lunes, mayo 02, 2016

Yamila Bêgné - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Escribo porque me interesa lo que el lenguaje puede hacer con el mundo y además del mundo. El lenguaje es algo a la vez sumamente exterior y sumamente intrínseco al mundo. Y esa posición especial es la que le da la posibilidad de armar algo nuevo a partir de lo existente. Esa tensión me interesa: la que se genera entre lo nuevo y lo que existe: ahí está la acción de escribir y la de la literatura.
Escribo también porque cada texto es para mí una forma de hacer algo: a veces a través de un texto que escribo llego a intuir mejor algo que pienso o que veo. A veces, un texto me ayuda a desaprender otras cosas, cosas que estaban hasta fosilizadas. Otras veces, un texto funciona como mero artificio para simular que todo puede controlarse. El lenguaje también tiene ese lado b: puede hacer cosas nuevas con el mundo pero también puede repetirlas.
Escribo, además, para pensar. No creo que los cuentos o las novelas sean para mí algo tan distinto de un ensayo o, incluso, de un artículo académico: pienso escribiendo.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

No tengo ninguna en especial. Por alguna razón, los fetiches y manías en relación a la escritura y también a la lectura me son por completo ajenos. Es raro, porque el resto de mis actividades está repleto de costumbres y hábitos. Será quizás porque el acto de escribir ya es en sí mismo un hábito, y no necesita para mí más suplemento.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

Más que temáticas, diría que mis preocupaciones son principalmente formales. En general, empiezo a escribir un texto nuevo motivada por una idea sobre la forma: una estructura posible, por ejemplo. Entre mis preocupaciones temáticas, se encuentran la ciencia, el par control/descontrol, los traslados, el movimiento y la obsesión.
Tiendo a escribir sobre temas que, de alguna forma, pueden hablar también sobre problemas formales. La naturaleza, por ejemplo, es un tema que me obsesiona tanto desde la literatura como desde la filosofía y la ciencia. Pensar sobre la naturaleza desde la ficción es, para mí, un buen modo de pensar la relación entre forma y contenido; es decir, de pensar en la literatura. Lo mismo pasa con los temas cercanos a la ciencia: hay algo en ellos que es profundamente artificial pero que, a la vez, queda ligado al orden de lo natural.

4.- ¿Algún principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Pensar mucho antes de escribir. O, más que pensar, lograr una especie de atención flotante en ocasión del tema o forma que vaya a desarrollar en el texto. Para llegar a ese punto, investigo mucho, y después es cuestión de que toda esa información se convierta en una especie de nube que influya más a la distancia sobre la escritura. Diría, entonces, como principio personal: investigar, profundizar y tomar distancia. La cercanía quema.
También intento ser acrítica en el momento de la escritura, confiar en el colchón de distancia intuitiva que se ha ido armando. Y, luego, volver a ser obsesivamente crítica en la instancia de la reescritura y la corrección.

5.- ¿Eres de las que se deja llevar por la historia o de las que lo tienen todo planificado desde el principio?

Tiendo a pensar mucho acerca de los procesos formales que se van a poner en juego en cada texto. La historia, en muchos casos, va apareciendo sola y, en el arco de escritura, intento que se vaya haciendo visible. Esto implica para mí tener que encontrar una conjugación especial entre forma y contenido. A veces me doy cuenta de que pensé algún principio formal demasiado duro, uno que no deja ver la historia: entonces hay que aflojarlo y lograr un conjunto más equilibrado. Otras veces ocurre que quiero que el texto sea casi pura forma, casi matemático, entonces hay que apostar abiertamente al desequilibrio. O puede ocurrir lo contrario: que gane la historia. Si es así, parto de una situación inicial para la trama, y después voy viendo adónde lleva. Es una ecuación que se dirime en cada texto.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Beckett, Saer, Rousseau, Benjamin, Sebald. Se me ocurren tres libros muy importantes para mí: Worstward Ho, de Beckett, Historia del tiempo, de Hawking, y La experiencia interior, de Bataille. También leo mucha literatura contemporánea argentina. Me interesa mucho el casi sistema que la literatura argentina tiende siempre a armar o a desarmar. Quizás ocurra en todas las literaturas, pero creo que ocurre especialmente en la argentina: quizás sea sólo una sensación, un efecto que las fuertes operaciones de lectura han dejado armado. O quizás sea algo que ocurre en lo concreto de los textos. Sea como sea, es fascinante.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.

Mi último libro publicado se titula El sistema del invierno. Es un libro de relatos que se puede conseguir fácilmente en formato digital (http://www.eloutsider.org/producto/el-sistema-del-invierno-ebook/). Intenté allí aflojar las tensiones formales que había investigado en el libro anterior: Protocolos naturales (Metalúcida, 2014). En El sistema del invierno, si me acerqué a lograrlo, la forma se convierte en un modo intuitivo de narrar.

Por otro lado, tengo completa una novela sobre la teletransportación y también otros dos libros de relatos; uno de ellos trabaja desde la ficción con la obra de Jean-Jacques Rousseau. Actualmente, estoy trabajando en una segunda novela sobre el problema de las capas: ¿qué queda de un objeto cuando se tapa con muchas capas de algo?


Yamila Bêgné (Buenos Aires, 1983) es licenciada en Letras (UBA) y magister en Escritura Creativa (UNTREF). En 2014 publicó su primer libro de relatos, Protocolos naturales, por Metalúcida (metalucida.com/protocolos-naturales) y en 2015, El sistema del invierno, en editorial Outsider (www.eloutsider.org). Ha participado en distintas revistas digitales de literatura, como El interpretador, Escritores del Mundo y Letral. Integró también las antologías Una terraza propia. Nuevas narradoras argentinas (Norma, 2006), El tiempo fue hecho para ser desperdiciado. Antología urgente de nuevos narradores argentinos (Libros del perro negro, 2011) y La frontera durante (Outsider, 2014). Trabaja como periodista y coordina grupos de lectura y talleres de escritura.

