martes, febrero 27, 2007

El origen de las historias

Si a un escritor se le pregunta de dónde surgió tal o cual historia, contestará, en un gran porcentaje de los casos, que todo empezó con una frase. Una frase que surge de un modo misterioso suele ser el detonante de la imaginación. También puede tratarse de una frase escuchada al azar, o incluso leída en un anuncio. Una frase juguetona que se mete en la cabeza y se queda allí y se niega a marcharse hasta que no se ha transformado en algo más grande: una historia. La historia puede ser simplemente situacional o tratar de responder a una pregunta del tipo ¿qué pasaría si...? De este modo, se crea una trama que, casi sin que el autor se dé cuenta, se va ordenando en su cabeza. Por fin, el escritor configurará a los personajes necesarios para materializar dicha trama. Es así en un alto porcentaje de los casos.

Sin embargo, hay veces en que lo que primero aparece es el personaje. Por algún motivo, uno se encuentra con un personaje y, aunque este encuentro no suele dar lugar a la historia de un modo inmediato, sabe que dicho personaje aparecerá en el momento adecuado para ocupar su lugar.

Yo encontré uno de estos personajes en un periódico hace algunos años. Concretamente en el año 2001. El titular de la noticia era: "UNA ABOGADA PISOTEA SU TOGA EN UN JUICIO". Y transcribo ahora parte de dicha noticia, aunque dejando el nombre de la abogada sólo con sus iniciales:

"El Colegio de Abogados de (...) ha abierto diligencias informativas contra la letrada A. M. F. por pisotear su toga mientras afirmaba que «la justicia es una mierda», durante un juicio. La apertura de diligencias responde a una posible infracción del código deontológico de la abogacía. La letrada defendió en el juicio a uno de los cuatro acusados del asesinato de un agricultor."

Es genial. Sé que esa abogada que pisotea su toga en mitad de un juicio aparecerá en algún momento para convertirse en un personaje de ficción. Sólo es cuestión de tiempo. Su frustración, su impotencia, reflejados en ese estallido inútil pero elocuente, resultan materiales valiosos para una historia.

sábado, febrero 24, 2007

Talleres literarios

Se tiene la idea de que uno no puede aprender a ser escritor. Se puede aprender a pintar, a esculpir, a componer, pero no a escribir. El escritor ha de hacerse a sí mismo. No hay otro camino. Parece incluso comúnmente aceptado que si ha desempeñado muchos y variados trabajos, mejor escribirá.
Se piensa que los talleres literarios son lugares donde va la gente a intentar que la doten de un talento que la naturaleza no ha querido otorgarles. Tarea penosa llevada a cabo, presuntamente, por escritores frustrados que han encontrado en esta "moda" un medio para ganarse la vida. Pero ahí tenemos a Juan José Millás, a José María Merino, a Alejandro Gándara... que no creo que sean escritores mediocres precisamente, dando clases de escritura creativa en la Escuela de Letras.

En EE.UU. los talleres literarios tienen un prestigio del que carecen aquí. Muy buenos escritores han impartido clases, como el mismísimo Raymond Carver. No se puede adquirir el genio, pero sí la disciplina; no se puede crear imaginación de donde no la hay, pero sí se puede enseñar técnica. Pienso que debemos superar el prejuicio de que no se puede aprender a escribir, que el escritor lo es por inspiración divina, por poseer unas capacidades innatas.
Los mejores maestros son los clásicos, la mejor enseñanza es la lectura... Cierto, nada que objetar, pero no creo que los talleres literarios nieguen esto, no creo que sean opciones excluyentes.

Yo vivo en Valencia, y aquí no hay talleres literarios ni escuelas de letras, así que hace ya unos años me apunté a un taller literario que funcionaba por correspondencia: Fuentetaja. Ángel Zapata era, y si no me equivoco sigue siendo, asesor en dicho taller y me corrigió algunos relatos, siempre con indicaciones inteligentes y palabras de ánimo. Allí descubrí autores que no conocía, practiqué ejercicios que nunca se me hubieran ocurrido y, sobre todo, perdí el miedo (es un decir) a compartir con los demás y a aceptar las críticas. El sistema consistía en enviar textos que eran fotocopiados y reenviados a todos los miembros del grupo, quienes mandaban luego sus opiniones. Y éstas también se distribuían, junto con dossieres de teoría literaria y ejemplos de importantes autores. Recuerdo la excitación que sentía cada vez que llegaba aquel sobre a mi buzón.
Ahora, internet facilita mucho la comunicación y uno puede exponerse ante una audiencia que ni siquiera soy capaz de imaginar. Es más fácil encontrar gente con las mismas inquietudes y lugares donde perder el miedo y aprender a corregir los propios errores, los que se nos escapan por muy autocríticos que seamos.

