lunes, noviembre 14, 2011

Festival Eñe 2011

Se celebró la tercera edición del Festival Eñe.

Fernando Marías y Javier Olivares charlaron sobre El silencio se mueve y sobre Joaquín Pertierra, personaje de ficción que se convierte en alguien real de un modo irremediable.


Esther Tusquets contestó con desenfado las preguntas que algunos lectores habían enviado a través de la web de la revista.


Manuel Rivas y César Morán ofrecieron un espectáculo de música y poesía.


Teresa Solana dió una conferencia express sobre la novela negra.


Se dieron a conocer los nombres del ganador y los finalistas del concurso cosecha eñe 2011. Javier Calvo fue el ganador, con el relato "Nínive". Los finalistas fueron: Cristina Gálvez, Guillermo Saccomano, Martín Corredoira, Rafael Ventura, Diego Zarini, Mario Marín González, Carme García Parra, Jesús Zomeño y Rafael de la Fuente.


Jorge Volpi habló de las novelas como si se estuviera refiriendo a un virus que contamina lo que se pone a su alcance.


Luis Magrinyá leyó un texto a medio camino entre la ficción y la reflexión, con Harry Potter como protagonista.


Màrius Serra, Éric Beaumatin y Pablo Martín hablaron del Oulipo, la teoría de la contrainte, Perec y Quenau, en una charla francamente amena cuyo entusiasmo se contagió a todos los que estábamos escuchando.


Y, por supuesto, hubo mucho más. Me perdí eventos interesantes, pero uno no puede llegar a todas partes. El año que viene, más.
Por cierto, Ana María Matute sufrió una caída al finalizar la charla en la que participaba y, aunque al parecer no fue grave, espero que se recupere rápidamente.

jueves, noviembre 10, 2011

Gominolas para los patos


Hugo Izarra es una de esas personas que no pueden parar quietas un momento. Se embarca sin dudarlo en mil batallas, a pecho descubierto. Coordina y edita una de las más interesantes revistas culturales que uno puede encontrar en este momento, Standdart, escribe relatos y poemas que pueden leerse en su blog, Ruinas incompletas, y, por supuesto, se implica en proyectos solidarios como el que lleva a cabo SBQ solidario, a través de Luis Felipe Comendador: La publicación de textos, donados por sus autores, para destinar lo recaudado a causas humanitarias de diversa índole.
El primer título de esta colección es Gominolas para los patos, con ilustraciones de Matt Sesow. Los poemas de Izarra transmiten hastío, son contundentes como un puñetazo en la mesa, y nada escapa a su ira contra el mundo. La influencia de la narrativa norteamericana es innegable, de la agresividad de Bukowski a los desoladores cuadros de Hopper. La poesía de Izarra escarba en la soledad, en el amor, en la crueldad de una sociedad que aliena al individuo y pretende asfixiarlo. No exento de humor, la lectura de este libro nos sumerge en la visión descreída, ácida y con un punto justo de cinismo, de un mundo imperfecto e implacable contra el que lo único que podemos hacer es gritar, hasta que se hinche la vena del cuello y se nos quiebre la voz.
Les dejo una muestra:

CONSUMIR ANTES DE (VER FECHA)

La felicidad es un bien perecedero,
como la fruta y la leche, como las hortalizas,
como los refrescos con gas, como los zumos.
Perseveramos en negarlo, a pesar de todo.

La felicidad es efímera. Es delicada.
Luce espléndida en el carro de la compra,
en las bolsas relucientes del mercado,
dentro de su envoltorio de plástico.

Pero lleva una fecha de caducidad
tatuada en el dorso, e ignorarla sólo
lleva a provocar fatales accidentes,
evitables y ridículos, como el amor.


CHELSEA HOTEL NO. 3
A Leonard Cohen, que no lo leerá

Janis frunció el ceño
cuando vio mi cicatriz.

¿Qué ocurre?, pregunté;
¿Es que ya no te gustan
los hombres con heridas?

No me gustan las historias
que se repiten, dijo ella.

Y apoyó su espalda
en la ventana y miró
hacia otra parte.


Ahora acaba de salir el segundo titulo de la colección, Música para atravesar los túneles, igualmente con poemas de Hugo Izarra, prólogo de Montxo Armendáriz y fotografías de Miguel Núñez, editado, por supuesto, por Luis Felipe Comendador y el sello SBQ Solidario.
De este nuevo libro dice Izarra:
“Música para atravesar los túneles” no es un libro alegre, todo lo contrario, pero tampoco es un pastiche sentimental. Habla de distintas escalas de soledad, enfermedad y muerte, de ausencias y desencuentros, abandonado ya el victimismo insufrible de las primeras cositas que perpetraba cuando era más joven y tenía más pelo y menos panza que ahora. Se puede leer, creo yo, sin necesidad de cortarse las muñecas al acabar.

Los libros pueden pedirse a felipe@lfediciones.com, al módico precio de diez euros (envío incluido) y la enorme satisfacción de estar contribuyendo a una buena causa.


domingo, noviembre 06, 2011

Reseña de Elena Casero y entrevista de Antonia Romero

Reseña de "los pequeños placeres" en el blog "Ad-Libitum", de la escritora Elena Casero.
Pueden leerla aquí.


Y Antonia Romero ha tenido la gentileza de inaugurar una nueva sección en su blog, "Mientras esperas...", entrevistándome.


viernes, noviembre 04, 2011

lunes, octubre 31, 2011

Reseña de Juan Herrezuelo

El escritor Juan Herrezuelo publica en su blog, "Los pasadizos del Loser", una reseña sobre mi libro "Los pequeños placeres".




jueves, octubre 27, 2011

"Los pequeños placeres" en Madrid






Imágenes de la presentación del libro "Los pequeños placeres" en Madrid, en la librería Tres Rosas Amarillas, donde estuvimos muy cómodos y con un agradable ambiente literario que agradezco enormemente a todos los que se pasaron por allí.

domingo, octubre 23, 2011

Presentación de "Los pequeños placeres" en Madrid


El miércoles, 26 de Octubre, a las 20:00 horas, presentaré el libro "Los pequeños placeres" en Madrid, en la librería Tres Rosas Amarillas, sita en la calle San Vicente Ferrer, 34.