*La foto es de Anahí D'Amato.

jueves, abril 28, 2016

Carlos Roncero - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Pues me temo que no voy a ser demasiado original. Escribo porque me hace feliz, me lo paso en grande creando historias y personajes. Pero más feliz me hace saber que la gente se entretiene con lo que escribo. Poder arrancarles una sonrisa o un par de lágrimas.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

No tengo manías o supersticiones; eso sí, el busto de Víctor Hugo tiene que estar a mi lado viendo lo que escribo con su rostro severo. Lo cierto es que puedo escribir bajo cualquier circunstancia, incluso con la tele puesta.
Más que manía, tengo el hábito de buscarle banda sonora a lo que escribo. Me ayuda mucho, y el tema elegido no tiene por qué tener que ver con la trama o el género de la novela en cuestión.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

No las tengo. ¿Para qué?, me limitaría. Me gusta cualquier temática, siempre y cuando haya encontrado una buena historia que contar en ella. El único género que no he abordado hasta ahora es el de la ciencia ficción. Aun no se me ha ocurrido una historia digna para un género tan fascinante. Tampoco busco una temática determinada. Por ejemplo, como estamos en crisis pues hago una novela que se desarrolle en esa crisis. No trabajo así. La historia surge, me golpea en el corazón, la medito un tiempo. Si pasada una semana me sigue pareciendo buena idea, la convierto en novela y es entonces cuando me doy cuenta de que tiene que ver con una temática u otra. No busco lanzar un mensaje. Si lo tuviera, este debería ser sutil, que se deduzca de la historia.  Nunca busco situar al lector en un mensaje o ponerlo de mi parte. Mi última novela se me ocurrió viendo “Una cara con ángel”, de Stanley Donen. Pasada una semana me puse a escribirla y solo entonces me di cuenta de que podía tratar la inmensa hipocresía que ejercemos los adultos en casi todo, pero no lo tuve como intención inicial, no me dije “voy a escribir sobre la hipocresía de los adultos”.

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Mi sistema no admite concesiones: escribir todos los días una página, a ser posible a la misma hora e incluso sin inspiración. Soy tan estricto que los días en que podría escribir más de una página no lo hago. Es disciplina, más que nada, y la cumplo a rajatabla cuando estoy con una novela. A mí me funciona. Además, con un trabajo tan absorbente como el de la docencia no podría hacerlo de otro modo.

5.- ¿Eres de los que se deja llevar por la historia o de los que lo tienen todo planificado desde el principio?

Lo único que tengo planificado es el principio y el final. Lo demás ya irá surgiendo, pero necesito saber de dónde salgo y a dónde quiero llegar. De otro modo, no puedo.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Oscar Wilde ocupa el lugar de honor. Lo leo y releo a menudo y doy la lata a mis alumnos con él cada vez que tengo oportunidad.
Victor Hugo, Proust, Galdós, Dickens, Poe, Verne… La verdad es que estoy muy anclado en el siglo XIX, con la excepción de Vargas Llosa y Marsé.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.

En diciembre terminé mi último manuscrito, Albertine, una pequeña historia de amor, que ya estoy enviando a las editoriales. Me he sentido muy cómodo escribiendo una tragicomedia romántica, aunque, todo hay que decirlo, mi concepto de lo romántico está lejos del concepto actual. Lo más duro fue, sin duda, prescindir de los clichés del género, o al menos de los más habituales.

Ahora mismo descanso un poco, aunque no dejo de escribir relatos cortos para mi blog y el Facebook, lo cual me genera más disciplina todavía. En breve comenzaré a escribir de nuevo, supongo que la tercer entrega de La extraordinaria historia de Juan Barreto.


Carlos Roncero, (Santa Cruz de Tenerife, 1970). Es profesor de instituto impartiendo las materias de Historia de España e Historia del Arte. A pesar que su mayor pasión es el cine y ha escrito varios guiones cinematográficos, siempre se ha sentido atraído por la ficción literaria. Es autor de las novelas Clara dice, Los trenes perdidos y Mis ojos llenos de ti.

lunes, abril 25, 2016

Mireya Hernández - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Porque es la mejor forma que tengo de expresarme. Cualquier cosa que me rodea es susceptible de convertirse en una historia. Cuando escribo siento que me libro de un peso, de algo que necesitaba ser contado. Es un proceso liberador y placentero, aunque a veces cueste, o precisamente por eso. De alguna manera me ayuda a ordenar mis pensamientos, a entender ciertas cosas, a recordarlas. Porque el acto de escribir es un acto de memoria al fin y al cabo. En el papel las cosas permanecen, como en la fotografía. El proceso doble de transformar las imágenes en palabras y las palabras en imágenes, de pasar de lo concreto a lo abstracto, me parece algo mágico.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Soy muy anárquica y muy poco disciplinada. Sólo necesito tener la cabeza despejada y estar concentrada. El silencio ayuda, pero a veces escribo con música clásica o instrumental. Puedo escribir a cualquier hora del día, en cualquier lugar, en el ordenador, en un cuaderno, en un papel que tenga en el bolsillo o en el móvil. Cuando se me ocurre algo o veo algo que me interesa lo anoto. Hay días que escribo por la mañana, otros por la tarde, otros por la noche y otros de madrugada. Y otros que no escribo ni una frase.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

Me interesa el pasado, la memoria, la herencia familiar, las relaciones entre los seres humanos y el paso del tiempo, pero no tengo un tema predilecto. Escribo sobre lo que me llama la atención, lo que me hace reír o lo que me preocupa en cada momento. A veces parto de una noticia, de una curiosidad, de una conversación en la calle, de una imagen, y de ahí sale la historia. Creo que lo importante no es lo que se cuenta sino cómo se hace.

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Elvira Navarro me dio uno de los mejores consejos que he recibido nunca: “Imagínate que te quedan dos meses de vida. Escribe algo que no puedas dejar de contar antes de morir”. La necesidad está por encima del hábito, en mi opinión. Cuando uno escribe porque no puede no hacerlo, los horarios y los esquemas no tienen cabida. Hay algo visceral que no se puede controlar. Luego creo que hay que ser sutil y no mostrarle las cartas al lector, usar las palabras justas y adjetivar sólo cuando sea necesario. Hemingway decía que lo importante de una historia tenía que quedar bajo la superficie, y estoy de acuerdo. Yo trato de contar lo mismo de siempre desde otro prisma, huyendo de los tópicos y de lo cursi. Corrijo mucho también. A menudo borro más de lo que escribo. E intento no tener en cuenta quién lo va a leer ni coartarme pensando que a alguien le puede afectar lo que escribo. Si te censuras no sale nada bueno.

5.- ¿Eres de las que se deja llevar por la historia o de las que lo tienen todo planificado desde el principio?

