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sábado, septiembre 30, 2017

Hay Festival Segovia 2017

Un año más se celebró el Hay Festival de Segovia. Contaré brevemente los actos a los que acudí, por no faltar a mi cita, aunque debo reconocer que percibo cierto desgaste. Creo que faltan propuestas nuevas, que algunos invitados ya han repetido varias veces, tal vez demasiadas, y que falta más presencia de escritores internacionales. La oficina de entradas del Festival ha sido trasladado a un edificio próximo a la iglesia de San Martín. La mayor parte de los actos siguen ubicándose en la IE University, campus de Santa Cruz La Real, por lo que la dispersión es mayor y a veces llegar de un acto a otro a tiempo resulta complicado. También se echa en falta un papel más relevante de las librerías de la ciudad. Recuerdo que un año hubo una pequeña Feria del Libro montada en la plaza Mayor, ¿por qué desapareció esta interesante iniciativa?


Llegué a la charla de Ana Gavín con el escritor Antonio Muñoz Molina. El autor habló de las ciudades en las que ha residido y del modo en que percibimos esos lugares. Uno debe entrenarse cuando visita una ciudad y aprender a observarla, a fijarse en lo que la define. Dijo que iba a instalarse con su mujer en Lisboa, que era una ciudad que todavía conservaba su esencia y que respetaba la historia de sus rincones, de sus comercios. En Madrid ha habido un afán por modernizarlo todo, por transformar la ciudad con urgencia. También habló de sus inicios como escritor, de su primer viaje a Madrid siendo un muchacho y lo que le costó adaptarse.


Uno de los actos que más esperaba era la charla de Jeanette Winterson. pensé que iba a ser una conversación con Peter Florence sobre sus influencias literarias, pero la escritora se plantó en medio del escenario, sola, de pie, y pronunció un discurso de cuarenta y cinco minutos sobre Shakespeare, sobre "Cuento de invierno" y su nueva versión en los escenarios, sobre el amor, sobre su juventud, sobre la época que vivió en un coche. Sin guión, sin ningún apoyo, como si lo llevara aprendido de memoria. Me pareció fascinante.


En el Palacio Quintanar se celebrara una charla con los escritores Juana Adcock y Manuel Astur, ambos elegidos como dos de las "Diez Nuevas Voces de Europa" por Literature Across Frontiers. La charla la moderaba la escritora Marifé Santiago y se centró en la obra de los dos autores, principalmente en su poesía. Hubo también lectura de algunos de sus textos. Me hubiera gustado que comentaran cómo estaban viviendo la experiencia de formar parte de esas Nuevas Voces, pero no entraron en esa cuestión. Tuve que irme un poco antes de que finalizara para poder llegar al acto siguiente.


La charla de Javier Marías estaba llena, no cabe duda de que es un autor que interesa a la gente. Su discurso es ameno y se centró en su último libro, "Berta Isla". Se podría decir que fue una presentación de libro en formato gigante. Habló también de su método de trabajo, de su manía por seguir escribiendo a máquina, de los borradores de sus novelas…


Uno de los puntos fuertes del festival este año era la presencia de Richard Ford. Creo que había levantado gran expectación, pero el acto se suspendió cuando el autor norteamericano decidió no viajar a España después de los atentados de este verano en Las Ramblas de Barcelona. Así que, en su lugar, fui a ver la charla con Fernando Aramburu y es posible que saliera ganando porque fue realmente interesante. Aramburu se mostró cercano, sencillo y contó con sinceridad todo lo que le estaba suponiendo el éxito de su novela "Patria", de la que desveló algunas claves.


Por último pude ver al fin el interesante documental "Vida y ficción", realizado por José Ovejero y Edurne Portela, en el que varios autores hablan de cómo entienden la escritura, entre otros Marta Sanz, Hipólito G. Navarro, Antonio Orejudo, Sara Mesa, Luisge Martín, etc.

En fin, el año que viene más. O no.

viernes, septiembre 30, 2016

HFS - Rosa Montero


Entro de nuevo en el Aula Magna de la IE-University. Consigo sentarme en un sitio bastante aceptable. Veo entre el público alguna persona que reconozco de otros años, fieles asiduos como yo. No veo escritores. Al parecer, los escritores no van a escuchar a otros escritores.
La escritora Rosa Montero presenta su último libro, La carne, acompañada por la escritora argentina Claudia Piñeiro.

¿Es quizá un libro autobiográfico? No, pero es un libro en el que pretende hablar de su mundo sin hablar de ella. La idea nace de una anécdota sobre una mujer mayor que contrató a un gigoló para dar celos a su amante. Así surge el personaje de Soledad Alegre (el nombre ya es un oxímoron en sí mismo), una mujer de sesenta años, comisaria de arte, que hace exactamente eso: contrata a un gigoló para dar celos a un ex amante. Pero las cosas se tuercen y la relación con ese hombre se vuelve rara, incluso peligrosa.