Me acompañará Hilario J. Rodríguez.

Quedáis todos cordialmente invitados.

jueves, octubre 20, 2011

Presentación en Valencia



Mi agradecimiento a todos los familiares y amigos que me arroparon en la presentación del libro "Los pequeños placeres", y especialmente a Pepe Cervera, por sus amables palabras.

lunes, octubre 17, 2011

Presentación en Valencia


El miércoles, 19 de Octubre, a las 19:30 horas, presentaré el libro "Los pequeños placeres", en la Casa del Libro de Valencia, sita en Passeig Russafa, nº 11.

Contaré con la inestimable colaboración de Pepe Cervera.

Quedáis todos cordialmente invitados.

martes, octubre 11, 2011

HFS - Javier Marías


Javier Marías conversa con el escritor Juan Gabriel Vásquez. Se cumplen cuarenta años desde la publicación de su primera novela, “Los dominios del lobo”. Además, hace unos días cumplió sesenta años de edad; y afirma no haberlo aceptado aún.
Es la segunda vez que Marías acude al Hay Festival de Segovia y la expectación ahora, como entonces, es máxima. La cola en la entrada era interminable. El evento está abarrotado de gente y han tenido que añadir sillas.
Juan Gabriel Vásquez, excelente escritor colombiano que acaba de publicar un libro del que la crítica habla muy elogiosamente y con el que ha ganado el Premio de Novela Alfaguara 2011, y que además tiene un título magnífico, “El ruido de las cosas al caer”, inicia la charla preguntándole a Marías por los escenarios de sus novelas. Parece, le dice, que por fin se decide a situar a sus personajes en España.
Marías habla de la identidad y empieza una digresión recordando que hay cosas que permanecen con uno toda la vida. Una de ellas suele ser el nombre, aunque hay quien se lo cambia. De hecho, él se lo cambió, ya que se llamaba Xavier, con X, y esto siempre le traía problemas, tenía que puntualizarlo siempre y le resultó más práctico cambiarlo. Otra de las cosas que conforman la identidad es la memoria. Y la persona con el nombre y los recuerdos de Javier Marías, que recuerda perfectamente todo lo relacionado con la composición y publicación de su primer libro, siente perplejidad ante lo que se escribe de él, siente a veces que se trata de otra persona. Todavía no ha visto muchas de las cosas que sesudos críticos dicen ver en su obra.
Dice que escribió “Los dominios del lobo” con absoluta irresponsabilidad, para su propia diversión. Está ambientada en EE.UU. y es quizá la más cinematográfica de sus novelas. Él siempre ha dicho que empezó a escribir para leer más. Le gustaban los libros de aventuras. Y una de las primeras cosas que le reprocharon fue que por qué no hablaba de lo que conocía. Piensa que esto era porque entonces todavía prevalecía el realismo social que, en su opinión, ha hecho mucho daño a la literatura, pese a sus buenas intenciones, a sus velados mensajes políticos, a su deseo de luchar contra la dictadura, a su aspiración de concienciar a los lectores, pero que en realidad produjo, en opinión de Marías, obras poco elaboradas, simples y ramplonas. Durante mucho tiempo tuvo una reacción contra la generación anterior, contra el realismo social. Y no hablaba sobre lo que conocía, tal como se le reprochaba, porque no quería.

Juan Gabriel Vásquez le plantea que, por primera vez, el narrador de un libro suyo es una mujer. Y Marías cuenta que él fue el quinto niño de su familia, aunque uno murió y él siempre se ha recordado el cuarto, pero en realidad era el quinto y estaba previsto que debía ser una niña. De hecho, tenía elegido incluso el nombre, Constanza. Se trata de una anécdota divertida y juega con ella para justificar esa primera persona femenina de su último libro. No obstante, termina afirmando que no cree que en el fondo esa voz narrativa resulte muy diferente a la de sus otras novelas.


Para él escribir es un proceso lento. Al principio, incluso, muy lento. Escribe igual media página y luego no escribe nada en semanas o meses. En este caso, el de su último libro, “Los enamoramientos”, le costó mucho. Se debe tener en cuenta que su trilogía “Tu rostro mañana” le ha supuesto mucho esfuerzo. Ha estado mucho tiempo en un mismo mundo, con unos mismos personajes, así que lo primero que sintió al emprender este nuevo proyecto fue una sensación de extrañeza.
Aprovecha entonces Juan Gabriel Vásquez para plantearle si ese fue el motivo por el que se trajo personajes de otros libros. Javier Marías dice que no, que eso de traer personajes de otras novelas ya lo había hecho en otras ocasiones. Y este asunto desemboca en su “manía” de sacar al profesor Francisco Rico en varios de sus libros. Y parece que el origen de este asunto se encuentra en la novela “Corazón tan blanco”, donde lo sacó encarnado en el personaje del profesor Villalobos. En ese momento, el propio Francisco Rico le dijo que si lo volvía a sacar en alguno de sus libros, que lo hiciera con su propio nombre. Y esto es algo que se ha convertido ya en una especie de marca de fábrica.

Finalmente, habla la presencia del mal en su último libro, de la capacidad del ser humano para hacer daño. Dice que la idea inicial fue platear la historia de una mujer que se quedara, a sabiendas, con quien ha causado su desdicha. Esta idea, como suele ocurrir, quedó prácticamente fuera de la novela en el resultado final.
Le plantea entonces Gabriel Vásquez que mucho de lo que pasa en sus novelas, no ocurre realmente sino que pasa en la cabeza de sus narradores. Son especulaciones a las que puede dedicar, como ocurre en este último libro, hasta trece páginas. Y Marías responde que se trata de una cuestión técnica (tal vez aburrida para el público, puntualiza) que tiene que ver con su elección personal de narrar en primera persona. La primera persona, explica, tiene ventajas e inconvenientes, y uno de los principales inconvenientes es que el narrador tiene siempre que justificar lo que sabe. Por ese motivo, para intentar sortear esa dificultad, utiliza esas escenas imaginarias o especulativas.