Belén Gopegui decía que uno podía escribir con brújula o con mapa. Yo escribo con brújula. Parto siempre de una idea, pero es ella la que me guía a través de la historia. Me ha pasado siempre, con todo lo que he escrito. Soy incapaz de planear una trama. Creo que es muy difícil no salirse del guión, porque en cierto modo la escritura tiene mucho de improvisación, por lo menos en mi caso. O más que improvisación, intuición. Creo que planificar mucho le resta frescura al texto. Cuando escribí Meteoro había muchas ideas que me interesaban, y esas ideas fueron derivando en otras. La historia fue ampliándose y ramificándose a medida que avanzaba. No sabía cómo iba a terminar, ni si faltaban o sobraban cosas. Tomé las decisiones sobre la marcha y al final ordené el texto y lo pulí. Funciono mejor desde el caos.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Me gusta mucho Bolaño. Y Sherman Alexie, y Carver, y Cortázar. Son autores a los que siempre vuelvo. Salinger me marcó mucho de adolescente, igual que Pedro Páramo y Mortal y rosa. En la facultad leí mucho teatro y mucha poesía norteamericana, y estuve un tiempo obsesionada con la generación beat. Luego hay autores que me han contagiado las ganas de escribir, como Marguerite Duras, Foster Wallace, Piglia o Lydia Davis.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.

En octubre del año pasado publiqué mi primera novela en Caballo de Troya. Meteoro es la historia de una pareja que se va a vivir al campo y ve cómo su relación se desmorona. Este declive se ve reflejado en la casa donde viven, que empieza a resentirse, a sufrir, a desgastarse como los dientes de los castores. Poco a poco los sueños de los protagonistas se transforman en pesadillas y las tormentas los aíslan dentro del pueblo y de sí mismos. La herencia familiar se hace patente y aparecen los fantasmas del pasado. Es una historia de incomunicación y de soledad, pero también de culpa y de redención, y hay un claro contraste entre la idealización y la realidad. Es un libro muy fragmentario, lleno de referencias a otras cosas; una especie de cajón de sastre donde al final todo encaja. 


Mireya Hernández nació en Madrid en 1981. Es licenciada en Filología Inglesa. Hizo los cursos de doctorado y obtuvo el Diploma de Estudios Avanzados en Ciencias de la Información. Estudió fotografía en Buenos Aires y guión de cine en La Habana. Es traductora, lectora editorial y profesora de español.

*La foto es de Ruth Zabalza

jueves, abril 21, 2016

Antonio Lucas - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Imagino que la culpa es de los libros. Comencé a leer sin destino fijo de adolescente y cuando me di cuenta andaba tanteando con un boli. Escribir es una forma de enclavijarme al presente. De tener más memoria. De estar más solo y con más gente.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Más que manías tengo preferencias: mi habitación, luz de flexo, silencio en casa y un folio doblado por la mitad, a modo de cuartilla.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

Sospecho que las de cualquiera. La literatura suele tener las preocupaciones de todos, pero según cada uno.

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

No soy muy favorable a los consejos. Pero tengo claro que conviene leer más de lo que se escribe y guardar más de lo que se publica.

5.- ¿Eres de los que se deja llevar por la historia o de los que lo tienen todo planificado desde el principio?

En los poemas la historia no suele llevar a ninguna parte, así que me dejo llevar poco. El poema que me gusta como lector es aquel que tiene más razones que argumento. Y las razones no suelen ser artefactos del todo claros.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Diré un autor que es un icono en mi biblioteca: Rimbaud. Y un libro que es un fetiche: Elegías de Duino (Rilke).

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.


En octubre de 2015 salió publicado Vidas de santos en la editorial Círculo de Tiza. Una reunión de 50 perfiles o semblanzas literarias de algunos personajes de la cultura que me interesan por distintos motivos: de Lautréamont a Sánchez Ferlosio; de Agotha Christoff a Manuel Agujetas; de Susan Sontag a Ian Curtis; de Alejandra Pizarnik a Sid Vicius… Y en unas semanas sale publicada mi poesía reunida en la editorial Visor con el título de Fuera de sitio (1995-2015).


Antonio Lucas (Madrid, 1975) es redactor de Cultura y articulista del diario El Mundo. Ha publicado los libros de poemas Antes del mundo (1996, accésit del Premio Adonais, Madrid, Rialp), Lucernario (1999, premio Ojo Crítico de Poesía 2000), Las Máscaras (2004), Los mundos contrarios (2009, Premio Internacional Ciudad de Melilla) y Los desengaños (2014, Premio Loewe). Además, tiene también varios libros sobre arte: Soledad Lorenzo, una vida en el arte (2014), Manolo Valdés: esculturas (2012), así como una selección de perfiles literarios de algunos creadores esenciales de la cultura de los siglos XIX y XX reunidos bajo el título de Vidas de santos (Círculo de Tiza, 2015).

*La foto es de Carlos García Pozo

lunes, abril 18, 2016

Jorge Carrión - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

No lo sé, no lo escogí, así fue desde que era niño y así sigue siendo.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

He descubierto hace poco que mi método se parece al de Italo Calvino. Él iba llenando carpetas con textos sueltos, hasta que una se imponía sobre las demás y se dedicaba a ella, hasta convertirla en un libro. Yo también tengo muchos proyectos en marcha. Hasta que de pronto uno se impone, como una obsesión, y todos los demás quedan congelados. Los meses de obsesión son muy duros. Ahora los estoy viviendo, con mi próximo libro, y no se los desearía ni a mi peor enemigo. Intento escribir desconectado de internet, en sesiones de nueve o diez horas. Lo intento.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

Me interesa mucho la ficción. Su ontología. Su materia. Por qué no sabemos vivir sin ficciones. Qué son los personajes de ficción. Cómo se crean los mitos, las leyendas, las utopías, las religiones: todas esas manifestaciones de grandes ficciones colectivas. Por eso escribí cuatro novelas de géneros y formas distintas, Los muertos, Los huérfanos, Los turistas y Los difuntos. Son la historia de Mario Alvares y George Carrington, que decidieron realizar una obra maestra. Sigo sus huellas. Ese proyecto se vincula con mi ensayo Teleshakespeare (cuáles son los modos más pertinentes de narrar en este cambio de siglo) y con mi antología Mejor que ficción. Crónicas ejemplares (cómo se relacionan la ficción y la no ficción). Todo lo que he escrito, todos esos libros, y otros como Australia o Librerías tienen que ver con el viaje. Y con los nombres, con las migraciones de la identidades y de los nombres. Tal vez, sobre Jorge y Jordi, que en estos momentos siento más Jorge que nunca.

