martes, diciembre 11, 2018

Golem Fest


El pasado fin de semana se celebró la primera edición (espero que haya muchas más), del Festival de Fantasía, Terror y Ciencia Ficción de Valencia, bautizado como Golem Fest.
Se programaron gran cantidad de actos en el Centro de Cultura Contemporánea del Carmen los días 7, 8 y 9 de diciembre.
Soy aficionado desde siempre a la novela llamada "de género", consciente de que las fronteras de los géneros están cada vez más difusas, lo cual me encanta. Creo que no he contado nunca que uno de los primeros relatos que me publicaron fue en la revista Solaris, y era de ciencia ficción. También publiqué algún otro en Menhir. Las dos revistas ya han desaparecido.


A veces, que una obra sea incluida en un género concreto depende de cosas tan tontas como el nombre de su editorial o la trayectoria de su autor. Pero así están las cosas por el momento.
Lovecraft, Poe, Philip K. Dick, Robert Silverberg, Stephen King, John Varley... autores que me hicieron disfrutar de la lectura y a los que procuro volver.
Así que  me dejé caer por algunos de los actos del festival. Os dejo algunas fotos.


José Luis Rodríguez y su mujer se encargaron del stand de los libros, donde se pudieron encontrar obras de los autores invitados. Además, por supuesto, de ser organizadores del Festival, no en vano José Luis Rodríguez es uno de los más importantes agitadores culturales de la ciudad.


David Roas habló de "El monstruo fantástico posmoderno". Una charla en la que denunció que los monstruos clásicos parecen hacerse más benévolos con el tiempo.


Emilio bueso, acompañado por Ricard Ruiz, presentando su novela Antisolar.


La escritora Ana García, acompañada por Susana Alfonso, presentó su novela El sendero de la palabra.


La escritora Pilar Pedraza recibió el premio Golem de Honor, en un muy merecido homenaje.


La escritora Valeria Correa Fiz presentó su libro La condición animal, acompañada por Herme Cerezo.


El escritor Roberto Sánchez presentó Asesinos de series, acompañado por Elia Barceló.


Ian Watson, acompañado por Cristina Macía como traductora, dio una ponencia titulada "El monstruo, la sirena y el doctor Mengele". ¿Cómo enlazó estos tres asuntos? Fue bastante divertido averiguarlo.


Las prologuistas y antólogas Lola Robles y Teresa López, acompañadas por Elia Barceló y Sofía Rhei, presentaron las interesantes antologías de escritoras españolas de ciencia ficción tituladas Distópicas y Poshumanas.


Teresa López y David Roas presentaron los ensayos de investigación titulados Historia de la ciencia ficción en la cultura española e Historia de los fantástico en la cultura española contemporánea (1900-2015).


José Carlos Somoza y Juan Miguel Aguilera charlaron sobre la libertad creativa y sobre el oficio del escritor.


Lola Robles presentó Regiones extrañas, que ha merecido el Premio Ignotus al Mejor Libro de Ensayo de 2017, acompañada por Yolanda Camacho.

Hubo muchos más actos a los que por desgracia no pude acudir. Se agradece el esfuerzo de este tipo de festivales por acercar obras y autores al público en general. Ah, no lo he dicho, la entrada era gratuita.
Toda la información se puede encontrar en la página web https://golemfest.es/.

martes, noviembre 20, 2018

Justo Serna - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Escribo porque es lo que sé hacer mejor. Eso sí, después de leer y de releer, que son mis dos actividades preferidas. Si fuera un manitas, las manos efectivamente las emplearía para fines más prácticos. Como soy un manazas, pienso, cavilo, leo y escribo. De la fermentación de esas ideas prestadas o propias, algunas egregias y otras banales, sale lo que escribo. Y al hacerlo me quito de encima una preocupación. Lo que no piensas, si permanece ahí, sin escribirlo, te ronda en la cabeza, amenazándote, obsesionándote. Al plasmarlo, al materializarlo, te liberas momentáneamente y eso te alivia. Lo dejas convertido en escritura que, por supuesto, será decepcionante. ¿A eso es a lo que llego? Tras tanta cavilación, ¿eso es a lo que alcanzo? Pues sí. Escribir te rebaja los humos y te hace ver tu limitación expresiva, la poca originalidad. Una idea y un mundo inexpresados o no escritos siempre tienen brillo. Cuando los expeles pierden fuerza y su enunciación muestra lo romos que eran. Al final, el lenguaje es préstamo, tradición, coerción. Pero es también mi respiradero. Al escribir desalojo o vacío parcialmente ese pequeño ático que es mi cerebro. Como no cabe más, lo expulso. Dejo así sitio libre para una nueva cavilación, para una nueva ideación. Y vuelta a empezar.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

