viernes, noviembre 09, 2007

HFS – Juan Gelman


La entrevista está a cargo de Mercedes Monmany. Entre el público reconozco a Guadalupe Nettel y a Antonio Gamoneda.

La conversación empieza haciendo referencia a un libro que Gelman escribió en sefardí y que se titula “Divaxu”. A raíz de esto, cuenta que durante su exilio leyó mucho a San Juan de la Cruz y a Santa Teresa. Dice que su madre descendía de una familia de rabinos, aunque no tenían mucha tradición religiosa en casa.
Leyó algunos versos en sefardí que sonaron poderosos en la sala del Museo Esteban Vicente.

Reside ahora en México. María Zambrano distinguía entre exiliado, refugiado y desterrado. Según esta distinción, él se siente más desterrado.

Y pronto se trata el tema de los desaparecidos en Argentina. Juan Gelman vivió una historia muy dura porque su hijo y su nuera fueron asesinados y, durante mucho tiempo, anduvieron Gelman y su mujer buscando a su nieta, que había sido robada. Después de mucho tiempo y mucho esfuerzo la localizaron en Uruguay y ahora se mantienen en contacto.

Cuenta que tardaron trece años en recuperar los huesos de su hijo y su nuera. Trece años después del asesinato. Tuvieron miedo de no encontrarlos nunca porque a algunos prisioneros los adormecían con pentotal y luego los subían a helicópteros y los arrojaban al mar. Y también hubo crematorios… En su tumba reza: “Recuperado de la noche y de la niebla”.
Dice que devolver al asesinado su historia y reconstruir los hechos es algo esencial. “No puede desaparecer una persona. Tener una tumba es un derecho fundamental”.

Finalmente, dice que su balance es de gratitud hacia el ser humano, porque encontró muchas personas en todo el mundo que apostaron por un imposible.

Luego leyó algunos poemas más y yo los escuché con un nudo en el estómago.

lunes, noviembre 05, 2007

HFS – Gonçalo M. Tavares


Gonçalo M. Tavares es un autor que descubrí hace poco, un autor muy interesante al que han elogiado, entre otros, Vila-Matas y Saramago. Es joven, nació en Angola, en 1970. Sus libros son breves, concisos, y en sus historias pueden aparecer parábolas, paradojas, dibujos, sucesos que juegan con la lógica convencional, simbolismo, humor y también crueldad y tragedia. Poco a poco se está traduciendo su obra en nuestro país, títulos de su serie negra, como “La máquina de Joseph Walser” o “Un hombre: Klaus Klump”, de su serie del barrio, como “El señor Brecht” o “El señor Valéry”, o un libro inclasificable titulado “Biblioteca”, editado por Xordica.
La charla está a cargo de Lourdes Ventura, que en lugar de preguntar, diserta, se extiende hasta el límite de mi paciencia, incluso nos recita un párrafo de Borges de memoria.

Dice Tavares que la literatura tiene dos objetivos: encantar y desencantar. Pone como ejemplo la situación de estar en un baile y que, de pronto, alguien apague la música. Ésa es precisamente la función de la literatura. El mundo de los conocimientos crea una música. Todos bailamos al son de los últimos acontecimientos. Ahora mismo, el 90% de los portugueses hablan de la desaparición de Maddie McKann.

Las novelas son investigaciones sobre el mal, que le fascina porque le asusta. El hombre, en potencia, es un ser peligroso, malo. El mal, como defensa, es aceptable, pero hay otro mal, el que alcanza su punto álgido con el Holocausto, un mal que se produce sin que haya miedo o hambre para justificarse. La tortura es un fenómeno puramente humano. Ningún animal la practica. Sin embargo, llamamos inhumano a lo malvado sin tener en cuenta que el instinto de la maldad se encuentra en el hombre. Pero no quiere ser catastrofista, ya que esto es cierto también para el caso del bien. El hombre es el único animal capaz de desplazarse a otro lugar con el único fin de ayudar a sus semejantes.

El mal es el protagonista de sus novelas negras. El mal, los dictadores, sólo son posibles porque existen personas ingenuas. Ante las dictaduras, las únicas opciones posibles son: luchar contra ellas o ridiculizarlas. La literatura puede aportar lucidez y conseguir que haya menos personas ingenuas.
La función de sus libros que conforman la serie “el barrio” es encontrar un mundo autónomo, en el que se juega con la lógica pero desde una perspectiva un poco absurda. La lógica puede ser absurda a veces. Leyó entonces un fragmento de su libro “El señor Valéry”.

En general, a la hora de escribir, prefiere la abstracción, la frase corta, conceptual. Reconoce más influencia de autores centroeuropeos como Kafka y Walser que de autores portugueses. En sus libros procura que no haya un espacio ni un tiempo concretos. Corta muchos las frases, opta siempre por el camino más corto, no le gusta hablar de cosas que no pueda dibujar. El trabajo más lento y difícil es el de acortar, y a este respecto cuenta la historia de ese escritor que, al mandar una carta larguísima, se despide diciendo: “perdona esta carta tan larga, pero es que no tuve tiempo de hacerla más corta”.
No cree en el escritor que no lee. Siempre recuerda un proverbio que dice: “No te atrevas a escribir un libro antes de haber leído mil”. Está obsesionado por conocer autores, y admite que lee algunos blogs, pero no demasiados.

jueves, noviembre 01, 2007

HFS – Javier Marías

Lleno absoluto. Gente de pie. La organización le entrega un regalo a Marías, en señal de reconocimiento por su trayectoria. Todos los años premian a un autor y en esta ocasión el elegido es él. La charla está a cargo de Manuel Rodríguez Rivero.

Se habla de su fama. Dicen que algunas guías turísticas recomiendan fijarse en la ventana de su casa por si se le ve escribir. Sus cifras de ventas son espectaculares. Tiene críticas excelentes. Él no siente esa fama, no tiene fuerte conciencia de ella. Piensa que es un fenómeno fruto del azar. A su escritura, a sus libros, les corresponderían unas ventas de unos 15.000 ejemplares, mientras que en Alemania se han vendido 1.200.000 más o menos. Así que ya no espera más suerte, se siente como si todo lo bueno que le tuviera que pasar en ese sentido ya le hubiera pasado. Por supuesto, se siente más libre, puede escribir libros raros, o más raros, y nunca se podrá quejar.
En esencia, la fama no le ha cambiado, aunque es verdad que ahora puede comprar, no más cosas, sino más cantidad de las cosas que le gustan.
Lee menos las críticas. En ocasiones ni las lee o pasa por encima. Han pasado ya 36 años desde que editó su primera novela, así que ya es muy veterano, y uno al final sabe más de lo que sabe casi cualquier crítico. Ya escribió hace años un polémico artículo titulado “Añoranza del árbitro” en el que se quejaba de que no existiera un determinado tipo de crítico más profesional. En España es difícil el consenso y el respeto. Casi todo es discutido y siempre hay detractores. A casi nadie se le reconoce autoridad sobre nada.

Habló sobre su forma de escribir. Dijo que no tiene planificación, que averigua sus novelas a medida que las escribe. Sabe hacia dónde va pero no sabe qué recorrido le espera. No suele releer sus libros anteriores, ni siquiera en el caso de la trilogía, y éste es un método que no recomienda a nadie. Tampoco utiliza el ordenador, es esto se define como excéntrico y más bien antiguo. No toma notas para escribir sus novelas, así que define su escritura como una tarea azarosa, intuitiva, lo cual convierte la toma de decisiones en algo arriesgado, porque, además, él nunca rectifica las páginas anteriores para dar cabida a un nuevo suceso. Como en la vida, en sus novelas no se puede cambiar el pasado. Por ello, confiesa que ha habido momentos en los que ha estado a punto de caer en contradicciones respecto a algo que había escrito con anterioridad, pero siempre ha habido un sexto sentido que le ha avisado.
Suele preocuparse por la traducción de sus libros, sobre todo de las que se realizan en idiomas que conoce, y está abierto a las sugerencias o aclaraciones que sus traductores le solicitan. A ser posible, también le gusta poder opinar en el aspecto de las portadas, y menciona una espantosa, israelí, en la que aparecía un desnudo frontal, y confiesa que ha habido también alguna rusa que le ha helado la sangre. En su opinión, lo normal es que todo se haga mal pudiendo salir bien, así que hay que estar encima de las cosas si no te quieres llevar sorpresas.
Como escribe con una vieja máquina “Olivetti” suele tener problemas para obtener recambios de su máquina, ya que están descatalogados. Este verano, no obstante, admite que escribió algunas cartas con un ordenador: le pareció lentísimo. Tampoco le interesan los blogs, que definió como sitios para ver qué opina gente con la que normalmente no tratarías. La página web que lleva su nombre la administra una persona que le pidió permiso para hacerlo y de vez en cuando le solicita material.

Habló, por supuesto, del tercer volumen de “Tu rostro mañana”, que acaba de salir a la venta bajo el titulo de “Veneno y sombra y adiós”. En ella se hacen referencias constantes a la relativa impostura de juzgar el pasado desde los baremos del presente. En épocas de paz se juzga muy duramente lo que ocurrió en tiempos de guerra, sin tener en cuenta que quizá entonces estaba bien hecho. Al hilo de esto, comentó que la ley de la memoria histórica es ilusa, ya que no se puede abordar un suceso sin un consenso general del país sobre lo que ocurrió. Han pasado setenta años, los mismos que habían pasado desde la guerra de Cuba cuando él era joven, pero entonces nadie discutía sobre aquel episodio. Vivimos en una época que intenta deformar el pasado.
Al terminar la redacción de este tercer volumen de su trilogía, admite que le invadió una relativa tristeza, una especie de melancolía.

Sobre su carrera como articulista, autor de textos que conectan con mucha gente, llenos de sentido común, en contraposición a sus personajes que, en muchos casos, están un poco locos, dijo que los artículos los escribe como ciudadano, resaltando que también hay mucha gente que está en desacuerdo con sus opiniones, mientras que en la novela el ciudadano desaparece y se reduce mucho el sentido de responsabilidad.
Desveló que suele apuntar detalles suyos en todos sus personajes, incluso en los más odiosos.

