viernes, abril 20, 2007

Una manía

Tengo una manía. Cuento los pasos. Cada vez que me desplazo andando a algún sitio cuento los pasos, una manía, no lo puedo evitar. Desde el portal de mi casa hasta el de la oficina hay, exactamente, trescientos veintisiete pasos, ni uno más ni uno menos; siete desde mi cama al cuarto de baño, doce desde mi dormitorio hasta la cocina, seis desde la cocina hasta el comedor, ciento quince desde mi casa hasta el quiosco de prensa de la esquina... Sin embargo, hoy ha ocurrido algo extraño, algo que me ha impulsado a dejar constancia por escrito de tan inusual suceso: hoy he contado, desde el portal de mi casa hasta el de la oficina, trescientos veintinueve pasos, no trescientos veintisiete como siempre, sino trescientos veintinueve, dos pasos más surgidos nadie sabe de dónde. He pensado en ello todo el día. La oficina no pueden haberla llevado más lejos, así que mis pasos se han acortado. Por eso dejo constancia por escrito de este hecho: porque tengo la impresión de que, a partir de hoy, la oficina va a estar cada vez más lejos.

23 comentarios:

Alexandrós dijo...

¡Estupendo! ¿No serás Millás?
Un abrazo

Miguel Sanfeliu dijo...

Pues no, qué más quisiera, pero es el texto que Millás leyó en la radio.
Gracias, Alexandrós.
Un abrazo.

Clarice Baricco dijo...

¿Seguro que contaste bien los pasos?
¿no será que tengas un leve malestar en el pie y no lo has notado?
o ¿será que vas acompañado por un niño en donde debes de aligerar el paso?
o ¿no será que estás un poco cansado?
o quizá te fastidió el número de siempre.
o ¿quieres enloquecerme pensando qué puede ser?

ya me has contagiado uff

Me encantó.

Abrazo

Anónimo dijo...

¿Se ha mirado usted al espejo? Igual resulta que ahora es su vecino.

Miguel Ángel Muñoz dijo...

Me temo que, conforme el número de pasos, aumentarán el de manías.
Me ha gustado mucho el relato. Tiene un final de microrrelato auténtico, de los buenos.

Mónica dijo...

Buenísimo. Me ha encantado.
Por cierto, será la primavera, pero parece que estamos todos con un odio profundo y visceral a las oficinas y demás lugares de trabajo...

Un abrazo

Antonia Romero dijo...

No te diste cuenta, pero al caminar te detuviste un momento a contemplar la primavera suspendida en las hojas de los árboles que te encuentras a diario y a los que apenas prestas atención porque vas contando tus pasos. Te descontaste... simplemente.
De vez en cuando, es grande que nuestras manías se desprendan de nosotros.
Un abrazo

Miguel Sanfeliu dijo...

Clarice, me alegra que te haya gustado. Cada vez cuesta más llegar a los sitios, aunque ese malestar en el pie también es fastidioso.

Anónimo, todo es posible.

Miguel Ángel, gracias. Estoy de acuerdo, las manías también se suelen incrementar con la edad.

Mónica, lo que sí es cierto es que la literatura suele ocuparse poco de las oficinas.

Antonia, le das una romántica vuelta de tuerca. Bien.

Un abrazo y gracias por los comentarios.

josé romero dijo...

Un relato de minificción perfecto!!!!
Por otro lado, bienvenido al mundo de todo queda ahora más lejos.

David Condés dijo...

Me parece un microrelato estupendo, con un cierre que lo eleva a las alturas y lo deja suspendido.

Miguel Sanfeliu dijo...

José, muchas gracias. Presenté este texto a un programa de radio y fue el ganador de la semana. El escritor J.J.Millás lo destacó y lo leyó. Mis letras en la radio me pusieron los pelos de punta. Luego se publicó en un suplemento dominical llamado "La mirada".

David, me alegra que te haya gustado.

Gracias por los comentarios.
Un abrazo.

Francisco Ortiz dijo...

Bueno, bueno, amigo. Buen relato, en forma y en fondo, como diría un clásico. Te pone una sonrisa en la cara que se enfría al rato, porque tiene miga la cosa. Un abrazo, y no pares.

Juan Domingo dijo...

Hace mucho tiempo que visito este blog, aunque no haya hecho comentarios. Hoy quiero dejar constancia de que su texto 'Una manía' me parece magnífico, digno de elogio. Felicidades y un saludo cordial.

anilibis dijo...

No es broma, Miguel: yo cuento los pasos. Hoy he tardado 2.128 pasos en llegar al trabajo. No lo hago siempre, pero a veces me ayuda a olvidarme de todo y concentrar la mente, es una especie de "mantra" que te limpia de cualquier cosa que en ese momento esté agobiándote. A veces los cuento por números, recordándolos mentalmente - voy de cien en cien - a veces por pulsaciones - por ejemplo, ta-ta-ta-ta-ta son cinco pasos.

Pero desde luego que el día que empiece a estar esto más lejos, me preocuparé.

Por eso tu relato me ha aterrado tanto.... ¡es uno de mis mayores miedos!

Un abrazo

Miguel Sanfeliu dijo...

Francisco, en eso estamos. No podemos parar. Hay que seguir dando pasos, amigo, todo lo lejos que podamos.

Juan Domingo, agradezco mucho sus palabras.

Anilibis, ¿qué me dices? Tu comentario queda como una vuelta de tuerca a este tema, un final inesperado. La ficción hecha realidad.

Muchas gracias por los comentarios.
Un abrazo.

Lara dijo...

Y de aquí a allí ¿cuántos pasos hay?

Jody Dito dijo...

en fin! yo iba a elogiar el relato tb, pero viéndo los comentarios me abstengo.
solo diré ¡enhorabuena!

Miguel Sanfeliu dijo...

Lara, me temo que más que pasos, lo que hay de aquí a allí son patadas, y muchas.

Jody Dito, pues yo sólo responderé: gracias.

Saludos.

Elena dijo...

Has vuelto a dejarme impresionada, Miguel. Enhorabuena. No me extraña que tu relato saliera elegido en la radio. Escuchar tus palabras en la voz de Millás debe ser una delicia. Seguro que lo disfrutaste mucho.
Un abrazo

Rosa Silverio dijo...

Miguel, no puedo dejar de comentar este relato. Me gustó mucho. Te quedó muy bien y al final no pude evitar sonreír. Me imaginé todo desde el principio. Me agrada también que hayas sabido aprovechar la brevedad para, con las palabras indispensables, darle tono, cuerpo e intensidad al texto.

Miguel Sanfeliu dijo...

Elena, gracias. Sí, es verdad que fue una impresión fuerte. Lo cierto es que me había ido al trabajo y le dije a mi mujer que escuchara el programa por si acaso había suerte, aunque sin mucha esperanza. Y en un momento dado me llamó y lo escuché a través del teléfono.

Rosa, me alegra que te gustara. Pese a su brevedad, es un texto que me ha dado muchas satisfacciones.

Saludos.

Sergio Alvaré dijo...

t.o.c.?
El arte está en los detalles.

maria dijo...

Lo descubro hoy, ahora mismo. Cuatro años casi después.
¡Lo encuentro brillante!!!
Personalmente no me despierta una sonrisa el final, me despierta cierta tristeza. Equivacadamente tal vez, pero me ha resultado imposible no asimilarlo a la vejez... más añós, más pasos...
Brillante, reitero!

Un saludo.