mondadori, 2012) es mi última novela publicada. Hace casi dos años que salió a la venta y en este tiempo he tenido multitud de oportunidades de hablar con los lectores y recibir su opinión. Una cosa que he aprendido de esta experiencia es que la ilustración de la portada (en este caso, una imagen bastante naif de un chico besando a una chica con un abrigo rojo) es más potente que el texto de la contra. Mira que dice que es una novela oscura y violenta, que trata del deseo y de la culpabilidad, que puede llegar a ser perturbadora y hasta aterradora. Mira que lo advierte en la contra, pues cada vez que alguien acaba el libro y me busca en Facebook, sus palabras siguen siendo las mismas: nunca pensé que este libro iba a convertirse en algo así. Es una buena metáfora de cómo funciona nuestro cerebro. Deseamos que las cosas se parezcan a lo que imaginamos, sobre todo si lo que imaginamos es bonito, pero la realidad no siempre es tan benevolente. Ni la ficción lo es necesariamente. 


Javier Gutiérrez (Madrid, 1974) es licenciado en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y ha trabajado como economista y editor. Es autor de las novelas Lección de vuelo (Premio Opera Prima Nuevos Narradores, 2004) y Esto no es una pipa (Premio Salvador García Aguilar, 2009). Además, ha resultado ganador del certamen de narrativa breve José Saramago 2008 y finalista del Premio Tiflos de libro de relatos 2010. Un buen chico (Literatura Mondadori, 2012) es su tercera novela.

jueves, marzo 27, 2014

Luis Quiñones Cervantes - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

En realidad nunca me he preguntado por qué escribo. Y, la verdad, es que no lo sé. Es algo que llevo haciendo desde siempre, y quizás tenga que ver con la afición por la lectura que siempre he tenido. Lectura y escritura son un billete de ida y vuelta. Y es posible que escriba por las mismas razones por las que leo: conocer, reflexionar, imaginar, disfrutar...

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

No tengo grandes manías. Esas están reservadas para los grandes escritores. Por supuesto, tampoco tengo supersticiones. Solo la costumbre de escribir por la noche y no es por ninguna razón especial. No vivo de la literatura y el trabajo, lógicamente, me ocupa mucho tiempo, por eso suelo aprovechar las madrugadas. Lo que no puedo evitar son algunos temores. Y mi miedo, siempre que escribo, no es a la página en blanco, sino a la novela terminada, a que termine en el destierro del cajón o a que, con el tiempo, deje de gustarme.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

La memoria, los recuerdos y la historia están empezando a ser constantes en mis novelas. No sé escribir sin estos elementos, sin que mis personajes intenten explicar su presente a partir de la memoria y de la reconstrucción de hechos que el recuerdo implica. Y no solo de mis novelas, también de los artículos que escribo en mi blog, en mi web y en la revista cultural que codirijo. No creo excesivamente en clichés tales como "literatura social" o "literatura histórica", aunque sin embargo estoy convencido de que la palabra escrita ha de cumplir ambas funciones, a través de la emoción que pueda suscitar en el lector.

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Siempre que me pongo a escribir tengo presente que hay que escribir lo que uno quiere, lo que a uno le gusta, sin dejarse llevar por las tendencias o modas que impone el mercado editorial. De nada sirve escribir con el fin de publicar o de obtener cierto reconocimiento público, lo que es sin duda complicadísimo. Escribir para eso, por lo general, conduce al fracaso. Evidentemente, cualquier escritor quiere ver sus obras publicadas, pero hay que pensar siempre que la publicación es un medio y no un fin: un medio para que tu obra llegue a un público más numeroso, y no un mecanismo que construye la novela solo como un artefacto comercial. 

5.- ¿Eres de los que se deja llevar por la historia o de los que lo tienen todo planificado desde el principio?