Rosa Montero dice que el libro tiene una estructura nabokoviana, es decir, que el lector tiene que ir recomponiendo la historia conforme la va leyendo.
La charla de Rosa Montero es muy fluida y rápida, enlaza unos temas con otros, y casi no puede intervenir Claudia Piñeiro.
Se habla del proceso de escritura, de las manías del escritor, de algunos "secretos" del libro. Se habla también de un tema que, como comprobé más tarde, se iba a repetir en otras charlas, con más o menos protagonismo: la relación entre la realidad y la ficción.
Soledad Alegre está preparando una exposición sobre escritores malditos, así que en la trama se van intercalando las historias de estos escritores: todas reales excepto una que se inventó, confiesa como una niña orgullosa de su travesura.
También aparece ella en el libro, la autora, pero vista a través de los ojos de su personaje, que resulta un poco misógina y llena de rabia, algo que le divirtió mucho. No es la primera vez que se mete en las páginas de sus libros. Cuenta que en su novela "La hija del caníbal" aparecía una Rosa Montero que era una escritora guineana marisabidilla y gritona.

Cuenta que en La carne también aparece Ana Santos, que es la Directora de la Biblioteca Nacional.


En una ocasión se inventó una obra falsa titulada El caballero de la rosa, que algunos críticos dieron por auténtica.

Estas cosas le divierten. Son como juegos privados del escritor. De hecho, en este libro se ha sentido muy libre a la hora de escribir. Cuenta un secreto más. La protagonista de La carne vive en la calle del Espejo, en un edificio que es en realidad el edificio en el que Rosa Montero vivió cuando tenía 26 años. En la buhardilla de ese edificio vive una periodista de 28 años llamada Ana que tiene un hijo. Se trata, en realidad, de la protagonista de su primera novela. "Crónica del desamor". Es algo que, seguramente, nadie advertirá, pero a ella le apetecía mucho que esos dos personajes se encontraran.


Define La carne como un libro en el que reflexiona sobre la vejez, pero también sobre la soledad. Y se plantea algo de lo que no solemos ser conscientes: ¿Cómo saber cuándo es la última vez que hacemos algo que nos apasiona? La última vez que escalamos una montaña, o que hacemos el amor, o que comemos sin control, o que nos emborrachamos… es posible que, en algunos casos, ni seamos conscientes de ello.
Claudia Piñeiro le pregunta sobre el oficio de escribir. Rosa Montero dice que hay tres cosas que son muy difíciles en una novela. En primer lugar, marcar el paso del tiempo, plasmar cómo los personajes han cambiado con los años. También las novelas corales son muy difíciles, resulta muy trabajoso definir con claridad diferentes voces narrativas. Y, por último, y tal vez lo más importante de todo: manejar los silencios. En un libro es casi más importante lo que no nos cuentan que lo que nos cuentan.
Y así, escuchando a esta mujer capaz de contagiar su entusiasmo por la literatura, pasa el tiempo sin que nos demos cuenta, hasta que finaliza la charla.


lunes, octubre 19, 2015

HFS - Los Roncagliolo y final

La charla entre los escritores Carrie Snyder, Tim Bowler y Sadie Jones fue en el Campus de Santa Cruz La Real, y el siguiente acto volvía a tener lugar en el Palacio Quintanar, así que tuve que salir un poco antes de que terminara aquel y apresurarme a llegar al siguiente, del que me separaba una caminata ligeramente cuesta arriba de unos diez minutos aproximadamente. Cuando llegué, me recibió un cartel que decía "Aforo completo", pero yo tenía una entrada, así que me dejaron pasar. Tuvieron que añadir sillas. El local era alargado y claramente insuficiente para toda la gente que estábamos allí, el calor era sofocante. 


En el estrado, sentados frente a frente, Rafael Roncagliolo, Embajador de Perú en España, y su hijo, el escritor Santiago Roncagliolo. La charla estaba comenzada y se escuchaba con dificultad. El ambiente entre ellos era de gran complicidad. Una charla padre e hijo en la que iban desgranando recuerdos, lecturas, la historia de su país y de sus vidas. No pude tomar notas en esta ocasión, así que no puedo reproducir con detalle la charla. Puedo decir que se habló de religión, de la teología de la liberación, del Papa... Dijo Santiago que cuando escucha al Papa Francisco recuerda a los curas de su infancia. "Me temo que soy católico", dijo. Y le sorprendió cuando llegó a Europa que la Iglesia parecía estar obsesionada con la sexualidad. "Que yo recuerde Jesús hablaba de los pobres, no de los heterosexuales", dijo de modo jocoso. 