martes, febrero 20, 2007

Babel


¿Cómo pueden estar relacionados unos niños americanos y una joven japonesa sorda? ¿Cómo puede afectar a la vida de ambos el disparo efectuado fortuitamente por unos niños en el desierto marroquí?

Esta película cierra una trilogía formada también por las anteriores "Amores Perros" y "21 gramos", y cierra también un período de colaboración entre González Iñárritu y Guillermo Arriaga, autor de los guiones. Las tres historias presentan una puesta en escena en la que no se respeta el transcurrir lineal de los acontecimientos, la realidad está fragmentada, y esos fragmentos no mantienen una correspondencia temporal ni espacial, las escenas se suceden como piezas de un puzzle intencionadamente desordenado que obliga al espectador a tomar una actitud activa, de cara a esforzarse por entender lo que está viendo. Poco a poco, las piezas van encajando y vamos descubriendo las asociaciones, las relaciones, lo que, por encima de todo, une a los seres humanos.

Dos aspectos destacan sobre todo: el amor hacia los hijos y el miedo.
Muchas de las situaciones se producen al intentar proteger a nuestros hijos. Queremos para ellos un mundo mejor y, sin embargo, a veces los estamos conduciendo hacia un desierto en el que se verán perdidos. Al intentar salvarlos de las consecuencias de un accidente, podemos estar guiándolos a la muerte. Por otra parte, la falta de entendimiento entre unos y otros, especialmente en el ámbito gubernamental, complica las cosas. El recelo y el miedo nos aísla.

El film nos habla de lo que nos separa y de los que nos une, nos habla del dolor, de las barreras físicas, de las barreras lingüísticas, del desamparo, del miedo, de la desesperanza y, especialmente, del amor como motor de nuestros actos. La esencia de los seres humanos, que reaccionan cada uno a su manera ante las eventualidades que el destino nos pone delante. No todos tienen los nervios templados, no todos saben conseguir aquello que anhelan sin caer en el ridículo más patético.

En cualquier caso, "Babel es una experiencia cinematográfica impactante, que se nos mete en el estómago y nos afloja las piernas al mismo tiempo que nos hipnotiza con unas imágenes potentes y un montaje eficaz, todo ello realzado por solventes interpretaciones, tanto de las estrellas de reconocido nombre como de las más desconocidas. Cuatro escenarios dispares: Marruecos, EE.UU., México y Japón. Personajes perdidos que sienten aquello que decía Sartre, que el infierno son los otros.

jueves, febrero 15, 2007

Un meme

Me pasa Francisco Ortiz un meme.
No puedo negarme, aunque reconozco que no suelo seguir estas cadenas. Soy un poco soso para estas cosas.
Lo he pensado bastante tiempo.
El meme se titula "Cinco cosas que no sabéis de mí".

1.- Le doy muchas vueltas a todo. Miro y remiro cada asunto desde todos los lados posibles. A veces, me cuesta tomar una decisión. Siempre me preocupa hacer lo correcto. Sin embargo, por regla general, yo creo que más dudo en los asuntos más tontos, mientras que en las cuestiones más importantes, suelo dudar menos. O tal vez no.

2.- No soy supersticioso. Bueno, es que no puedo ser supersticioso porque nací en trece y martes, aunque esto ya lo sabéis, porque creo que ya lo dije. Pero no había dicho que no soy supersticioso. Si evito pasar por debajo de una escalera o se me eriza el vello al ver cómo se me cruza un gato negro por delante, no es por superstición, sino por prudencia.

3.- Soy un desastre en cuestiones de bricolaje y reparaciones del hogar. Cuando cambio una simple bombilla me entran ganas de salir a cenar por ahí, para celebrarlo.

4.- Hay dos refranes que siempre tengo muy presentes: "El que la sigue, la consigue" y "A mal tiempo, buena cara".