No escribe poesía. No la ha escrito nunca, aunque sí la ha traducido y la lee. Ahora la mayor parte de su tiempo lo dedica a relecturas. Destacó las obras de Shakespeare, autor que definió como enigmático y riguroso, en el que siempre encuentras nuevos matices. Y también vuelve una y otra vez a un relato de Flaubert: “Un corazón sencillo”.

viernes, octubre 26, 2007

HFS - Gala del libro favorito

El año pasado ya hubo un acto muy similar, en el que un grupo de autores hablaron de sus lecturas favoritas, así que parece que nos encontramos ante lo que podría ser una sección fija.

Sobre el escenario están Rodrigo Fresán, Alan Pauls, Daniel Alarcón, Antonio Orejudo, Hisham Matar, Tishani Doshi, Menna Elfyn y Hanif Kureishi, moderados por el periodista Alfredo Matasanz. Se les pide que hablen de un libro que, para ellos, sea importante. Todos hacen trampas y nombran más de uno. Es un acto divertido, desenfadado. Tomo nota de algunos de los libros que se nombran:
Rodrigo Fresan se decanta por “Matadero cinco”, de Kurt Vonnegut.
Alan Pauls se las ingenia para nombrar tres títulos. Dice que después de dudar mucho entre “En busca del tiempo perdido” y “Lolita”, decidió decantarse por “Roland Barthes por Roland Barthes”.
Tishani Doshi nombra “Un buen partido”, de Vikram Seth y un libro de poesía de los siglos X-XII, acerca de Shiva, un libro de himnos, cánticos religiosos.
Daniel Alarcón, se decanta por “El emperador”, de Kapuscinski.
Hisham Matar estaba seguro de elegir “Primer amor”, de Turgueniev, pero a última hora había decidido hablar de la poesía de Ovidio, en especial de “Tristes”, una obra muy asequible que dicho autor escribió en el exilio.
Antonio Orejudo estuvo brillante y habló de lo mucho que había disfrutado leyendo los libros de Enid Blyton sobre “los cinco”, para pasar a reivindicar los libros que son capaces de hacernos reír. Y dijo que los tres libros esenciales, que casi todo el mundo ha leído en el colegio y, por tanto, los ha leído mal, para él eran: “El lazarillo de Tormes”, “La Celestina” y “El Libro de Buen Amor”.
Hanif Kureishi no dudó en hablar de “La interpretación de los sueños”, de Sigmund Freud.
Menna Elfyn, por último, y tras un pequeño incidente, ya que el presentador perdió la ficha con los datos sobre ella y no pudo presentarla como la ocasión requería, habló de unos libros precristianos de cuentos galeses reunidos bajo el titulo de “Mabinogion”. Y también recomendó un libro de Simone Weil titulado “Echar raíces”.

En el turno de preguntas del público, se plantearon algunas cuestiones que me interesaron. Alguien les pidió que dijeran el titulo de algún libro que les hubiera parecido horrible. Y Daniel Alarcón dijo: “Hay un libro muy malo…” El público rió ante su rapidez para contestar. Dijo que el libro se lo había recomendado un amigo, examigo, y que era de un inglés que escribe sobre Colombia y hace algo parecido a una caricatura del realismo mágico. Tishani Doshi dijo que ella no tiene problema en abandonar un libro cuando le parece malo, pero en una ocasión tuvo que leer un libro porque tenía que participar en un debate con el autor, y el libro le pareció espantoso, pero no quiso nombrar al autor. Menna Elfyn dijo que el libro que le parecería el peor sería el de las “Memorias de Tony Blair” si llegara a escribirlo.

También se les preguntó por el libro que más les ha servido para escribir. Rodrigo Fresán mencionó sin dudar “Música para camaleones”, de Truman Capote. Alan Pauls dijo que los libros malos son útiles en ese sentido porque uno piensa que puede hacerlo mejor. Son un estímulo.

Ante la pregunta: ¿Ya se han escrito las grandes novelas de la literatura? Contestaron que cada época tiene un gran libro. El concepto de gran libro va cambiando. La literatura se transforma continuamente. Es como un gran plagio continuo, donde los escritores se contaminan unos a otros, de manera que dentro de doscientos años, se hablará de grandes libros escritos en el siglo XX, yo mismo estoy escribiendo uno ahora mismo en el que tengo puestas muchas esperanzas, dijo Antonio Orejudo riendo.

Una charla muy divertida que le hace pensar a uno cuál sería el libro que habría elegido para contestar una pregunta así.
Parece evidente que es casi imposible nombrar un solo libro, y cuando se hace, generalmente se miente, y la segunda vez que te formulan la misma pregunta el libro elegido es otro.
Hay quien utiliza estas ocasiones para reivindicar un libro poco conocido, lo cual es muy lícito. O se decanta uno por algún libro leído en esa época temprana en que una lectura puede invadirnos profundamente.
Yo, en este momento, diría “Las aventuras de Tom Sawyer”, porque recuerdo que lo leí en mi adolescencia y que estaba deseando volver a casa del colegio para continuar la lectura. Fue un libro que me enganchó y que no puede faltar en mi biblioteca.

¿Qué libro habrían escogido ustedes?

miércoles, octubre 24, 2007

Paul Potts - Una historia especial

Interrumpo un momento mis crónicas del Hay para compartir algo que acabo de descubrir. Es muy posible que ya conozcan la secuencia que voy a exponer, ya que suelo enterarme tarde de todas estas cosas y, al parecer, se trata de algo que ha tenido gran repercusión. Pero yo lo acabo de ver y quiero compartirlo.

Un vendedor de móviles, con aspecto insignificante, sobrepeso, un diente partido, decide presentarse a la audición del programa de televisión “Britain’s got talent”, el equivalente (salvando las distancias) de lo que aquí se llamó “Factor X”. El jurado le pregunta qué piensa cantar y él dice que ópera. Los miembros del jurado, sin duda acostumbrados a ver a todo tipo de bichos raros, se miran con escepticismo y le dicen que adelante.

Lo que ocurrió lo pueden ver a continuación:


Tiene aspecto de no haber tenido una vida fácil, de haber estado a punto de tirar la toalla, pero algo le ha animado a presentarse a esta audición. La gente grita, se pone en pie, se emociona ante ese hombrecillo humilde de sonrisa bonachona. Incluso el miembro más duro del jurado, el temible Simon Cowell, le dice que ha estado absolutamente fantástico.

Debo confesar que me emociono cada vez que lo veo. Veo a un hombre, con una gran voz, erguido y dispuesto a perseguir un sueño, a aprovechar su oportunidad, a no renunciar a aquello que siempre quiso ser pero la vida no se lo permitió. Veo el poder de la música para traspasar nuestros prejuicios y tocarnos el corazón y desarmarnos totalmente. Veo un cuento de hadas que nos recuerda que no debemos darnos nunca por vencidos. Hasta en un reality puede uno encontrar una gran historia.

Paul Potts ganó el concurso. Dijo que una de las primeras cosas que iba a hacer con el premio era arreglarse el diente partido. También quería llevar a su mujer a un safari. En su página web se puede leer que dice que el concurso ha cambiado por entero su vida, ya que estaba acostumbrado a verse pequeño e insignificante y, sin embargo, ahora sabe que es alguien.
Recomiendo que veáis otras secuencias de las galas del programa, especialmente la semifinal.

domingo, octubre 21, 2007

HFS – Javier Cercas


Javier Cercas mantiene una charla con Félix Romeo en la iglesia San Juan de los Caballeros . Repasa sus inicios literarios, el éxito de su libro “Soldados de Salamina”, sus proyectos. Al hablar sobre cómo se inicia en él la pasión por la literatura, responde que no lo sabe muy bien. Piensa, tratando de recordar algo significativo, dice que siempre le gustó leer cosas raras, que su padre le dijo un día que los escritores bebían coca-cola y veían la televisión y eso a él le parecía una buena vida, que una profesora muy guapa le habló de Borges y se lanzó a leer todo Borges, luego llegaron otros, como Auden, uno de sus autores favoritos. Sin embargo, afirma que para un aspirante a escritor, encontrarse muy pronto con un escritor demasiado grande es pernicioso porque le aplasta. Nombra también como autores importantes en su formación a Salvador Oliva, profesor de la Universidad que había traducido todo Shakespeare al catalán, o Joan Ferrater.
Luego ocurrió algo determinante, que fue su viaje a EE.UU. En ese periodo aprendió a ver a su país con perspectiva. Estuvo en un lugar inhóspito, donde no había nada que hacer, así que allí escribió dos libros. También fue allí donde leyó por primera vez a Sánchez Mazas, por curioso que pueda parecer.

Félix Romeo le habla del éxito de su novela “Soldados de Salamina”. Cercas cita unas palabras de Gorgias: “La poesía es un engaño en el que quien engaña es más honesto que quien no engaña y quien se deja engañar más sabio que quien no se deja engañar”. La literatura consiste en ver quién la dice más gorda. El objetivo del novelista es suplantar la realidad. “Soldados de Salamina” finge ser una crónica y para ello utiliza nombres de personajes reales, excepto uno que era ficticio, y que fue en el que creyó reconocerse una pitonisa televisiva que le llevó a juicio, algo muy delirante.
La novela surgió de una imagen que quería explicarse. El libro es la formulación de una pregunta. Le interesan las ideas en las novelas. El escritor intenta cambiar la percepción del mundo del lector, desautomatizar la realidad.
Afirma que la literatura cambia la vida y cita algunos autores que han sido muy importantes para él, como Kafka, Conrad, Bernhard, Cioran, Flaubert, Bioy, Borges (tuve que librarme de Borges para poder recuperarlo), Dinesen, Barrow…

Respecto a la película que rodó David Trueba sobre “Soldados de Salamina” dijo estar satisfecho con el resultado. Le dio libertad al director para que hiciera suya la historia, ya que el cine y la literatura son lenguajes distintos, y el resultado fue bueno, diferente de la novela. Mencionan un libro que se editó con una conversación que Cercas y Trueba mantuvieron sobre la novela, la película, la historia…
Justo después de “Soldados de Salamina” comenzó a escribir “La velocidad de la luz”. No sintió ningún bloqueo por el éxito del libro. “La velocidad de la luz” narra una historia que había intentado contar en varias ocasiones sin encontrar el modo adecuado de hacerlo.