La charla llega a su fin y todos, incluído Marías, nos asombramos de lo rápido que ha pasado el tiempo. Termina puntualizando su idea de que la novela no es una forma de conocimiento, sino de reconocimiento. “Hay cosas que uno reconoce y descubre a la vez cuando las ve reflejadas en una novela”.

domingo, octubre 09, 2011

Félix Romeo


Recuerdo que leí la reseña de un libro titulado “Gloriosos fracasos”, de Paul Collins, y el reseñista (que me perdone, pero no recuerdo ahora su nombre) decía que le había recomendado la lectura de ese libro Félix Romeo, un hombre que lo leía absolutamente todo.


Compré más de un libro recomendado por el propio Félix Romeo. “Fui hija de supervivientes del holocausto”, por ejemplo. Y leía con interés sus textos en el ABC cultural, textos en los que dejaba bien patente su voracidad lectora, su curiosidad sin límites, su entusiasmo contagioso cuando encontraba un buen libro.
Yo no le conocía personalmente. Tengo aquí ahora mismo sus tres libros: “Dibujos animados”, “Discotheque” y “Amarillo”, un libro intenso sobre el suicidio de su amigo Chusé Izuel. También tengo el libro del propio Chusé Izuel, “Todo sigue tranquilo”, editado póstumamente por Ediciones Libertarias, gracias al empeño de Bizén Ibarra y Félix Romeo, sus amigos.




Vi a Félix Romeo en varias ocasiones: En el Festival Hay de Segovia presentando a Mario Vargas Llosa o charlando con David Trueba o con Javier Cercas o con Jesús Ferrero y Edgardo Cozarinsky. La última vez que le vi fue en el Festival Eñe del año pasado, charlando con gran complicidad y admiración mutuos con el escritor Javier Tomeo. Cuando le preguntaron a Tomeo cuántos libros había escrito contestó: “Eso lo sabe mejor Félix que yo”.



La noticia de su muerte sorprende como un mazazo. Tenía 43 años y ha muerto de un infarto, una muerte repentina, inesperada.
Quienes seguimos de un modo u otro esta especie de droga que es la literatura sentimos que hemos perdido una voz importante.
Dicen que ha dejado un libro inédito.

jueves, octubre 06, 2011

HFS - El oficio de escribir


Tres escritoras, desconocidas para mí hasta entonces, charlaron distendidamente sobre el oficio de escribir y, por tanto, sobre ellas mismas y su relación con la literatura. Se trataba de Gail Jones, australiana, Tiffany Murray, británica, y Kishwar Desai, escritora india residente en Reino Unido, todas ellas galardonadas con importantes premios, que estuvieron moderadas por la periodista de The Telegraph Gaby Wood. Cada una de ellas expuso sus preferencias, su experiencia y sus opiniones sobre el oficio de escribir.
En primer lugar hablaron de sus influencias. Mientras Desai identificaba las novelas del oeste de su hermano como una de sus más tempranas influencias, Gail Jones afirmaba haber crecido en un lugar sin bibliotecas y reconocía al cine como su mayor y más temprana influencia. De hecho, le interesa mucho la diferencia entre la imagen y la palabra, incluso empezó como pintora antes que como escritora. Tiffany Murray reconocía, por su parte, a la música como una importante influencia para ella.
Kishwar Desai empezó siendo periodista. Llegó a la escritura por medio de ensayos y artículos. Su primer libro fue una biografía sobre dos estrellas de cine indios. Su primera novela la escribió porque estaba enfadada y tenía una necesidad de volcar de algún modo un sentimiento de indignación.
Gaby Wood les plantea si piensan en el destino de la novela cuando se ponen a escribir, si piensan en el lector.
Tiffany Murray dice que tiende a no pensar en el lector. Le resulta difícil cuantificar los efectos que quiere o puede producir con sus escritos. A menudo, los festivales y los grupos de lectura descubren matices que le sorprenden.
Kishwar Desai dice que pretende comprometerse con un personaje que tenga un propósito y encuentra difícil concebir sus novelas desde el punto de vista del lector. Afirma que los personajes cobran vida cuando empiezas a escribir. Se van desarrollando y adquiriendo sus propias voces, de modo que deben ser fieles a sí mismos y esto determina la trama en ocasiones. Cree que hay algo inconsciente en el proceso de escritura, algo intuitivo que destila incluso la documentación que haya podido reunir. Hay que pensar en el público en el sentido de que hay libros que van dirigidos a niños o a amantes de un determinado género, pero a partir de ahí la historia es la que manda.
Gail Jones cree que tener un programa es la muerte de la novela. Tiene una formación académica, pero procura olvidarse de ella cuando escribe. Ella cree que existe algo así como una economía del regalo, un beneficio añadido, momentos que nos conmueven y que descubrimos gracias a nuestros lectores. Hay efectos que van más allá de las intenciones iniciales y que han surgido de un modo inconsciente y misterioso. Ella piensa que hay algo metafísico, una especie de misterio espontáneo en la estructura de un libro que, en cierto modo, determina la evolución de la historia.


Tiffany Murray dice que suele empezar con una imagen, un lugar, y desde ahí avanza. Y es misterioso el mecanismo de este proceso. A veces hay que romper la rutina. Cuestiones que te están planteando un problema pueden resolverse al cambiar radicalmente de ambiente. En un concierto al que asistió en Chicago, por ejemplo, se le ocurrieron cosas determinantes para el libro en el que estaba trabajando.
Kishwar Desai confiesa riendo que ella se fija plazos artificiales y le funciona. Se dice: “tengo que terminar este libro antes de cumplir los cincuenta” y entonces empieza a ser resolutiva y deja de darle vueltas a ciertas cuestiones que la estaban bloqueando. Para ella escribir ficción fue una liberación en contraposición con el periodismo, donde te podían poner un pleito por tu forma de plantear un reportaje. La ficción le permitía saltarse las normas y, además, como ya existía el realismo mágico cuando empezó a escribir, sus personajes podían hasta volar.

