viernes, septiembre 30, 2016

HFS - Rosa Montero


Entro de nuevo en el Aula Magna de la IE-University. Consigo sentarme en un sitio bastante aceptable. Veo entre el público alguna persona que reconozco de otros años, fieles asiduos como yo. No veo escritores. Al parecer, los escritores no van a escuchar a otros escritores.
La escritora Rosa Montero presenta su último libro, La carne, acompañada por la escritora argentina Claudia Piñeiro.

¿Es quizá un libro autobiográfico? No, pero es un libro en el que pretende hablar de su mundo sin hablar de ella. La idea nace de una anécdota sobre una mujer mayor que contrató a un gigoló para dar celos a su amante. Así surge el personaje de Soledad Alegre (el nombre ya es un oxímoron en sí mismo), una mujer de sesenta años, comisaria de arte, que hace exactamente eso: contrata a un gigoló para dar celos a un ex amante. Pero las cosas se tuercen y la relación con ese hombre se vuelve rara, incluso peligrosa.


Rosa Montero dice que el libro tiene una estructura nabokoviana, es decir, que el lector tiene que ir recomponiendo la historia conforme la va leyendo.
La charla de Rosa Montero es muy fluida y rápida, enlaza unos temas con otros, y casi no puede intervenir Claudia Piñeiro.
Se habla del proceso de escritura, de las manías del escritor, de algunos "secretos" del libro. Se habla también de un tema que, como comprobé más tarde, se iba a repetir en otras charlas, con más o menos protagonismo: la relación entre la realidad y la ficción.
Soledad Alegre está preparando una exposición sobre escritores malditos, así que en la trama se van intercalando las historias de estos escritores: todas reales excepto una que se inventó, confiesa como una niña orgullosa de su travesura.
También aparece ella en el libro, la autora, pero vista a través de los ojos de su personaje, que resulta un poco misógina y llena de rabia, algo que le divirtió mucho. No es la primera vez que se mete en las páginas de sus libros. Cuenta que en su novela "La hija del caníbal" aparecía una Rosa Montero que era una escritora guineana marisabidilla y gritona.

Cuenta que en La carne también aparece Ana Santos, que es la Directora de la Biblioteca Nacional.


En una ocasión se inventó una obra falsa titulada El caballero de la rosa, que algunos críticos dieron por auténtica.

Estas cosas le divierten. Son como juegos privados del escritor. De hecho, en este libro se ha sentido muy libre a la hora de escribir. Cuenta un secreto más. La protagonista de La carne vive en la calle del Espejo, en un edificio que es en realidad el edificio en el que Rosa Montero vivió cuando tenía 26 años. En la buhardilla de ese edificio vive una periodista de 28 años llamada Ana que tiene un hijo. Se trata, en realidad, de la protagonista de su primera novela. "Crónica del desamor". Es algo que, seguramente, nadie advertirá, pero a ella le apetecía mucho que esos dos personajes se encontraran.


Define La carne como un libro en el que reflexiona sobre la vejez, pero también sobre la soledad. Y se plantea algo de lo que no solemos ser conscientes: ¿Cómo saber cuándo es la última vez que hacemos algo que nos apasiona? La última vez que escalamos una montaña, o que hacemos el amor, o que comemos sin control, o que nos emborrachamos… es posible que, en algunos casos, ni seamos conscientes de ello.
Claudia Piñeiro le pregunta sobre el oficio de escribir. Rosa Montero dice que hay tres cosas que son muy difíciles en una novela. En primer lugar, marcar el paso del tiempo, plasmar cómo los personajes han cambiado con los años. También las novelas corales son muy difíciles, resulta muy trabajoso definir con claridad diferentes voces narrativas. Y, por último, y tal vez lo más importante de todo: manejar los silencios. En un libro es casi más importante lo que no nos cuentan que lo que nos cuentan.
Y así, escuchando a esta mujer capaz de contagiar su entusiasmo por la literatura, pasa el tiempo sin que nos demos cuenta, hasta que finaliza la charla.


1 comentario:

Juan Carlos Galan dijo...

La adquirí ayer. Pronto me pongo con ella. Gracias por este acercamiento que nos haces a esta gran autora.
Un abrazo