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Eliminar todas aquellas palabras, frases, párrafos o capítulos de los que no estés completamente convencido. Si no lo haces, te perseguirán eternamente. Siempre recordarás que no te convencían y nunca te acabarán de convencer. Serán una pesadilla. Lo digo por experiencia. 

5.- ¿Eres de los que se deja llevar por la historia o de los que lo tienen todo planificado desde el principio?

Ni una cosa ni la otra. Planificación, rectificación, improvisación: hasta crear una música de la escritura (pese a la cacofonía en "ón").

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Muchos, tantos. Si tuviera que escoger tres de todos ellos, tres escritores vivos, podrían ser David Grossman, J. M. Coetzee y Ricardo Piglia. 

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.


Estoy trabajando en mi libro más complejo y más ambicioso, que me lleva por el camino de la amargura: Barcelona. Libro de los pasajes, una crónica y un ensayo sobre esta bendita y maldita ciudad, un homenaje a Walter Benjamin, un intento de matar a los padres, un tratado de botánica urbana y demasiadas otras cosas.


Jorge Carrión (Tarragona, 1976) es escritor y doctor en Humanidades por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, donde da clases de literatura contemporánea y escritura creativa. Colabora en varios medios de España y América Latina. Ha publicado los ensayos Viaje contra espacio (2009), Teleshakespeare (2011) y Librerías (finalista del premio Anagrama de Ensayo, 2013); y varios libros de viajes, como La brújula (2006), GR-83 (2007), Australia (2008) y Crónica de viaje (2014).
Es autor de la que se ha definido como una de las trilogías más ambiciosas de la narrativa reciente, formada por las novelas Los muertos (Mondadori, 2010), Los huérfanos (Galaxia Gutenberg, 2014) y Los turistas (Galaxia Gutenberg, 2015). Los derechos de esta trilogía para el francés ya han sido adquiridos por la prestigiosa editorial Seuil, que también publicará Librerías en Francia (en Italia lo hará Garzanti y en Inglaterra, MacLehose Press).
Su último libro publicado es Los difuntos (Aristas Martínez, 2015).

*La foto es de Canal L

jueves, abril 14, 2016

Tomás Sánchez Bellocchio - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

No sé por qué escribo, porque escribo desde siempre. Es una especie de pulsión oscura reconvertida en vocación, y anterior a cualquier discurso acerca de mí mismo. Cuando tenía 7 años la vicedirectora de mi colegio anunció a mis padres que yo iba a ser escritor, pero yo no tengo conciencia de esa edad. Hoy, sé que escribir me da sentido, llena mis horas, es un doble fondo del pensamiento. Aunque esté haciendo otra cosa, siempre estoy escribiendo en mi cabeza. No me aburro nunca. Y de alguna manera todo lo que veo y siento y pienso acerca del mundo, está filtrado por esa naturaleza de narrador.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

No soy un escritor disciplinado ni tengo cábalas o supersticiones. Tampoco tengo horarios para escribir, suelo ir robándole horas al día. Alterno chispazos inspirados con ratos más arduos de edición. Escribo en computadora, pero siempre con un cuaderno cerca, en el que hago dibujos y garabatos, pequeños esquemas. Cuando no estoy en la computadora, uso el teléfono como libreta: anoto ideas, frases, o diálogos, que se me vienen a la cabeza en momentos inoportunos, y que luego copio y pego al archivo final.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

La identidad. Los vínculos familiares. La muerte. La extrañeza ante los otros. El impacto de la historia y la política en la vida de personas comunes. Y también de lo digital o la tecnología.

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Cuando leí a Fogwill por primera vez, hace relativamente poco tiempo, me di cuenta cuál era la operación central de su literatura. Él quiere ser grande y va a pelear con los grandes. “Help a él” no se queda en un homenaje borgeano, en ese cuento largo él tiene un duelo verdadero con Borges, de igual a igual. Y a pesar del riesgo de la jugada, de su arrogancia, me quedó como aprendizaje. Parte de la pulsión de escribir tiene que ver con emular el placer que me produjeron ciertas historias que leí. Como un paraíso perdido. Para mí, los cuentos de ciertos autores, Salinger, Borges, Cheever, Hernández... Entonces, si uno va a escribir, cuando tanta gente escribe alrededor, con tanto que hay para leer, eso que uno escribe tiene que ser digno de diálogo o batalla con ellos. Al menos, como inspiración y aspiración.

5.- ¿Eres de los que se deja llevar por la historia o de los que lo tienen todo planificado desde el principio?

Ni una cosa ni la otra. En general, tengo claros el principio y el final, y pequeñas ideas anotadas para el desarrollo. Eso no significa que todo esté planificado, es más bien una intuición de por dónde va la cosa. El trabajo duro está en el medio: la dosificación, la intriga, las transiciones, las ideas encarnadas en conflictos o personajes, las vueltas de tuerca. A veces, tengo menos claro el camino hacia el final, pero encontré el tono y eso hace que me atreva a avanzar más ciegamente. Lo más importante es encontrar esa voz (que es ritmo, estilo, punto de vista, tiempo verbal, todo junto), la que te da la autoridad necesaria para contar la historia.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Hay un libro que marca el comienzo de todo: Antología de la literatura fantástica. Tenía trece años cuando lo leí. De adolescente, empieza el descubrimiento de los grandes argentinos: Borges, Cortázar, Quiroga, Bioy, Ocampo. Es la etapa mitológica de lector. Por eso, uno siempre vuelve a ellos. Más tarde, cuando ya tenía claro que quería ser escritor, fui conociendo a los cuentistas americanoso anglosajones que me marcaron: Salinger, Hemingway, Cheever, Carver, Mansfield. Después, con ese afán de descubrir cosas nuevas, aunque en el fondo no sean tan nuevas, uno va encontrando joyas sueltas, que convierte en autores de cabecera: Felisberto Hernández, Alice Munro, Grace Paley, Andrés Caicedo, Clarice Lispector. Y hay dos escritores contemporáneos que para mí son imprescindibles para entender cómo se puede escribir hoy: Bolaño y Fogwill. 

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.