Félix Romeo le pregunta qué tal profesor era y él sonríe y dice que ahora que lo ha dejado todos le dicen que era buenísimo. Lo cierto es que siempre quiso ser escritor, pero lo llevaba como una vocación secreta, convencido de que siempre necesitaría otra profesión para ganarse la vida.
Sus primeros libros no tuvieron ni una reseña. Además, la editorial quebró. Y luego publicó en otra editorial que también se hundió después de publicar un libro suyo. A él todo esto no le parecían buenas señales.
Considera “El vientre de la ballena” como su libro más raro y más humorístico. También del que menos satisfecho se siente, pues incluso estéticamente es el más alejado de su producción. Por el contrario, el libro suyo que prefiere es “El inquilino”.

Al repasar sus inicios, explorar en su interior, comentó Cercas que ser un escritor catalán que escribe en castellano no es lo normal, resulta un poco raro. En Cataluña, la relación entre escritores catalanes y castellanos le ha decepcionado. Se ha dado cuenta de que existe una fractura en potencia. Y no quiere ir más allá en este tema. Se muestra cauteloso. Se ha dado cuenta de que la convivencia es muy frágil.

Por último, nos cuenta que está escribiendo una cosa rarísima, que no sabe si será una novela. Y también recita uno de sus poemas favoritos: “Lo fatal”, de Rubén Darío.
Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque ésta ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos...!
Yo aprovecho y lo transcribo porque resulta que también es uno de mis poemas favoritos.

miércoles, octubre 17, 2007

HFS – Agustín Fernández Mallo, Gabi Martínez, Lolita Bosch


Esta cita tiene lugar en el Museo Esteban Vicente. Teresa Sanz sustituye como moderadora a Emilio Manzano, porque éste no ha podido llegar a tiempo. Entre el público veo a Antonio Orejudo, Rodrigo Fresán, Gonçalo M. Tavares y Alan Pauls.

Son presentados como representantes del nuevo panorama español, ante lo cual Lolita Bosch adopta una actitud de descreimiento y dice estar un poco harta de las clasificaciones. La actual Generación Nocilla, como se la denomina, tomando como referencia el titulo del libro de Fernández Mallo “Nocilla Dream”, sólo tienen en común la edad, pero en realidad en ese grupo hay gente con tradiciones literarias muy distintas.

Agustín Fernández Mallo habla con desenfado, con un ligero aspecto de dudar de todo lo que dice, lo cual utiliza para decir las cosas sin rodeos. Sobre este tema lo primero que apunta es que él todo esto de las generaciones se lo toma a coña, como una cuestión de marketing. Pero bueno, en todo caso, es cierto que los miembros de una misma generación comparten referentes, gustos, un imaginario colectivo… y en ese sentido sirven como pulso de lo contemporáneo.

Gabi Martínez dice que resulta interesante analizar las estéticas y carencias de esta generación. Cita como referencia importante los libros de Eloy Fernández Porta (“Afterpop”), y el de Vicente Luís Mora (“La luz nueva”). También menciona otras señas de identidad aparentemente más triviales, como la utilización del inglés en los títulos o el hecho de que algunos autores firmen sus libros con el diminutivo del nombre.
Fernández Mallo menciona que, en muchos casos, son autores con referentes no literarios. Cuenta que él viene del mundo de la ciencia, acostumbrado a intentar ser preciso con el lenguaje, y una de las cosas que más le han sorprendido es que cuando uno dice lo que piensa en el mundillo literario, se levantan sarpullidos.

Lolita Bosch no firma nunca libros y dice que le extraña que el debate literario sea, después de todo, un debate sobre la visibilidad, lo cual produce un ligero desencuentro con Fernández Mallo, quien afirma que a él le gusta gustar. Si lo que escribes te lo quedas para ti, no existe. La calidad no tiene nada que ver con la invisibilidad. El hecho de dar un texto para su publicación ya supone un acto de vanidad del autor, puesto que piensa que lo que ha hecho es bueno y quiere que los demás lo lean.

Gabi Martínez, ante la cuestión de si se está más cerca del conservadurismo o de la renovación, cuenta lo erráticas que han sido sus lecturas, que incluyen a Foster Wallace por un lado y a gente como Umbral, Cela o Josep Pla, a quienes leyó en la mili, por otro, lo cual le lleva a la conclusión de que no sigue una tradición literaria determinada.
Aquí quisiera hacer un inciso para decir que ésta es una característica, me parece a mí, bastante común. Se salta de un autor a otro, de un libro a otro, la mayoría de las veces de un modo caótico que surge como respuesta a multitud de estímulos.

Lolita Bosch confiesa que vive de la literatura. Gabi Martínez también, pero combinada con el periodismo. Agustín Fernández Mallo no.
Preguntados sobre sus últimos proyectos, Bosch dice que ella siempre está escribiendo y Gabi Martínez también, siempre tienen un proyecto literario en la cabeza. Agustín, por su parte, dice que él durante meses no escribe. Se limita a ver la tele, fuente inagotable de argumentos.

Después de esta charla, me quedo con una idea en la cabeza: ¿Qué pasaría si al hablar de nuevas generaciones, de nuevos escritores, en un mundo globalizado, pensáramos en los grupos Bogotá 39 y Generación Nocilla como si fuera uno sólo?

lunes, octubre 15, 2007

HFS – Guadalupe Nettel, Santiago Roncagliolo y Juan Gabriel Vásquez

Estuvieron estos autores moderados por Mercedes Monmany. Hablaron sobre literatura, sobre el grupo Bogotá 39, sobre las coincidencias entre escritores latinoamericanos de distintos países.
Guadalupe Nettel destacó la importancia de Internet, de los blogs, de la globalización, para que poco a poco se vayan conociendo más los escritores de diferentes lugares. Juan Gabriel Vásquez dijo que, en su opinión, la tradición literaria no tenía por qué ser algo territorial. En su caso reconocía la influencia de autores europeos, por ejemplo. Y Santiago Roncagliolo dijo, con el humor que le caracteriza, que ya no sabe qué es un latinoamericano. Hay latinos escribiendo en inglés. Se ha producido una indefinición de las miradas. Y esto es algo general, pues muchos escritores ingleses aportan miradas que surgen de la mezcla, como el caso de Hanif Kureishi.

Juan Gabriel dijo que los latinoamericanos no se leen entre ellos. Destacó la importancia que tuvo en su momento un editor como Barral que, mediante la colección “Biblioteca breve” fue quien puso en contacto a Donoso, a Vargas Llosa, a García Márquez. Ahora se hace necesario otro agente exterior, y precisamente eso es lo más positivo de “Bogotá 39”, que les da la oportunidad de conocerse. A modo de broma, dijo que en Bogotá 39, el país más representado ha sido España, ya que la cuarta parte de los escritores escogidos residen aquí.
Guadalupe Nettel intervino afirmando que el tiempo actual no está para grupos. En su caso, se sentía más vinculada a Murakami que a Ángeles Mastretta, pese a que ésta última fuera compatriota de ella.
Roncagliolo, intentando buscar un punto de unión, dijo que quizá éste residiera en la fe en transgredir los límites de la realidad y también los de la ficción. Todo es posible en una época moralmente ambigua en la que ya no podemos juzgar con certezas.
En este sentido Vásquez dijo que lo que define al novelista es, precisamente, esa falta de certidumbre. Las buenas novelas no dan respuestas sino que son un reflejo de lo complicado que es el mundo. El escritor, al escribir, lleva a cabo un acto de averiguación. Y terminó diciendo que él escribe sobre las cosas que le hacen dudar, lo cual me pareció un apunte muy interesante.

La charla trascurrió en un tono distendido. Mencionaron otros géneros, aparte de la novela, y mientras Guadalupe Nettel hablaba de aforismos, filosofía y poesía, Roncagliolo contaba que él había hecho de todo, incluso había escrito telenovelas, teatro, musicales, libros para niños… y estaba a punto de salir una crónica sobre Abimael Guzmán. Vásquez, por su parte, destacó la biografía y, a raíz de una novela suya que gira en torno a la escritura de una biografía de Conrad, planteó la tendencia actual a la mezcla de géneros. Un historiador tiene que ceñirse más a la realidad, mientras que el escritor se mueve más en el terreno de lo que es posible.
Por último, sobre los actos paralelos al proceso de escribir, como las promociones, presentaciones, charlas, etc. Tanto Vásquez como Nettel coincidieron en confesar que les incomoda. Nettel especificó que lo pasa muy mal, que ella prefiere la soledad. En cambio, Santiago Roncagliolo, admitió con una sonrisa que a él le encantan esos actos y que se lo pasa en grande.

viernes, octubre 12, 2007

HFS - Wole Soyinka


Hay un lleno absoluto en la iglesia San Juan de los Caballeros. La figura de Soyinka aparece en el escenario. Su currículum es impresionante. Nació en Nigeria en 1934. Ensayista político-cultural. Fundador de varios grupos de teatro. Embajador de buena voluntad de la UNESCO. Presidente del Parlamento Internacional de Escritores. Humanista crítico y agudo. Rebelde comprometido. De 1967 a 1969 fue encarcelado por pedir un alto el fuego en la guerra civil de Nigeria. En 1986 recibió el Premio Nobel de Literatura, siendo el primer escritor africano que lo recibía. Acaba de aparecer en nuestro país el ensayo “Clima de miedo”, editado por Tusquets. La entrevista está a cargo de Landry-Wilfred Mampika.