¿Manías? Sólo necesito comodidad, poco ruido. Y luz, más luz. Hace años que no escribo con ordenador. Me desprendí de mi último Mac hace un tiempo. Se lo regalé a un muchacho muy avispado que empezaba su carrera profesional. Sin duda le iba a ser más útil que a mí. Desde hace años escribo con iPad Pro o Mini. Y escribo mejor cuando algo me irrita, me solivianta, me enerva. Celebrar algo que he leído también me gusta, por supuesto, pero qué a gusto me quedo cuando critico la estulticia (o lo que yo considero como tal), la arrogancia, la brutalidad, la cursilería. Por supuesto, escribo también en el ámbito académico mis monografías, algún libro y los severos artículos que me piden. Al fin y al cabo, si soy catedrático de historia es porque produzco textos de historiografía... Pero me estoy dejando. Desde 1993 me estoy dejando. Prefiero la indisciplina y el placer del texto. Uno ya tiene su edad.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

Me preocupan el mundo y sus ficciones. La ignorancia y la brutalidad. Me preocupan las vidas de los otros, que es tema fascinante: la mía, mi existencia, es común, nimia y bastante insípida. No me lamento: me gusta por comodidad. Sólo la lectura me saca de quicio o de mis casillas para llevarme lejos de mí: me pone en riesgo sin grandes peligros. O eso creo. No leo para corroborar lo que ya sé o para confirmarme. Leo para desplazarme, para contrariarme y para aprender, sin duda. Eso que leo me provoca gran preocupación y de ahí las cavilaciones, mis cavilaciones. Inmediatamente las escribo, convirtiendo el texto en deudor de un género. Me acojo a las reglas del género que practique en ese momento. Y de todos el que más me gusta es aquel que Clifford Geertz llamó “géneros confusos”. O “géneros borrosos”, que es como podría traducirse su expresión blurred genres.

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Perdóneseme la segunda persona. Me digo siempre algo así como: Justo, quien te puede leer no tiene interés alguno en leerte. Por tanto, debes captar su benevolencia, debes atraerlo al tema, asunto o escrito. Por importante que sea el objeto, un mal tratamiento provoca desinterés. Por ello, persuade, razona, argumenta, convence, Justo. Pero hazlo de manera entretenida. Sin duda hay temas que no se prestan a broma alguna, pero hay tantos sobre los que se puede escribir con guasa, con ironía. En todo lo que escribas, Justo, despierta una sonrisa, provoca incluso la risa, atrae el interés, proporciona datos, administra la información, regala una erudición y que el cierre complete un círculo, que el final te lleve al punto de partida.

5.- ¿Eres de los que se deja llevar por la historia o de los que lo tienen todo planificado desde el principio?

Si escribo ensayo o alguna ficción, no me gusta planificar más que lo mínimo: que una palabra te lleve a otra, que una resonancia te provoque una metáfora, pero metáfora contenida, que tus adjetivos no se multipliquen, que la amplificación no engorde innecesariamente tu verbo, que la precisión sea coherencia, que la prosa diga y comunique. No oscurezcamos la expresión para parecer más sofisticados o profundos.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

¿Autores o libros de cabecera? Creo los nombres que pueda decir son muy obvios: Jorge Luis Borges, Umberto Eco, Gustave Flaubert, Benito Pérez Galdós, Charles Dickens, Pío Baroja, Antonio Machado, Thomas Mann, Franz Kafka, Hannah Arendt, Antonio Muñoz Molina, Javier Cercas. Etcétera.
Más que autores o libros de cabecera, tengo autores o libros en la cabeza, los autores y los libros con los que brego ahora, con los que ahora disfruto o con los que ahora me irrito, con los que ahora aprendo. La lectura es una interlocución. Nadie puede conocer a todas las personas que desearía conocer. Con los libros puedes frecuentar a quienes quizá jamás conocerás. Mi mundo se amplía, la existencia se prolonga y yo creo que me quito parte de mi tontería. El tonto no es el inculto, por supuesto. El tonto es quien vive confortablemente instalado en sus opiniones prestadas, en el tópico. Yo quiero pensar. No siempre lo logro, claro.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.