El primer libro que leyó Santiago fue Tiburón, de Peter Benchley, y el segundo uno de García Márquez, por indicación de su padre, aunque sólo tenía ocho años.

La dimensión política de la literatura del boom es muy importante. Hasta entonces la literatura había estado más marcada por el indigenismo, y la aparición de esta literatura más urbana, con autores como Vargas Llosa, Alfredo Bryce o José Ramón Ribeyro, fue algo muy significativo. No hay ninguna obra que describa la situación de Perú en aquel momento como lo hace Conversación en la Catedral


Siguieron repasando obras y momentos decisivos en la historia de Perú. La situación a mediados de los ochenta, en plena paranoia por Sendero Luminoso. Cuenta Santiago Roncagliolo que unos amigos dispararon su cámara con flash por la noche y fueron arrestados por los militares y retenidos varios días. Visitaron sus casas, y las casas de sus amigos, y él estuvo seguro de que si iban a su casa y veían los libros que tenía, que eran todos revolucionarios, iba a tener un gran problema. 
Los años noventa, en los que el mundo cambió radicalmente. Cayó el muro de Berlín. En esa época los padres de Santiago se separaron y su padre bromea diciendo que eso no tuvo nada que ver con la caída del muro. También repasaron la época de Fujimori, en la que se acabó con el terrorismo y supuso un cambio de modelo económico importante. 


Nombraron un libro reciente de Renato Cisneros, titulado La distancia que nos separa, una suerte de memoria sobre la historia de la familia de este autor cuyo padre fue, precisamente, uno de los militares más autoritarios.
Santiago dice que libros como ese en España le parecen impensables, dada la dificultad que parece existir en este país para revisar la memoria histórica, aunque también hay autores que han hecho cosas en esa línea, como quizá Cercas o Martínez de Pisón.

En el turno de preguntas se plantea la situación de Cataluña y ambos coinciden en que resulta muy interesante vivir en España en este momento. Santiago Roncagliolo dice que España está viviendo grandes cambios, una especie de segunda transición. Le parece triste la situación de Cataluña porque siente que no sólo está rompiendo con España sino también con la comunidad latinoamericana.  


Aquí finalizó este año mi visita al Festival Hay de Segovia. Espero que les hayan interesado estas crónicas.

jueves, octubre 15, 2015

HFS - Carrie Snyder, Tim Bowler y Sadie Jones


La canadiense Carrie Snyder, autora de la novela La corredora, que narra la historia de Aganetha Smart, una mujer que, en las primeras olimpiadas en las que se permite participar a las mujeres en las pruebas de larga distancia, consigue una medalla de oro para su país; el británico Tim Bowler, autor de literatura juvenil que ganó la más alta distinción del mundo anglosajón para una novela para jóvenes en 1998, la Carnegie Medal, por su obra River Boy, un libro sobre la pérdida que narra la historia de una joven llamada Jess, muy unida a su abuelo, un artista que está a punto de morir (respecto a ese libro dice que su mayor preocupación fue que el personaje femenino resultara creíble); y Sadie Jones, escritora inglesa cuyo último libro publicado en España se titula El papel de nuestras vidas, sobre unos personajes que intentan abrirse camino en el mundo del teatro, un libro que surgió de una sensación muy íntima, quería escribir sobre la pérdida del amor, y en esta indagación se encontró con una frase que le impactó y que hacía referencia a que el amor romántico surge cuando se encuentran dos patologías. A estos tres autores los entrevista Berna González Harbour, periodista y autora de novela negra. Tras la primera ronda de presentación, abre el debate con una pregunta muy concreta: "¿Por qué escribís?"


Carrie Snyder vivió en muchos países: EE.UU., Nicaragua, Canadá, porque sus padres eran pacifistas. La memoria es muy importante para ella. Escribe porque no tiene más remedio. Cuando algo le interesa continuamente, y llega a ser obsesivo, hasta que consigue escribirlo no puede quitárselo de encima. Prefiere la novela, aunque ha escrito relatos, poemas, y también tiene un blog.
Empezó a leer a los cuatro años y a los siete ya quería ser escritora. En el libro Guinnes leyó que la escritora que había publicado más joven lo hizo a los cuatro años y eso le pareció fatal, le desilusionó no poder ser ella la que publicara más joven.