Habló de la religión “Yoruba”, de sus bondades, en contraposición a los fanáticos religiosos, que son enemigos de la humanidad y del mundo, dice, caracterizados, como todo extremismo de cualquier religión, por la intolerancia, así que lo mejor que podría hacerse con ellos sería mandarlos al espacio exterior con billete sólo de ida.

Soyinka no elude ningún tema. Dice que el miedo se ha incrementado en el mundo a raíz de la guerra de Irak. Miedo y desconfianza, rechazo a lo diferente, debido a la ignorancia con respecto a otras culturas. EE.UU. se niega a entender lo que ocurre en otros países y es el principal responsable de la creación de barreras para el diálogo. Dice que las sociedades deben cambiarse desde el interior y no es posible hacerlo desde el exterior.

Sobre Internet opina que es un gran avance, pero lo define como un monstruo que es capaz de hacer el bien pero también el mal, pues se presta a abusos, a distorsiones de la información. A su inventor habría que darle un premio, una medalla, agasajarle con un desfile y luego colgarlo en la plaza del pueblo. Mas tarde confiesa que no le interesan los blogs, que prefiere el tempo lento de la lectura de un libro.

Lo que vende en los medios de comunicación es el sensacionalismo. Se hace necesario un canal alternativo cuya prioridad sea la de educar. La literatura sirve para educar y hay muchas voces importantes en la literatura africana, pero resulta difícil encontrar sus libros. Menciona un titulo que se encuentra publicado en España, “Todo se desmorona”, de Chinua Achebe.

Sobre la memoria colectiva afirma que resulta fundamental para la historia, que contribuye a la identidad, pero que también puede dañar a la sociedad, ya que la memoria muy presente mantiene la división y no permite que se supere el recuerdo de las masacres. Esto ocurre en Nigeria, por ejemplo, que quedó dividida a raíz de la guerra de Biafra.

También ha escrito poesía. Dice que las impresiones fuertes, aquello que le impacta, desemboca en poemas. Sus poemas suelen hacer referencia a imágenes y sensaciones.
Respecto al teatro, afirmó que produce una respuesta inmediata. Que su grupo de teatro tuvo que aprender defensa personal por los ataques que recibía. El teatro produce confrontación porque a la gente no le gusta verse representada.


Ante una pregunta de una mujer del público, sobre el motivo por el que el poder está en manos de gente corrupta y los intelectuales huyen de sus países, Soyinka explicó que la historia de África fue interrumpida por el comercio de esclavos, hubo una ruptura del camino evolutivo, y el colonialismo dejó el poder en manos de los más atrasados, lo cual produce gran frustración y es una de las causas de que gente valiosa abandone sus países. Y, en referencia a la emigración, dijo que debería haber programas de intercambio. Por cada barco de africanos, habría que mandar un barco de occidentales a África. Pero que no les envíen delincuentes, sino aventureros y emprendedores. Piensa que habría gente dispuesta a participar en dicho proyecto.
Muchos europeos piensan que África es una unidad, pero en África también hay zonas donde nieva. África es muy grande, hay muchas sociedades. La represión de la mujer es algo muy localizado, ya que hoy en día las mujeres contribuyen, ocupan su lugar en la sociedad, aportan mucho. Y puso como ejemplo que Liberia tiene una mujer presidente.

Ante un tema como el 11-S y los atentados de Nueva York, dijo no minimizar el suceso, pero había que recordar que en África ha habido muchos 11-S, aunque no hayan tenido la misma repercusión y no sean conocidos. Una explosión en Níger, guerras civiles fomentadas desde el exterior, la aniquilación de la voluntad de las personas… Para nosotros, el atentado de Nueva York no fue el primer ataque contra la humanidad.

Afirma que no le importa demasiado cómo se le recordará tras su muerte, ya que es algo que nunca sabrá. Y cuando alguien del público le pregunta qué le diría a un joven que quiere ser escritor, no lo piensa demasiado: "que escriba". Que escriba, que se prepare para ser rechazado, y que vuelva a escribir. Si quieres ser escritor, escribe. Él era un lector voraz. Leía todo lo que caía en sus manos, cualquier cosa, y después de leer mucho, sintió la necesidad de escribir.
Admitió que el Premio Nobel había cambiado su vida de una forma radical. En primer lugar porque su público se amplió muchísimo y esto aumenta el sentido de la responsabilidad al ponerse a escribir. Sobre este asunto, dijo que la mejor respuesta la había dado Bernard Shaw: “Puedo perdonar a la mente endemoniada que inventó la dinamita, pero hay que ser muy diabólico para inventar el Premio Nobel de Literatura”.

Como se puede ver, la conversación con Soyinka no tuvo desperdicio. Además de no eludir ningún tema y dar sus opiniones de un modo reposado y contundente, también se pudo descubrir, a través de alguien del público, que la noche anterior se le había podido ver en un local de Segovia bailando, o intentando bailar, sevillanas. Con una sonrisa dijo que debió ser el orujo el que bailó a través de él.

Por último, diré que si tuviera que escoger una frase, entre todo lo que dijo, que resumiera el espíritu de esta charla, dicha frase sería: La tolerancia no debe tener límites.


Un apunte: El Premio Nobel de Literatura acaba de recaer en Doris Lessing, que también estuvo en la edición del Festival Hay Segovia del año pasado, así que coloco un enlace a aquella charla.

Y mis felicitaciones.

martes, octubre 09, 2007

HFS - Ian Rankin

Lo primero que llama la atención de Ian Rankin es su gran estatura. Lo segundo, su sencillez. La charla fue amena, cargada de impresiones personales. Rankin es un autor de novelas policíacas que ha ido madurando a la vez que su personaje, así que la primera pregunta que le formula Peter Florence es precisamente ésa, cómo ve él ahora al inspector John Rebus.
Rankin explica que los cambios de su personaje son orgánicos. En el primer libro, Rankin era estudiante de literatura, así que el personaje era demasiado literario. Con el tiempo han ido cambiando las cosas, incluso los gustos musicales, ya que en un principio Rebus escuchaba jazz y luego se decantó por el rock, que es la música que escucha Rankin.
El inspector Rebus va envejeciendo en tiempo real. En el primer libro de la serie tenía cuarenta años, ahora tiene sesenta y está cerca de la jubilación. También la ciudad de Edimburgo ha cambiado en este tiempo y, por tanto, también la naturaleza del crimen. Han aparecido nuevas tecnologías, se ha generalizado el uso del móvil, Rebus ya no puede fumar en un bar porque ahora está prohibido… Pero sin llegar a tratar temas como el cambio climático o el terrorismo internacional, que sobrepasan el ámbito de una novela policíaca normal, son temas que hay que tratar de otra forma.
Rankin asegura que Rebus y él son diferentes, pese a que vienen de entornos parecidos. “Es como el hermano que nunca tuve”, dice. O como Jeckyll y Hyde. Mientras Rankin se considera liberal, Rebus es una persona para quien todo es blanco o negro, no hay sitio para el color gris, lo cual, muchas veces, lleva a Rankin a mantener una lucha consigo mismo. En muchos temas está en desacuerdo con él. Rebus es el último policía de su estirpe en Edimburgo.

Ian Rankin era un joven listo, sacaba buenas notas y sus padres esperaban que fuera a la Universidad y se convirtiera en contable. Leía de todo. No podía ver películas para mayores de dieciocho años, pero sí podía leer las novelas en las que se basaban, como “El padrino” o “Alguien voló sobre el nido del cuco”.
Escribía en secreto. Poesía, letras para canciones, incluso un libreto para ópera. Nadie sabía que escribía hasta que ganó un concurso y apareció un texto suyo en un periódico.
Sintió deseos de escribir una novela sobre alguien que vivía con fantasmas de su pasado. Pensando en el personaje se le ocurrió que podía ser policía, lo cual le permitiría también descubrir la cara de la ciudad que se esconde bajo la superficie. Lo que menos le interesa en sus novelas es quién es el asesino. De hecho, en alguna de ellas lo ha desvelado en las primeras páginas, para poder hablar libremente de lo que le interesa. Ya no se aceptan las respuestas cerradas. Hay que tener en cuenta que la gente se comporta de forma legítima la mayor parte del tiempo. Incluso un psicópata se comporta bien la mayoría del tiempo, excepto en el momento en que comete el delito. Todo el mundo es capaz de cometer un acto malvado, lo que ocurre es que muchas veces no se produce la motivación necesaria.
En la guerra, por ejemplo, está todo permitido. A los cinco años, su padre le contaba historias sobre la guerra. Se las contaba a la hora de dormir. Le contaba que los japoneses arrancaban las uñas a los prisioneros y cosas así. Se ríe y admite que quizá de ahí le viene su interés por la naturaleza del mal.

No hay una estructura fija en las novelas policíacas. De hecho, él se inventa sus libros sobre la marcha. Ni siquiera sabe, al empezar, quién va a ser el asesino. A veces no lo descubre hasta que no elabora el segundo borrador. Cuenta que se le ocurrió incluir un personaje que fuese portavoz parlamentario y que tenía la idea de hacerlo aparecer al menos en tres novelas. Sin embargo, sin saber por qué, en la página cincuenta de la primera lo mató. Y luego, para complicar las cosas, expulsan al policía, y pienso ¡mierda! ¿Cómo va ahora a resolver el crimen? Es muy divertido. Me gusta escribir novelas policíacas. Además, son fáciles, porque hay una serie de hechos que debes incluir para iniciar la investigación del crimen, como la entrevista con testigos y cosas así, de modo que, una vez tienes la idea, te plantas fácilmente en la página treinta.

También habló de la compañera de Rebus, que se convirtió rápidamente en un personaje protagonista, muy útil para hablar de ciertos aspectos del policía. Ella es universitaria y él piensa que ser policía es una profesión de hombres. Mantienen una relación muy intensa, nunca romántica. Ella le ayuda a cambiar su visión del mundo. Admite Rankin que podría escribir novelas en las que ella fuera la protagonista y Rebus el secundario. Uno descubre las posibilidades de un personaje y éste va creciendo.
Confiesa Rankin que es una persona de trato difícil cuando está escribiendo y que, de hecho, a veces le resulta difícil salir de la cabeza de Rebus. Pero no ve las cosas como el policía. No está todo el día preguntándose qué opinaría Rebus de esto o de aquello. Sin embargo, en lo que sí se fija es en los escenarios. Por ejemplo, aquí, en Segovia, alguien podría caerse del Acueducto. Y empiezas a preguntarte cómo subió allí, si saltó solo o alguien lo empujó… ese tipo de cosas.