Familias de cereal, mi primer libro, publicado por Candaya en 2015, es un libro escrito a lo largo de muchos años. Hay cuentos escritos hace una década y otros que terminé justo antes de que el libro fuera a impresión. A pesar de que cada cuento es autónomo, y no fueron pensados para un libro en particular, el hilo conductor son las familias disfuncionales. Muchas de las cosas que ahora puedo decir acerca de Familias de Cereal, las fui descubriendo a partir de lectores, de las críticas que han salido, y hasta de las entrevistas. Cada familia del libro es un mundo cerrado y extraño, con sus propias leyes. Por eso, en varios de los cuentos, se narra la entrada de una mirada ajena a esa casa. Es un libro sobretodo de interiores. Hay cuentos con personajes adolescentes, adultos, ancianos, pero domina cierta mirada adolescente sobre el mundo. La figura del padre es una amenaza en casi todos. Y después hay, en varias historias, un interés sobre cómo ha influido la tecnología y lo digital en nuestras vidas.En cuanto al estilo y al género, varias de las críticas coinciden en que hay una voluntad de romper la verosimilitud, algo que no acaba de ser realismo pero tampoco es fantástico, quizás por la influencia de dos grandes genealogías del cuento. La rioplatense que es sobre todo fantástica, y la americana, que viene de Chéjov. Para mí, aunque pueda estar de acuerdo, es una zona más intuitiva que consciente.


Tomás Sánchez Bellocchio nació en Buenos Aires en 1981. Es publicista y vive actualmente entre México DF, Barcelona y Buenos Aires.
Ha publicado cuentos, crónicas y ensayos en diversas revistas y sitios de literatura, como El Malpensante, Literofilia, Picnic y Suelta. Forma parte de la antología Emergencias, doce cuentos iberoamericanos (Candaya, 2013).

Familias de Cereal es su primer libro.

lunes, abril 11, 2016

José Ángel Mañas - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Podría ponerme metafísico, pero creo que, desde mi posición, no corresponde. Hace veinte años que vivo, a veces mejor, a veces peor, de lo que escribo. Esta es mi profesión y yo me considero un profesional, entendido en sentido estricto y sin ínfulas de ningún tipo: es lo que me da de comer y aquello a lo que dedico la mayor parte de mis horas.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Pocas. Con los años he ido disciplinándome. Cada semana me marco un objetivo, en función del tiempo del que dispongo. Puede ser un capítulo, un par de artículos, repasar las pruebas de una novela si me llegan, lo que corresponda, y en función de eso y del tiempo que tenga, descartando otras obligaciones, me organizo los días. Procuro liberarme los fines de semana. Es así de prosaico el asunto. Un noventa por ciento de culo, que diría Cela.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

Más que por temas, pienso en términos de personajes y de grupos de personajes. Cuando abordo una novela, necesito tener claro quiénes son mis protagonistas, cuál es su mundo, cuáles son las relaciones que mantienen entre ellos. Una vez fijado esto, pienso en la anécdota, en lo que les puede pasar. Para mí, una novela está lograda cuando recreo con la suficiente precisión y viveza ese mundo, cuando los personajes cobran vida y tengo una sensación de haber imaginado o recreado un universo coherente y convincente. No pienso en término de “temas”; eso me parece secundario. Esto no es un ensayo y el único tema que me interesa es la vida. Si pudiera recrearla fotográficamente, lo haría. Supongo que detrás, tengo obsesiones, pero no las tengo catalogadas ni soy consciente de ellas, y creo que es mejor así.   

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Muy pocos. Es algo francamente difícil. Nunca se sabe muy bien por qué a veces funciona y a veces no. En mi caso, cuando me pongo delante del folio, nunca tengo la certeza de que vaya a funcionar. Y cuando funciona una escena no sé muy bien por qué. Creo que entiendo mejor el porqué no funcionan determinadas escenas, que el porqué funcionan. Eso es más misterioso. 

5.- ¿Eres de los que se deja llevar por la historia o de los que lo tienen todo planificado desde el principio?

Necesito, para arrancar, tener claros los personajes en mi cabeza. Una vez que siento que los entiendo, que los tengo bien cogidos, bien visualizados, entonces imagino una anécdota, algo que les pueda ocurrir, que me ayude a moverlos. Suelo procurar que sea una anécdota sencilla, no muy complicada, y la estructuro de manera muy básica, a veces en tres actos, otras en un puñado de capítulos. A partir de ahí me gusta, en el primer esbozo, “vivir” la historia, meterme en la piel de los personajes, y dejarme llevar por ellos. Sé adónde voy, pero muchas veces no sé cómo voy a llegar a esos hitos que he marcado en el camino. Si la cosa funciona y siento que hay vida en eso que he esbozado a vuelapluma prácticamente (el primer proceso de la escritura suele durar dos o tres semanas, no más), entonces empieza la etapa laboriosa de reescritura, reestructura, reorganización de todo el material, y por último pulido ya estrictamente literario, que es el último tramo. Puede durar el proceso entre uno y dos años.  

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Me gusta mucho El guardián en el centeno y casi todo Galdós. Me moriría de gusto si fuera capaz, un día, de escribir algo que se acercara mínimamente a Fortunata y Jacinta.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.


El 5 de abril llegará a las librerías mi próximo libro, Todos iremos al paraíso. Es un thriller sicológico. La protagonista es una mujer que lo tiene todo (un buen trabajo, dos hijos maravillosos, un marido perfecto) y que, sin embargo, a raíz de un accidente banal y de una serie de circunstancias aciagas encadenadas, se va a convertir en un monstruo, capaz de matar a media docena de personas. En los próximos días irán apareciendo noticias sobre ello en mi página de Facebook. 


José Ángel Mañas (Madrid, 1971) es licenciado en Historia Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. En 1994 quedó finalista del premio Nadal con su primera obra, Historias del Kronen. La novela tuvo una gran repercusión y abrió las puertas a una nueva generación de escritores. Tras su publicación el escritor vivió durante varios años entre Madrid y Toulouse. Actualmente reside en Madrid.
A Historias del Kronen siguieron tres novelas de similar ambiente y contenido: Mensaka (1995), Ciudad Rayada (1998) y Sonko95. Autorretrato con negro de fondo (1999), que, con Historias del Kronen, forman la «Tetralogía Kronen».

