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lunes, abril 01, 2013

Miguel Ángel Muñoz - Cuestionario básico



1.- ¿Por qué escribes?

Muchas veces me lo pregunto, con tono lastimero. No me ha quedado otra opción, ya que lo deseaba desde niño, y eso lo convierte en una maldición a la que no puedo resistirme. Uno no escribe permanentemente pero sí quiere escribir siempre, y esa lucha entre el querer escribir siempre y no ser siempre capaz de hacerlo es algo devorador, la verdad. No se debería tener el deseo de escribir desde tan chico, porque el camino de la literatura y de la publicación es tan duro y mezquino que acaba agotándote. Yo sería más feliz no deseando ser escritor pero es algo que no puedo decidir. En una sociedad como la que vivimos, en la que muchos escritores, como chiste de moda, desprecian la literatura, ¿tiene algún sentido escribir? Insisto, sin embargo, en que no hay remedio. Hay quien afirma, con desapego, que es mejor no quejarse y simplemente decir “no”, dejar de escribir. Respeto que haya escritores para los que eso sea posible. Ojalá lo fuera para todos.  

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Creo que el único modo de escribir es con disciplina y continuidad, y con horas por delante. Cuando no tienes horas por delante, ni puedes escribir con disciplina y continuidad, no puedes tener costumbres, ni preferencias, ni supersticiones. Te limitas a sobrevivir.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

Supongo que el más indicado para hablar de la propia obra no es uno mismo, pero es curioso que a pesar de que siempre me ha interesado cambiar de registro, intentando que cada historia no tenga demasiado que ver con la anterior, acaban apareciendo ciertos temas que atraviesan los distintos proyectos en los que me embarco. Desde que comencé a escribir me interesó el plantearme la literatura un poco a la manera en que afrontaban el cine los directores clásicos: ahora un western, ahora un policiaco, una historia de terror, un drama furibundo, un vitalista musical. Lograr una invisibilidad del autor, como esa cámara a la altura de los ojos del cine americano. Eso es posible quizás para los cuentos, pero los rasgos comunes aparecen con más evidencia en las novelas. Creo que mis personajes son siempre antihéroes que sin embargo tienen una tarea heroica, que luchan por lograr algo que les niega el mundo exterior, y las historias dan testimonio de ese proceso fracasado. Al fin y al cabo ese es el sustrato de las novelas de aventuras, aunque en mi caso esos aventureros han leído a Kafka y Camus. También reconozco atracción por las historias oscuras, inquietantes o incluso perversas. Me gusta el fantástico cotidiano y quiero que eso impregne cualquier historia, por realista que sea.

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Leer a los grandes, pensar en los grandes. Te comprenda alguien o no, te lea alguien o no, negarse a contemporizar, como si fuera la mayor de las corrupciones.

5.- ¿Eres de los que se deja llevar por la historia o de los que lo tienen todo planificado desde el principio?

Planifico mis novelas meticulosamente, con toda la documentación posible, acabe siendo utilizada o no. Creo que hay que construir para las novelas una sólida muralla medieval y, una vez hecho esto, en el patio de armas, permitir la mayor de las juergas.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Hay numerosos autores de cabecera que se van sucediendo en distintas épocas y que se unen a esas épocas hasta definirlas en mi memoria literaria. Autores que leí con voracidad y que luego no siempre han seguido acompañándome o que no he releído por el arrastre de las nuevas lecturas. Ejemplo de ello pueden ser Delillo, al que leí a comienzos de los noventa, cuando no era una moda un poco histérica, o Auster, al que le he tomado una cordial manía después de disfrutarlo mucho. Pero puntales, puntales, los cuentos de Cortázar, Thomas de Quincey, Rousseau, o ese grupo magnífico de amargados: Pessoa, Pavese, Bernhard; también Sciascia, Stevenson, siempre Stevenson, Cheever, Flaubert, Camus, Chéjov, Flannery O’Connor y, de los últimos años, Chirbes o Mcewan, entre muchos otros. Por nombrar unos cuantos libros inolvidables, Madame Bovary, las Confesiones de Rousseau, El rey de los alisos, y los que más veces he leído: La isla del tesoro y Lazarillo de Tormes.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.

El último libro que he publicado ha sido la novela “La canción de Brenda Lee”, a finales de año. Es un proyecto que me ha ocupado varios años, del que estoy muy satisfecho. Su protagonista es un músico de jazz que se mete en un desvarío sexual, y que se desarrolla en la primera mitad de la década pasada y en los años setenta, época en la que el padre del protagonista triunfó en el mundo de la música. Me lo pasé bien mezclando una historia sobre los límites del deseo y otra sobre el peso de la canción que heredamos a través de la familia y la relación padre-hijo.
Respecto a los proyectos, acabé esa novela hace bastante tiempo y ahora mismo estoy atrapado en uno de esos bloqueos que yo creía eran puro mito. Sinceramente, alterno bipolarmente entre arranques creativos y susurros de nuevas historias y largos periodos en que quisiera tener fuerzas para no volver a escribir nada más, nunca más.



Miguel Ángel Muñoz (Almería, 1970) ha publicado dos libros de relatos: El síndrome Chéjov (2006) y Quédate donde estás (2009). La canción de Brenda Lee (Menoscuarto, 2012) -Premio Sintagma 2012 y Premio de los libreros de Almería- es su segunda novela tras El corazón de los caballos (2009) (Alcalá). Su narrativa breve también se ha visto reconocida con diversos galardones (Ciudad de Benasque, Fernando Quiñones...) y ha sido incluida en varias antologías del género, como Siglo XXI. Los nuevos nombres del cuento español actual (Menoscuarto, 2010) y Pequeñas Resistencia 5 (Páginas de Espuma). Desde 2006 mantiene un activo blog que rápidamente se convirtió en espacio de referencia para la narrativa breve. Reunió en libro (La familia del aire, 2011) una treintena de entrevistas a los principales escritores de relatos del panorama español que habían ido apareciendo en su blog El síndrome Chéjov. Colabora en Diario Kafka.