La gente lee novelas policíacas porque el asesinato habla de la sociedad. El mal forma parte de la naturaleza humana, es una cuestión moral. Al final, nos preguntamos si podríamos nosotros llegar a hacer algo así si estuviéramos en una situación similar.

viernes, octubre 05, 2007

HFS - Andrés Neuman, Slavko Zupcic y Eduardo Halfon en conversación con Piedad Bonnett


Llego casi corriendo, con el tiempo justo y la lengua fuera. Tengo interés en esta charla, entre otras cosas porque estoy leyendo el libro de Halfon, “El ángel literario” y me está pareciendo excepcional. Entre el público se encuentran Alan Pauls, Jorge Herralde, Gonçalo M. Tavares, Karla Suárez, Leonardo Valencia…

Piedad Bonnett presenta a los autores y se dispone a formular una pregunta a cada uno. Y empieza preguntándole a Slavko Zupcic de dónde viene ese nombre impronunciable. El escritor sonríe y habla de sus orígenes y de que ya se acostumbró a deletrear su nombre y su apellido recitando una retahíla de ciudades. Luego, ya un poco más serio, dice que la ausencia del padre inundó su vida. Y cuenta que escribe por las mañanas y que ejerce de médico psiquiatra a partir de las ocho.
Eduardo Halfon definió “De cabo roto” como su libro más íntimo. Y, respecto a “El ángel literario”, dijo que investigaba la vida de otros buscándose a sí mismo, lo cual me pareció una poética definición. Respecto a su libro “Esto no es una pipa. Saturno” explica que habla del suicido, en especial del suicidio de escritores, y de la relación con sus padres.
Andrés Neuman puso el dedo en la llaga al afirmar que “El acto de escritura conlleva la fusión de los géneros”. Y, a partir de aquí, aseguró que necesita moverse en todos los géneros.

Piedad Bonnett le preguntó a Slavko Zupcic por la psiquiatría como fuente de historias. Slavko reconoció su interés por lo patológico y dijo que tanto la medicina como la literatura son pretenciosas, y coinciden en muchas cosas, pero desde luego, cuando uno está con un paciente no se dedica a pensar qué historia puede surgir de la situación de éste.
A Eduardo Halfon, sobre la mezcla de géneros, le preguntó si creía que se estaba consolidando un género que no tiene definición, mezcla de relato, novela, ensayo, crónica…Y Halfon contestó que, en su caso, lo que había ocurrido con “El ángel literario” es que estaba escribiendo cuentos y, a la vez, un diario sobre el proceso de escritura de esos cuentos. Y finalmente, lo que se publicó fue la fusión de ambos textos. Podría ser que tuviese una cierta relación con el fenómeno del zapping, pero no necesariamente. Y citó como un titulo a tener en cuenta la novela “Una noche con Sabrina Love”, de Pedro Mairal.
Pese a todo lo que se estaba diciendo, Andrés Neumann señaló que sería un error darle la espalda a la novela con afán totalizador, típica del siglo XIX. También dijo que, en su opinión, se había idealizado el tema del suicidio del artista, asunto sobre el que Halfon confesó sentir una especial atracción, unido al tema de la relación con el padre.
Respecto a la elección del grupo Bogotá 39, coincidieron en señalar que sentían gratitud y sorpresa a la vez. Slavko ilustró la situación comparándola con los pacientes, que siempre presentan una sintomatología que no se corresponde exactamente a las enfermedades tal como son estudiadas. Pero el médico se esfuerza por hacer coincidir los síntomas con una de esas enfermedades para poder tratarla. En el caso del grupo Bogotá 39, pasaba un poco lo mismo. Se habían buscado puntos en común para poder encajarlos en un grupo. Y algo en común tienen: que hay que tener el alma picada para acercarse a la literatura.

martes, octubre 02, 2007

Hay Festival Segovia 2007

Ya regresé. Se celebró la segunda edición del Festival Hay en Segovia. Una vez más, la ciudad vivió cuatro días entregada a la cultura y por sus calles se dejaron ver autores de gran talla.

Llegué el viernes por la tarde, con el tiempo justo para recoger mis entradas y marchar corriendo al museo Esteban Vicente, donde iba a empezar el primer acto al que quería asistir. La actividad ha sido frenética. La organización me ha parecido perfecta. El mayor problema ha sido la elección de los actos, ya que muchos coincidían en el horario, y uno, hoy por hoy, todavía no tiene el don de la ubicuidad. En algunos casos tardé mucho en decidirme y, por supuesto, lamenté perderme algunas charlas.


En esta edición, me ha llamado la atención la presencia de dos grupos de jóvenes narradores: Bogotá 39 y la llamada Generación Nocilla. También me interesó, por supuesto, Wole Soyinka, Hanif Kureishi y Gonçalo M. Tavares. La mayoría de los eventos los contraté por internet, pero, una vez allí, viendo ya los diferentes lugares de celebración, pensé comprar entradas para tres más. Las entradas para la charla de Elvira Lindo con los guionistas Fernando Gaitán y Sergio Cabrera ya estaban agotadas, también para asistir a la charla de Javier Marías (por lo que a esta tuve que colarme, muy a mi pesar), así que por fin sólo compré la entrada para asistir a la conversación de Juan Gelman con la crítica literaria Mercedes Monmany.
Quiero destacar también la calidad y profesionalidad de las personas encargadas de la traducción simultánea.


Estuve pues en los siguientes actos:
-Bogotá 39: Andrés Neuman, Slavko Zupcic y Eduardo Halfon en conversación con Piedad Bonnett.
-Ian Rankin en conversación con Peter Florence.
-Wole Soyinka en conversación con Landrý-Wilfred Mampika.
-Bogotá 39: Santiago Roncagliolo, Guadalupe Nettel y Juan Gabriel Vásquez en conversación con Mercedes Monmany.
-Lolita Bosch, Agustín Fernández Mallo y Gabi Martínez en conversación con Teresa Sanz (que sustituyó a Emilio Manzano).
-Javier Cercas en conversación con Félix Romeo.
-Gala del libro favorito: Rodrigo Fresán, Alan Pauls, Tishani Doshi, Daniel Alarcón, Hisham Matar, Antonio Orejudo, Hanif Kureishi y Menna Elfyn, moderados por Alfredo Matasanz.
-Javier Marías en conversación con Manuel Rodríguez Rivero.
-Gonçalo M. Tavares en conversación con Lourdes Ventura.
-Juan Gelman en conversación con Mercedes Monmany.
-Hanif Kureishi en conversación con Rodrigo Fresán.


Embriagado por el ambiente. Alucinado por cruzarme con Rodrigo Fresán o Alan Pauls por la calle, o con Agustín Fernández Mallo y Hanif Kureishi, que me saludaron al reconocerme como uno de los muchos que les habían pedido una firma en su libro. Y yo, sin haber aprendido a desprenderme de mi timidez, les devolví el saludo y seguí adelante, pensando en que tal vez debería haberme detenido junto a Hanif Kureishi, y haber intentado explicarle, con mi inglés lento y escaso, que mi blog nació, entre otras cosas, por el hecho de haber escrito un texto sobre su libro “Mi oído en su corazón” y querer exponerlo. O haberle dicho a Agustín Fernández Mallo que me gustaba la naturalidad de su discurso. O haberme acercado a Daniel Alarcón y haberle dado recuerdos para José Antonio Galloso. Pero apenas hablé con nadie. Me mantuve frenéticamente ensimismado en mis pensamientos, inmerso en el ajetreo que me había impuesto.


Casi me va a llevar todo el mes contar estas charlas y las ideas que algunas me sugirieron. Espero que tengan paciencia. Iré publicando en orden de celebración.
Lamento haberme perdido la charla que mencioné de Elvira Lindo con los guionistas Fernando Gaitán y Sergio Cabrera, y la lectura de poemas con la que se cerró el Festival (que además coincidían en el horario) y la charla de Manuel Rivas con Marianne Ponsford, y la de Julio Llamazares con Juan Cruz, y aquella en la que participaba Antonio Orejudo, Enrique de Hériz y Alan Pauls en conversación con Félix Romeo (ésta coincidía con Wole Soyinka) y la de Andrés Trapiello, y la de Elif Shafak sobre la mujer musulmana y la que giraba en torno a la libertad de expresión, en memoria de Anna Politkovskaya, a cargo de Jo Glanville, Raúl Rivero, Maziar Bahar y Francisco Herranz… En fin, que no se puede estar en todo.
Tal vez por esto, me fijé en dos personas que coincidieron conmigo en prácticamente todos los actos, lo cual me resultó curioso. Una era una muchacha con rasgos hindúes y el otro era un fotógrafo. El fotógrafo era, nada más y nada menos, Daniel Mordzinski.

Está claro que el número de eventos era mayor que el año pasado y todo estaba mucho más controlado. El año pasado parecía que les había sorprendido la aceptación del Festival, pero en esta ocasión todo ha estado bajo control.

Acabo de leer en internet que es posible que en el mes de Abril se celebre una nueva edición del Festival Hay, pero en esta ocasión en la ciudad de Granada.

jueves, septiembre 27, 2007

En Madrid también se vive en Oruro – Medardo Fraile


Se ha publicado recientemente, en Bolivia, una nueva antología de relatos de Medardo Fraile, y la responsable ha sido la editorial Correveidile, coordinada por el autor Manuel Vargas. Se trata de un volumen que reúne diecisiete relatos de Fraile, de los cuales catorce ya habían aparecido en la última edición de cuentos completos, “Escritura y verdad” (Ed. Páginas de Espuma), y los otros tres son inéditos: “Postrimerías”, en el que un hombre que cumple sesenta y ocho años se siente de pronto angustiado por el destino que correrán sus libros y papeles cuando muera, “Amor”, que expone de un modo cargado de humor la famosa dicotomía entre cerebro y corazón, y “El sillón”, en el que un objeto materializa los sueños y frustraciones de una familia.

