martes, diciembre 17, 2019

Michelle Roche Rodríguez - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Escribo porque no sé hacer otra cosa. No solo no soy buena para más nada, sino que no puedo evitar pensar en el mundo como algo para ser comprendido a partir de las palabras y aprehendido desde la ficción.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Escribo en lápiz y no se me ha quitado la costumbre del colegio de subrayar (en pluma roja o rosada) cada vez que anoto un título o encuentro una idea que me gustaría desarrollar. Siempre que tengo un proyecto nuevo, comienzo un cuaderno, así que tengo un montón de cuadernos, cuadernitos y libretas dando vueltas por casa. Siempre es una pequeña tragedia cuando no encuentro el correspondiente a un proyecto específico.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

En líneas generales, me interesa el poder y cómo afecta a la gente que no lo ostenta. Me interesa en especial la manera en que el género femenino ha sido sojuzgado por el patriarcado a partir de herramientas culturales (como los mitos de lo cotidiano o el status quo) y por qué algunas mujeres han sido cómplices de las idiosincrasias que las mantienen en una posición secundaria con respecto a los hombres.

4.- ¿Algún principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

La honestidad. Un texto malo siempre se puede arreglar, uno deshonesto no.

5.- ¿Eres de las que se deja llevar por la historia o de las que lo tienen todo planificado desde el principio?

Ambas cosas. El primer borrador es fundamental, allí escribo todo lo que quiero decir sobre un tema. Luego, con el segundo borrador, me ocupo de organizar y crear una estructura. Sin estructura no hay discurso literario —artículo o libro, da igual—. Tendemos a subestimar la importancia de esta herramienta, pero de una buena estructura resulta un trabajo bien hecho. El tercer borrador es para reconocer y quitar lo superfluo. Por supuesto, entre cada uno de estos tres borradores hay varias versiones de un mismo texto e incontables “libreticas” para tomar en cuenta cada uno de los problemas presentados por la escritura.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Son muchos, pero los que tengo más frescos porque los he releído varias veces en los últimos dos años son estos:
Internacionales: Margaret Atwood, Edgar Allan Poe, Julio Cortázar, Víctor Hugo, Virginia Woolf y Simone de Beauvoir (ella es la maestra de la honestidad en la escritura, por cierto).
Venezolanos y venezolanas: Teresa de la Parra, Ana Teresa Torres, Yolanda Pantin (poeta), Salvador Garmendia, Eugenio Montejo (poeta) y José Rafael Pocaterra.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.


El 27 de enero de 2020 sale a la venta mi primera novela, Malasangre. Se trata de un proyecto que he pasado una década escribiendo. En la novela, Diana Gutiérrez descubre su inclinación al vampirismo a los 14 años cuando ataca a un amigo de su madre. Aunque antes ya había notado su interés por la sangre, hasta ese momento solo vivía para agradar a su familia y ansiaba convertirse en maestra, no por gustarle los niños sino para ocultar su pasión omnívora por la lectura, mal vista entre las venezolanas de 1921. Pero todo cambia esa tarde. Su madre la reprende prohibiéndole seguir con los estudios. La beata Cecilia no se atreve a llamarla vampira, pero sí «hematófaga» y «malasangre»: más que solo concupiscente, le parece de moral torcida. En esa década, la palabra «vampira» tiene connotaciones sexuales. El movimiento sufragista tiene poca repercusión en la sociedad aún colonial que habitan, inmersa en la dictadura con pretensiones dinásticas del general Juan Vicente Gómez, pero el miedo a las mujeres «fatales» ya existía. Malasangre relata la lucha de Diana contra sus instintos criminales, el control que ejerce sobre ella su familia y la sociedad patriarcal y militarista en la que vive, la misma que a partir de los años veinte se estrenó en el rentismo petrolero que marca al país hasta la fecha. Creo que de la relación vampírica con el petróleo que tiene el país y de su atávico militarismo se pueden sacar algunas alegorías con la presente tragedia de mi país. 



Michelle Roche Rodríguez escribe narrativa, ensayo, periodismo y crítica. Le interesan los mitos cotidianos, la literatura y el feminismo. Con la colección de cuentos Gente decente (Musa a las 9) ganó el Premio de Narrativa Francisco Ayala en 2017. Su ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex) se publicó en España en 2016. Su primer libro fue la colección de entrevistas Álbum de familia: Conversaciones sobre la identidad cultural en Venezuela y lo publicó en su país Editorial Alfa. Ha colaborado con las revistas españolas Zenda, Buensalvaje, Frontera D, Quimera, Qué leer y la estadounidense Literal. Latin American Voices, así como también con los medios culturales venezolanos Prodavinci y «Papel Literario», suplemento del periódico venezolano El Nacional, donde trabajó varios años. En 2014 fundó el magazine en-línea Colofón Revista Literaria (www.colofonrevistaliteraria.com).
Nació en Caracas y desde 2015 vive en Madrid.
Su página web es www.michellerocherodriguez.com

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