Los libros de Tiffany Murray suelen tener un trasfondo histórico y estar narrados en tercera persona. Se da cuenta que todas sus novelas se centran en casas, casas en las que hay secretos. Para ella el lugar es muy importante.
A Gail Jones, por su parte, le interesan especialmente las experiencias interculturales. Su último libro se centra en cuatro personas que proceden de lugares muy diferentes. Se basa en ese modelo de confrontación de identidades culturales.
Kishwar Desai cuenta que su primera novela trataba sobre un crimen horrible. Un trabajador social empieza a investigar este suceso y se encuentra con otra cosa verdaderamente espantosa, algo que ha estado ocurriendo en la India durante años, el infanticidio, el asesinato de niñas, que ha estado produciéndose en la India, y también en China, durante años, hasta el punto de que se puede hablar de un auténtico genocidio. Treinta millones de niñas han sido asesinadas en India y es algo que se tiene que denunciar. Existe una preferencia por los varones, es algo cultural que no se resuelve cuando las familias emigran, ya que suelen llevar su cultura consigo. Dice que se da el caso de poblaciones en los que no se ha registrado nunca el nacimiento de una niña. Es terrible el problema y sintió la necesidad de escribir sobre ello. No como un reportaje, sino desde la ficción, ya que de este modo consigue que el lector se involucre más en lo que se está contando. La ficción tiene una fuerza emocional mayor que la no ficción.


También se planteó la cuestión de la deuda que se tiene con otros escritores. Se puede decir, incluso, que todos los libros son secuelas.
Gail Jones está de acuerdo con que somos lo que leemos y, al escribir, honramos en la medida de nuestras posibilidades a nuestras lecturas. Es parte de la esencia del escritor.
Tiffany Murray dice que incluso establece una lista de lecturas cuando se enfrenta a una novela. Libros que quiere leer y que la hacen no sentirse tan sola en su proceso creativo.

En el turno de preguntas del público se planteó la cuestión de si existe una literatura femenina. Rápidamente, Kishwar Desai, que es la más expresiva de las tres, afirma que sí, en el sentido de que ella reacciona ante un sentimiento de injusticia hacia la mujer. Por su parte, Gail Jones duda en su respuesta. No se trata de una militancia ni un compromiso, pero, obviamente, en su trabajo influye su experiencia, y se trata de su experiencia como mujer. Tiffany Murray cree que es el mercado el que hace divisiones, piensa que es una cuestión de marketing. En su opinión, sólo existe la ficción literaria, en sentido amplio, sin compartimentos.

La charla llega a su fin. Ha resultado muy interesante, pero no deja de parecerme curiosa la presencia de estas tres escritoras, desconocidas en nuestro país, en este festival. De hecho tan sólo la novela “La memoria de la luz”, de Gail Jones, está publicada en España.

domingo, octubre 02, 2011

HFS - Janne Teller


Janne Teller es una escritora danesa, autora del libro titulado “Nada”, con el que ha causado no poco revuelo. Ha provocado un fuerte debate que ella, al principio, no entendía. Se llegó a decir que el libro incitaba a los niños al suicidio.
Janne Teller es una mujer alta y delgada. Va vestida de negro. Su tono de voz es suave. Ella dice que es importante plantearse las grandes cuestiones como qué hacemos aquí o cuál es el sentido de la vida a una edad joven, porque luego ya es tarde para ello. Luego uno ya ha hecho sus elecciones fundamentales y ya no le interesa reflexionar sobre estas cosas.

Lee las primeras páginas del libro.
“Nada” cuenta la historia de un niño de catorce años que piensa que no vale la pena hacer nada, puesto que nada tiene sentido. Sus amigos y compañeros se proponen hacerle ver que está equivocado y están dispuestos a encontrar algo que sí tenga sentido. Al principio se plantea como un juego pero, poco a poco, el asunto se va complicando. Cada vez cuesta más renunciar a las cosas que le llevan al protagonista. Una niña le entrega sus papeles de adopción, porque son realmente importantes. Otro lleva una bandera. Otro un crucifijo, Otro una alfombra para rezar... Se van convirtiendo en una especie de fanáticos de la búsqueda del sentido de la vida.
Se ha dicho que se trata de un libro pesimista, con una gran carga de violencia. Un libro nihilista y sin esperanza.

Teller insiste en que el libro plantea una búsqueda y que la violencia tan sólo es un elemento que subyace en ella. Es un resultado de dicho planteamiento, pero en modo alguno era el objetivo del libro.

El título confunde a los lectores porque les induce a pensar que ella quiere decir que, en verdad, la vida no importa nada. Pero Teller niega esta conclusión categóricamente. Para ella el título representa precisamente lo contrario, se trata del temor, de la amenaza, del abismo que es preciso llenar. Por otra parte, no podemos sacar conclusiones, no podemos responder si hay Dios, tan sólo sabemos que es fantástico estar vivos. Sólo sabemos que estamos aquí y ahora y eso está bien.  


Para ella escribir es un medio para intentar aprender. Adora la escritura porque puedes crear un universo y ponerte en el lugar de los demás.

Piensa que si los protagonistas fueran adultos, la historia perdería fuerza. No obstante, el libro está siendo leído tanto por jóvenes como por mayores. Además, la narradora en realidad está contando la historia siendo una mujer de más o menos veintiún años.

Marian Hens, la entrevistadora, insiste en el pesimismo que transmite la historia y se pregunta si se ajusta este libro a nuestro mundo actual.

Janne Teller es contundente: Sí. Los jóvenes se identifican con lo que cuenta. Hoy en día se atrae nuestra atención en tantas direcciones, se nos proporciona tanta información de usar y tirar, que falta tiempo para la reflexión. Estamos en una sociedad cada vez más veloz y competitiva.

Ella cree que no hay una única juventud. Hay muchos grupos diferentes. Las redes sociales no significan necesariamente una alienación. Pueden ser utilizadas de muchas maneras. Unos las usan para hacer una revolución, otros aspiran a conseguir una fama gratuita. Se mueven en el mundo que nosotros hemos creado y buscan su sitio según los patrones que les enseñamos.

Por otra parte, hay en nuestra cultura un excesivo proteccionismo que es contraproducente. Ella cree que, en general, en Escandinavia son menos protectores con la infancia. Por eso no pensó que su historia pudiese resultar escandalosa o despertar el debate que ha provocado en muchos sitios.

