jueves, octubre 08, 2009

HFS - Ana María Matute


Llegó acompañada de Ángeles Caso. Vestía de blanco y se apoyaba en una muleta. Pronto mostró su excelente humor y su extraordinaria lucidez y sentido común.
No se considera una intelectual, tan sólo pretende ser “auténtica”. Le molestan los simuladores, los engolados que creen saberlo todo y afirman sus opiniones con rotundidad. Ella siempre duda. No cree que uno, por el mero hecho de ser escritor, lo sepa todo.
Ella forma parte de un grupo de escritores realistas. Sin embargo, sus últimos libros pertenecen al terreno de la fantasía. Explica que siempre quiso escribir fantasía, desde la infancia. Habla con mucho cariño de su novela “Olvidado Rey Gudú”, sin duda el libro que siempre quiso escribir. Lo empezó antes de su periodo de depresión. Una depresión que duró diecinueve años. Luego, gracias a Carmen Balcells, lo terminó. Le costó tres años de escritura, con diecinueve años por medio. Su último libro publicado también es fantástico y se titula “El paraíso inhabitado”. Pero se nota su debilidad por “Olvidado Rey Gudú”. Se emociona cuando habla de ese libro y rememora sus personajes. Reconoce que es el libro que más le gusta, el que siempre quiso escribir. Admite que creció con esa historia. Sin embargo, reconoce que nunca se escribe la obra que quieres escribir, siempre se queda uno un peldaño por debajo de lo que pretendía.
“¿Echa de menos algo de los años pasados, Ana María?”, pregunta Ángeles Caso.
“No. Yo echo de menos los tiempos futuros”.
En su opinión el mundo ha progresado mucho en lo material, pero retrocede en lo espiritual. A los jóvenes se les educa con una absoluta falta de ética. Parece que lo único importante es la fama, el dinero, sacar provecho propio. “O eso me parece a mí, aunque puedo estar equivocada”.
“¿Hacer las cosas bien tiene sus frutos, su recompensa?”
“No, qué va, para qué te voy a mentir.”
Habla de su matrimonio. Desgrana recuerdos íntimos, muy personales. Y todos los asistentes la escuchamos en silencio. Nos cuenta que se casó enamorada, pero que fue una ilusa y se llevó una gran decepción con su marido. Era un sinvergüenza, dice. Intentó aguantar a su lado, hasta que pensó que era un ser humano y que tenía derecho a ser feliz, y entonces se separó. Esto, en aquella época, fue motivo para que le quitaran a su hijo, que tenía ocho años. Dice que es lo peor que le ha ocurrido. Gracias a su suegra podía verlo los sábados, pero cada vez que tenía que despedirse del niño, lloraba amargamente. Esa situación duró tres años.
Pero también ha habido cosas buenas en su vida, cuenta. Conoció un hombre maravilloso con el que vivió veintiocho años muy felices. De hecho, ella siempre habla de su marido el malo y su marido el bueno.
“Todo le sirve a un escritor, quizá lo malo más”. Explica que uno puede escuchar una frase en un supermercado, por casualidad, y esa frase se queda en su cabeza, y ahí, en esa frase, resulta que hay un libro. Es un proceso mágico, como una especie de revelación. “Escribir es vivir, con esfuerzo, con esperanza y con gloria”. Dice que si no hubiera sido escritora, se habría muerto hace mucho tiempo. No concibe la vida sin escribir.



Escribe con ordenador, pero corrige a mano, con lápices de colores. Cuenta que antes dibujaba a sus personajes. De hecho, hay un libro publicado con dibujos suyos.
Ana María Matute empezó a publicar con dieciocho años. Joven y mujer en una época con pocas escritoras. Costaba un enorme esfuerzo abrirse paso. A su familia le disgustó que ella quisiera dedicarse a escribir, sobre todo a su madre. Ahora está en la Real Academia de la Lengua. Son cuatro mujeres. Aún son pocas.
“¿Puedo preguntarte cuántos años tienes?”
“¡Ochenta y cuatro tacos! Después de los setenta, ¿qué importa decirlo?”
Los libros electrónicos no le dan miedo, le dan pena por quienes pierdan la sensación de tener un libro en sus manos, el olor, el tacto… Y le parece peligroso que eso pueda suponer resumir a los clásicos, lo cual es una aberración.
Le preguntan qué está leyendo ahora, pero dice que no está leyendo nada porque cuando está escribiendo procura no leer. Ángeles Caso se asombra. Vaya exclusiva, dice. Le pregunta sobre qué trata su nuevo libro, pero ella dice que tan sólo está ronroneando la idea y que no puede contar nada aún.
Le preguntan también por sus autores preferidos, pero tampoco quiere contestar a eso porque dice que no hay una corporación más sensitiva que la de los escritores. Si no les nombras, te miran con desprecio. “Son un pelín vanidosos”.
La charla termina con Ángeles Caso deseando que Ana María Matute sea la próxima escritora que reciba el premio Cervantes. Hasta el momento, tan sólo dos veces ha sido otorgado a mujeres.

7 comentarios:

dsdmona dijo...

Hace poco tuve la oportunidad de ir a la presentación de "Paraíso inhabitado" y descubrí a una gran mujer además de la gran escritora que ya sabía que era. Con mucho sentido del humor habla con infinito cariño de sus libros y personajes y hace sentir una paz que pocas personas logran transmitir

D.

Francisco Machuca dijo...

Grande,muy grande.La última que nos queda de una gran generación.Admiro sobre todo sus cuentos.Ella conoce muy bien su estructura.Una vez dijo:" Un cuento es un vagabundo."

Un fuerte abrazo,Miguel.

Elèna Casero dijo...

Una gran señora, sin duda alguna. Suerte de haberla visto y escuchado en directo,

José Romero dijo...

Tu nota me recuerda que tengo en espera un libro de ella. ahora lo adelanto en la lista.

Clarice Baricco dijo...

Fíjate que cuando abrí mi blog, de las primeras amigas que tuve, -sigue siéndolo- fue una española que me recomendó a Matute. Es la hora que no consigo ningún libro de ella. Alguna vez en una feria me lo ganaron porque era el único.
Desde esa vez, me ha interesado su vida. Me causa tanta ternura, tanta emoción, tanto...
Hermoso que tuviste el privilegio de volver a escucharla. Creo que no es tu primera vez.
Es una mujer sabia.
Me encantó leer tu reseña.

Abrazos.

alicia dijo...

Yo también estuve en esa íntima charla, cubriéndola para la revista de Segovia en la que colaboro... Nunca había conocido a Ana María y desde que la vi entrar en la iglesia, tan muñequita de papel con sonrisa eterna me conquistó. Salí de allí con la sensación de que Ana María no era sino una niña a la que los años había ajado tan solo exteriormente. Qué suerte y quién tuviera la fórmula mágica!
Felicidades por tu blog

Francisco Ortiz dijo...

Muy buena crónica.
Conocí a esta maravillosa mujer hace años, en Almería, hablé un poco con ella. Estaba recién salida de la depresión. En persona impresiona, te cautiva de inmediato. Su voz, sus maneras. Es tan real y tan mágica como sus libros.