5.- Me gusta ir en moto. Antes de que nacieran mis hijos tuve una Yamaha 600 con la que realicé un pequeño viaje con mi mujer, por la costa, hasta la localidad de Calpe. Fue un día inolvidable.

Y ya que he cogido carrerilla, diré que cuando tenía diecisiete años viajé con mi familia a Puerto Rico, Santo Domingo, Panamá y Miami. Estuvimos casi cuatro meses por ahí, y mis dos hermanos y yo tuvimos que repetir curso, pero fue una experiencia inolvidable.
En fin, no le paso la cadena a nadie en concreto, aunque la propuesta queda en el aire... por si a alguien le apetece.

domingo, febrero 11, 2007

J. T. Leroy


J. T. Leroy
J. T. Leroy no existe, vaya el aviso por delante. Se dio a conocer con la publicación de la novela "Sarah", supuestamente biográfica, en la que narraba sórdidos episodios de su vida. Una vida de prostitución y drogas en compañía de su madre. La novela la había escrito por consejo de su psicólogo para deshacerse de las pesadillas. La conmoción fue inmediata. Se hizo famoso. Importantes figuras le dieron su apoyo, como Dennis Cooper, el más entregado y el más defraudado, Michael Chabon, Lou Reed, Dave Eggers, Gus Van Sant (Leroy aparece en los titulos de crédito de la película "Elephant"), Tom Waits, etc... Claro que ellos no sabían que J. T. Leroy no existía, que se lo había inventado una mujer llamada Laura Albert, de 40 años, que cantaba rock y escribía relatos que no conseguía publicar, y que, estoy seguro, nunca había soñado que su libro y su personaje adquirirían tal notoriedad. De pronto, querían entrevistar a J. T. Leroy, todo el mundo quería conocerlo. Intentó dar largas, decir que el chico no quería darse a conocer, que estaba ilocalizable, pero al final no tuvo más remedio que pensar en darle a la gente lo que quería. Savanna Knoop, cuñada de Laura, fue por fin la encargada de encarnar al joven Leroy, con peluca rubia y grandes gafas de sol. Laura siempre estaba cerca, haciéndose pasar por su agente de prensa y amiga.

En una de sus primeras entrevistas le preguntaron: "¿Hasta qué punto están idealizadas tus experiencias en Sarah? Hay una especie de frialdad al narrar ciertos pasajes que, bueno, es como si no te hubiera ocurrido a ti..." Y él/ella contesta: "Es una técnica de supervivencia. Cuando una situación te produce mucho dolor, desconectas. Como si entraras en un shock. Por eso él (Cherry Vanilla/Sarah) se muestra impasible. Está aterrorizado. Sabe que gritar, llorar, rogar no sirve de nada. Ha crecido con una madre chunga. Sabe cómo insensibilizarse al dolor, cómo distanciarse de todo... como yo..."
"Como yo", dice, al parecer consciente de que sus historias no tienen valor si no van disfrazadas de testimonio personal.
Se suele decir que un libro debería ser considerado bueno o malo al margen de quién lo haya escrito. Es evidente que este no es el caso de los libros de J. T. Leroy.

Laura Albert

viernes, febrero 09, 2007

La edad

¿Existe una edad ideal para publicar el primer libro?
He publicado algunos textos aquí y allá, pero ningún libro todavía, pese a que tengo varios escritos y amontonados por los cajones. Y me doy cuenta de que la edad se está convirtiendo en un handicap para conseguir publicar.
Me queda aún la posibilidad, con un poco de suerte, de ocupar un puesto entre la lista de escritores que se han dado a conocer tardíamente. Pedro Juan Gutiérrez o Luis Landero publican su primer libro superados los cuarenta años. Aún estoy a tiempo. Álvaro Pombo, por ejemplo, confiesa que ha logrado su independencia económica como escritor a la edad de 53 años. Y, más extremo aún, Gesualdo Buffalino, escritor italiano, se hizo famoso a los sesenta años, con la publicación del libro "Perorata del apestado". No todo está perdido.
E. Annie Proulx nació en 1935 y empezó a escribir literatura a los cincuenta años. Publicó su primer libro de relatos cuando ya había cumplido los cincuenta y tres (1988). Por su primera novela, "Postcards", obtuvo el premio PEN/Faulkner en 1992, es decir, a los 57 años. En 1994, obtuvo el Pulitzer y el premio Nacional con su novela "Atando cabos".
Y Francisco Afilado acaba de publicar su primer libro de relatos, titulado "Perforaciones". Afilado nació en 1963. Apenas soy un año mayor que él.
Tras pensar en todo esto, me pregunto por qué parece un objetivo primordial conseguir ser publicado, que tu nombre aparezca en la portada de un libro. Supongo que es la forma de legitimar un hobby que requiere muchas horas, un hobby más importante que cualquier otra actividad.