El libro lo escribió hace diez u once años, pero ha sido en los últimos años cuando el número de lectores ha aumentado de forma significativa. Inicialmente, ella envió el manuscrito a su editorial y lo rechazaron. Un tiempo después, de forma inesperada, otra editorial se puso en contacto con ella para decirle que habían leído el manuscrito y que les había gustado y que estaban dispuestos a publicarlo. Ahí empezó su aventura.

lunes, septiembre 26, 2011

Hay Festival Segovia 2011



Me resistía a renunciar al Festival. Significaba una ruptura brusca. Pero el compromiso familiar era ineludible. Además, siempre es la familia la que paga la pequeña locura de quien suscribe y esto no es justo. No obstante, el plan secreto se fue fraguando en mi mente, ajustando horarios, transporte, posibilidades... Y finalmente dejé de darle vueltas al asunto y me fui a Segovia el viernes. Tan sólo pude acudir a tres actos, pero algo es algo.

1.- Janne Teller en conversación con Marian Hens
2.- Gail Jones, Tiffany Murray y Kishwar Desai en conversación con Gaby Wood
3.- Javier Marías en conversación con Juan Gabriel Vásquez

En breve les cuento...

martes, septiembre 13, 2011

De esto y lo otro

Acabaron las vacaciones. Acabaron, en realidad, hace un par de semanas, pero no me había acercado por aquí. No sé si es pereza la palabra. Tal vez esté más cerca de un bloqueo (espero que leve). Me siento delante del ordenador, pero las ideas no se materializan. En realidad, yo quería empezar esta etapa con una foto de los ejemplares que la editorial me tiene que enviar de “Los pequeños placeres”. Pero aún no los he recibido. Acaban de decirme que esta semana llegarán. Es posible que esta espera sea la que me tiene un poco atascado. No sé.

Por otra parte, dos noticias me deciden a redactar esta entrada. Dos noticias que quiero compartir.

Ha salido la lista de finalistas del Premio Setenil al mejor libro de relatos 2011:

"Los ojos de los peces", de Rubén Abella (Menoscuarto)
"Vidas prometidas", de Guillermo Busutil (Tropo)
"Pasadizos", de Juan Herrezuelo (Instituto de Estudios Almerienses)
"Tanta pasión para nada", de Julio Llamazares (Alfaguara)
"Los pobres desgraciados hijos de perra", de Carlos Marzal (Tusquets)
"El heladero de Brooklyn", de Fernando Molero Campos (Alhulia)
“Los muertos, los vivos”, de Beatriz Olivenza (Torremozas)
“Ficcionarium”, de Fernando Palazuelos (Baile del Sol)
“Distorsiones”, de David Roas (Páginas de Espuma)
“Cuentos rusos”, de Francesc Serés (Mondadori)

Y le deseo al buen amigo y excelente escritor Juan Herrezuelo, mucha suerte en esta recta final.

Por otra parte, otro premio, el Tigre Juan, en su XXXIII edición, ya tiene también sus finalistas:

“La nueva taxidermia”, de Mercedes Cebrián
“Pampanitos verdes”, de Óscar Esquivias
“Diarios”, de Iñaki Uriarte
“El ciclista de Chernóbil”, de Javier Sebastián

Y en este caso le deseo mucha suerte a Óscar Esquivias.
Al margen de las preferencias del corazón, inevitables, son dos interesantes listas de buenos libros a tener en cuenta.

Y otro premio que se falló ayer, martes y trece, el Ateneo Ciudad de Valladolid que ha recaído en la escritora María Zaragoza por su novela “Los alemanes se vuelan la cabeza por amor”. Me encanta el título.

En otro orden de cosas, acaba de salir el programa del Festival Hay de Segovia que tendrá lugar los días 23, 24 y 25 de Septiembre principalmente. Nombres interesantes como David Vann, Javier Marías, David Mitchell, Alicia Giménez Barlett, Juan Cruz, Juan Gabriel Vásquez, Jordi Soler, Elmer Mendoza, etc.
No he faltado a ninguna edición de este festival desde que se inauguró, bien lo saben quienes siguen este blog desde el principio. Pero este año un ineludible compromiso familiar me va a impedir cumplir con la cita. Lo siento en el alma. Me planteo la posibilidad de ir el viernes por la tarde y regresar por la noche... En fin, locuras que se me pasan por la cabeza.

viernes, julio 29, 2011

Los pequeños placeres

Próximamente...


Sí, ya está cerca.

¡La editorial Paréntesis publica mi libro de relatos “Los pequeños placeres”!


21 relatos.


En Septiembre saldrá a la venta.



Si os apetece, podéis leer uno de los cuentos pinchando aquí.



Texto de la contraportada:

La vida es demasiado breve, y uno siente que debe disfrutar de los pequeños placeres que ofrece. Sin embargo, no es tarea fácil, ya que resulta necesario ignorar las tragedias que suceden a nuestro alrededor, tragedias que podemos encontrar en nuestra pareja, en nuestro propio hijo, en un vecino, en un antiguo compañero de clase o incluso en un desconocido.

Los relatos de “Los pequeños placeres” nos hablan de soledad, del fin de la inocencia, de la incomunicación, del dolor, el remordimiento y la violencia; pero, por encima de todo, nos hablan de seres humanos, gente corriente atrapada en la trampa de la vida, gente que intenta mantener el control cuando las cosas empiezan a distorsionarse.


Y con este notición me despido hasta Septiembre.

Sí, me voy de vacaciones.

¡Feliz verano a todos!

martes, julio 26, 2011

Secuestrados



Una de mis pasiones cinéfilas inconfesables es el cine de terror. He de reconocer que me gusta que una trama me mantenga pegado al sillón y con el corazón en un puño. Y eso es exactamente lo que ofrece y lo que da “Secuestrados”, de Miguel Ángel Vivas. Un artefacto milimétricamente calculado que consigue meter al espectador en una atmósfera claustrofóbica y de una violencia creciente.

Una familia, padre, madre e hija, acaban de trasladarse a una nueva casa. Un lujoso chalet en una privilegiada zona residencial. De pronto, tres encapuchados irrumpen en el hogar y la tensión se dispara. En manos de unos desconocidos, el pánico y la impotencia van minando a los secuestrados, que lo único que pueden hacer es intentar sobrevivir en un espacio cuyas reglas desconocen. En una situación así no hay héroes, sólo víctimas en estado de shock y de indefensión.