En 1996 publicó la novela Soy un escritor frustrado, en la que describe su propio procedimiento de composición y se complace, de paso, en reflexionar acerca de las alegrías y miserias del éxito, que Mañas ha experimentado (malgré lui) de muy primera mano.

jueves, abril 07, 2016

Javier Serena - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Es muy difícil encontrar respuesta, desde luego ninguna lógica: si uno piensa en términos de rendimiento o recompensa, es la peor actividad posible. Tiene algo de vicio, en parte, aunque creo que la mejor razón de todas es que a la gente que tengo más cerca es algo que le gusta que haga: si ellos me ven mejor así, más en mi sitio, será por algo.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Creo que no tengo ninguna: si estoy escribiendo algo lo tengo en la cabeza todo el tiempo, así que lo voy haciendo a lo largo del día, cuando puedo, en el ordenador o en cualquier papel suelto. Creo que puedo escribir en cualquier lugar y en cualquier soporte, si estoy metido en una historia, y me da igual los horarios, las interrupciones, el ruido, etc. Quizá una curiosidad es que a veces he escrito en vertical, como si fueran versos, porque me obsesionaba el tema del ritmo de la escritura. Es una de esas tonterías que con los años me estoy  curando poco a poco: mejor no perder el tiempo con manías.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

Si lo pienso bien, y aunque a veces haya sido algo inconsciente, siempre he tratado de temas relativamente autobiográficos, o en todo caso personales, o si no de personas muy cercanas. Temas asociados a personas o conflictos concretos a los que me cuesta poner una etiqueta general. Desde luego, y aunque siempre haya una visión política, histórica o social hasta en los temas más personales, no soy un autor que se interese por asuntos colectivos ni abstractos, que son temas que me parecen muy atractivos y necesarios y de los que me gusta leer, pero que yo no he sabido tratar en mis novelas.

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Creo que un texto tiene que provocar algún tipo de entusiasmo: hacer que uno empatice con los personajes, con el lenguaje, con las situaciones, etc. Textos correctos que uno olvida pronto hay muchos: me gustan los textos en que hay una marca personal del autor, algo que haga que el lector sienta que no hay mejor manera de aprovechar el tiempo que seguir pegado al libro. Y desde luego mejor un libro imperfecto, en el que se reconozcan marcas y obsesiones personales, que uno correcto que no despierta ni entusiasmo ni curiosidad.

5.- ¿Eres de los que se deja llevar por la historia o de los que lo tienen todo planificado desde el principio?

Solía planificar mucho, pero luego destrozaba todos mis planes, esquemas, etc. En el último texto que he escrito, en cambio, me lanzado más en tromba, sin esquemas previos, quizá sabiendo que los mapas me servían de poco.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Yo me enganché a la lectura con el boom hispanoamericano: Borges, Cortázar, Rulfo, García Márquez, Onetti, Vargas Llosa, Cabrera Infante, Bioy Casares, etc., así que a esos autores les tengo un cariño especial y son los que más me han marcado. Si hablamos de literatura relativamente actual, publicada en los últimos treinta años por ejemplo, los autores que más me he leído son Bernhard, Lobo Antunes, Sebald, Banville, y entre los norteamericanos Richard Ford, Delillo, Tobias Wolff o Munro. Y de autores en español que al menos para mí se han dado a conocer muy recientemente, por ejemplo en los últimos tres o cuatro años, Vicente Valero, Sergio del Molino o Sergio Halfon.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.

Estoy escribiendo unas crónicas de cuando con veinte años dejé un trabajo en un periódico y la universidad y me fui a vivir a Praga durante dos años, con un par de buenos amigos, escribiendo colaboraciones para una revista en España-vivir allí era muy barato entonces-, y sin un plan muy claro de futuro ni fechas de vuelta, y que fue un tiempo con cierto conflicto familiar. Es una historia que combino, en capítulos entrelazados, con una ficción sobre Iñaki Ochoa de Olza, que era vecino mío en Pamplona, un himalayista, que murió en el Annapurna en el 2008, gran lector y estudiante renegado de Filosofía, que siempre me despertó mucha simpatía. Iban a ser dos libros distintos, hasta que me dí cuenta que temáticamente era el mismo, y confundí el material en un solo texto.

Mi anterior libro, Atila. Un escritor indescifrable, es una ficción muy libre sobre Aliocha Coll, un escritor español que escribía libros de vanguardia extrema que se suicidó en París a principios de los noventa, viviendo bastante aislado y con poco éxito literario, profesional o personal, pese a ser licenciado en Medicina y provenir de una buena familia catalana. Aliocha Coll es un tipo que me inspiraba mucho respeto, alguien entregado a su vocación por completo y ajeno a cualquier posibilismo o facilidad, así que de una manera simple puedo decir sobre todo que escribo, aparte de sobre mí mismo, sobre gente que respeto, admiro o me cae bien. No recuerdo haber escrito nunca un libro, por así decirlo, en que el protagonista sea un modelo negativo, alguien a quien yo siga en una narración para condenarlo.

Javier Serena. Ha publicado Atila. Un escritor indescifrable (Tropo Editores), en 2014. Previamente había publicado La estación baldía, (Gadir), en 2012, y Las torres de El Carpio, a través de la Diputación de Córdoba, en 2009. Ha ganado varios premios literarios convocados por instituciones públicas, entre otros el Premio de Novela Dulce Chacón (2004), el Premio de Novela Totana del Río (2005), o el II Premio de Novela Ciudad de Monzón (2008). Fue becario de la Fundación Antonio Gala durante el año académico 2004-2005.

lunes, abril 04, 2016

Lena Yau - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Todo lo que veo es un motivo para escribir. Cada instante demanda escritura: los coletazos de una conversación apurada en el metro, la estampa fugaz que recoge un hombre que limpia pescado en el mercado y mira con deseo a una mujer, un olor en la calle que traslada a un recuerdo remoto, una palabra cuya acepción se desenrolla como un pergamino, la temperatura interior que necesitamos articular en líneas para entender, el milagro de crear algo que antes no existía.
Respirar. Escribo para respirar.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Escribo en dos espacios: en mi casa y en la Biblioteca Nacional de España. En casa tengo un despacho pequeño y caótico. Antes de comenzar a escribir necesito ordenar el escritorio. En la Biblioteca Nacional sucede lo contrario. Para hacer del escritorio algo mío, una mesa que me pertenece, repito lugar y combato la desnudez. Siento que si no ocupo el 101 y si no lleno la mesa con mis tres libretas, la caja de libros que leo (también tres y la caja con número par), dos bolígrafos y un folio en blanco para garabatear, la jornada no irá bien. Necesito las manos desnudas (sin anillos). También los brazos (sin reloj, sin pulseras, con las mangas recogidas). En casa necesito tener un vaso grande lleno de agua aunque no beba. Escribo por la mañana. Suelo encomendarme a San Ernesto Hemingway antes de escribir. Escribí una oración canalla. En ella suplico que me permita escribir conservando algunos vicios. Que me mantenga aferrada al bolígrafo, en amistoso equilibrio con la botella y alejada de la escopeta.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

El desarraigo, la insularidad, la inmigración / emigración, lo atlántico, las tres orillas, el panteísmo, la escritura, los escritores, la imagen como pretexto, la fotografía, los botánicos, el habla como ancla, como lastre, como vehículo, la lengua materna, los acentos, las enfermedades raras, la ingesta, el erotismo, el sentido del humor.