Medardo Fraile es uno de los autores más importantes de cuantos han cultivado el relato, un renovador del género, un gran observador que nos cuenta grandes historias y nos presenta personajes inolvidables a partir de anécdotas mínimas, de momentos aparentemente intrascendentes.

Encontramos aquí algunos de sus cuentos más famosos, como “El Álbum”, “Mecanógrafa o reina” o el hipnótico “La camisa”. Y también relatos más recientes, cargados de humor, como “Defensa” o “Lecciones de inglés”, por citar unos cuantos.

Medardo Fraile reside entre Escocia y España. Tiene relatos suyos traducidos al inglés, francés, portugués, alemán, búlgaro, polaco, iraquí, árabe y coreano. Aquí, se editarán pronto sus memorias, que muchos esperamos con verdadero interés. Y no deja de ser curioso que su única novela, la que él escribió para demostrar que sabía hacerlo y conseguir que lo dejaran en paz, se titule “Autobiografía”, lo cual le impedirá titular del mismo modo este segundo trabajo de larga extensión.
Hay que celebrar la iniciativa de esta editorial boliviana, por ayudar a difundir la obra de un autor imprescindible.

domingo, septiembre 23, 2007

Proceso de averiguación

Dice Javier Marías en una entrevista (EPS 23-09-2007):

No acepto eso de que los libros le vayan conduciendo a uno o que los personajes se rebelen frente a la voluntad del escritor. Uno conduce el libro, faltaría más. Uno improvisa, uno decide. Tú decides siempre. A mí lo que más me gusta del acto de escribir es el proceso de averiguación. Yo averiguo la novela que estoy escribiendo y sólo la entiendo cuando la he terminado.

En esta respuesta ¿No hace Marías un enunciado para negarlo a continuación? Yo creo que cuando un escritor dice eso de que los personajes se le rebelan y empiezan a tomar decisiones, se refiere precisamente a eso que Marías llama “proceso de averiguación”. El personaje evoluciona y, de pronto, el escritor (por supuesto), se da cuenta de que la historia ganaría si en lugar de emprender el camino A, emprendiese el B, porque además podría unirse luego en el D, y etc. Desde luego, es el escritor quien decide, un personaje no tiene vida propia por muy buena caracterización que llegue a adquirir sobre el papel. Por eso yo entiendo la respuesta de Marías como una ironía.

El caso contrario es el del escritor que tiene absolutamente planificado el libro, sin cabos sueltos, y se dedica a escribir la historia, sin más, sin sorpresas, algo que a mí, particularmente, siempre me ha parecido más aburrido. Me gusta que la historia vaya adquiriendo su propio sentido, su lógica, que vaya creciendo y cogiendo fuerza, siempre como si se fuera a desbocar.

martes, septiembre 18, 2007

2ª Edición del Hay Festival en Segovia


Vuelve el Hay Festival a Segovia y vuelvo a hacer las maletas. Sí, me voy otra vez.
El Festival se celebra entre el 27 y el 30 de Septiembre. El programa se puede consultar en la página oficial. Yo llegaré el viernes 28. Ya tengo entradas para nueve de los eventos.

Estará Ian Rankin, Wole Soyinka, Hanif Kureishi, Daniel Alarcón, Santiago Roncagliolo, Javier Cercas, Juan Gelman, Rodríguez Mallo, etc.
Una cita que se va haciendo ineludible.

martes, septiembre 11, 2007

Don DeLillo y "El hombre del salto"

La editorial Seix Barral publica el último libro del autor norteamericano Don DeLillo, “El hombre del salto”, una novela ambientada en el atentado de Nueva York del 11 de Septiembre de 2001. Con este motivo, se publican artículos sobre este autor en revistas y suplementos.
Don DeLillo es uno de los nombres claves de la literatura norteamericana, con una sólida obra a sus espaldas y el reconocimiento expreso de autores de la talla de Paul Auster, quien incluso le dedica su libro “Leviatán”, una novela que empieza, precisamente, con una explosión, quizá porque DeLillo siempre se sintió atraído por el terrorismo y las conspiraciones.

Don DeLillo nació en 1936 y no empezó a dedicarse a la literatura hasta los dieciocho años, cuando un verano trabajó como vigilante de un parking, según leo en “El Cultural” de “El Mundo”. Es autor de una obra considerable y compacta que forma ya parte esencial de la historia de la literatura norteamericana, con novelas como “Ruido de fondo”, “Libra”, “Mao II”, “Submundo”, “Cosmópolis”… y ahora “El hombre del salto”.

En el artículo de Muñoz Molina que publica “El País” aparece la siguiente declaración de DeLillo:

Muchas veces mi punto de partida es una imagen visual. Una foto, cualquier cosa. En uno de mis libros era tan sólo la imagen de dos hombres desayunando juntos. En esta novela, la imagen era un hombre caminando entre una nube de humo, de polvo y ceniza. Por algún motivo era importante que llevara en la mano un maletín. Yo tenía una idea para otra novela, pero esta imagen del hombre caminando entre el humo persistía, así que tuve que ponerme a escribir sobre ella. Y la otra novela se desvaneció en la distancia, a medida que este hombre irrumpía en ella caminando. Cuando me puse a documentarme y miré periódicos de aquellos días vi una foto pequeña de un hombre con un traje y un maletín. No sé si se había quedado perdida en mi imaginación durante más de tres años, quizás no. Lo siguiente que comprendí fue que el maletín que ese hombre llevaba en la mano no era suyo. Y eso planteaba un misterio que yo tenía que resolver escribiendo. Así que empecé a escribir. Empecé a contar esa escena. Y como suele decirse, una cosa lleva a otra, y ese hombre se convirtió en alguien que tenía un propósito, que iba a alguna parte. Al principio de la narración él no sabe adónde va y yo tampoco lo sabía. Lo descubrí al mismo tiempo que él, al final del primer capítulo.

Es uno de esos párrafos que suponen, por sí solos, toda una lección sobre el arte de narrar.

“El hombre del salto” se incorpora pues a esa nómina de libros que toman como referencia el atentado del 11-S en Nueva York, libros como “Sábado”, de Ian McEwan, “Terrorista”, de John Updike, “Mundo espejo”, de William Gibson o “Windows on the World”, de Frédéric Beigbeder. Y lo cierto es que resulta sumamente interesante observar cómo un suceso de esa magnitud va siendo incorporado, lentamente, a la ficción, como reflejo del mundo o, mejor dicho, de cómo ha cambiado el mundo. Benjamin Kunkel, en su artículo “Ojos bien abiertos”, en el que se planteaba cómo había cambiado la visión del terrorismo en la literatura a raíz de la catástrofe de las Torres Gemelas, llegaba a decir: “La sobrecogedora nueva realidad del terror llevará a aquellos que se atrevan a conducir el tema hacia un excesivo literalismo por un lado o hacia la fábula por otro”. Yo creo que esta afirmación no está siendo confirmada por la realidad, aunque sí creo que puede ser aplicable a un suceso como el Holocausto, pese a escasas excepciones. En cualquier caso, estamos ante un buen indicador de cómo la ficción se alimenta de la realidad.

Sólo quiero recordar, por último, que los superhéroes de cómic fueron los primeros en estar ahí.

viernes, septiembre 07, 2007

De libros

Bajo el titulo “de libros” comentaré qué me llama la atención en mis paseos por las librerías. Puedo pasar muchas horas curioseando entre los estantes, descubriendo las novedades… Y saco un pequeño papel, doblado y vuelto a doblar, y apunto títulos y autores con la intención de ver qué se dice de ellos en los suplementos, buscar a los autores en internet o, simplemente, ir comprándolos poco a poco.

Septiembre es un mes de novedades y ya van saliendo títulos muy jugosos.

Por ejemplo, Anagrama acaba de sacar el último libro de relatos de Enrique Vila-Matas, que se titula “Exploradores del abismo”. El titulo me parece excepcional. Para mí, cada nuevo libro de Vila-Matas es un acontecimiento digno de ser reseñado.
En la entrevista que publica la revista “Qué Leer”, Vila Matas cuenta que el primer relato que escribió de los incluidos en el libro narra la insólita propuesta que le hizo la artista francesa Sophie Calle: “Me ofreció la posibilidad de escribir una historia que ella misma trasladaría a la realidad, ya que se sentía bloqueada. Es decir, que actuaría al dictado de lo que yo escribiera, siempre sin matar a nadie”. Es decir, una nueva vuelta de tuerca al juego que siempre lleva a cabo este autor entre la realidad y la ficción.

También encuentro otro libro que llama mi atención inmediatamente. Se trata de “Pura anarquía”, de Woody Allen, editado por Tusquets. Su último libro hasta el momento era “Perfiles”, cuya primera edición en España es de 1980. Hace unos años, Tusquets reunió los tres libros de cuentos del autor que existían hasta entonces (“Cómo acabar de una vez por todas con la cultura”, “Sin plumas” y “Perfiles”) en un solo volumen titulado “Cuentos sin plumas”. Los libros de Woody Allen son ingeniosos, están llenos de inteligencia y de sentido del humor, de frases chocantes, de despropósitos que se van acumulando de forma caótica. Los tres libros de Allen son, probablemente, los más desgastados de mi biblioteca.
Hasta tal punto llega mi vinculación con este hombre que, de hecho, tuve que comentar uno de sus textos en el examen de selectividad. Se trataba del titulado “A media voz… muy bajito”, incluido en “Sin plumas”, en el que ridiculiza como sólo él sabe hacerlo la teoría de que las obras de Shakespeare son en realidad obra de Christopher Marlowe. Una de las primeras cosas que se pregunta es que si Marlowe escribió las obras de Shakespeare, ¿quién escribió las de Marlowe? Bueno, fue algo muy extraño escuchar cómo todo el mundo procuraba reírse bajito en pleno examen.