Los actores están perfectos en sus papeles, transmitiendo una intensidad y un realismo francamente perturbadores. Fernando Cayo, el padre, intentando mantener la calma, Ana Wagener, una madre absolutamente desbordada por las circunstancias, y Manuela Vellés, la niña mimada que se encuentra de pronto en el centro de un mundo dantesco.

Por supuesto, una de las bazas de esta película es el modo en que está rodada. Doce planos secuencia, sin cortes, que nos llevan de un lado a otro de la casa, de uno a otro de los personajes, sin detenerse, sin darnos tregua, lo cual demuestra una planificación elogiable. Y consigue, con un estilo nervioso que se va acelerando conforme avanza la trama, que nos sumerjamos en ese ambiente cerrado y angustioso. Un film no apto para todos los estómagos, de una violencia extrema y una claustrofobia casi inaguantables. Un film arriesgado, hiperrealista y eficaz.

Trailer:

miércoles, julio 13, 2011

El escritor

El escritor se sienta frente a la pantalla del ordenador dispuesto a renovar el género del relato corto. Algo innovador. Algo que no haya hecho nadie. Algo rompedor. El futuro de la narrativa breve. La pantalla parpadea. El escritor piensa. Tal vez narrar la historia al revés. O alternar voces narrativas. La primera y la tercera persona. El presente y el pasado. Quizá romper la estructura. Fragmentos desordenados. Mezcla de lenguaje científico y lenguaje literario. Metaficción. Personajes reales y personajes inventados. Biografía y fantasía. Mezcla de géneros. Western y Ciencia Ficción con unas gotas de terror gótico. Narrador omnisciente y monólogo interior. El escritor se desespera. Se levanta de la silla y da vueltas por el cuarto. Todo lo que se le ocurre parece haber sido ya hecho con anterioridad. ¡Maldito Cortázar! Inventar un lenguaje nuevo. Utilizar las abreviaturas de los mensajes electrónicos. Historia de amor en un chat. Golpea la mesa con furia. Y de pronto tiene una idea. Estira los dedos y comienza a teclear el principio: Érase una vez…

domingo, julio 03, 2011

Asco


“Asco” es un libro sobre un crucero, o mejor dicho, sobre el modo en que el protagonista, el propio autor, observa todo lo que le rodea en un crucero. Un crucero que resulta ser el mismo que realizó el escritor norteamericano David Foster Wallace para escribir el reportaje titulado “Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer”. Un crucero que se convierte en un catálogo de actitudes, de excesos, de comportamientos desinhibidos, propios de una situación de desmadre propiciada por un estado en el que se supone que uno debe divertirse y que suele denominarse “estar de vacaciones”.

El narrador adopta una actitud bernhardiana, de intransigencia y desprecio hacia las groserías, la falta de educación, los concursos denigrantes, los buffets pantagruélicos, las excursiones agotadoras, las bromas fuera de lugar, las actitudes irrespetuosas hacia los que están realizando su trabajo, etc. etc. Suele ser taxativo en sus aseveraciones y, aunque su primera intención es sólo la de observar, lo cierto es que termina juzgando todo lo que ve, adoptando una actitud beligerante e intransigente ante lo que le parece intolerable, y no duda en admitirlo: Indico y, a posteriori, juzgo, pero no hice nada para evitarlo ni lo haré si me topo en lo sucesivo con escenas similares.

El libro va narrando el itinerario del crucero, presentando situaciones grotescas, galas esperpénticas, pero también describiendo lugares, el encanto de las ciudades que van recorriendo, todo escrupulosamente estructurado y programado. Un libro que fluye sin tropiezos, pese a los diferentes planos que va combinando. Podría ser un libro de viajes sin serlo, también un reportaje cuyas reglas no respeta. Mientras escribe, compara sus vivencias con las que narra Foster Wallace en su libro, acudiendo incluso a sus palabras en alguna que otra ocasión. También recurre a citas de libros o incluso de la wikipedia para completar una descripción. El lado real de lo narrado lo aleja de la novela, así como el posicionamiento subjetivo ante lo que se va encontrando lo acerca a una narración de corte testimonial. Y, como último dato, éste anecdótico, espero que disculpen la licencia, aún se produjo en mi caso un paralelismo asombroso con lo que ocurría a mi alrededor. Me explico. Yo leía el libro mientras realizaba un viaje en tren junto a un numeroso grupo de personas mayores, jubilados seguramente, que resulta que ¡regresaban de un crucero! Y mientras yo leía los pensamiento de ese narrador airado ante el afán de consumismo y la impostada desesperación por comer y fotografiar todo lo habido y por haber, el grupo a mi alrededor narraba sus experiencias y recordaban los lugares visitados a cámara rápida. Una coincidencia francamente desconcertante.

“Asco” es un libro que escapa a las generalizaciones, que no se deja clasificar con facilidad, un libro que respira sinceridad y que aboga por cosas tan desgraciadamente devaluadas como la buena educación, el respeto hacia los demás y las buenas maneras que deberían regir nuestra convivencia. Un libro que denuncia la debilidad del individuo ante la masa, cómo el comportamiento colectivo parece escapar al control de cada uno de sus componentes, cómo se pierde la compostura ante todo aquello que se nos ofrece incluido en un precio que pretendemos amortizar a toda costa y cueste lo que cueste. Un libro sobre nuestra actitud ante lo que nos rodea, nuestro papel en la comedia humana. Un libro, en definitiva, que se lee con interés, que fascina e indigna, que divierte e ilustra.

lunes, junio 27, 2011

El discurso del rey


La épica se encuentra en la lucha contra nuestras limitaciones. El discurso del rey es un auténtico thriller en el que el malvado rival que hace la vida imposible al protagonista es su propia tartamudez, defecto enormemente importante para alguien que está obligado a dar discursos solemnes. La relación del rey Jorge VI con un particular instructor, Lionel Logue, que le ayudará a dominar el problema, es la base sobre la que se sustenta el film. Dos antagonistas unidos por un fin común, preparándose para lo que ha de ser la prueba de fuego, el discurso más importante, aquel en el que se informa al pueblo inglés del inicio de la guerra con Alemania. No pueden cometerse fallos en un momento así. Gran película, rodada de una forma amena, con momentos divertidos y siempre respetuosa con los personajes. Tanto Colin Firth como Geoffrey Rush están enormes en sus interpretaciones, y lo mismo para Helena Bonham Carter.
Acaba de editarse en DVD.