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

El mejor consejo me lo dio hace muchos años Juan Carlos Méndez Guédez: echa el cuento. Siempre lo recuerdo cuando me enredo, cuando me descubro dando vueltas a una idea, rumiando, esquivando. Se escribe escribiendo. Resuelvo mis dudas en el ejercicio mismo, dentro del papel, trabajando. Disciplina y constancia frente al ordenador. Mucha lectura. Y algo que nunca dejo de lado: cuidar lo simple. Eso quizás entre dentro de mis manías. La frase desnuda. Lograr que un texto sin artificios tenga múltiples lecturas.

5.- ¿Eres de las que se deja llevar por la historia o de las que lo tienen todo planificado desde el principio?

No planifico. Siempre es una imagen la que me invita a escribir. Veo algo, escucho, leo y digo: ¡epa! ¡ahí hay una historia! Hace unas semanas almorzaba en Caracas. El camarero cantaba las bebidas: agua, cerveza, vino, jugo de naranja, jugo de melón, lechosa posible. Lechosa posible. Eso es el título de un cuento, pensé. Ya tengo la tapa, ahora hay que tejer hacia abajo. Tomo notas, si no tengo papel me envío correos con ideas. Luego transcribo todo a lo que llamo “la hoja miscelánea”. De allí salen las historias. Los recursos, la técnica, los personajes, la anécdota, todo varía al ritmo de la escritura. La historia pide lo que necesita. Sólo hay que estar atento, saber escuchar. Y para eso hay que estar dentro del edificio ficcional. Se construye desde el interior.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Imposible nombrarlos a todos. Me interesan los autores que regalan generosamente ideas. Que dejan un cabo para que tiremos de él, una hoja emborronada a descifrar y completar. Leo poesía a diario, me gustan las ediciones bilingües, encuentro puntos de arranque en las traducciones. Seamus Heaney es fundamental para mí. Un libro de Juan Gelman escrito en ladino. Adam Zagajewski, Vasko Popa, Charles Simic, Stephen Dunn, Wallace Stevens.
También Raymond Carver, Idea Vilariño, Herta Muller,  Celan, Pavese, Alejandra Pizarnik,  Julio Ramón Ribeyro, Bryce Echenique, Eugenio Montejo, Rafael Cadenas, Ramos Sucre, Elisa Lerner, Hanni Ossot.
Leo diarios de escritores, de pintores, de fotógrafos, de gente anónima.
Cayó en mis manos, gracias a la generosidad de un amigo, la correspondencia que escribió un niño venezolano mientras estaba internado en un colegio en Alemania entre 1890 y 1893.
Ese niño se convertiría en un reconocido pintor venezolano: Federico Brandt.
Los autores de cabecera varían según lo que se esté trabajando.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.

Acaban de publicarme dos libros. La novela Hormigas en la lengua (editorial Sudaquia, Nueva York) y el poemario Trae tu espalda para hacer mi mesa (editorial Gravitaciones, España). Ambos salieron en julio de 2015.
Siempre trabajo dos libros en paralelo. Uno de narrativa, otro de poesía
Actualmente escribo una novela que parte de los diarios de Ribeyro. Pero Ribeyro es el pretexto, no la historia.
Y escribo un poemario en el que abordo tres horizontes: se titula Caracas ampliada.
Trabajo Oniria, un diario en el que recojo mis sueños.
Acabo de terminar una novela corta y un libro de relatos. 



Lena Yau (Caracas, 1968).
Narradora, poeta, periodista e investigadora.
Especialista en el vínculo entre literatura e ingesta.
Licenciada en Letras y Máster en Comunicación Social por la Universidad Católica Andrés Bello.
Investigadora y asesora literaria de El sabor de la eñe. Glosario de literatura y gastronomía. (Instituto Cervantes, 2011) Madrid.
Autora de la novela Hormigas en la lengua. (Sudaquia, 2015) Nueva York.
Autora del poemario Trae tu espalda para hacer mi mesa. (Gravitaciones, 2015). Madrid.
Columnista en el diario El Nacional.
Reside en Madrid.
El Nacional: http://www.el-nacional.com/autores/lena_yau/

*La foto es de Efrén Hernández Arias

jueves, marzo 31, 2016

José Joaquín Bermúdez Olivares - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Escribo porque no tengo otro remedio, es algo necesario no voluntario. Desde el acuerdo con el maestro Jorge Guillén respecto a que "el  mundo está bien hecho" escribo para ordenar un mundo. Creo en la verdad objetivo y en la existencia de modelos de bien y de belleza, así pues intento plasmar en lo que escribo una suerte de "literatura sapiencial". Tal vez sea mejor responder a la manera agustiniana y explicar para qué NO escribo: no lo hago para contar una historia (aunque creo que hay variadas y sabrosas historias en lo que escribo), ni para conocerme mejor (aunque suele ser un subproducto o elemento residual tras la escritura), ni para comunicarme con los demás (aunque me encanta recibir aportaciones de los lectores).

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Como han dicho las grandes escritoras, me basta con tener "una habitación propia". No necesito silencio ni una herramienta concreta ni una hora del día exacta. El hecho mecánico de la escritura no es importante, uno descansa mientras escribe y trabaja mientras piensa en la escritura. Para este "trabajo" si detesto las interrupciones prácticas como el teléfono impertinente o los niños llorones (Dios los bendiga).


3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

Las eternas: el bien y el mal (mejor Bien y Mal), la incomunicación, el amor frustrado, la belleza inasible.. y la Verdad, siempre la Verdad.

