Tribulaciones de un sicario

Estuve en la presentación del libro “Tribulaciones de un sicario”, de Elena Casero, que tuvo lugar en en el local de la banda de música de Patraix. Un lugar amplio que se quedó pequeño para la ocasión. Se respiraba un ambiente amable y distendido. Elena estuvo acompañada por Mariano Vega, de “Editores Policarbonados”, quien alabó su estilo literario y su profesionalidad. Ella estuvo tranquila y habló del libro, de su afición por la escritura, contó que le gusta escribir a mano y que a veces maltrata a sus personajes, todo entre medias sonrisas y complicidades con un público participativo que abarrotaba el local. Pese a que las circunstancias me obligaron a ir corriendo, pude charlar con algunos amigos del espacio virtual, como Raúl, aunque a otros no tuve oportunidad de saludarles.

El caso es que fue un placer asistir a esta presentación y, por supuesto, me llevé a casa el libro “Tribulaciones de un sicario”. Un libro que se lee con interés, que te atrapa y te mete en la historia sin que te des cuenta. Una novela que se acerca a las comedias de situación, y presenta rasgos del género negro con dosis de humor e ironía, escrita con un estilo directo y cuidado. Mientras la leía venían a mi mente nombres como Tom Sharpe, Billy Wilder o el mismo Jardiel Poncela, de quien Elena incluye una cita en su presentación: Sólo unos pocos sueños se cumplen, la mayoría se roncan.
Anselmo de la Rua es un hombre que desciende de una adinerada familia. Las circunstancias le llevaron a la ruina económica y ahora vive en una pensión regentada por doña Celia, una mujer que le proporciona todo lo que necesita. Sin embargo, se siente en la obligación de encontrar trabajo y un compañero de la pensión, Ernesto Rubiales, le pone en contacto con un grupo de sicarios liderados por Matías, un anarquista de ideas radicales. Los miembros de este grupo tienen una circunstancia en común: todos son enfermos terminales, así que Anselmo finge estar también enfermo y consigue que lo acepten en la organización. Le encargan seguir a un hombre que dirige un museo y que vive en la que fue la antigua mansión de la familia de Anselmo.
Yo era un sicario de poca monta, sólo un hombre común al que la necesidad le había empujado a replantearse la vida, a enfrentarse a ella desde la barbarie. Alguien, personas a quienes yo no conocía, había preparado el atentado hasta el último detalle. Yo era, simplemente, el último eslabón de una cadena cuyo principio desconocía.
Y así va avanzando la historia, deambulando en pos de las circunstancias, como Anselmo tras el hombre al que vigila y que le llevará, de un modo inevitable, hasta su propio pasado. Jugará un papel importante en la trama otro de los huéspedes de la pensión, Antonio, maestro de instituto y con quien el protagonista vivirá cómicas situaciones.
Un libro ameno, ideal para llevarse de vacaciones y pasar un rato entretenido, escuchando esa voz narradora que nos transporta, con un punto socarrón, por una intriga bien urdida y divertida.






















Fredric Brown era un escritor de ciencia ficción con una imaginación portentosa. Autor de títulos clásicos como “Marciano, vete a casa” o “Universo de locos”. También cultivó el género policíaco, con títulos como “La noche a través del espejo”, “La trampa fabulosa” o “La bestia dormida”, por poner sólo unos ejemplos. Pero yo prefiero los relatos, siempre imaginativos, sorprendentes, con un tono burlón muy apropiado para el fin que persigue en ellos: retorcer el punto de vista del lector.

























