miércoles, noviembre 01, 2006

Escritos sobre el arte de escribir

La correspondencia de Franz Kafka es muy extensa, ya que era un escritor compulsivo, y aunque es cierto que las selecciones y recopilaciones nos inducen a leer algo bajo el filtro personal impuesto por un tercero, con el que podemos o no estar de acuerdo, también lo es que en casos como este facilitan la labor del lector. "Escritos sobre el arte de escribir" utiliza toda la correspondencia y los diarios del autor praguense para presentarnos los fragmentos de la misma en los que hace alguna referencia a lo que la escritura significaba para él. Así, esta recopilación, realizada por Eric Heller y Joachim Beug, nos los ordena en base a las referencias que hace acerca de sus libros, e incluye un apartado para lo que, de manera general, se refiere a sus opiniones sobre el ejercicio de la literatura. Se utiliza también como fuente el libro de Gustav Janouch "Conversaciones con Kafka". Una tarea bastante laboriosa cuyo resultado es un libro interesante aunque, también, un libro disperso y, en algunos momentos, repetitivo, que nos ofrece una completa visión de uno de los autores fundamentales de la historia de la literatura.

La figura de Kafka aparece entre estas páginas en toda su extensión y complejidad. Sentimos que nos habla, que nos cuenta sus secretos, que revive ante nuestros ojos para conversar sobre su obra y sus opiniones estéticas. Solía escribir de noche, de hecho "La condena" la escribió de un solo tirón en la noche del 22 al 23, desde las diez de la noche hasta las seis de la mañana. En la carta a Felice fechada el 1-XI-12 nos cuenta cómo distribuye el tiempo de una jornada normal:
Desde hace un mes y medio, mi distribución del tiempo viene a ser, con algunas variantes surgidas últimamente a consecuencia de una insoportable debilidad, la siguiente: de 8 a 2 ó 2.45 trabajo en la oficina, hasta las 3 o 3.30 como, desde este momento y hasta las 7.30 me meto en la cama para dormir (...); a continuación hago gimnasia durante 10 minutos, completamente desnudo y con la ventana abierta; después paseo durante una hora, ya sea sólo o con Max y otro amigo; luego ceno en el marco de la familia (tengo tres hermanas, una casada, una comprometida y una soltera; descontando el amor que siento por todas, esta última es la que más quiero); y por último, hacia las 10.30 (pero muchas veces se hacen las 11.30) me siento a escribir, lo hago mientras tengo fuerzas, ganas y suerte, hasta la 1, las 2, 3, en una ocasión hasta las 6 de la mañana.

Se queja continuamente de su mala salud, su pasión por la escritura resulta obsesiva, su único alimento verdadero, lo único por lo que vale la pena vivir, pero también el origen de sus inseguridades, de sus desvelos, de sus crisis.
A continuación, transcribo algunas frases extraídas del libro:

La novela soy yo, mis historias son yo.

Gracias a que escribo me mantengo con vida.

Comprende, Felice, que tendría que perderte a ti y a todas las cosas si alguna vez perdiera el escribir.

Al fin y al cabo no puede existir ningún lugar más bonito para morir, más digno de la desesperación total, que la novela escrita por uno mismo.

El individualismo más difundido de los escritores consiste precisamente en que cada uno esconde de forma muy especial sus cosas malas.

Cuando mi organismo se dio cuenta que el escribir era el enfoque más provechoso de mi ser; todos mis esfuerzos tendieron hacia allí y abandonaron todas las facultades relativas a los placeres del sexo, de la comida, de la bebida, de la reflexión filosófica, de la música.

No debo sobrevalorar lo que he escrito; con ello sólo hago inalcanzable lo que quiero escribir.
En el fondo, mi vida consiste y ha consistido desde siempre en intentos de escribir, por lo general malogrados.

Noto cómo una mano inflexible me va sacando de la vida cuando no escribo.

Escribir significa abrirse al máximo.

Tengo que estar mucho tiempo solo. Todo cuanto he realizado, es sólo un logro de la soledad.
Soy silencioso, insociable, amargado, egoísta, hipocondríaco y realmente enfermizo.

17 comentarios:

Magda dijo...

Qué excelente libro, Miguel. No sabía de su existencia. ¿Podrías por favor decirme en qué editorial se ha publicado? ¿es reciente? Me interesa mucho.

Te recomiendo el libro de Patricia Runfola, Praga en tiempos de Kafka. Aquí también se habla mucho de Kafkam y desde un punto de vista totalmente diferente, muy bello.