Quiero pensar que sé lo que quiero decir cuando me pongo a escribir. Intento tener un plan organizado, a los personajes diseñados y las situaciones principales bien planteadas. Suelo documentarme bastante antes de escribir y también eso requiere una mayor organización. Sin embargo, hay ocasiones en que hay que improvisar resolviendo los problemas que van surgiendo a medida que avanza la narración. Para mí, la estructura de la novela es un elemento fundamental. Romper con la linealidad narrativa implica tener casi siempre bien dieseñada la trama. Pero, como digo, quiero pensar que es así. Después, te vas dando cuenta de que se han introducido elementos con los que no contabas desde un principio, que las novelas hablan también de ti mismo y de que el texto que estás escribiendo ha adquirido vida propia.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Me resultaría complicadísimo responder a una pregunta así. Son muchos los libros y los autores que me han ido enseñando qué es la buena literatura. Soy un lector apasionado del siglo XIX, de Galdós y la literatura francesa. Me encanta la literatura hispanoameriacana del XX: Márquez, Llosa, Cortázar, Carpentier, Donoso, Borges... y por supuesto disfruto mucho con autores como Max Aub, Marsé, Paul Auster, Rafael Chirbes, a quien sigo desde hace muchos años, o Javier Marías y Muñoz Molina, por hablar también de contemporáneos españoles.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.

Recientemente, se ha publicado la segunda edición de mi segunda novela, Los papeles de Madrid. Como la anterior, es una novela en la que voy mezclando los géneros y los tiempos de la narración. La investigación de un asesinato en los años cuarenta va llevándose al lector hacia los primeros meses de la resistencia de la capital durante la guerra. Los personajes nos van a ir descubriendo que no son quienes dicen ser y es quien lee la novela quien va reconstruyendo toda la historia para saber qué papel desempeña cada uno de ellos.

Además, uno no deja de escribir. Acabo de terminar mi tercera novela y anda en ese proceso largo y doloroso de revisión. Y continúo con el proyecto más importante de todos: seguir aprendiendo. 


Luis Quiñones Cervantes (Madrid, 1977). Licenciado en Filología Española por la Universidad Autónoma de Madrd, y profesor de Lengua y Literatura desde 2002. Simpre quiso escribir: lleva un cuaderno donde anota palabras o donde reseña a trazos la ralidad desde sus vértices poéticos. Poeta ocasional, lector apasionado y novelista. Construye su Autobiografía por escribir desde 2006, mezclando el recuerdo, la opinión y la reflexión literaria. Apuesta por la ciudadanía crítica y es autor de dos novelas, El retrato de Sophie Hoffman (2008) y Los papeles de Madrid (2013). Ha escrito también artículos y poemas que han sido publicados en diversos medios. Actualmente, escribe periódicamente en La Ametralladora, revista digital colaborativa, de contenidos culturales.

lunes, marzo 24, 2014

Ramón Buenaventura - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

No soy persona que necesite explicaciones básicas. No me pregunto por qué vivo, ni para qué: vivo mientras dure, interesado plenamente en ello. No me pregunto por qué escribo (sí para qué, pero pa qué): escribo cuando puedo y quiero. Siempre he escrito o he querido escribir.
El hombre es el único animal que narra, que comparte sus experiencias y sentimientos y sensaciones poniéndolos en palabras y contándoselos a otros. Eso hago: me cuento a otros; y espero servirles de algo, contribuir al lentísimo desarrollo de la condición humana (que a veces pasa por aterradoras fases de retroceso, como la que están imponiendo ahora las bestias feroces del capitalismo asilvestrado).

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

No tengo costumbres, ni preferencias, ni supersticiones, ni manías; ni hora de escribir.
Quizá padezca lo que llamo «síndrome de monasterio»: no puedo escribir en soledad; tiene que existir el riesgo permanente de que aparezca alguien y me interrumpa.
Son un alivio, las interrupciones.

Eres
envejecer contigo y tu belleza,
añadida en el riesgo
de tanta cercanía
cotidiana.

Noblemente..