Por último, en esta primera entrega, quiero decir que también encontré el libro de Antonia Romero, “Peso cero”, una novela sobre la anorexia que ya tengo en mi poder.


Ah, y como esto es un circulo vicioso que se retroalimenta, pues resulta que encuentro en la página de la editorial Anagrama que están a punto de salir libros de Paul Auster, Bill Buford, Belén Gopegui, Ricardo Piglia, W. G. Sebald, Sergi Pámies… Uf.
Y también el último libro de Don DeLillo, en Seix Barral.

domingo, septiembre 02, 2007

Uvas doradas

Acaban las vacaciones y, como siempre, parecen más cortas de lo que en realidad son.
Prácticamente un mes desconectado de la vida normal. Fuera de casa. Entre Asturias y la Sierra de Madrid. Salí huyendo del calor y lo he conseguido. He agradecido la semana de frío que pasé, con el jersey a cuestas.
Pero ya se acaba. Y la rutina la tengo a la vuelta de la esquina. Me quedan unos pocos días para volver al trabajo.
Con el fin del verano llega también la revista Clarín, que en su número 70 incluye un artículo mío titulado “Sobre ideas y cuadernos”.
El final de las vacaciones se ha presentado de un modo trágico. No sólo porque en Agosto se cumplen los aniversarios de la muerte de gente como Lenny Bruce, Elvis Presley, Groucho Marx o Lady Di, sino también por la muerte casi en directo del jugador del Sevilla Antonio Puerta, porque nos dejó la actriz Emma Penella, y porque también se fueron Grace Pailey y Francisco Umbral.
Hasta José Luís de Vilallonga se ha marchado a finales de Agosto.
También habría que añadir el goteo de muertos en las carreteras, del cual hemos sido puntualmente informados con paneles electrónicos.

Sobre Umbral se han lanzado tópicos a los cuatro vientos y hemos podido ver repetidas veces el divertido episodio del programa de televisión al que acudió a hablar de su libro. La verdad es que como homenaje me ha parecido un poco triste y casi burlón. Más significativas las ausencias que las presencias.
En uno de sus textos dice, refiriéndose a Baroja, que “a uno le gustaba más el personaje que el escritor”. Pues a mí con Umbral me pasa lo contrario, me gusta más el escritor que el personaje, debo admitirlo. Su personaje siempre me resultó antipático. Sin embargo, su calidad literaria creo que está fuera de dudas (pese a algunos títulos prescindibles), y por eso mismo hubiera merecido un homenaje un poco más serio.
Dicen que murió intentando dictar un artículo, y por este motivo sus últimas palabras han quedado fuera de contexto, cargadas de misterio: “Uvas doradas”. En cualquier caso, una bella imagen.

domingo, agosto 05, 2007

Hasta el horizonte


Cuando vio a lo lejos la silueta del tren, saltó de la silla en la que había estado encaramado y corrió escaleras abajo hasta la calle. Hacía calor. Corría tan aprisa que sus zapatillas deportivas llegaban a levantar tanto o más polvo que las ruedas del coche de su padre. Sentía el sudor bajo los despeinados cabellos de color rojo. El tren se acercaba con rapidez, y crecía. Daniel apretó el paso con determinación. Se impulsaba agitando los brazos adelante y atrás, con los puños fuertemente cerrados. Sólo quedaban unos metros. Algo le cayó del bolsillo, la pelota de goma seguramente, pero no se detuvo. Siguió corriendo con fuerza. El tren dejó escapar su temible grito; pero antes de que produjese el segundo, Daniel ya había brincado sobre el suelo de la estación. Levantó los brazos y se puso a saltar como si fuese un boxeador que acabase de ganar el combate de su vida.
El viejo Florentino, que salía con la gorra puesta y una bandera roja en la mano, se le quedó mirando y sonrió.
Las enormes ruedas de metal llegaron a cámara lenta y, al fin, se detuvieron. No había pasajeros en el tren, en su mayoría eran trenes de mercancías los que pasaban por el pueblo. Daniel sonreía y seguía saltando. Pero, de pronto, vio algo. Se quedó quieto. Un hombre saltó al suelo desde el último vagón. Daniel miró a Florentino y comprobó que éste no se había dado cuenta de nada.
El niño se despidió del jefe de estación y volvió al camino, despacio ahora, sin apartar la vista del forastero, que era grande y fuerte y se movía con cautela. Daniel se metió las manos en los bolsillos. El hombre vestía una chaqueta de pana, unos vaqueros y unas botas de lona. Tenía poco pelo y barba. Entraron en la calle principal del pueblo, uno detrás del otro.
Su padre le había dicho una y mil veces que no se acercara a los desconocidos; y le había contado, una y mil veces también, el trágico suceso del hijo de los Juárez, no de éstos, pues la historia era antigua, sino de la generación anterior. El caso es que ese niño (que sería, si lo había entendido bien, tío de su amigo Juan Juárez) se subió en el auto de un forastero y desapareció de repente. Todo el pueblo se revolucionó y se organizaron batidas para buscarlo, pero nunca volvió a saberse nada de él. Era una historia que le asustaba mucho. Pero, por muchas vueltas que le diese, no iba a dejar de seguir a aquel extraño personaje.
Llegaron hasta el bar de Eutimio. El hombre se sentó en una mesa. Daniel se acercó a una de las máquinas y metió una moneda en la ranura. Una bola metálica apareció en el pasillo de salida y la empujó con el taco correspondiente: primero tiró de él hasta comprimir el muelle al máximo, luego lo soltó y la bola salió al terreno de juego, bing‑bang‑bing, luces y puntos en el marcador. El hombre pidió una botella de vino y un filete. El niño empujaba la máquina y hacía fuerza con las caderas pero, de vez en cuando, miraba de reojo al desconocido. Una de las veces, sus miradas se cruzaron y a Daniel le dio un vuelco el corazón y apartó la vista enseguida. Era pronto y en el bar apenas había un par de personas más aparte de ellos.
Las monedas se terminaron y la máquina guardó silencio. Al hombre todavía le quedaba mucha comida en el plato y Daniel se preguntó qué podía hacer para no llamar la atención. Comenzó a caminar entre las mesas, pensativo, balanceando las piernas, remolón, acariciando los respaldos de las sillas con los dedos. Podía esperar fuera hasta que lo viese salir, pero no quería perderlo de vista, ya que si por casualidad, aunque no era probable, el forastero se percataba de que le estaban siguiendo, podía escurrirse por la puerta trasera y darle esquinazo. Pasó junto al hombre, casi le rozó la enorme espalda, y se detuvo sin mirarlo. La mente se le quedó en blanco súbitamente. Y sin darle más vueltas al asunto se sentó en la misma mesa y quedaron frente a frente.
El hombre miró al muchacho con curiosidad y dejó de masticar un momento. Arrugó las cejas, pero no dijo nada. Llenó hasta arriba su vaso de vino y continuó triturando el filete entre sus dientes.
‑Le he visto bajar del tren ‑dijo el niño.
El hombre no contestó.
‑No llevaba billete, ¿verdad?
De nuevo sus ojos claros y pequeños se dirigieron al muchacho pelirrojo y otra vez interrumpió su comida y dejó el cubierto sobre la mesa, con fuerza, y una imagen entró en su cabeza con el ímpetu de un toro. Un fogonazo. Otro niño, varios años antes, preguntándole: "¿tienes los billetes, papá?" Era en la puerta de un teatro y él se rebuscaba en todos los bolsillos.
‑Le vi saltar desde el último vagón.
"Venga, papá, va a empezar la función". Su mujer le miraba y sonreía. "Deberían estar por aquí", decía él, y le guiñaba el ojo a su esposa. Le encantaba verla reír. "Deja de hacerle rabiar". Y ésa fue la señal para poner fin al juego. "¡Tatachán!", y los billetes en la mano.
‑Le he seguido porque creo que usted se ha escapado de la cárcel ‑prosiguió el muchacho‑. Eso, o es un espía.
Ocurrió algo de pronto, antes de que entrasen en la sala. Un gran estruendo. Y una fuerza invisible le levantó del suelo. Gritos, cristales rotos, un latigazo de calor y dolor, confusión, objetos cayendo, una nube... Al principio creyó que estaba muerto.
‑¿Por qué no te vas a jugar y me dejas en paz?
‑Es un fugitivo, ¿a que sí?
Se bebió de un trago el vaso de vino y volvió a llenarlo. Pensó que en el fondo aquel niño tenía razón.
‑SÍ, soy un fugitivo. ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Delatarme?
Daniel pareció meditar.
‑No sé ‑dijo.
‑Si lo haces, no podré seguir mi viaje.
Pensar en la interrupción de su viaje, aunque fuese sólo como un juego, le puso triste y le hizo recordar su casa, ahora vacía. No podía volver allí.
‑Mira, me he acostumbrado a vivir en los trenes, a respirar el metal, a dormir arrullado por su traqueteo. En un tren, me siento libre y puedo respirar.
‑Yo nunca he subido en el tren ‑dijo Daniel.
‑Yo abandoné mi hogar y mi trabajo, subí en el primer tren que encontré y de ése pasé a otro y a otro, siempre adelante, dispuesto a llegar hasta el horizonte, hasta el fin del mundo.
‑¿Y tu familia?
El aire se volvió espeso.
‑Yo no tengo familia. ¿Quieres un helado?
Se pusieron en pie. El hombre pagó su comida y le compró un cucurucho al muchacho. Luego, salieron a la calle. El calor aturdía y el exceso de luz les obligó a arrugar los ojos. Comenzaron a andar despacio. El niño le cogió la mano.
‑No le delataré, pero quiero ver cómo lo hace.
‑¿El qué?
‑Subir a un tren sin que le vean.
Accedió. A fin de cuentas, ya había comido y nada más tenía que hacer allí. Sonrió al darse cuenta de que se encontraba más a gusto sobre un vagón en movimiento que sobre tierra firme.
Fueron hacia las afueras de nuevo. Por el camino, Daniel encontró su pelota de goma y se la guardó en el bolsillo. Caminaban como dos amigos y el hombre experimentaba una extraña sensación al notar la mano del niño entre la suya. Llegaron a la estación, la rebasaron, cruzaron las vías y siguieron adelante hasta unos árboles que Daniel conocía como "el bosque".
‑Este será un buen sitio para esperar sin que nos vean.
‑Si ‑admitió el hombre‑.¿Cuándo pasará el próximo tren?
Creía que no iba a tardar mucho pero, en realidad, no lo sabía; y le dio miedo decírselo al Fugitivo.
‑A veces vengo aquí con mis amigos y le tiramos piedras a los trenes.
‑Tendré cuidado a partir de ahora.
A pesar de la sombra, el calor seguía siendo fuerte. No se escuchaba ningún pájaro. Por un momento, una leve brisa pareció mover las hojas, pero se detuvo enseguida, sin fuerza. El hombre se recostó sobre uno de los troncos y miró al pueblo, semienterrado a lo lejos. Otro pueblo más del que desconocía el nombre. Daniel cogió un saltamontes y se lo enseñó y luego le arrancó las patas traseras y lo dejó en el suelo.
‑Yo antes trabajaba en una oficina, ¿sabes? Era cajero.
Se escuchó un silbato a lo lejos. El hombre se irguió. El niño mató al saltamontes con el pie. Y los dos miraron hacia la estación.
‑Ya está ahí ‑susurró el muchacho.
La enorme máquina se detuvo junto al andén.
Daniel miró al hombre, le miró la cara redonda, los ojos, la nariz chata, las arrugas, la piel morena, la barba encanecida. Luego le miró los hombros, ligeramente encorvados, y las manos y los largos dedos. Escuchó de nuevo el sonido del tren. El fugitivo se puso en pie, le revolvió el pelo y le sonrió. Entonces echó a correr. Sus movimientos eran torpes. Parecía hundirse en el polvo un poco más a cada paso. Avanzaba como un oso herido. Por fin, llegó junto a la vía, localizó un vagón abierto y saltó hacia él con determinación.


