martes, julio 18, 2006

Inspiración

—Soy escritor —le dijo a su reflejo en el espejo.
Observó detenidamente su rostro. La frente, los ojos, la boca. Conocía bien aquellos rasgos. Pertenecían a un hombre normal y corriente, oculto entre tantos, con una vida rutinaria, sin sobresaltos. Sin embargo, en su interior, vivían personajes variopintos, extraños muchos de ellos, historias ajenas, largos viajes, amores, crímenes, odios, risas y lágrimas que bullían en su cerebro a todas horas: mientras conducía, mientras comía, mientras clasificaba paquetes en la oficina de correos donde trabajaba.

Se dirigió a su despacho. Estaba solo y tenía todo el día por delante. Se sentó frente al ordenador, dispuesto a redactar una gran obra. Pero no se le ocurría ninguna idea. Las ideas no suelen acudir cuando uno quiere sino cuando menos las esperas, ése es el extraño fenómeno conocido como inspiración. Estaba harto de escuchar que la inspiración no existía, que todo era cuestión de disciplina; sin embargo, él la había sentido miles de veces. De no ser por la inspiración, no escribiría. Sentía la necesidad de escribir porque las historias se agolpaban en su cabeza, porque soñaba con otras existencias, porque le gustaba imaginar las consecuencias de determinadas acciones. Pero ahora que tenía tiempo, las ideas no venían.
El ordenador producía un leve zumbido hipnótico. Apoyó los dedos en el teclado. Se empezó a poner nervioso.

Algunos famosos autores idearon particulares métodos para atraer a las musas: Agatha Christie, por ejemplo, parece ser que comía manzanas en su enorme bañera hasta que se le ocurría una intriga. No perdía nada por intentarlo. Su bañera no podía calificarse como enorme sino todo lo contrario, no obstante esperaba que éste no fuese un factor determinante. Tampoco tenía manzanas, así que se llevó la botella de whisky. Dos horas más tarde salía medio borracho del cuarto de baño, con la piel arrugada y sin ninguna idea genial. Había que buscar otro método.
Se enrolló una vieja bufanda en la cabeza intentando emular la boina de Pío Baroja o la gorra de terciopelo de Wagner, pero cuando empezó a sudar comprendió que resultaba igualmente inútil.

Entonces recordó que Valle Inclán y Capote, entre otros, escribían en la cama.
Un cuarto de hora más tarde se había quedado dormido.

12 comentarios:

Alicia Liddell dijo...

Igual me equivoco, pero creo que fue Picasso quien dijo que el arte era un 10% de inspiración y un 90% de transpiración.

Aconsejo a su personaje postal que se meta en una sauna.

solodelibros dijo...

Estoy de acuerdo con Alicia: aunque la inspiración sea necesaria, nada como trabajar horas y horas. Las musas no trabajan a jornada completa.

clara dijo...

Picasso dijo: "Si llega la inspiración, que me coja trabajando."

Clarice Baricco dijo...

Querido, me quieres matar?

estoy reventando con la sensibilidad, esa de que no soy capaz de explicar en letras...

ufff ando mal creo...

Rosa Silverio dijo...

Me encantó, Kafkaprocesado.

Es como si hubiera sido para mí. Sentí la tentación de ir al supermercado a comprar las manzanas y meterme en mi bañera.

Yo sí creo que la inspiración, ese instante mágico en donde se te ocurre una gran idea, existe. Pero también creo que hay que trabajar y a veces salir a cazarla.

Abrazos desde mi rinconcito,

Ro

Laura Diaz dijo...

Hablo de comedida nomás, porque no soy ni seré nunca una escritora. Me parece que la inspiración es fundamental aunque con ella no alcanca. Se necesita método y trabajo. El problema es que si los artistas disponen de poco tiempo,por trabajar en otros menesteres, sus posibilidades disminuyen significativamente. Lo que hace más difícil su tarea, y más valioso el resultado. Porque, justo es mencionarlo, algunos disponen de las veinticuatro horas, y no logran nada de valor.

Saludos

OjO x OjO dijo...

La inspiración que te pille trabajando y concentrado, hoy en dia (por lo menos es mi caso), crios alrededor, teléfonos, móvil y fijo, Toby mi perro pidiendo atención, la campanita de aviso del Outlook, ¿quien se ha conectado al Msn?. Lo difícil es poder trabajar algunas veces cuando estás inspirado.

Francisco Ortiz dijo...

Yo creo que para ser escritor no hace falta inspiración, sino constancia. Cuántos han dejado una novela a medias - o sin corregir - o han abandonado después de que la rechazasen veinte editoriales. Lorca se pagó la edición de su priemr libro de su bolsillo: tenía certezas. Para escribir se necesitan sueños, deseos, frustraciones, tiempo y paciencia, también algo de fe ( no necesariamente religiosa, ¿eh?, ), confianza. Y ser quizá alguien que primero se ve como lector y después como escritor. Tu texto de hoy, Kafka, es tan sugerente como siempre, ya ves.

Miguel Sanfeliu dijo...

Pues debo deciros que yo sí creo en la inspiración. ¿Cómo llamar si no a ese fogonazo mágico que te clava una idea en la cabeza?

Surge una frase, que no quiere salir de ningún modo, y se queda dando vueltas y vueltas de un lado a otro, activando algo que tal vez surgirá unos días más tarde, sin que te hayas dado cuenta de que la idea ha estado ahí, germinando.

Ahora bien, estoy de acuerdo en que después hace falta la constancia para sacar esa idea adelante, para exprimirle toda su esencia, para desarrollar todas sus posibilidades.

Pero, ah, ése primer momento mágico, esa frase endiablada que surge de la nada, sólo se puede llamar inspiración.

Un saludo.

Alexandrós dijo...

Tal vez sea un soñador que aún no ha adquirido la destreza que da el oficio. Escribir es, además de ideas, un trabajo que cansa y para el que conviene estar entrenado.
Un saludo

Miguel Sanfeliu dijo...

¡Hombre Alexandrós! ¿Ya volviste de la montaña?
Bienvenidos sean los soñadores.

Portorosa dijo...

Para mí, y sin pensar mucho, la inspiración existe, es la idea apropiada que de repente nos llega, pero raras veces no es fruto del trabajo. Viene de repente, pero no de nada.
Claro que todo esto es pura palabrería, porque yo no sé qué es la inspiración, y mucho menos la he sentido jamás.

El final de tu texto, los últimos párrafos, son cojonudos, muy graciosos, KP.