lunes, febrero 05, 2007

Hipotermia


Hipotermia es un libro de relatos escrito por el mexicano Álvaro Enrigue.
Ha publicado también "La muerte de un instalador", con el que ganó el Premio de Primera Novela Joaquín Mortiz en 1996; "Virtudes capitales", libro de relatos y la novela "El cementerio de sillas". Colabora en revistas y periódicos de Mexico y España.

Siempre me gustaron los libros que toman como materia narrativa a la propia literatura. En ese sentido, el primer relato de este libro es una gozada. Me siento incluso tentado a copiarlo de cabo a rabo. Se titula "La pluma de Dumbo". Pero me conformaré con mostrar su primer párrafo:
"Soy un escritor de categoría, pero nadie lo sabe. Se lo dije ayer a mi hijo. No fue la primera vez; suelo decirlo cuando bebo de más. Eres un empleado respetable en un periódico decente, me respondió mirándome a los ojos. Él también había bebido demasiado. Soy escritor —volví a decir—, tal vez un mal escritor. Eso nunco lo había dicho. Su respuesta fue aún más novedosa. Sonrió con cierta crueldad —es una sonrisa que le conozco desde niño—, y dijo: A ver, cuándo has publicado un libro; para ser escritor se necesita tener libros."
Este comentario, que el narrador intenta convencernos de que no lo tiene en cuenta, lo cierto es que se le clava en el corazón, como podremos constatar observando su reacción al final del cuento.

A excepción de éste, el resto de los relatos se agrupan en cinco apartados, bajo los títulos: "Escenas de la vida familiar", "Salidas decorosas", "Mugre", "Grandes finales" y "Dos valses rumbo a la civilización".
"Escenas de la vida familiar" se inicia con el relato "Superación personal", que nos habla de un escritor cuyo mayor éxito literario lo constituye un libro de autoayuda que escribe por encargo, por obligación, y con desgana absoluta. Los demás relatos de este bloque van configurando una pequeña novela sobre un hombre que emigra a EE.UU. y acaba dando clases de letras latinoamericanas en una universidad de Washington. Nos hablan de aspiraciones personales pero, por encima de todo, de la importancia de la familia como referente, asidero firme frente a un exterior hostil.
Por el contrario, "Salidas decorosas" reúne dos historias sin relación aparente. La de un electricista que cree estar solo en el interior del restaurante cuya instalación tiene que reparar y la de dos basureros que han bautizado a su camión con el nombre de "Outrageous Fortune" y cruzan las calles pensando que navegan en un barco pirata. La imaginación puede transformar la realidad más sórdida, aunque no siempre para mejor. Por otra parte, no debemos cerrarnos al mundo que nos acoge, pues tal vez sean los únicos a los que podamos recurrir en un momento de apuro.
"Mugre" vuelve a ofrecer un grupo de historias conectadas que se centran en un empleado del Banco Mundial, en Washington, para hablarnos de la sociedad americana, de lo difícil que resulta la integración, es más, la integración nunca se puede conseguir porque la propia sociedad estadounidense está preparada para que no ocurra, clasificando a la gente, refugiándose ellos en barrios residenciales, alejándose de los suburbios.
"Grandes finales" nos habla de hombres que se mantuvieron en su sitio hasta el final, pese a todas las calamidades, para terminar sintiendo que con ellos se extinguía toda una cultura, una forma de vida.
"Dos valses rumbo a la civilización" reúne las dos últimas historias, protagonizadas por un chef de reconocido prestigio que posee un restaurante en Washington DC y, con motivo de su participación en un reality que enfrenta a seis chefs de distintas partes del mundo, regresa a la sociedad de la que partió muchos años atrás, encontrándose con que todo le parece mucho más visceral y profundo: una realidad en carne viva. La última historia narra el regreso a México DF y, como recalcando la metáfora, el reencuentro con un antiguo amor.