Eres cumplir el tacto
de tu piel
y seguir recibiendo noticia germinal
de la tierra y del aire y del fuego y del agua.
Eres la gruta
de nuestros genios.
Eres la orgía cíclica, la luna,
la danza ante la hoguera,
la saliva que sana, el designio chamán.

[la pregunta a destiempo que me obtura un poema,
ahora,
sin remedio]


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3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

No creo que ningún narrador se plantee la escritura a partir de un tema (a no ser que esté buscando algo comercial, pero ese es otro tema). En todo caso, el proceso mental que ello implicaría me resulta incomprensible. Pongamos que me viene la idea de escribir una novela sobre el maltrato entre hombres y mujeres; el paso siguiente sería tramar una historia que encajara en el tema. Absurdo, para mí. Es el relato, la historia, lo que trae consigo el tema. No al revés.
Por otra parte, ponerse un tema es limitar el relato. Cuando escribo, quiero ocuparme de todo lo que me interese, cuando me interese, como me interese, según me vaya interesando. Vivir lo que escribo como si fuera vida.

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Cuando escribo solo tengo presente lo que estoy haciendo, lo que sale, con la esperanza de que resulte aceptable.
Uno de los grandes problemas de la escritura es que no puede provocar reacción ajena mientras se hace. Cuando hablo con alguien puedo notar casi de inmediato, casi en «tiempo real» (como decimos ahora), el efecto de lo que transmito. En literatura tengo que completar la obra y publicarla para conocer la reacción del lector: demasiado tarde para ajustar los fallos.

5.- ¿Eres de los que se deja llevar por la historia o de los que lo tienen todo planificado desde el principio?

La verdad, no he llegado a escribir ninguna de las cuatro o cinco novelas que me tomé el trabajo de planificar: las tengo completas y redondas en la cabeza, pero ya no me apetece contarlas.
Tampoco puede decirse que me deje llevar por la historia, porque en el principio de mis libros terminados nunca ha habido «historia». Digamos que el relato me va sucediendo y lo voy contando.
Cada escritor practica, evidentemente, el método literario que mejor le funciona. Y, supongo, no siempre el mismo
Es posible, incluso, que la evolución de un escritor consista en ir descubriendo su mejor método para su mejor relato.
Descubrimiento que, por otra parte, puede pasarle inadvertido al propio autor: Cervantes volvió a la norma bizantina tras haber revolucionado la novela.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Antes siempre tenía la mesilla de noche cargada de libros. Ahora solo hay dos o tres encuadernados y una máquina que contiene cientos.
Diré, además, algo que puede ofender a otras personas literarias: no soy de releer; he releído muy pocos libros en mi vida; concretamente, la Ilíada, la Odisea, el Quijote, la Celestina, la Lozana… Puede que me olvide alguno, pero el total no llega a diez. Bueno, y poemas. Poemas sueltos sí que releo, claro.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.

Mi novela más reciente, NWTY, entró en las librerías a principios de octubre del año pasado. Toda la información que pueda interesar a alguien está en mi blog
con los enlaces correspondientes.

No tengo ningún proyecto literario en marcha.

NWTY en manos de su dedicatario principal

Ramón Buenaventura nació en la Ciudad Internacional de Tánger el 25 de junio de 1940. Su carrera literaria se inició en 1978 con la aparición de Cantata Soleá, un largo poema que empezó a escribir el 20 de noviembre de 1975. Luego ha publicado otros libros de poesía, tres novelas, una reco­pi­lación de cuentos y más de cincuenta traducciones, principalmente del inglés y del francés. Hasta su jubilación en 2009 fue profesor en la Facultad de Traducción del CES Felipe II de Aranjuez. Vive en Pozuelo de Alarcón. Ha recibido los premios Miguel Labordeta de Poesía por Eres, el Villa de Madrid por su novela El año que viene en Tánger, el Fernando Quiñones por su novela El último negro, y el Stendhal por su traducción de La sangre negra, de Louis Guilloux.