lunes, junio 20, 2011

Lo que fue de nosotros


Carlos Manzano es uno de esos escritores que realiza su labor discreta pero incansablemente, un narrador nato con una prosa estilísticamente muy cuidada. Tiene dotes más que suficientes para que su nombre aparezca siempre que se hable de autores que han de tenerse en cuenta. Gente con mucho menos mérito y menos capacidad anda por ahí haciendo mucho ruido. Y es que a veces la literatura se mueve al ritmo de esos ruidos, de lo que uno sea capaz de gritar. Es muy difícil que un libro, por sí solo, por bueno que sea, se abra camino. Es necesario un golpe de suerte muy grande. Y es una pena. Hay que destacar este tipo de obras y este tipo de escritores. Y no sólo cuando al autor le acompañe una circunstancia personal que pueda resultar cuanto menos “curiosa”, como un trabajo en una fábrica o conduciendo un autobús, por decir algo, sino cuando realmente el libro tenga méritos suficientes para ser recomendado sin dudas ni rubores, con la seguridad de que quien se acerque a ese libro no va a salir defraudado y se va a encontrar con una lectura estimulante.
Carlos Manzano nació en 1965, en Zaragoza, es autor de las novelas “Fósforos en manos de unos niños”, “Vivir para nada” y “Sombras de lo cotidiano”, publicados todas ellas por la editorial Mira. También es autor de la novela corta “Las fuentes del Nilo”, que resultó finalista del I Premio Letras de Novela Corta en 2003, de “El desierto”, que fue ganadora del I Concurso Literario Villa de Benasque, y de la novela “Lo que fue de nosotros”, editada por ediciones Nuevos Rumbos. Manzano, hombre de gran curiosidad y voracidad literaria es también el coordinador de la revista digital “Narrativas”.
Me llevé el libro “Lo que fue de nosotros” en el viaje que hice hace poco a Alicante. La lectura del libro de Carlos Manzano me absorbió de inmediato, en cuanto leí las primeras frases:
Hay tragedias que nunca se superan. La muerte de un hijo, por ejemplo. O peor aún: su asesinato cobarde. Un asesinato sin culpables, un crimen nunca aclarado, sin nadie sobre quien verter tu odio, tu rabia, tu resentimiento inagotable. Sé muy bien de lo que hablo: a mi hijo de tres años lo mataron salvajemente porque sí, sin motivo alguno, por el simple placer de matar.
Un principio así te corta la respiración y te obliga a cambiar de postura en el asiento (al menos eso me ocurrió a mí) y seguir leyendo. La primera parte alterna las voces de los padres del niño asesinado, que se han separado y han decidido afrontar la desgracia desde posiciones muy diferentes. El padre, obsesivo, ha tenido incluso que pasar una temporada en un psiquiátrico. La madre, por su parte, se rebela contra la vida ordenada que ha llevado siempre y se lanza a una experiencia sexual que no parece tener un rumbo definido. La segunda parte de la historia está narrada por el policía encargado del caso, cercano a la jubilación y obsesionado no sólo con el asesinato sino también por la madre del niño. Y, por último, la tercera parte recupera las voces del padre y la madre para cerrar la trágica historia.
Un libro breve, de apenas un centenar de páginas, que nos habla de cómo sobrevivir a una tragedia, del rumbo que damos a nuestras vidas, de las recónditas razones que a veces guían nuestros actos. Una novela que se lee de tirón.



Su libro anterior, “Sombras de lo cotidiano”, tiene como protagonista a un escritor cuyas obras son rechazadas por falta de vigor y vacío argumental, lo cual le mueve a buscar un tema real sobre el que escribir: el crimen de una familia en Valladolid que fue llevado a cabo, al parecer, por la joven asistenta del hogar, aunque sin que se sepan los motivos que la empujaron a tal atrocidad. Así que el escritor pide vacaciones en su trabajo y se desplaza a Valladolid, dispuesto a indagar en esa historia. La primera noche que pasa en esa ciudad conoce a una perturbadora mujer con la que vive una impetuosa relación. A partir de este momento, la trama, disfrazada de novela negra, indaga en el interior de su personaje y en las cuestiones que rigen nuestra existencia y nuestro destino.
Como dice el protagonista de este libro: Lo importante es el hecho mismo de escribir, es lo que te ayuda a reconciliarte contigo mismo.

domingo, junio 12, 2011

Feria del Libro 2011


Este año se complicó todo y sólo pude estar en la Feria del Libro de Madrid un día. El sábado día 11 realicé un viaje relámpago aprovechando una de las ofertas del AVE y me planté en Madrid. El día fue extremadamente caluroso y la Feria me resultó más larga que otros años. No es de extrañar que por la noche tuviera que poner los pies a remojo.

Me llevé una mochila vacía y la traje llena de libros. Ninguno de un autor alemán, pese a que la Feria estaba dedicada este año a la literatura alemana. Lo cierto es que no percibí ninguna presencia de autores alemanes por allí. En cambio, la que sí visitó el parque del Retiro para firmar infinidad de libros fue Isabel Allende.



La cola de gente esperando una firma suya era, por decirlo de algún modo, escalofriante.



Sentía que debía aprovechar al máximo el tiempo. Estuve consultando los autores que iban a firmar ese día. Bueno, los que aparecen en la lista porque la experiencia dice que luego se encuentra uno con gente firmando que, en principio, no estaba anunciada en ninguna parte. Belén Gopegui firmando su último libro, “Acceso no autorizado”. Elvira Lindo firmaba una recopilación de sus artículos, “Don de gentes”. Rosa Montero, su último libro, “Lágrimas de Lluvia”. Antonio Muñoz Molina, Leopoldo María Panero, Manuel Vicent, Mario Muchnik, Rafael Reig, Benjamín Prado, Lorenzo Silva o Jimina Sabadú, autora de la novela “Celacanto”, ganadora del XVI Premio Lengua de Trapo de novela, entre otros muchos.