La emigración mexicana a los EE.UU. tiene una presencia importante en el libro, es la auténtica protagonista. Se trata de un libro mezcla de reflexión y narración, que juega con los estilos, siempre con un lenguaje desenfadado y cercano. Un conjunto de historias que se van hilvanando entre sí, se van enroscando y nos presentan una realidad compleja que, pese al humor con el que se narra, encierra un poso de amargura.

Álvaro Enrigue nos explica, en un momento dado, su concepción de la narración:
"Hay una historia, ésa sí muy buena, que cuenta Bernardo Atxaga. Dice que un día, caminando por un pueblo de su región natal en el País Vasco, se encontró de pronto junto a una puerta con un agujero y un viejo. Hablaron un poco y al final el viejo le preguntó que si sabía por qué había un hoyo en la puerta. Será para el gato, dice Atxaga que respondió. No, le dijo el hombre, lo hicieron hace años, para darle de comer a un niño que se convirtió en perro después de que lo mordió un perro.
"Los cuentos que me gustan, los que me vuelven loco de ganas y envidia de escribir así, tienen la lógica deslumbrante del viejo vasco: les falta un pedazo y esa falta los transforma en una mitología, apelan al mínimo común denominador que nos hace a todo más o menos iguales".

Un libro de relatos que acaba convirtiéndose en una visión caleidoscópica de una misma realidad. Historias sutilmente conectadas. Un libro interesante.

jueves, febrero 01, 2007

Proyecto

Quiero hacerme eco del proyecto que inicia Sfer en su blog "Librosfera". Se trata de un blog colectivo dedicado a publicar principios de libros. Pueden ser principios que nos hayan cautivado o principios que nos hayan horrorizado. La libertad es absoluta y en su página explica lo que hay que hacer para participar.
El blog se llama "Coleccionando principios".
Lo cierto es que suena muy interesante. Las primeras frases de un libro son determinantes. Deben funcionar como un anzuelo que nos obligue a seguir leyendo, pero no siempre se consigue este objetivo. De todos modos, el principio deja clara muchas cosas, como el punto de vista adoptado, la voz narradora, el tono, el ritmo...
Me ha parecido una iniciativa muy sugestiva. Cuanta más gente nos apuntemos, mejor.

martes, enero 30, 2007

El laberinto del fauno

Una película hipnótica, fascinante, en la que se mezcla la realidad con la ficción. Una ficción fantástica, plagada de faunos, monstruos, laberintos, pasadizos secretos y pruebas arriesgadas; y una realidad acaso más terrible que todos esos seres imaginarios, una realidad dura y, desde luego, más escabrosa, la que nos golpea con imágenes más turbadoras. Y el director, Guillermo del Toro, cada vez más consciente de sus posibilidades, nos cuenta ambas historias, intercalándolas con maestría, moviéndose entre una y otra sin que el ritmo decaiga en ningún momento.

Ofelia, una fantasiosa niña de 13 años, interpretada por una inmensa Ivana Baquero llega acompañando a su madre (Ariadna Gil) a la masía en la que se encuentra el puesto militar franquista comandado por el Capitán Vidal (Sergi López). La madre está esperando un hijo de Vidal, con quien se acaba de casar y en quien ve una salida a su precaria situación económica. Se trata de un embarazo con complicaciones, por lo que la mujer debe guardar un estricto reposo, supervisado por el médico de la comarca (Álex Angulo). Desde un primer momento queda claro que Vidal es un ser despreciable, despiadado, sádico y cruel a quien sólo le importa capturar a los resistentes maquis que se ocultan en los montes de los alrededores, y la salud del bebé que está por llegar. Mercedes (Maribel Verdú), el ama de llaves, será la única que mostrará amabilidad con la joven Ofelia. Ante este panorama, la niña construirá un mundo alternativo en el que puede ser una princesa, la absoluta protagonista de peligrosas situaciones que ponen a prueba su valentía y determinación. Pese al miedo que se puede pasar en oscuros laberintos y tétricos parajes, pese a la angustia de ser perseguida por un ser brutal, nada podrá compararse con la atrocidad que reina en el campamento. De hecho, las escenas más "gore" tienen lugar en el mundo real y no en el imaginario. No obstante, la realidad es la que determina los acontecimientos y termina por aniquilar cualquier fantasía.