Tim Bowler también empezó a escribir joven, a los cinco años. Su primera obra la publicó cuando tenía catorce. Afirma que escribe para enfrentarse a la complejidad, la perplejidad, la belleza, el dolor de la vida. Si se amplía la pregunta a por qué se crea el tema se complica. ¿Por qué pintaba o esculpía el hombre primitivo? Sin duda es un impulso muy poderoso del ser humano que nos lleva más allá de la mera supervivencia, que nos ayuda a explicarnos.
Escribir es una forma de explorarse, de definirse. Escribimos porque nuestros antepasados pintaban en las cavernas. Es una forma de decir "He estado aquí y mira lo que hice".


Sadie Jones dice que sus motivos son los mismos que ya se han mencionado. Escribe porque es algo que no puede evitar, es compulsivo. ¿Por qué crear un mundo paralelo cuando no somos capaces de gestionar el mundo real? Por el mismo motivo por el que se tienen hijos aún siendo consciente de que en el mundo hay ya demasiada gente. Es un impulso. Se hace porque no hay más remedio. Lo cierto es que no es feliz si no escribe.

Se dice que el arte da forma física al fuero interior. Escribir es un acto espiritual.


Berna González Harbour cuenta que ella intentó escribir una novela cuando era joven, pero no lo consiguió. Pensó que no tenía nada que aportar al mundo literario, que ya existían demasiados libros, así que estuvo quince años sin escribir, hasta que comprendió que sus libros eran necesarios para ella misma y reemprendió su carrera de escritora.
Escribir, además, le ha permitido tener experiencias que de otra forma no habría tenido, como conocer y conversar con un policía o con un forense, algo que hizo para documentarse a la hora de escribir uno de sus libros.


Carrie Snyder dice que casi todo ocurre en su imaginación. Pero también ocurre que la gente te cuenta historias y a veces pareces un psicoterapeuta.
Tim Bowler interviene diciendo que las mejores historias son las que no te cuentan. Las historias nos rodean y a él lo que le interesa es la historia que condiciona un determinado comportamiento, es decir, indagar en por qué ocurren las cosas.
Sadie Jones coincide en el concepto de literatura como experimentación, aunque pueda sonar paradójico que se necesite el mundo real para escribir y luego haya que aislarse de esa realidad, porque se escribe a solas en una habitación.

Mi atención durante el debate se desvía intermitentemente a una de las traductoras, que es visible detrás de un cristal en la pared que hay a mi derecha. Gesticula mucho, mueve las manos, es como si se dejase poseer de algún modo por la persona a la que está interpretando, nunca mejor dicho.


Surge un debate sobre si el periodismo y la ficción son géneros opuestos.
Carrie Snyder dice que existe un periodismo a la altura de la mejor ficción, pero a ella lo que le asusta del periodismo es que debe ser muy fiel a la realidad.
Sadie Jones dice que la gente necesita historias y no cree que se pueda reinventar la novela.
Tim Bowler, por su parte, dice que no le importan las etiquetas. La literatura no tiene edad. La historia lineal sigue presente. La novela clásica en su desarrollo no muere porque la gente sigue necesitando historias.

La charla llega a su fin, pese a que se ha abierto un nuevo debate sobre la forma de la narración. También alguien del público pregunta sobre esta cuestión. Carrie Snyder no desprecia otras formas de articular una historia, el formato del blog, por ejemplo, ya supone una nueva forma de narrar. Pero Tim Bowler sigue defendiendo la historia en su forma clásica, la fascinación del drama o la aventura bien dosificada.

La charla llega a su fin y cuando salgo del Campus de Santa Cruz la Real, ya es de noche. El aire es fresco. Alguien que camina justo detrás de mí comenta con su acompañante que este fin de semana, con motivo de la celebración del Hay, se celebran todo tipo de actos hasta altas horas de la madrugada. Esta misma tarde estaba anunciado un concierto gratuito de la cantante Clara Blume en la Plaza de San Martín que despertó mi curiosidad pero al que ni siquiera pude acercarme.

lunes, octubre 12, 2015

HFS - Maylis de Kerangal


Maylis de Kerangal es una interesante escritora francesa de la que se han publicado en español dos libros: Nacimiento de un puente y Reparar a los vivos. Fue entrevistada por Guillermo Altares en el Palacio Quintanar. El acto empezó con un ligero retraso debido a problemas técnicos con los equipos de sonido. Entre el público estaba Emmanuel Carrère.

Sus libros tienen una dimensión documental y de exploración que los hace muy interesantes. No suele narrar historias protagonizadas por un personaje, en sus libros el objeto principal sobre el que gira todo lo demás suele ser algo colectivo. En ellos puede haber varios personajes importantes, pero a la autora le preocupa que no haya uno que lo acapare todo, y pone especial cuidado en ello.