Hasta pronto. Comienzo mis vacaciones y no sé si podré hacer alguna incursión en el blog durante el mes de Agosto. Espero que os guste este relato. Os recomiendo también que visiteis esta dirección. Sé que dejo muchas cosas pendientes, pero la parada es necesaria. Un abrazo.

miércoles, julio 25, 2007

La vida de los otros


“La vida de los otros” ganó el oscar a la mejor película extranjera de 2006. Se trata de una película alemana de escaso presupuesto, con un guión muy atractivo y unas interpretaciones capaces de pegar al espectador al asiento y retenerlo ahí durante todo el metraje. Ha sido dirigida por Florian Henckel von Donnersmarck, un director desconocido que debuta en el cine de un modo brillante con esta producción.
El protagonista de la historia es el capitán Gerd Wiesler (Ulrich Mühe), un profesional agente de la famosa Stassi, la policía secreta alemana de la antigua RDA. Su trayectoria es intachable, su seriedad está fuera de toda duda, lo que parece indicar que se trata de la persona ideal para encargarse de una misión un poco delicada: espiar a la pareja formada por el prestigioso escritor de obras de teatro Georg Dreyman (Sebastian Koch) y la famosa actriz, Christa-Maria Sieland (Martina Gedeck). Se establece todo el dispositivo técnico necesario: se camuflan micrófonos en los lugares más insospechados, se cablea todo el apartamento y se establece un puesto de control en un piso franco situado justo encima del apartamento de la pareja. Y así comienzan a pasar los días, con la rutina de una pareja de artistas que no quiere meterse en política y entienden que el sistema se defienda de los elementos que intentan erosionarlo, y unos hombres silenciosos, como sombras, que pasan horas y horas espiando esas vidas ajenas, como espectadores ocultos que rastrean cada frase en busca de un fallo, una prueba de la deslealtad de los vigilados.
Sin embargo, lo que ocurre de un modo gradual es que el propio capitán Wiesler empezará a sentir una profunda empatía con la forma de pensar, especialmente, del dramaturgo. De este modo, cuando al fin Dreyman sienta deseos de rebelarse, Wiesler comprenderá que esta reacción está tan justificada que incluso se involucrará personalmente, poniendo en riesgo su carrera.
No se trata de un film que necesite apelar a la espectacularidad para mantener la tensión, pues dispone de un buen guión y, muy especialmente, de un excelente trabajo actoral, en el que cabe destacar a Ulrich Mühe, un actor capaz de transmitirnos toda la fuerza de sus emociones, sin grandilocuencias. Sin apenas cambiar la expresión de su rostro, consigue reflejar la tensión, el miedo, la emoción del personaje.
Es una película muy interesante, a la que el único inconveniente que se le puede poner reside en lo esquemático de su planteamiento, pese a que este funciona muy bien a nivel dramático. Es posible que, como se ha dicho, no fuera necesaria esa cercanía física entre espía y espiado a la hora de investigar a alguien, pero no cabe duda de que esa proximidad acrecienta la intensidad de la relación que se establece entre ellos.
Acabo de conocer, alertado por un comentario de Laura Díaz, la muerte de Ulrich Mühe, a los 54 años de edad, a causa de un cáncer de estómago.

domingo, julio 15, 2007

Después de la revolución


Con este impactante titulo, acaba de aparecer el estudio que sobre la cinematografía de los hermanos Taviani ha llevado a cabo Hilario J. Rodríguez, el primero que se escribe en nuestro país sobre estos importantes realizadores italianos, a quienes se les rindió homenaje en el pasado festival internacional de cine de Huesca, al que acudieron para recibir el premio “Luís Buñuel”.

Los libros de cine tienen una característica peculiar. La aventura que nos proponen no se acaba con la lectura de los mismos, sino que se puede decir que es entonces cuando empieza. Generalmente, suponen una puerta a otro tipo de experiencia: el visionado de determinados films. El libro de Hilario repasa de un modo exhaustivo todas las películas de los hermanos Taviani: “Padre padrone”, “Allonsanfan”, “Good morning, Babilonia”, “Kaos”, “La noche de San Lorenzo”, “El prado”, “Las afinidades electivas”, “La casa de las alondras”, etc. Y lo hace con su peculiar estilo, derrochando erudición de un modo ameno, mezclando su propia experiencia con datos históricos, y narrándonos los temas fundamentales de los protagonistas de su estudio como si nos estuviera ofreciendo una novela.
Resulta evidente que este libro lleva un tremendo trabajo de documentación, lo que le da una densidad considerable. La prosa de Hilario Rodríguez se alterna con las palabras de los propios realizadores toscanos, recogidas en la mayoría de los casos de entrevistas aparecidas en distintas publicaciones, creando una sensación de diálogo, de encuentro entre amigos, que hace aún más interesante la lectura.

Las películas de los hermanos Taviani, nos dice Hilario, jamás han dejado de indagar en las posibilidades del cine como mecanismo fabulador y como laboratorio de formas.
Y eso mismo hace este libro, indagar en la obra y la personalidad de los Taviani, reuniendo toda serie de informaciones, dedicando incluso un capítulo a lo que han dicho otros críticos, salpicando todo el recorrido con interesantes reflexiones que ponen de manifiesto la erudición del autor, que fluye de un modo natural, sin pedantería ni amaneramientos.

Quiero mencionar también que al final del libro se nos ofrece un breve “Diccionario Taviani del audiovisual”, compuesto con fragmentos de declaraciones hechas por estos directores a lo largo del tiempo y referidas a su propia concepción del cine. Podemos encontrar frases como las siguientes:
El cine es una divertidísima máquina de hacer trucos.
El aburrimiento es el enemigo más peligroso de toda forma de espectáculo.
Nosotros estamos a favor de los exagerados.
No nos cabe duda de que un elemento que deberíamos mantener siempre en nuestro quehacer cinematográfico es la ironía.
La verdadera autonomía de una obra: la claridad en la simplicidad.


El libro “Después de la revolución” está bellamente editado, al igual que el otro título que la editorial Calamar acaba de sacar al mercado, “Pilar Miró, directora de cine”, enmarcados en la colección “Huesca de cine”. Ambos tienen una presencia y una composición que invitan a sumergirse en ellos, en sus letras y en sus cuidadas fotografías.

martes, julio 10, 2007

Nuevo empleo

El trabajo dignifica. Uno no debe nunca avergonzarse de ganarse la vida honradamente. Y yo nunca hice daño a nadie. Nunca. Siempre intenté tomar las decisiones correctas, aunque a veces las circunstancias parecen empeñadas en ponerme la zancadilla.

Cuando me echaron del trabajo sabía que, a mi edad, ya me sería difícil encontrar un buen empleo, así que desde un primer momento supe que tendría que aceptar cualquier tipo de trabajo, y este no es de los peores, eso lo sé, por muy incómodo que me sienta, especialmente hoy, cuando veo a mi hijo dirigirse hacia mí.

Mi hijo tiene cinco años y espero que algún día llegue a ser una persona que pueda mantener a su familia sin estrecheces. Con eso me conformo. No quiero que gane el premio Nobel ni ninguna estupidez semejante, sólo quiero que pueda vivir con comodidad, y no es poco, lo puedo asegurar. Es un buen chico y, cuando me veo en sus ojos, que brillan como si fueran capaces de mirar en mi interior, siento que no merezco su admiración. Es normal que un niño admire a su padre, pero yo no lo merezco.

Ha debido venir con el colegio. Sí, veo a su profesora, que no parece haberme reconocido. Admito que siento vergüenza y que me gustaría poder huir, pero no puedo, debo permanecer aquí sentado, viendo cómo mi hijo se acerca, hasta que le llega el turno y se sienta en mi rodilla y me dice: “Santa Claus, ¿sabes que usas la misma colonia que mi papá?”