Lo cierto es que ambas historias son igualmente interesantes, pese a lo arriesgado que puede resultar alternar dos tramas que, en principio, parecen radicalmente opuestas. Es evidente que Guillermo del Toro, no sólo ha salido airoso de esta empresa, sino que probablemente ha filmado la, hasta el momento, mejor película de su filmografía. El estilo del director mexicano es contundente y nos narra la historia con determinación, sin titubeos, consciente en todo momento de cuál es el camino que va a recorrer y del punto al que nos va a llevar para, una vez allí, dejarnos desvalidos y mordernos el corazón.

Mención especial merecen los actores, todos sin excepción, empezando por Maribel Verdú, en un papel muy alejado a lo que nos tiene acostumbrado, Sergi López, que compone un personaje odioso al que exprime todas sus posibilidades y, muy especialmente, Ivana Baquero, la niña sobre la que se sustenta todo el peso de la película y cuyo rostro pasa de la sorpresa a la determinación, de la tristeza al miedo, con un simple parpadeo. Ella es el ser inocente que no tiene ningún papel en esa masía, la víctima de una barbarie descontrolada y que se convertirá por fin en la heroína anónima que permitirá que el bebé, el futuro, aún tenga una esperanza.


Un apunte:
Ivana Baquero se llevó un merecido Goya por su trabajo en esta película, y mostró una impecable profesionalidad en la Ceremonia de los Premios Goya. Una gala que, como casi todas, me provocó vergüenza ajena y que recurrió, una vez más, a la chabacanería y la simple mala educación para intentar hacer reír a base de chistes gruesos y fuera de tono.
"El Laberinto del Fauno" obtuvo siete premios, y estoy seguro de que saldrá airosa de la Ceremonia de los Oscars. Otra Ceremonia que recurre a los chistes más estúpidos para, dicen, hacerla amena.

viernes, enero 26, 2007

Apocalypto


Que Mel Gibson es un director de primera magnitud es algo que ya nadie puede cuestionar, ni siquiera basándose en lo que de polémica pueda tener su personalidad, por ser ultraconservador o porque lo pillaron pasado de vueltas, borracho como una cuba. Todo da igual, o debería dar igual, al posicionarse frente a una de sus películas. Tanto la reivindicable "El hombre sin rostro", como la impresionante "Braveheart", la fantástica "La pasión de Cristo" o esta maravilla titulada "Apocalypto", todas, sin excepción, son pruebas del oficio de Gibson tras la cámara.

Me apresuraré a decir que "Apocalypto" es una experiencia visual alucinante, por lo que lo mejor es verla en pantalla grande, muy grande. La película está rodada en un antiguo dialecto maya, el yucatec, y subtitulada, así que, como ocurría también en "La pasión de Cristo", el espectador se siente como si se hubiera abierto un agujero en el tiempo y pudiera asomarse a un pasado remoto y desconocido. Contada con una potencia de imágenes que convierte los escasos diálogos en algo secundario, accesorio, pues la narración es eminentemente visual, "Apocalypto" es una experiencia cinematográfica de primera magnitud.

Pero ojo, estamos hablando de cine, de ficción, tampoco hay que tomarse lo del agujero en el tiempo como algo literal, que ya hay quien dice que si hay hechos que no se ajustan a los datos históricos y que si patatín y que si patatán. El enfrentamiento con los indios sioux o los pieles rojas ha dado material suficiente como para crear todo un género, sin embargo, el período del choque entre las culturas mesoamericanas y la española parece algo inexplorado o a lo que hay que acercarse con sumo escrúpulo. No estoy de acuerdo. Me parece fantástico que se elija un período como éste para narrar una historia de aventuras, de heroísmo, de persecuciones... Y eso es lo que encontramos en "Apocalypto", en medio de impresionantes paisajes y tremendos personajes. Una historia hipnótica, fascinante, aunque no apta para todos los estómagos, pues una de las características de Gibson es no ahorrar al espectador ni siquiera los planos más desagradables, por lo que encontraremos alguna que otra escena de inspiración casi gore. Pero no demasiadas.

