miércoles, enero 24, 2007

Ryszard Kapuscinski


Ayer, 23 de Enero de 2007, falleció Ryszard Kapuscinski, a los 74 años de edad. Periodista por encima de todo, reportero, y un grandísimo escritor, reconocido por todos como un autor imprescindible y galardonado con multitud de premios, entre ellos el Principe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2003.
Recuerdo sus palabras... Lo que sigue son extractos de una entrevista firmada por Sol Alameda y publicada en el País Semanal del 5 de Enero de 2003.

Pienso escribir un libro sobre mi infancia y la II Guerra Mundial, durante la cual vivimos como refugiados permanentes. Por eso, cuando hablo de refugiados en el Tercer Mundo, sé muy bien de qué estoy hablando. Conozco ese miedo siempre presente; lo que es vivir en lugares desconocidos y diferentes, siempre descalzo y con hambre, sin escuelas ni libros. Una vida muy elemental y llena de temores.

Si duermes en el trópico, con 20 personas, en un cuarto pequeñito y sin ventanas, lleno de mosquitos y otros insectos, sin que uno se pueda mover para ahuyentarlos, sabes muy bien cómo vive esa gente. Y si uno no duerme así, si no está con ellos, pues no lo sabe. Los occidentales tendemos a olvidar que la vida que conocemos y tenemos no es la vida normal, que es la vida de una parte muy pequeña de la humanidad. La vida humana en nuestro planeta es muy dura. Y muy insegura. Está llena de temores y de peligros. Y la gente que escribe literatura contemporánea en los países desarrollados tiene muy poco que ver con la vida que estoy describiendo, con esa gente. Desgraciadamente, muy poca gente de los países desarrollados sabe cómo es la vida de millones de personas. Por eso y porque esa gente es muda, no sabe hablar ni plantear sus demandas, ni sabe organizarse, ni pedir que se les oiga. Ésta es una pobreza muy silenciosa, no es capaz de revolverse.

No soy nada escéptico. Al revés, soy demasiado optimista. Siempre veo el lado positivo del género humano. Tengo una muy positiva opinión del hombre, lo que viene del hecho de que yo vivo gracias a otra gente. A gente desconocida para mí y que me salvó la vida varias veces no sabiendo quién soy ni de dónde vengo. Solamente por una solidaridad humana. Me salvaron y ni siquiera se lo puedo agradecer porque no sé cómo se llaman.

Hay circunstancias que desarrollan lo mejor de la personalidad humana, pero hay mecanismos que apoyan el lado más oscuro del ser humano.

El ser humano es muy parecido en todo el mundo. Pero la gente, en general, quiere vivir tranquila, tener un trabajo y una casa. Sólo en los casos en que se despiertan reacciones crueles y locas, chovinistas, el hombre actúa como una máquina de matar. En todas las confrontaciones armadas, siempre vemos que fueron los políticos quienes exacerbaron unos intereses nacionalistas en su pueblo. Siempre hay alguien que lo organiza y lleva a la gente. Pero esa gente, por sí misma, quiere vivir en paz, tiene muchos problemas y le falta energía para buscar esas confrontaciones.

Conocí los países del Tercer Mundo como corresponsal de una agencia polaca y enviaba noticias constantemente. Me dije: esto que estoy escribiendo no refleja la realidad. En las noticias de prensa manejamos entre 600 y 800 palabras. Es un lenguaje pobre y superficial, incapaz de reflejar lo que se oye y lo que se siente. Así que empecé a escribir mis libros paso a paso, como si fuera un segundo volumen de todo lo que había escrito como corresponsal durante años. En ese segundo volumen escribí lo que no había podido contar en el primero. Me sentía un privilegiado por haber conocido esas culturas, y pensé que debía intentar escribir esas realidades para los demás. Era consciente de que no se puede reflejarlo al cien por cien, pero yo al menos intentaría aproximarme. Nunca me preocupó cuál era el género que usaba para contar lo que quería. Simplemente empecé a escribir de la manera que me parecía más apropiada.

Las cosas cambian ante situaciones distintas. Depende de la edad, de los momentos que has vivido. Muy pocas personas son de una pieza, lo normal es que cambies.

9 comentarios:

D. de R. dijo...

"Los occidentales tendemos a olvidar que la vida que conocemos y tenemos no es la vida normal, que es la vida de una parte muy pequeña de la humanidad."
Miguel, me sumo a tu reconocimiento hacia Ryszard Kapuscinski y me permito convertir mi comentario en un pequeño eco de una de sus más memorables reflexiones.
Un cordial saludo.

Alvy Singer dijo...

Se va uno de los mejores cronistas de estos nuevos tiempos.

Laura Diaz dijo...

Muchas gracias por este recordatorio, y por el texto elegido para homenajearlo

Un abrazo

clara dijo...

Muy interesante, Miguel.

josé romero dijo...

Miguel; coincidimos en el reconocimiento a este periodista.

Clarice Baricco dijo...

En mis estudios universitarios no lo mencionaron y lo lamento.
Pero al menos lo conocí después.
Grande.
Tu texto con el de Omar me gustaron.

Abrazo

Miguel Sanfeliu dijo...

Diarios, has escogido una de mis frases favoritas. Deberíamos tener siempre presente este hecho.

Alvy, desde luego, y una excelente persona.

Laura, cuando me enteré de la noticia me vino a la cabeza esta entrevista que tenía guardada como un tesoro. Me pareció buena idea darle la palabra, en cierto sentido.

Clara, me alegra que te haya gustado. Siempre resulta gratificante encontrar una mente lúcida.

José, es cierto, he leído tu texto y me pareció muy bueno. Disculpa que no dejase comentario en su momento. Voy un poco atrasado.

Clarice, qué suerte haberlo conocido. Yo lo vi en televisión y me pareció una persona con un magnetismo increíble.
El texto de Omar es muy bueno. El mérito del mío se debe a que son palabras de Kapuscinski. Aunque ha muerto, sus palabras están aquí.

Un saludo a todos y gracias por los comentarios.

Nina de Papuza dijo...

Muy interesante. Un espíritu especial. Un rastro para la confianza. Un periodismo que anhelo.

Rosa Silverio dijo...

Querido Miguel:

Un sentido homenaje para un gran hombre a quien siempre admiraré.

Iba a escribir algo en mi blog, pero cuando vi tu post, lo sentí como mío.

Ryszard siempre será recordado.