miércoles, octubre 21, 2009

HFS – Antony Beevor – Russian Red


Antony Beevor es uno de los más importantes historiadores de la actualidad. Es autor de libros sobre la guerra civil española, sobre la batalla de Stalingrado, sobre la caída de Berlín, sobre la batalla de Creta… Su libro sobre Vasily Grossman, “Un escritor en guerra” me lo han recomendado encarecidamente. Lo último que se ha publicado de él se titula “El día D. La batalla de Normandía”.

Al ir a escucharle, pensé que nos hablaría de su método de trabajo, de los problemas con los que se encuentra un historiador a la hora de documentarse, de si considera necesario visitar los sitios sobre los que se habla o es suficiente con lo que uno puede encontrar en una biblioteca, de su experiencia literaria en suma.

Sin embargo, no fue así. Beevor es un hombre alto, de presencia imponente y voz clara. Entró en el escenario de San Juan de los Caballeros y se colocó en el atril. Sin preámbulos, comenzó a desplegar un relato sobre ciertos aspectos relacionados con el desembarco de Normandía. No nos iba a hablar de su metodología de trabajo, nos la iba a mostrar. Así que comentó aspectos desconocidos de la invasión, nos llevó de un país a otro, analizó decisiones y comportamientos, habló de muertes francesas por los bombardeos aliados, de los distintos modelos de batallas, de los adiestramientos, de actos de cobardía, de indisciplina aliada frente a disciplina germana, de propaganda nazi, de represiones contra los colaboracionistas… Y nosotros seguíamos su relato, envueltos de pronto en el fragor de los combates, viajando en el tiempo.



Su tono de voz, su modulación, el ritmo de lo que iba contando, daba una idea de su capacidad narrativa. Sin embargo, la historia pasada por la voz de la traductora simultánea perdía buena parte de su encanto. En momentos así es cuando lamento no saber inglés.

Más tarde, nos esperaba otro acontecimiento en el Teatro Juan Bravo: el concierto de Russian Red. Abarrotado. Nos sentamos en la parte más alta. Diez de la noche. Sentados en la oscuridad nos dejamos arrastrar por la melodiosa voz de Lourdes Hernández, vestida como si fuera una muñeca de porcelana.


2 comentarios:

Clarice Baricco dijo...

Valió la pena entonces sacrificar a la chica que admiro.
Interesante hombre.
Vuelves a lograr que yo me sienta que estaba ahí.

Abrazos.

JOSE ROMERO dijo...

He leído algunos fragmentos del libro y ya espero a que llegue por acá. Algunas de mis primeras lecturas fueron libros de la segunda guerra mundial,que eran de mi padre, por cierto.