Varios libros.

Uno es una ficción: La lengua es fascista, escrito con Juan Calabuig; otro es propiamente un ensayo: El pasado no existe; otro pertenece a los géneros confusos: Todo es falso salvo alguna cosa; otro es un homenaje: Leer el mundo. Visión de Umberto Eco; y, finalmente, otros dos que he de entregar en las próximas semanas y que me ilusionan: Historia y ficción. Conversaciones con Javier Cercas y Microhistoria. Las narraciones de Carlo Ginzburg. Este último lo he escrito con Anaclet Pons.



Justo Serna (Valencia, 1959) es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Valencia. Su especialidad es la Historia cultural.
Entre sus obras más recientes destacan Leer el mundo. Visión de Umberto Eco (2017), Todo es falso salvo alguna cosa (2017), La lengua es fascista (2017, con Juan Calabuig) y El pasado no existe. Ensayo sobre la Historia (2016), Antonio Muñoz Molina. La letra pequeña (2016), Antonio Muñoz Molina. El tiempo en nuestras manos (2014) y La imaginación histórica (2012).
Por algunas de sus obras ha recibido distintos galardones: el Premio de la Crítica Valenciana (2008), certamen del que ha sido finalista en varias ocasiones; el Premio Manuel Alvar de Estudios Humanísticos (2012), otorgado por la Fundación Lara. Etcétera.
Es publicista y polemista: en esta tarea destaca con obras como La farsa valenciana (2013) y Bestiario español (2014). Ha sido o es colaborador de distintos medios de comunicación: El País, Levante-EMV, infoLibre, Claves o Pasajes.
Es un activo internauta

martes, noviembre 13, 2018

Olalla García - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?           

Escribo desde pequeña. Incluso cuando no publicaba llenaba cuadernos y cuadernos de apuntes, observaciones, historias… Para mí es una necesidad y un motivo de alegría, una de las razones que hacen que sea más fácil levantarse de la cama por la mañana.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

No soy demasiado maniática. Tengo mi lugar de trabajo organizado como más me gusta, por supuesto. Pero, con un cuaderno y un bolígrafo puedo escribir en cualquier sitio. De hecho, a veces es bueno escribir en el tren, en el parque… Cambiar de ambiente y de rutina puede alimentar la inspiración.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

Me interesan las tramas que tratan sobre la libertad del individuo, la lucha por mantener la fidelidad a uno mismo y a los propios principios en un mundo que muchas veces nos presiona para ceder, para amoldarnos a las reglas ajenas. También me preocupa enormemente la intolerancia, que tanto daño ha hecho y está haciendo a muchas personas. Son temas que pueden tratarse en cualquier tipo de género y tendencia narrativa (por ejemplo, en la novela histórica, que yo cultivo). Además, mis últimas dos novelas están ambientadas en el mundo de los libros (una en el siglo XXI y otra en el XVI), haciendo especial hincapié en temas como el valor de la cultura y la libertad de expresión.

4.- ¿Algún principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Escribir es una actividad tremendamente exigente, que puede pasar factura al escritor. Creo que es muy importante ser honesto con uno mismo en cuanto a los temas que nos gusta tratar y la forma de tratarlos, no intentar escribir como otras personas querrían que lo hiciéramos. También es fundamental plantearse objetivos realistas con respecto a la cantidad de trabajo que podemos abarcar cada día y no forzarnos en demasía.

5.- ¿Eres de las que se deja llevar por la historia o de las que lo tienen todo planificado desde el principio?

Ni una cosa ni la otra. Digamos que tengo clara en mi cabeza la trama principal y la historia que quiero contar. Pero luego, al ir escribiendo las escenas concretas, pueden ir surgiendo detalles y situaciones inesperadas. Si son lo bastante interesantes, pueden llegar a modificar la línea argumental, a introducir personajes nuevos… Generalmente, la historia que termino escribiendo es bastante parecida a la que tenía pensada al principio, pero mucho más rica en profundidad y matices. Y puede producirse algún cambio importante, claro que sí, siempre que mejore la historia.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

He leído mucho y hay un buen número de autores y libros que me gustan. Soy bastante ecléctica en cuanto a temáticas, estilos, géneros, épocas… Además, leo muchísimo ensayo, es algo indispensable para quien escribe novela histórica. Lo que sí puedo hacer es citar dos títulos de ficción que he leído este último año y me han gustado mucho: El año de la liebre, de Arto Paassilina, y la tetralogía Dos amigas, de Elena Ferrante.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.