La historia se centra en los miembros de una tribu cuya idílica existencia es alterada cuando son capturados por unos poderosos guerreros que pertenecen a una civilización más avanzada, aunque también más hundida en la superstición y la crueldad. Uno de los miembros de esta tribu, Jaguar Paw, es el protagonista y tendrá que conseguir escapar de una muerte segura y atravesar el bosque, sumergiéndose en sus propios terrores, perseguido por feroces hombres, con el fin de intentar rescatar a su mujer y a su hijo. El amor es el verdadero motor que consigue que este hombre crezca, supere las situaciones más desesperadas, atraviese el horror y el dolor, en un viaje iniciático y desesperado.

El film no da tregua al espectador. La historia nos zarandea y nos sobrecoge y nos pone en tensión durante casi toda la duración del metraje. Una eficaz e impactante película de acción, en la que encontraremos escenas inspiradas en films como "El fugitivo" o "Comando en el mar de China", y en la que también podremos encontrar mensajes como la importancia de la familia, verdadero motor de los actos heroicos, o la decadencia moral a la que puede llegar una sociedad por su propio temor a lo desconocido.

miércoles, enero 24, 2007

Ryszard Kapuscinski


Ayer, 23 de Enero de 2007, falleció Ryszard Kapuscinski, a los 74 años de edad. Periodista por encima de todo, reportero, y un grandísimo escritor, reconocido por todos como un autor imprescindible y galardonado con multitud de premios, entre ellos el Principe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2003.
Recuerdo sus palabras... Lo que sigue son extractos de una entrevista firmada por Sol Alameda y publicada en el País Semanal del 5 de Enero de 2003.

Pienso escribir un libro sobre mi infancia y la II Guerra Mundial, durante la cual vivimos como refugiados permanentes. Por eso, cuando hablo de refugiados en el Tercer Mundo, sé muy bien de qué estoy hablando. Conozco ese miedo siempre presente; lo que es vivir en lugares desconocidos y diferentes, siempre descalzo y con hambre, sin escuelas ni libros. Una vida muy elemental y llena de temores.

Si duermes en el trópico, con 20 personas, en un cuarto pequeñito y sin ventanas, lleno de mosquitos y otros insectos, sin que uno se pueda mover para ahuyentarlos, sabes muy bien cómo vive esa gente. Y si uno no duerme así, si no está con ellos, pues no lo sabe. Los occidentales tendemos a olvidar que la vida que conocemos y tenemos no es la vida normal, que es la vida de una parte muy pequeña de la humanidad. La vida humana en nuestro planeta es muy dura. Y muy insegura. Está llena de temores y de peligros. Y la gente que escribe literatura contemporánea en los países desarrollados tiene muy poco que ver con la vida que estoy describiendo, con esa gente. Desgraciadamente, muy poca gente de los países desarrollados sabe cómo es la vida de millones de personas. Por eso y porque esa gente es muda, no sabe hablar ni plantear sus demandas, ni sabe organizarse, ni pedir que se les oiga. Ésta es una pobreza muy silenciosa, no es capaz de revolverse.

No soy nada escéptico. Al revés, soy demasiado optimista. Siempre veo el lado positivo del género humano. Tengo una muy positiva opinión del hombre, lo que viene del hecho de que yo vivo gracias a otra gente. A gente desconocida para mí y que me salvó la vida varias veces no sabiendo quién soy ni de dónde vengo. Solamente por una solidaridad humana. Me salvaron y ni siquiera se lo puedo agradecer porque no sé cómo se llaman.

Hay circunstancias que desarrollan lo mejor de la personalidad humana, pero hay mecanismos que apoyan el lado más oscuro del ser humano.

El ser humano es muy parecido en todo el mundo. Pero la gente, en general, quiere vivir tranquila, tener un trabajo y una casa. Sólo en los casos en que se despiertan reacciones crueles y locas, chovinistas, el hombre actúa como una máquina de matar. En todas las confrontaciones armadas, siempre vemos que fueron los políticos quienes exacerbaron unos intereses nacionalistas en su pueblo. Siempre hay alguien que lo organiza y lleva a la gente. Pero esa gente, por sí misma, quiere vivir en paz, tiene muchos problemas y le falta energía para buscar esas confrontaciones.