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Solo existe la palabra, no hay contenido ni moralidad ni ayuda en la novela. No engañar, la mentira es mala compañera estética, como el pescado y los invitados indeseados al tercer párrafo ya hiede. No creerse nunca que uno escribe bien, si nos entra la tentación dejar inmediatamente de escribir y leer un rato a alguno de los maestros. Nunca pensar en que lo escrito va a ser publicado.

5.- ¿Eres de los que se deja llevar por la historia o de los que lo tienen todo planificado desde el principio?

Me alegra que me haga esta pregunta. En el último año he tenido la suerte de conocer a bastantes escritores y siempre me asombra que manifiesten "dejarse dominar por los personajes, "empezar sin tener a la vista el final", "ser los primeros sorprendidos por el giro del argumento"... Yo, sea por mi formación científica o por mi propia idiosincrasia, no concibo escribir sin saber exactamente el final y la peripecia de la historia; es más, conozco la extensión, estructura y división en capítulos de la novela.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Siempre Nabokov, el gran novelista (y no solo novelista) del siglo XX con leguas de distancia sobre los demás. Los ingleses de la primera mitad de ese siglo: Saki, Wodehouse, Waugh, Connolly, Powell... y sus análogos españoles Baroja, Jardiel, Neville, Mihura. Tal vez por rebelión contra la pesadez de los mal llamados "realistas" que son solo aburridos, naturalistas, pesados y solemnes de toda laya. De los vivos Ishiguro, Amis, Andrés Ibáñez, Pablo D´Ors y poetas como Álvaro Fierro Clavero, Antonio Praena más los enormes Emily Dickinson y Rubén Darío. De los fallecidos hace poco W.G. Sebald, David F. Wallace, Bolaño...¡Y los de mi editora, faltaría más!

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.


Tras la presentación de mi primera novela El último de Cuba (ed. La Huerta Grande) sigo trabajando en su segunda parte El hombre de negro. También en algunas ideas sobre el tema del Viaje previstas para su exposición oral y posterior refundición en libro, tal vez como Viajes a ninguna parte.   


José Joaquín Bermúdez Olivares (Cartagena, España, 1963). Doctor en Ciencias Químicas, se ha dedicado a la investigación, la industria y la docencia. Entre 2010 y 2013 escribe El último de Cuba, novela sobre el último Obispo de la Cuba española en 1898 bajo la forma de una falsa biografía de un personaje real intercalada con la peripecia de su biógrafo y falsario Rafael Sánchez, un "detective cultural" trufado de espía en la España de mediados del siglo XX. Publicada en enero de 2016 por la editorial La Huerta Grande, en la actualidad trabaja en la continuación (o segunda salida) de las andanzas de este personaje. Extremadamente reacio a las apariciones públicas sigue residiendo en su localidad natal pese a los cantos de sirena del mundillo literario; muy celoso de su intimidad no podemos asegurar que la fotografía adjunta sea real y no una falsificación más de su personaje Sánchez.

lunes, marzo 28, 2016

Gemma Pellicer - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Pues quizá por una necesidad de búsqueda y de trascender cuanto nos rodea. Para conocer mejor la realidad y a los demás y, de paso, experimentar con el lenguaje como un medio por el que descubrir otras verdades y, sobre todo, por puro gusto.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Creo que no tengo demasiados condicionantes previos a la hora de ponerme a escribir. Bueno, tal vez uno, que sería para mí el fundamental: desear hacerlo y disponer de la ocasión y de las circunstancias idóneas para ello. Puede parecer una obviedad, pero para ello debo propiciar un determinado entorno. Contar con tiempo y la tranquilidad suficientes como para poder centrarme en algo sin demasiadas interrupciones.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

Muchas y muy variadas: el tiempo, la humanidad o su carencia, la naturaleza y su fuerza, la pasión, la estupidez, la violencia, la locura, la vejez, la libertad de soñar, la pureza, la infancia y la adolescencia, la madurez, el miedo y la melancolía, la identidad o la voluntad de ser.

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Desarrollar la imagen o idea inicial desplegando mediante capas o por fases todo su potencial. Lograr la mayor expresividad utilizando los procedimientos que mejor me lo permitan.

5.- ¿Eres de las que se deja llevar por la historia o de las que lo tienen todo planificado desde el principio?

Sin duda, de los primeros. La escritura es, para mí, una búsqueda que se realiza cuando de pronto la palabra descubre algo o cuando se tropieza de forma accidental con un hallazgo, lo que para el caso, viene a ser lo mismo.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Cervantes, Kafka, Monterroso y Stendhal. O, tal vez, Flaubert, Pinter y Federico García Lorca. O Max Aub, Valle-Inclán y Julio Cortázar. O Arreola, Rulfo, Clarín y Shakespeare. O Galdós, Ana María Matute, Lydia Davis y Horacio Quiroga. O Stefan Zweig, Samuel Beckett y Aldecoa…

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.


Maleza viva es mi segundo libro de microrrelatos. Acaba de aparecer en el sello editorial Jekyll & Jill, en una edición muy bella y cuidada. Podría decirse que guarda cierta relación con el libro anterior, La danza de las horas (Eclipsados, 2012), en muchas de sus preocupaciones temáticas y quizá también en la variedad de registros y estilos con que están escritas las distintas piezas que lo componen, aunque estoy más contenta con el resultado obtenido esta vez. Creo que se trata de un libro más logrado que el primero, más maduro y misterioso a un tiempo. 


Gemma Pellicer (Barcelona, 1972) es licenciada en Filología Hispánica y Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Trabaja como editora de textos de ficción y cultiva la crítica literaria en la revista Quimera. Escribe microrrelatos, cuentos y aforismos, piezas que han aparecido recogidas en antologías como Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español (Menoscuarto, Palencia, 2012), en edición de Fernando Valls; La música de las sirenas (Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal, Toluca, México, 2013), al cuidado de Javier Perucho; o Aforistas españoles vivos (Libros al Albur, Sevilla, 2015), de José Luis Herrera. Además, es corresponsable de la antología Siglo XXI. Los nuevos nombres del cuento español actual (Menoscuarto, Palencia, 2010). Tiene un libro de narrativa breve en su haber, La danza de las horas (Eclipsados, Zaragoza, 2012). Maleza viva (Jekyll & Jill, Zaragoza, 2016) acaba de ver la luz.