Clarice Baricco dijo...

Buscaré el libro.

Hay ciertas frases que las hago mías.

Mientras, el texto me lo robo, ya sabes el camino.

Abrazo

Laura Diaz dijo...

Tampoco conocía el libro. Lo buscaré. Muy sabroso!

Saludos

pato dijo...

Algo bueno para leer !!

K dijo...

Hay algo que siempre me quedó dando vueltas... Kafka le pidió a su amigo Max que destruyera sus textos una vez muerto. Muy poco de él fue publicado en vida.
Obviamente su mejor amigo no cumplió su voluntad, pero... hizo bien?
La primera respuesta sería afirmativa porque sino, nunca hubiéramos conocido al gran Kafka. Pero me queda la duda sin un respuesta en firme.
Tal vez, sería para no torturarnos. Borges decía algo así como que Kafka era un genio para inventar situaciones insoportables.

Miguel Sanfeliu dijo...

Magda, encontrarás información sobre éste y otros libros publicados por Fuentetaja en la siguiente dirección:

http://www.fuentetajaliteraria.net/catalogo/coleccion.php?id=4

Buscaré el de Runfola. Gracias.

Clarice, me alegra que te guste.

Laura, te remito a la dirección de internet que apunté más arriba.

Pato, creo que tiene interés, sí.

K, dilema al canto. ¿Hizo bien? Me apunto la frase de Borges.
Es posible que Max Brod fuera un traidor a la voluntad de Kafka, pero ¿quién no se alegra de que así fuese? Si se equivocó, Kafka ya le habrá perdonado.

Un saludo y gracias por los comentarios.

Miguel Sanfeliu dijo...

Vaya, como parece que no se ve bien la dirección completa, la troceo:
http://www.fuentetajaliteraria.net/
catalogo/coleccion.php?id=4

Y, ya puestos, espero disculpéis que os diga que si cambiáis el 4 por un 6 en esta dirección encontraréis el libro "De una voz plural", donde hay un relato mío, primerizo, por si alguien siente curiosidad.

Saludos de nuevo.

conde-duque dijo...

"Escribir es como una forma de oración" (Kafka)

Alvy Singer dijo...

Bello, bello.

Magda dijo...

Gracias, Miguel.

Omar Piña dijo...

No hay mayor delicia que la correspondencia ajena... es como tomar un vino espesado con clavo y pensar en la niebla de Praga para ver caminando a un hombre que llevaba a Samsa en la punta de la lengua.

pies diminutos dijo...

Qué buena selección de fragmentos, Miguel, he disfrutado un montón leyéndolos y me atrae muchísimo el libro!

Un saludo!

(yo también te recomiendo el de Runfola, es una pasada...)

M dijo...

Qué tipo, Dios, qué tipo y qué cosas tan grandes ha dejado.

Sobre lo de rescatar textos no deseados por el autor... No digo que pueda aplicarse al caso Kafka, pero fijaos en lo que hicieron hace poco con Carver, que a mí siempre me ha parecido de un inmoral, o más a vuelapluma, me sentó como el culo que sacaran cuentos que él tenía guardados en el cajón. Por algo sería. La petarda de la Gallager, como siempre...

Rosa Silverio dijo...

Excelente, Miguel.

No sabía de ese libro.
Ya sabes que disfruto mucho a Kafka así que lo buscaré.

Miguel Sanfeliu dijo...

Conde-Duque, gracias por la aportación.

Alvy, me alegro que te guste.

Magda, de nada.

Omar, agradezco tu comentario. La correspondencia ajena es como un agujero en una pared por el que te asomas a algo ya desaparecido.

Pies Diminutos, tendré que comprar el de Runfola, está claro.

M, admito que sentí algo parecido con el caso Carver. Pero más que nada porque se trataba de trabajos imperfectos, descartados por el autor, y eso sí que parece una traición. Es como si hubiera que aprovechar cualquier cosa para seguir explotando el mito.
Enhorabuena por haber terminado tu libro. A ver si podemos leer algo...

Rosa, espero que no te defraude. Acabo de imprimirme tu relato y lo leeré con calma. Parece que has desactivado los comentarios, pero te haré llegar mi opinión.

Un saludo y gracias por los comentarios.

ignatiusmismo dijo...

Me ha gustado mucho la reseña.

Miguel Sanfeliu dijo...

Gracias, Ignatiusmismo.