lunes, octubre 06, 2014

HFS - Juan Bonilla


El escritor Juan Bonilla presenta su novela “Prohibido entrar sin pantalones”, que ha sido la ganadora de la primera edición de la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. Está acompañado por el escritor colombiano Carlos Granés.
El libro trata sobre Maiakovski, una figura mítica, un personaje que es más grande que su propia obra y que terminó suicidándose.
Cuenta Bonilla que en Italia le preguntaron qué futuristas italianos iba a incluir en su novela y él, como no se le ocurría ninguno, empezó a citar nombres de futbolistas del Milan. Nadie se dio cuenta, lo que quiere decir que nadie sabía demasiado sobre el tema.

“Ya nadie conoce a Maiakovski” le dijo Javier Marías, pero él estaba decidido porque consideraba que era un excelente trampolín para reflexionar sobre los aspectos fundamentales de la vida del escritor ruso: el amor, la política, e incluso el lugar del poeta en una sociedad utópica como la que surge tras la revolución rusa. Maiakovski es el espejo de una época.


Era un personaje curioso. Se jactaba de haber leído un sólo libro: Crimen y castigo. Y es posible, porque en poesía funciona la intuición. Además era un provocador. Solía decir que había leído el libro de Lenin pero no había descubierto quién era el asesino, como si se tratase de una novela negra.
Juan Bonilla va hilando anécdotas sobre Maiakovski. Se nota la fascinación que siente por el personaje.
Maiakovski llegó a Moscú procedente de una pequeña aldea, Baghdati, y se matriculó en la escuela de arte. Allí se entusiasmó con el movimiento futurista que pretendía, como fin último, cambiar la vida. Y aquí Maiakovski se encuentra en su salsa. Los futuristas pretenden renunciar al pasado y sacar la poesía de los salones. Ellos recitan en circos, en bares, en lugares inusuales hasta entonces, donde muchas veces terminan con broncas. En 1912 firmó, junto a otros escritores, el manifiesto Bofetada al gusto del público, en el que se atacaba tanto a la literatura del pasado como a la del presente, especialmente crítico con los simbolistas.
La primera edición de un libro de Maiakovski tiene 200 o 300 ejemplares y se la financia él. Está dispuesto a darse a conocer. Se crea una marca. Siempre viste una blusa amarilla. Consigue convertirse en un personaje conocido en Moscú e incluso empieza a ser imitado. Por entonces tiene veintipocos años. Se convierte en el poeta nacional, apoyado principalmente por Trotski.

También comenta Bonilla la relación con Ossip Maksimovich y con Lilia Brick. Vivían los tres juntos. Maiakovski convirtió a Lilia en su musa, y le dedicó su obra lírica casi al completo. La relación entre los tres es muy curiosa y sorprende que alguien que defiende el amor libre busque, en cierto modo, el sometimiento a Lilia.


Con la llegada de Stalin cae Trotski y todo lo que estuvo cerca de él también. Stalin trae la burocracia y  el objetivo de aplastar la vanguardia. El futurismo queda relegado a favor de un nuevo realismo y, aún así, Maiakovski acude a las reuniones de la asociación de escritores y sigue defendiendo su discurso. Recibe críticas y abucheos. Le niegan los permisos para representar sus obras. Su relación con Lilia fracasa. Se le cierran todas las puertas. Deja de creer en su sueño del futuro porque todo se desmorona, lo cual, para alguien que había llegado a decir que la realidad se esforzaba por convertir en verdad sus poemas, resulta muy duro. Por eso, al verse acorralado, decide suicidarse a la edad de 36 años. Se disparó en el corazón, el 14 de abril de 1930.
La novela de Bonilla ha tenido más repercusión en Venezuela o México que en España. En ruedas de prensa le han llegado a preguntar qué habría hecho Maiakovski en la Venezuela de Maduro. Maiakovski es un hombre que reacciona contra el poder. Su postura es, precisamente, estar a la contra, estar enfrente, es algo que no se puede defender si uno llega al poder.

Carlos Granés menciona a Pussy Riot o el colectivo Voina como los herederos actuales de Maiakovski. Bonilla está de acuerdo. Cuentan uno de los actos de Voina, que consistió en pintar un pene gigante en un puente levadizo de San Petersburgo.


1 comentario:

Marian Torrejon dijo...

Muy interesante, Miguel. Gracias por acercárnoslo.
Marian