No se plantea cambiar de registro, no porque tenga muchos lectores o buenas críticas, sino porque se siente cómoda escribiendo este tipo de historias. Le parece que escribe novelas de acción, que en sus libros hay una dimensión épica, y desde luego no se siente obligada a escribir según lo que se pueda esperar de ella, eso supondría una presión demasiado grande.


Me llama la atención que es una mujer que gesticula mucho. Cuando la vi a la entrada del acto, parecía una persona más tranquila, pero ahora la veo hablar deprisa y me resulta incluso difícil sacar una foto en la que no esté moviendo las manos.

Cuando empieza un libro sabe exactamente cómo va a ser el final, así que proyecta un itinerario y se lanza a una especie de viaje en el que, aunque el objeto pueda ser real, lo que le interesa es la ficción. Sus libros no son reportajes ni pretenden serlo. Le gusta el género de la novela porque lo puede absorber todo. 


Su última obra, Reparar a los vivos, describe todo el proceso de un trasplante de corazón. En sus libros intenta destacar aquello que nos hace humanos. En este caso, el de un trasplante de corazón, se trata de una cadena humana, unida por un sentido de la colaboración perfectamente sincronizado. Se trata de personas separadas espacialmente pero no temporalmente. Están unidos por una causa, aunque no se conozcan entre ellos.

No se trata de una reflexión profunda sobre la muerte. Su interés inicial por el tema no era médico. Sin embargo, le sorprendió el concepto de muerte cerebral. Por ahí entró en el tema. La muerte tuvo una definición legal en 1959. Ese fue el punto de partida del libro. El corazón, en nuestra cultura, tiene un gran simbolismo, se refiere al amor, al afecto, a la sensibilidad... pero no es el corazón lo que marca la vida del ser humano, sino la actividad cerebral.

El leguaje médico, por lo general, es críptico, y le interesó descifrarlo. También el hecho de que es una profesión con posibilidad de fallo, con momentos en los que no hay nada que hacer y eso es duro de aceptar. Eso es lo que nos fascina de la medicina, su relación con nuestra mortalidad. El libro tiene un trabajo exhaustivo desde el punto de vista de los protocolos. Todo es exacto, calculado. Ha tenido mucho cuidado a la hora de describir quién hace qué y en qué orden. Para ello ha tenido que documentarse mucho, entrevistar a muchas personas, e incluso consiguió asistir a una operación de trasplante de corazón. Fue una experiencia impresionante, a nivel personal. Es algo que no se sabe cuándo va a suceder, pero finalmente consiguió estar presente.

Toda esta exactitud en las descripciones ha contribuido al éxito del libro. De hecho, ha recibido muchas cartas de cirujanos, anestesistas y otros profesionales, felicitándola. Hay cardiólogos que lo distribuyen entre su personal. 


En este tema, una de las cosas que más le han sorprendido e interesado es la técnica y su relación con algo arcaico. En una operación de esta importancia, se produce una unión muy curiosa entre la tecnología y, podría decirse, lo cotidiano, ya que hay un montón de monitores proporcionando todo tipo de datos, incomprensibles para un profano, y en un momento dado, sin embargo, el médico mete literalmente las manos en el pecho del paciente, masajea el corazón, y luego la herida se cose de un modo muy tradicional.

 Sobre si ella se ubicaría en la tradición literaria del siglo XIX, con autores como Zola, por ejemplo, responde que en ciertas cosas sí. La dimensión de creación de la técnica le apasiona, y el hecho de darle al libro un aspecto de divulgación, de conocimiento, le parece muy importante.

Ha visto tres de sus libros adaptados al cine y uno al teatro (precisamente éste último) pero ella no participa en esos proyectos. Se considera la persona menos adecuada para adaptar sus propios escritos.


La charla llega a su fin y debo admitir que he quedado muy impactado por esta autora. Me ha fascinado su visión de la literatura. En estos festivales uno tiene que elegir unos actos y descartar otros, sencillamente porque coinciden en los horarios. En el momento de salir de este coloquio tengo la certeza de que acerté con la elección.

jueves, octubre 08, 2015

HFS - Jessie Burton


Jessie Burton es una escritora inglesa cuya primera novela, La casa de las miniaturas, la ha lanzado a la fama. Tiene una sonrisa muy simpática, gesticula mucho y se muestra muy natural. Parece llevar con bastante naturalidad que su libro vendiera más de 500.000 ejemplares en su país, fuera libro del año en 2014 y se publique en más de treinta países. A esta actriz que se ganaba la vida como secretaria de dirección le ha cambiado la vida.

