miércoles, julio 13, 2011

El escritor

El escritor se sienta frente a la pantalla del ordenador dispuesto a renovar el género del relato corto. Algo innovador. Algo que no haya hecho nadie. Algo rompedor. El futuro de la narrativa breve. La pantalla parpadea. El escritor piensa. Tal vez narrar la historia al revés. O alternar voces narrativas. La primera y la tercera persona. El presente y el pasado. Quizá romper la estructura. Fragmentos desordenados. Mezcla de lenguaje científico y lenguaje literario. Metaficción. Personajes reales y personajes inventados. Biografía y fantasía. Mezcla de géneros. Western y Ciencia Ficción con unas gotas de terror gótico. Narrador omnisciente y monólogo interior. El escritor se desespera. Se levanta de la silla y da vueltas por el cuarto. Todo lo que se le ocurre parece haber sido ya hecho con anterioridad. ¡Maldito Cortázar! Inventar un lenguaje nuevo. Utilizar las abreviaturas de los mensajes electrónicos. Historia de amor en un chat. Golpea la mesa con furia. Y de pronto tiene una idea. Estira los dedos y comienza a teclear el principio: Érase una vez…

9 comentarios:

Miguel A. Zapata dijo...

Qué acertada reflexión, Miguel. A menudo nos castigamos acerca de la novedad o no de nuestras obras, como si lo nuevo fuera la única premisa del Arte ("al fondo de lo desconocido para encontrar lo nuevo", clamaba Baudelaire, pero él era un posromántico, un genio en tránsito, como tantos otros). Los copistas medievales o los arquitectos o los artistas plásticos del románico se gustaban imitando modelos establecidos, aportando su sello a la tradición que respetaban porque asumía los códigos culturales de su mundo. Utilizar todos los recursos léxicos, sintácticos, estilísticos, gramaticales, estructurales... pero como medio, nunca como fin, que se agota en sí mismo antes de llegar a expresar nada. Oír hoy a los que saludan la fragmentación, la inter o hipertextualidad como descubrimientos de nuevo cuño me parece el colmo de la caradura, aunque también alientan la idea de ese lector-hembra del que hablaba Cortázar, el que se deja llevar por las mesas de novedades y desconoce la tradición. A veces, leemos o escribimos lo que nos merecemos, miembros como somos de estas últimas generaciones amputadas.
Encantado de pasarme por tu blog. Un abrazo.

Francisco Machuca dijo...

Si en el fondo a todos nos gusta leer o escuchar una historia.Oscar Wilder dijo que el estilo era simplemente tener algo que decir y decirlo bien.No existe una idea original,todo se ha dicho ya,sólo queda volver a decirlo de otra manera,es decir,como se dijo en un principio y volver a empezar. ¿has leído La semilla inmortal,de J.Balló y X.Pérez,un libro que analiza todas las procedencias de las grandes historias contemporáneas.En fin,que tu relato me ha gustado mucho.

Un fuerte abrazo y felíz verano,Miguel.

dsdmona dijo...

BUenísimo Miguel.

D.

ANABEL dijo...

Pues a mí me parece muy, muy divertido, un choquecito de humildad para el escritor.

Elèna Casero dijo...

Una reflexión genial, algo que se nos puede pasar por la cabeza a todos en algún momento determinado.

Me ha gustado mucho. Un gran abrazo

JOSE ROMERO dijo...

No hay nada nuevo bajo el sol, los mismos temas pero narrados por diferentes autores con diversas experiencias. Texto redondo que encierra una reflexión para aquellos que se aventuran por esos caminos de lo nuevo. saludos

Elías dijo...

Miguel: ¿me has estado espiando?

Abrazo.

Juan Herrezuelo dijo...

Cuántos hay que obsesionados por encontrar la fórmula del éxito –tan ilusoria en literatura- se olvidan de que el escritor lo que tienen que tener es una historia que contar. Hace bien éste de tu historia en regresar al Érase una vez: nunca se inventó manera mejor de atraer la atención hacia el comienzo de una historia. Ya sólo le falta la historia…

Francisco Ortiz dijo...

Todos los principios el principio, como diría Cortázar.