Por supuesto, había autores muy solicitados, como Matilde Asensi, María Dueñas, Kate Morton, Javier Sierra, Albert Espinosa, que sigue siendo uno de los más vendidos con su libro “Si tú me dices ven lo dejo todo, pero dime ven”, título extraño donde los haya, Megan Maxwell, Care Santos... También caras conocidas de la televisión, como Nuria Roca o Javier Sardá.




Aproveché para visitar la caseta en la que se encontraba la editorial Traspiés. Allí estaba mi libro y todos los títulos de la colección Vagamundos, entre ellos los dos últimos lanzamientos: “Lecturas y lugares”, de José Luis García Martín, y “Una sombra en Pekín”, de José Ángel Cilleruelo. Me llevé estos dos títulos, firmados amablemente por sus autores.




También compré el último libro de Manuel Longares, “las cuatro esquinas”, en el que reúne cuatro historias ambientadas en Madrid.



El libro de cuentos de Irene Jiménez, “La suma y la resta”, editado por Páginas de Espuma. Éste es su cuarto libro de cuentos, después de “La hora de la siesta”, “El placer de la Y” y “Lugares comunes”. Una autora de la que había oído hablar mucho y que tenía ganas de conocer.



La novela de Esteban Gutiérrez Gómez, “La enfermedad del lado izquierdo”, editada por Eutelequia, que narra la historia de un hombre que se rebela contra una existencia excesivamente programada. Uno de esos libros que se está dando a conocer gracias al boca oreja de sus lectores.



Y, por supuesto, aproveché para comprar el último libro de Miguel Ángel Zapata, “Esquina inferior del cuadro”, editado por Menoscuarto. Al parecer, Zapata, que ya había publicado dos recomendables libros de microrrelatos en la editorial Traspiés, “Baúl de prodigios” y “Revelaciones y magias”, reúne en este nuevo libro historias de mayor extensión cuyos protagonistas, según cuenta la sinopsis, aparecen esquinados, fuera de lugar, ajenos a su tiempo y sus deseos.



Además tuve la suerte de poder encontrarme allí con amigos como Pepe Cervera, José Ángel Barrueco, Francisco Javier Torres, Fernando Valls, José Antonio López, Juan Jacinto Muñoz Rengel... y de conocer a Jesús Ortega, autor del libro de relatos “El clavo en la pared” (Cuadernos del Vigía), a David Roas, cuyo último libro se titula “Distorsiones” (Páginas de Espuma), y a Luis Argeo, cineasta y escritor de guías de viaje.

El año que viene espero poder estar más tiempo, tomármelo con un poco más de calma y, con suerte, disfrutar de una Feria muy especial.


viernes, junio 03, 2011

Network


En 1976, Sidney Lumet dirigió una película sobre el mundo de la televisión titulada Network, que llevaba al límite lo que supone para los medios de comunicación su sometimiento a los índices de audiencia, imaginando qué barreras morales podrían saltarse amparándose únicamente en lo que quiere ver la gente. Aquí se estrenó con el subtítulo Un mundo implacable. El guión era de Paddy Chayevsky, y se dice que se inspiraba en el caso real de la presentadora Christine Chubbuck, que se suicidó en directo en su programa.
Un film más que recomendable, con unas interpretaciones excelentes y una carga de denuncia social que se echa de menos en el cine actual. No sólo los medios de comunicación salen mal parados en esta película, también algunos personajes, víctimas de su ambición y que no dudan en justificar sus actos con el argumento de la “profesionalidad”. El caso es que todo lo que plantea Network sigue siendo aplicable en la actualidad, y no es difícil darse cuenta de que algunas cosas incluso han empeorado.
Network cuenta la historia de un presentador de televisión que anuncia que se suicidará en directo, ya que le han comunicado que van a cesarle debido a las bajas audiencias. De inmediato, el programa se convierte en un éxito y las posturas de los directivos de la cadena empiezan a enfrentarse. Unos dicen que hay que retirar al presentador y convencerlo para que se someta a tratamiento, pero otros sostienen que lo más inteligente es explotar este nuevo “filón” y convertir al presentador en una especie de predicador. Con esta premisa, la denuncia sobre los maquiavélicos intereses que pueden determinar la toma de decisiones en un medio de comunicación es demoledora.
Me gustaría colgar uno de los monólogos más impactantes del film. Sólo lo encontré en versión original subtitulado en francés, pero debajo del vídeo está el texto en español. Un discurso que también sigue vigente, especialmente en estos momentos de indignación ciudadana.





No tengo que decirles que las cosas están mal, porque todo el mundo lo sabe. Hay crisis. Mucha gente está sin empleo o con miedo de perder el que tiene. Con un dólar se compra por valor de un centavo, los bancos quiebran, los tenderos guardan un revólver en el cajón, lo maleantes andan sueltos, nadie sabe qué hacer. Y, lo que es peor, no se ve una solución. El aire es tan malo que no se puede respirar, y los alimentos tan malos que no se pueden comer. Seguimos sentados ante el televisor mientras un locutor nos cuenta que durante el día ha habido quince homicidios y sesenta delitos violentos, como si eso fuera lo más corriente del mundo.
Sabemos que las cosas están mal. Peor que mal: están locas. Todo en todas partes se vuelve loco y ya no queremos salir a la calle. Nos quedamos en casa y lentamente el mundo en que vivimos se empequeñece y sólo decimos: “por favor, dejadme vivir tranquilo en mi living, dejadme con mi tostadora, con mi radio, mi televisor y mis electrodomésticos y no diré nada, dejadme en paz”.
Pues yo no voy a dejarles en paz. Quiero que se irriten conmigo. No que protesten ni que hagan manifestaciones, ni que escriban a su diputado, porque yo no sabría decirles qué es lo que deben escribir. No sé qué hacer con la crisis, ni con la inflación, ni con los rusos, ni con el crimen en las calles... Lo único que sé es que tienen ustedes que montar en cólera. Tienen que decir: ¡Soy un ser humano, maldita sea! ¡Mi vida tiene un valor!
Quiero que ahora se levanten todos, que se levanten todos de sus sillones, quiero que se levanten todos y que vayan a sus ventanas, que las abran y que saquen la cabeza gritando: ¡Estoy más que harto y no quiero seguir soportándolo!
¡Estoy más que harto y no quiero seguir soportándolo!
¡Estoy más que harto y no quiero seguir soportándolo!