Hasta ahora escribir era, para ella, una afición, nada especial. Lo que más apreciaba de la escritura era su libertad, no depender de nadie era lo que le fascinaba. En 2008 empezó un proyecto, pero lo abandonó. Luego visitó Amsterdam, y en el Rijksmuseum vio una casa de muñecas que le impactó. En el siglo XVII las mujeres gastaban mucho dinero en esas casas en miniatura. En ese momento una historia comenzó a tomar forma en su cabeza. La iba escribiendo cuando podía, incluso en el trabajo. Bromea diciendo que a veces temía confundirse y mandar algún párrafo en uno de los correos electrónicos.


El libro está ambientado en 1686 y narra la historia de Nella, una joven de diecisiete años que se traslada a vivir a la casa de su marido, un próspero comerciante llamado Johannes Brandt que, como regalo de bodas, le da una casa de muñecas que es una réplica exacta de la mansión, en la que conviven también la hermana soltera de Brandt y unos fieles sirvientes.

Cuando la gente se refiere a su protagonista como una mujer fuerte, la autora se da cuenta de que se refieren a algo inusual. Ella piensa que la mujer puede enfrentarse a cualquier situación, por muchos obstáculos que encuentre. Y le pareció que si ambientaba su historia en el pasado, esos obstáculos resultarían aún más evidentes. 


Ella se ha definido en alguna ocasión como feminista y Marian Hens, que es quien la está entrevistando, le pregunta cómo ve el feminismo una londinense de treinta y tres años. Y ella dice que hay varias formas de feminismo. Ella se considera una mujer afortunada, ha podido tener diversidad a su alrededor y conocer a personas que no han tenido tantas oportunidades para igualar el terreno. No piensa que el feminismo tenga que ser una acción dirigida a imitar lo que hacen los hombres.

Algunas de las críticas que se le han hecho a la novela se basan en afirmar que la protagonista se comporta más como una adolescente del siglo XXI que del siglo XVII. Se asume que antes no existían las mismas voces porque no era fácil oírlas. Ella cree que se trata de preocupaciones universales. No cree que interiormente no existiera esa forma de pensar, otra cosa es lo que podía expresarse en el exterior. 


Acaba de entregar el manuscrito de su segunda novela, ambientada también en un periodo histórico, aunque mucho más reciente: la guerra civil española. Ella ha vivido en el sur de España, en Chiclana. Es una enamorada de España, del arte español. En este libro quería hablar de lo que pasa en un pueblo donde viejas rencillas se desentierran, la gente se siente amenazada, es decir, de lo que le pasa a la gente de a pie, más que del conflicto como algo más grande.

Le preguntan si el género histórico va a marcar su escritura. Dice que a ella lo que le gusta es que uno sienta una evasión pura, la lectura como escapismo. En ese sentido sí tiene interés por la historia, como evasión, como exploración. Pero lo más importante es la trama. No pretende dar lecciones de historia, con datos, hechos relevantes, etcétera. Pero sí hay que investigar sobre las costumbres, qué comían, cómo vestían, ese tipo de cosas.


Ella escribe con desesperanza. Siempre hay una frustración entre lo que uno imagina y lo que plasma en el papel. Cree que fue Dorothy Parker quien dijo: "Odio escribir, pero adoro haber escrito". Se siente identificada con eso.
Su primer libro ha tenido mucho éxito. Le dicen que ha tenido mucha suerte. Y sí, es cierto, pero también es verdad que cuesta mucho trabajo tener suerte. La casa de las miniaturas la escribió cinco veces. Llevaba seis años escribiendo antes de que le publicaran.

Por último, dice que ha grabado el audiolibro de La casa de las miniaturas para tener la oportunidad de representar a todos los personajes, ya que le encanta su profesión de actriz.

domingo, octubre 04, 2015

HFS - Emmanuel Carrère


El escritor Emmanuel Carrère es entrevistado en el Aula Magna del Campus de Santa Cruz La Real por Guillermo Altares. Hay bastante gente, pero no tanta como me esperaba, teniendo en cuenta que la visita de Carrère supone, para mí, el acontecimiento más importante del festival de este año, con todos los respetos. Es el mismo lugar que se abarrotó el año pasado con la charla entre Le Clézio yVargas Llosa, en aquella ocasión los asistentes desbordaron el aforo del lugar.
Carrère es uno de los escritores más importantes en la actualidad. Es uno de los pioneros de la autoficción. Dice que la ha practicado desde que escribió El adversario, el libro sobre la historia de Jean-Claude Romand, un hombre que fingió durante años ser otra persona y que, cuando su mentira se desmoronó, asesinó a toda su familia.