Mi última novela se titula El taller de libros prohibidos. Está ambientada en 1572, en el mundo de las librerías y las imprentas. El rey Felipe II y la Inquisición ejercían un control férreo sobre los libros que circulaban en los territorios de la corona española, intentando que no se difundieran ideas contrarias al pensamiento oficial. Es la época de la Contrarreforma, de los Índices de libros prohibidos, de requisiciones forzadas en librerías y procesos inquisitoriales contra impresores, que llegaron a sufrir terribles condenas por herejía e incluso la muerte en la hoguera. He querido rendir un homenaje a todos aquellos que se dedicaron a los libros en una época tan arriesgada.



Olalla García (Madrid, 1973) es escritora, traductora literaria y docente. Estudió Historia en la Universidad de Alcalá y realizó cursos de especialización en Salamanca, Bolonia y París. Actualmente trabajar como profesora de literatura para su alma mater.
Ha publicado cinco novelas históricas ambientadas en la Antigüedad Tardía y el Siglo de Oro: Ardashir, rey de Persia (Suma, 2005), Las puertas de seda (Espasa, 2007), El jardín de Hipatia (Espasa, 2009), Rito de paso (B 2014) y El taller de libros prohibidos (B, 2018) También es autora de un thriller ambientado en el mundo literario contemporáneo: En tierra de Nadie (Pàmies, 2016).
Habla varios idiomas y ha traducido al castellano numerosas obras de autores clásicos y modernos, trabajando con autores de la talla de Voltaire, Stendhal o Flaubert. Colabora estrechamente con diversas editoriales desde hace trece años, como escritora, traductora y lectora.


martes, noviembre 06, 2018

Angie Pagnotta - Cuestionario básico



1.- ¿Por qué escribes?

Escribo porque necesito decirme con palabras. Porque no encontré un modo más eficaz de expresar, de sentir y de vivir. Escribo porque desde pequeña encontré en la escritura la forma exacta de conectarme con mi silencio, en equilibrio con las emociones y las palabras, pero también en equilibrio con el mundo, con el entorno. También escribo porque es tentador y placentero, porque le pone a mis pensamientos toda la libertad y la fluidez que a veces no me permito cuando hablo.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Mis costumbres son versátiles, puedo escribir en casi cualquier lugar: servilletas, libretas ajenas, papeles encontrados, bordes de anotadores, notas del celular, mails que me envío a mí misma, cuadernos, computadora, todo me viene bien. Como preferir, prefiero el silencio casi siempre y cuando corrijo a veces escucho una playlist de piano que me armé en Spotify. Algunas otras veces vuelvo a preferir el silencio o mi voz leyendo en voz alta, algo a lo que me vengo acostumbrando últimamente y me funciona muy bien. ¿Manías? pocas, casi una sola: tener mate para escribir. Antes eran cigarrillos pero dejé de fumar, así que ahora es mate, o su equivalente que puede ser té o café. En algunas ocasiones una copa de vino y en aún más contadas excepciones una medida de whisky.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

Las relaciones humanas, el amor, el cómo nos entendemos y nos conectamos con los demás y casi siempre, todo esto va relacionado en mi escritura en cómo las personas nos sentimos respecto a esas conexiones que establecemos. Me interesa mucho indagar eso, indagar el monólogo interior de cada personaje a fin de que se tope con verdades absolutas, con el ridículo, con las sensaciones más extrañas y con el placer. Creo que esas son mis temáticas: el amor, el placer y cómo se convive con esos vaivenes.

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Como toda práctica requiere dedicación, horas de viaje en la misma ruta y la constancia suficiente que supone cualquier oficio. Quien quiera escribir debe saber que hacerlo supone leer mucho, muchísimo, casi no se puede escribir de otro modo más que leyendo. Y si quien escribe quiere publicar, entonces hay que abrir la mente al rechazo editorial, a los tiempos de publicación, a que incluso pueda pasar mucho tiempo sin que te publiquen: y eso está bien. Cada paso es un proceso necesario de la construcción de la escritura, incluso los malos tragos (que también los hay), pero sobran los buenos momentos: escribir es entrar en comunión con uno mismo, para luego entrar en comunión con el lector, para estar ahí incluso cuando uno esté en una ciudad y el lector en otra, escribir supone una intimidad tan bonita que lo que tengo muy presente a la hora de escribir es buscar siempre esa intimidad.

