lunes, octubre 02, 2006

HFS - Enrique Vila Matas y Eduardo Lago



La charla entre estos dos grandes escritores estuvo moderada por Mercedes Monmany, una de las mejores críticas literarias del país. La charla se anunciaba con el titulo "La novela actual como campo infinito de experimentación y regeneración del género en nuestros días", y lo primero que hizo la moderadora fue renegar de la rimbombancia de semejante titulo que, además, se le había ocurrido a ella. Un titulo demasiado artificial como para presidir lo que había de ser la charla entre dos escritores con muchos planteamientos en común.

Eduardo Lago es un hombre recio, de mirada inteligente, lleva un pantalón de cuero negro y se sienta ligeramente encorvado hacia delante. Ha sido el ganador del último premio Nadal con su novela "Llámame Brooklyn". Es su primera novela. Su faceta más conocida es la de articulista literario. Un artículo suyo sobre las traducciones del "Ulises" de Joyce recibió un importante premio en 2002, el "Bartolomé March". "Fue un artículo impuesto, tuve que asumirlo yo porque nadie quería encargarse de él". Ha estado coordinando la sección de críticas en la web El Boomerang, de la que ahora se encarga Jorge Volpi quien, por cierto, se encuentra entre el público.
Enrique Vila-Matas se sienta un poco más recto en el asiento, tiene cierto aire ausente, tímido, casi desvalido, pero creo que es consciente de la fascinación que transmite, de su magnetismo. Es un hombre que respira literatura por todos sus poros. La lista de sus libros es muy extensa, "Lejos de Veracruz", "Bartleby y compañía", "Historia abreviada de la literatura portátil", "París no se acaba nunca", "Suicidios ejemplares", "Hijos sin hijos", "El mal de Montano", "Doctor Pasavento", etc. etc. Es uno de los más importantes escritores que existen hoy en España. Sus comentarios suelen estar llenos de digresiones y, más que teorizar, lo que hace es contar historias. Le sonó el móvil en plena presentación, también le había sonado el día anterior, durante el coloquio sobre "El placer de leer", por lo que gastó una broma haciendo ver que se trataba de la misma persona.

Vila-Matas explicó que siempre había querido vivir en Nueva York. De hecho, solía tener un sueño recurrente en el que se veía jugando a la pelota rodeado de rascacielos. Cuando por fin visitó Nueva York y se asomó a la ventana de su hotel y vio los rascacielos no sintió nada especial, por lo que pensó que lo importante del sueño debía ser el niño.
Eduardo Lago contó que siempre había imaginado una escena relacionada con un hombre que se encontraba escribiendo en una habitación. Un día tuvo que entrevistar a Frank McCourt y, al leer "El profesor", encontró, en ese libro, exactamente el mismo pasaje que él había imaginado durante años.

Cuando le preguntó Eduardo Lago a Vila-Matas si era cierto ese encuentro con Salinger que narra en su libro "Bartleby y compañía", Vila-Matas sonrió malicioso y dijo: "Si Vila-Matas lo dijo, es verdad".
Vila-Matas dijo que le gustaba el cuento, el ensayo breve, los diarios... y le gustaba mezclar todo aquello. Tiene tendencia a encontrar autores raros, marginales. Dice que no lee a Philip Roth. Explica que le impactó México, que siempre es bien recibido allí. Pitol, su maestro, le dijo que gustaba tanto en México por la excentricidad. México es una cultura excéntrica.
Dijo también que durante mucho tiempo estuvo recomendando a Gombrowicz sin haberlo leído. Veinte años después lo leyó y se dio cuenta de que no tenía nada que ver con él. "A fuerza de creer que lo imitaba, me hice con un estilo propio".
Eduardo Lago se declaró admirador de Philip Roth, aunque admitía que escribía un realismo un poco cansado. Probablemente, el escritor del futuro, en el sentido de ser un escritor transnacional, es Roberto Bolaño, pues es y no es chileno, mexicano, catalán, español... Y también manejaba la literatura como realidad.