No podía acercarse a un personaje como éste en tercera persona, le resultaba problemático desde el punto de vista artístico y también moral. Él no podía saber lo que ese hombre pensaba en esos momentos, escribía lo que creía que ese hombre podía pensar o sentir, pero no lo sabía con certeza y necesitaba dejar eso claro.

Cuando uno escribe cosas que hacen referencia a la realidad y a personas reales, el problema no es tanto lo que escribe sobre uno mismo sino lo que escribe sobre los demás. A fin de cuentas, uno siempre tiene el control sobre lo que va a contar, así que la cuestión es procurar no hacer daño. Si de algún libro se arrepiente es quizá de Una novela rusa, pues en él sí tiene la sensación de haber transgredido algún límite moral.


Su último libro se titula El Reino, y trata sobre el cristianismo. Lo define como una especie de visita guiada por el Nuevo Testamento. Dice que le llama la atención que una historia tan rara, tan increíble, haya prevalecido en el tiempo. Estamos acostumbrados al cristianismo y no nos extrañamos, pero resulta absolutamente increíble la historia, y las imágenes que se derivan de esa historia. También los ritos son sumamente extraños y su intención es trasladar esa extrañeza al lector, acercarse a algo que está muy arraigado y aceptado, con la mirada de alguien que se aproxima desde el exterior.

Guillermo Altares le pregunta si cree que se está viviendo el final de la influencia cristiana en Europa y Carrère responde que no es un sociólogo de la religión pero, en cualquier caso, al margen de que pueda existir una especie de núcleo duro que acepta todo a pies juntillas, sería una lástima que desapareciera el cristianismo, ya que hay algo en él que da forma a nuestra forma de pensar, a nuestra forma de ver el mundo y enfrentarnos a él.

En Europa se ha perdido libertad de expresión respecto al islamismo, y es cierto que criticar el cristianismo no suele tener coste alguno, no obstante su libro, aunque es el libro de un agnóstico, está escrito con respeto y no ha creado polémicas.

Hay fundamentalistas cristianos, desde luego, pero en general piensa que es una religión que envejece, con todo lo que ello conlleva, debilidad por un lado pero a la vez mayor sabiduría.

Dice que no ha tenido una relación "castrante" con el cristianismo. No se trata de un libro escrito a modo de revancha porque no tiene motivos para ello. De hecho, profesó una Fe muy fuerte durante unos tres años, en una época en que estaba muy mal y buscaba una forma de salir adelante. En ese momento la Fe cristiana se le apareció como una tabla de salvación. 


Emmanuel Carrère escribió también un libro sobre Philip K. Dick, un escritor que anticipó muchos de los temas más actuales, como la realidad virtual, la sustitución de la realidad, etc. Diría que Dick es un escritor tan importante para el siglo XX como Dostoievski lo fue para el XIX. Se titulaba Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos. Philip K. Dick tuvo una experiencia mística al final de su vida y se preguntaba si se había encontrado con Dios o si era una víctima de su legendaria paranoia. En ese libro también se habla mucho de San Pablo. Así que siente que hay algo recurrente en todo este tema.


En el libro también se habla de la serie de televisión en la que participó en un principio, Resurrection, que plantea un tema muy interesante: qué sucedería si fuese cierto que los muertos resucitaran y volvieran a sus casas sin ninguna explicación. No se trata de una película de tema zombie, sino de algo realista. Sería un auténtico shock, algo impensable y difícil de asumir.
Carrère abandonó esa serie porque le iba a ocupar mucho tiempo, antes de saber el éxito que iba a tener. El caso es que se ha dado cuenta de que el cristianismo tiene mucho que ver con esa serie.

En el Evangelio de Pablo, y en el de Lucas, se habla de la capacidad de resucitar a la gente como algo normal, aunque Pablo deja claro que piensa que es algo imposible. Por tanto, desde el momento que se afirma que una persona ha resucitado se divide a la gente entre los que están dispuestos a creer en ello y los que no.


La literatura francesa dice que no está en un mal momento. Hay autores muy reconocidos, como Echenoz, Houellebecq, Modiano, o Maylis de Kerangal, que se encuentra entre el público, que se ocupan de la vida real y que demuestran que el tópico de que a la literatura francesa le gusta mirarse el ombligo es absolutamente falso.