5.- ¿Eres de las que se deja llevar por la historia o de las que lo tienen todo planificado desde el principio?

Cuando comencé a escribir era de planificar la historia y me aburría terriblemente. Con el correr de las lecturas, las miradas y el tiempo me di cuenta que debía dejarme llevar por mis propias palabras y por la construcción de la ficción que yo misma voy creando, por lo que yo llamo “el instinto a la hora de escribir’’, un mecanismo casi silencioso que dicta una voz, un ritmo, un pulso, un modo: eso es más importante que la historia en sí, ya todo está escrito, pero no están escritos los detalles, los modos, el relieve o las texturas.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Mis autores de cabecera son Fogwill, Clarice Lispector, Alejandra Pizarnik, David Foster Wallace, J. M. Coetzee, Paul Auster, Carver, Pablo Ramos, Marguerite Duras, Cortázar, Roberto Bolaño…hay muchos y lo bueno es que permanentemente encuentro nuevos para sumar a la lista.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.


Mi último libro es Los desiertos efímeros un poemario que llegó inesperadamente, y digo esto porque no estaba en mis planes escribirlo, pero sucedió y bienvenido sea. El libro saldrá hacia el 20 de octubre y se podrá conseguir en Argentina en librerías y para el resto del mundo a través de la tienda de la editorial Peces de Ciudad. En este libro me concentré en aquellos espacios que parecen ser desierto, donde la desolación, el miedo, la bronca o el dolor parecieran ser eternos y perturbadores y, sin embargo, cambiando el cristal, dejando pasar el tiempo y viendo las cosas desde otra perspectiva, notamos que son efímeros, son pasajeros y se pueden atravesar. Hay grandes dolores, pero también hay grandes esperanzas de fondo y eso me gustaba pensar y rescatar al escribirlo. Es mi segundo libro, el primero fue Memoria de lo posible, un libro de once relatos y cuentos que está por agotar su segunda edición. Lo que estoy escribiendo actualmente es una novela que se llama Derrumbe y que tiene el pulso de lo erótico, el amor y las relaciones íntimas en una pareja que se encuentra y desencuentra constantemente.



Angie Pagnotta es escritora y periodista. En 2012 fundó Revista Kundra –literatura aleatoria– y el portal de arte y cultura Baires Digital. Tiene una columna literaria en el programa de radio Cuentos Criollos donde recomienda autores y libros. Trabaja como periodista en medios de Argentina y Europa, escribiendo crónicas de viajes, entrevistas, perfiles y notas del ámbito cultural y artístico. Sus libros publicados son Memoria de lo posible (2017, Peces de Ciudad) y Los desiertos efímeros (2018, Peces de Ciudad). Escribió el libro de cuentos Un segundo antes y la novela Nada que no quieras, ambos materiales inéditos. Conduce Nunca se sabe junto a Tommy Tow, programa de radio emitido por La Desterrada. Es Co-Fundadora de ENGRAMM, una plataforma cultural y artística que une Buenos Aires y Berlín.
Su blog literario es www.matesliterarios.blogspot.com
Contacto con la autora: angie.pagnotta87@gmail.com

miércoles, octubre 31, 2018

Festival Eñe 2018

El sábado 20 de Octubre visité el Festival Eñe, que se celebró ese fin de semana en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, como todos los años. Un encuentro literario que me resulta muy estimulante y que, en esta ocasión, tenía la entrada gratuita.


El primer acto al que acudí fue uno titulado "¿Dónde están las lesbianas?". Participaban las escritoras Pilar Bellver e Isabel Franc y la editora y librera Mili Hernández, moderadas por la escritora Gema Nieto, que acaba de publicar en Dos Bigotes la novela Haz memoria. Hablaron sobre las dificultades que ha tenido que vencer la literatura lésbica, los prejuicios a los que se ha enfrentado, y lo difícil que sigue siendo aún que la literatura de temática LGTBI se haga visible.