Vila-Matas contó algo que le ocurrió en París. Lo invitaron a unas charlas y, como es tímido, decidió beberse un whisky mientras hacía tiempo. Al salir del bar, se entretuvo ante el escaparate de una librería. De pronto, se le acercó una mujer y le dijo que era de Alcohólicos Anónimos, y le dio una tarjeta. Estuvo a punto de reaccionar con violencia y lo que de verdad quiso decirle fue: ¡Yo no soy anónimo! Pero calló, porque se dio cuenta de que, en el fondo, prefería ser anónimo.
"Yo lo que prefiero es escribir. En casa, que es donde escribo. No quiero decir que me guste estar en casa, porque para eso viajo. Pero lo que más me gusta es escribir".

10 comentarios:

Portorosa dijo...

Mira, Miguel, de verdad, nunca había disfrutado tanto de unas conferencias a las que no hubiese ido.

(Y qué envidia, todo eso que dicen, y ser ellos (bueno, más o menos), y tantas cosas)

Un abrazo.

Alvy Singer dijo...

Qué gozada!!! Y Vila-Matas, again. Que gran crónica la suya.

Clarice Baricco dijo...

ayyyy Vila-Matas...lo tuve tan cerquita en mi ciudad y me dibujó mis libros y platiqué y me tomé foto y ufff...es genial.
Su sentido del humor es grande.

A Eduardo Lago no lo he leído.

Sigo emocionada por tus crónicas, manera linda de refugiarme.

Abrazote

Hilario J. Rodríguez dijo...

Hola,

Esta última entrada es impagable.
Magnífico compañero.
Un saludo a los compañeros del blog.
Hilario J. Rodríguez

Francisco Ortiz dijo...

Sigues ofreciéndonos unas crónicas magníficas. En cuanto a ésta, lamento que Vila-Matas, a quien he leído poco y mal, no recomiende "Pastoral americana", de Roth, una de las grandes novelas del siglo pasado, que es literatura y también muchas más cosas. Todas útiles y entretenidas.

India Ning dijo...

¿Qué puedo añadir que no hayan dicho ya? Una crónica magnífica, con un humor inteligente, rescatando frases geniales.
Gracias !
Abrazos!

José Antonio Galloso dijo...

impecable entrega como siempre, hoy la envidia sana y de amigo me ha invadido por completo
saludos

mart dijo...

Hola Miguel.Bueno,primero me sumo al resto de comentarios y ratifico los elogios vertidos,que para nada pretender ser superfluos,pues las crónicas son realmente interesantes,al menos así lo entendemos los que aquí comentamos.Divertida anécdota la de la copita de whisky en París,la timidez personal siendo un personaje público,debe ocasionar más de una situación incómoda a Vila-Matas,digamos que es el tributo que ha de pagar por hacer lo que más le gusta, escribir.

Miguel Sanfeliu dijo...

Portorosa, me alegra que disfrutes de esta serie de crónicas. Quedan tres para el final. La última muy corta, de despedida al Festival.

Alvy, igual te digo, aprecio mucho el interés con el que estás siguiendo estos textos.

Clarice, estoy de acuerdo. Vila-Matas es genial. Yo tampoco he leído aún el libro de Eduardo Lago pero me han hablado muy bien de él y lo tengo aquí a mi lado, esperando turno.

Hilario, gracias por dejar comentario. Sé que normalmente prefieres pasar de tapadillo.

Francisco, estoy de acuerdo, pero cada uno tiene sus gustos. Yo te recomiendo que le des una nueva oportunidad a Vila-Matas. "Bartleby y compañía" es una gozada. También "París no se acaba nunca" y "Suicidios ejemplares".

India, gracias a ti.

José Antonio, tu no podrías tener otra clase de envidia más que la sana, me parece a mí.

Mart, gracias. La anécdota a la que te refieres fue muy divertida. Pero es que todo lo cuenta de un modo divertido, como cuando dijo que el cuarto donde tenía instalada la biblioteca tenía ventana, aunque siempre dijo que tenía la biblioteca en un cuarto oscuro, porque sonaba más misterioso, pero bueno, ya era hora de desvelar la verdad.

Un saludo a todos y gracias por vuestros comentarios.

Rosa Silverio dijo...

Wao, Miguel. Te diste un puro banquete. Bueno, nosotros no estuvimos pero disfrutamos todo a través de tus magníficas crónicas.

Gracias por contarnos lo que pasó. Me podrucía curiosidad precisamente lo que había dicho Enrique Vila Matas.