Alguien del público le pregunta si ha vuelto a tener noticias de Jean-Claude Romand, pues se decía que podría quedar en libertad este mismo año. Dice que no, y que no cree que haya sido excarcelado, supone que se habría enterado. Podría negársele esta posibilidad porque su historia ha sido muy mediatizada, y respecto a esto se siente responsable, ya que sin duda ha contribuido a esa mediatización. Sea como fuere, deja claro que no piensa ir a esperarle a la salida de la cárcel.

miércoles, septiembre 30, 2015

HFS - Pedro Juan Gutiérrez


Segovia. Viernes. 18:15. Sala capitular. Campus de Santa Cruz La Real. IE University. El escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez entrevistado por Juan Cruz. Habla sobre su último libro, Fabián y el caos, una novela sobre una amistad improbable, la que surge entre el personaje Pedro Juan, alter ego del autor, y un joven débil y homosexual llamado Fabián.
Dice el escritor que la historia es real. Fabián existió, aunque su verdadero nombre era Fabio. El hecho de escribir sobre algo real le costó mucho. Era necesario manipular la realidad y convertirla en ficción, ese era el único modo de abordar la historia. Por otra parte, el hecho de estar ficcionando hechos reales le suponía cierta frontera moral, ya que él quería describir pero no quería herir. Se trataba de una historia que le había obsesionado durante mucho tiempo. A él le interesa la gente anodina, normal, está hasta los cojones de héroes.
Y, sin embargo, Fabián es un héroe. Resulta difícil ser homosexual en Cuba, y más en los años sesenta, que es cuando está ambientada la historia. Es un personaje que ha sido malcriado por sus padres y tiene un carácter duro con ellos.
La relación entre Fabián y Pedro Juan se basa en cierta manera en que cada uno de ellos quisiera ser un poco como el otro. A Pedro Juan le gustaría ser tan culto como Fabián, mientras que Fabián querría tener la vitalidad de Pedro Juan.
Pedro Juan quiere ser escritor pero sin estudiar literatura, aunque lee a Hesse, a Pasternak, a Nietzsche, a Cèline...
En Matanzas, donde vivía de joven, había dos bibliotecas muy buenas. Y también buen cine. En un momento dado, dejó de entrar el cine de EE.UU. en la isla y empezó a entrar el europeo. Fue una época en que la política lo marcaba todo. Había un corte brutal con las personas que se marchaban del país. Se convertían en enemigos, aunque se tratara de familiares. De repente dejaban de existir.

Fabián, el verdadero, murió en 1991, y desde entonces le está dando vueltas a la historia. Veinte años ha tardado en escribirla.


Juan Cruz le pregunta si se ha curado escribiendo y él contesta que la escritura no le sirve de psicoterapia. Le hace sufrir. Él preferiría olvidar, y escribir le obliga a recordar, a revivir. Concluye diciendo que escribir es un oficio machacante. Te vuelve loco.
Ante la cuestión de si la veteranía le da seguridad a la hora de abordar un nuevo libro responde que no. Él no es un escritor de carrera sino de oficio. Cada libro es una nueva batalla, una agonía.
No obstante, no se puede negar que forma parte del cuerpo literario de Cuba, en el que figuran nombres tan importantes como Cabrera Infante, Severo Sarduy, Lezama Lima, Reinaldo Arenas...

Los libros, no obstante, le explican a él, realmente, se ha dado cuenta ahora, hace muy poco. Uno es el que es más los libros que escribe. Hubo un momento en que el Pedro Juan personaje le comió como persona y, de algún modo, el Pedro Juan real se fue convirtiendo en el personaje.

Una de las historias más dolorosas que ha escrito es El rey de la Habana. Trata sobre un muchacho al que estuvo observando durante mucho tiempo. La escribió en un estado febril, en 57 días que pasó encerrado en su casa, sin bañarse, sin apenas comer, bebiendo ron y llorando.


Le resulta difícil escribir un libro feliz porque se fija demasiado en las penumbras de la gente. No ve la felicidad de los demás, sino sus problemas, sus oscuridades. Si en algunos momentos utiliza el humor lo hace como mecanismo de defensa.
Desde hace tres o cuatro años hace meditación y se encuentra mejor. Estaba muy estresado cuando escribía un libro al año. Ahora, sin embargo, escribe más despacio, lee más y se encuentra más tranquilo. Esto es importante porque siempre ha sido una persona de ritmo muy precipitado, que hace muchas cosas al mismo tiempo.

Ahora le ronda una historia ambientada en La Habana en 1995 pero todavía no se decide a escribirla. La novela es un mundo que se va creando poco a poco, al contrario de lo que supone para él un cuento, que suele ser una imagen, un golpe.

Una de las cosas que le resultan fundamentales para que la historia comience a desarrollarse es el nombre de los personajes. Hay nombres que no se identifican con el personaje y entonces no funciona, la historia no avanza.


La charla llega a su fin. De algún modo, la presencia de este autor, definido en algún momento como un Bukowki cubano, esperaba que me hubiera incomodado más de lo que lo ha hecho. He tenido la impresión de que ha estado comedido, tal vez un poco cohibido por el entorno.