En el teatro Fernando de Rojas, Marcos Giralt Torrente y Pablo Simonetti, moderados por Carmen Gallardo, hablaban sobre la familia en un debate que respondía al título de "La familia como catástrofe". Intentaron definir la familia, acotarla, aunque parece que el concepto conseguía resultar esquivo. La familia contiene el mundo, pero también puede ser opresiva. Se suele hablar de la familia tradicional, la que responde a la idea del estereotipo ideológico de derechas, sin tener en cuenta que puede haber múltiples modelos de familia. En la familia, los miembros suelen adoptar un rol, por lo que no hay que confundir conducta con identidad.




En el tiempo de la comida aproveché para recorrer la Gran Vía, ahora levantada por obras que la hacen incómoda, aunque consiga conservar su atractivo. 


La Casa del Libro está en reformas y el edificio presenta un aspecto casi fantasmal.

Me acerqué a la Librería Cervantes y Cía, en la calle Pez, nº 27, y compré el último libro de Kureishi.


La tarde la empecé acudiendo a la tertulia que sobre los barrios mantuvieron los escritores Sergio del Molino, Pablo Gutiérrez y Javier Pérez Andújar. Se habló del barrio como un territorio hostil del que, sin embargo, se sentía añoranza. Se habló de la pobreza, de la precariedad de la vida, de lo lejano que les parecía que pudiera existir gente con piscina o biblioteca en sus casas. Al final, Pérez Andújar se adueñó de la tertulia. Dijo que el escritor siempre habla por sí mismo, que no tiene que dar voz a los más desfavorecidos, no tiene que ser el portavoz de nadie. A continuación, dijo que si pasaba las tardes de domingo viendo la serie "Colombo", ya estaba claro que no pertenecía a una clase social que pudiera permitirse ir de excursión o pasar el fin de semana en una segunda vivienda. "Colombo", por cierto, era una serie magnífica cuyas virtudes fueron desgranadas por el escritor con el apasionamiento propio de un fan.






Almudena Grandes (a quien le acaban de conceder el Premio Nacional de Narrativa por su obra Los pacientes del doctor García) e Ignacio Martínez de Pisón hablaron sobre literatura histórica, moderados por Aroa Moreno. La dificultad de recrear ciertos acontecimientos, de elegir detalles para su descripción, dar vida y voz a testigos de grandes hechos, pero colocando el foco en los personajes y no en las gestas, fueron algunas de las cosas que se debatieron. Se habló de cómo ha cambiado el proceso de documentación gracias a internet. Y se afirmó que no es novela histórica la que trata asuntos que todavía influyen en el presente.





Los escritores Jorge Eduardo Benavides, Fernanda Trías, Evelio Rosero y Renato Cisneros conversaron sobre las dificultades de ser escritor en América Latina.






A la escritora Gioconda Belli se le concedió el II Premio Eñe por toda su trayectoria literaria, motivo por el cual mantuvo un interesante diálogo con Jesús Ruiz Mantilla.



Gabriela Ybarra y Juan José Millás, moderados por la periodista Montserrat Domínguez, hablaron de las dificultades de la primera persona a la hora de narrar una historia, del punto de vista, de la dificultad de decidir dónde se coloca el foco de la narración, desde dónde se va a contar. Hay primeras personas que suenan frías y objetivas mientras que una tercera persona puede llegar a identificarse con el personaje principal. 




Álvaro Colomer y Lea Vélez hablaron sobre el mundillo literario, el uso de las redes sociales por parte de los escritores. 


En el denominado Salón de Columnas se dieron cita las escritoras Edurne Portela, Mónica Ojeda y Sara Mesa para reivindicar su derecho a tratar temas escabrosos, duros, violentos o crueles sin que se las mire de forma rara o con desconfianza.
Respetando a las mujeres que escriben lo que suele identificarse como literatura femenina (novela romántica especialmente), una autora puede tratar temas incómodos con la misma solvencia que un autor.





Por último, llegué al final del debate entre Lara Moreno y Octavio Salazar, moderados por María Tena, sobre literatura moral y literatura inmoral, o más bien, sobre si la literatura debe plantearse ciertas líneas rojas que no debería franquear. Se preguntaron, por ejemplo, si era lícito convertir a una persona real en un personaje de ficción. 





Hubo más charlas a las que me hubiera gustado acudir, pero la coincidencia en los horarios lo hizo imposible. Así y todo fue un día intenso y muy interesante.