Conocí los países del Tercer Mundo como corresponsal de una agencia polaca y enviaba noticias constantemente. Me dije: esto que estoy escribiendo no refleja la realidad. En las noticias de prensa manejamos entre 600 y 800 palabras. Es un lenguaje pobre y superficial, incapaz de reflejar lo que se oye y lo que se siente. Así que empecé a escribir mis libros paso a paso, como si fuera un segundo volumen de todo lo que había escrito como corresponsal durante años. En ese segundo volumen escribí lo que no había podido contar en el primero. Me sentía un privilegiado por haber conocido esas culturas, y pensé que debía intentar escribir esas realidades para los demás. Era consciente de que no se puede reflejarlo al cien por cien, pero yo al menos intentaría aproximarme. Nunca me preocupó cuál era el género que usaba para contar lo que quería. Simplemente empecé a escribir de la manera que me parecía más apropiada.

Las cosas cambian ante situaciones distintas. Depende de la edad, de los momentos que has vivido. Muy pocas personas son de una pieza, lo normal es que cambies.

sábado, enero 20, 2007

Fragmentos

Hoy en día, estamos acostumbrados a consumir discursos fragmentados. Cambiamos de canal compulsivamente, vemos trozos de aquí y de allá y nos hacemos una idea del contenido de varios programas que se emiten al mismo tiempo. Escuchamos una noticia en la radio de un local y luego un comentario entre dos personas en un autobús y vete a saber qué más, y con eso nos imaginamos una noticia completa. Existen programas de televisión que simulan el uso del mando a distancia y ofrecen fragmentos extraídos de diversos sitios, sin conexión entre ellos. Una noticia escuchada en el telediario de mediodía puede finalizar en el de la noche o en el del día siguiente o, incluso, no finalizar. En el libro de Furio Colombo, "Últimas noticias sobre el periodismo", encontré una cita del columnista norteamericano Jim Hoagland: "El periodismo es la única forma narrativa en la que es posible omitir el final. Una historia no termina cuando quien está escuchando no insiste para saber cómo va a terminar". Y me doy cuenta de la verdad de esta afirmación al recordar diversas noticias que aparecieron en su día y luego no se volvieron a nombrar. Quedaron sin solución.
El formato blog ofrece también, por su propia naturaleza, un discurso fragmentado. Y creo que está bien que la narrativa profundice en la exploración de este terreno.

lunes, enero 15, 2007

La mujer misteriosa

A veces uno se siente tentado a alargar situaciones que, por lo general, corta de cuajo. Me explicaré. Cuando alguien me llama por teléfono y compruebo que en realidad no quería llamarme a mí, es más, ni siquiera nos conocemos, suelo decirle que se ha equivocado y cuelgo en el acto, sin posibilidad de cruzar una palabra más. Me parece absurdo darle vueltas a esa situación. ¿No es ese el número tal? Pues no. Qué raro porque yo llamaba al número tal. No, no, no. Se ha equivocado. Y punto final. Cuelgo. Es lo mejor. Sin embargo, cuando escuché la cálida voz femenina que pareció entrar por mi oído hasta llegar a mi corazón y apretármelo con suavidad, fui incapaz no ya de colgar, sino tan siquiera de decirle que se había equivocado.
—¿Es usted el señor Perdúe, el detective?
Un momento de silencio mientras el eco dulce me acariciaba el cerebro.
—¿Quién lo pregunta? —dije.
—Usted no me conoce.
—¿De qué se trata?
—No puedo decírselo por teléfono. Temo que mi línea esté intervenida. Deme la dirección de su oficina.
Por supuesto, yo no tenía oficina.
—Será mejor que nos veamos en el Café Central —dije.
—¿Dentro de una hora le parece bien? ¿A las seis?
—Perfecto.
—Llevaré un pañuelo rojo al cuello. Es muy urgente que hable con usted.
—Descuide, allí estaré.
Esa fue la única ocasión en que no colgué enseguida a alguien que se había confundido al marcar. Después de esta conversación me di una ducha y me fui con un amigo a jugar al billar. Pasamos juntos toda la tarde.

martes, enero 09, 2007

John Varley


John Varley es un escritor norteamericano de ciencia ficción. Nació en 1947, vive actualmente en California. Es diplomado en física por la universidad de Michigan. Comenzó a publicar tardíamente, en 1974. Hasta entonces, su vida había sido una sucesión de trabajos, había llevado una vida un poco hippie, con penurias económicas, en los límites del sistema. Pero cuando sus historias empiezan a ver la luz su sueño de convertirse en escritor se convierte en realidad. El éxito le acompañó desde el principio y sus historias fueron frecuentemente nominadas a los más prestigiosos premios en el mundo de la ciencia ficción: el premio Hugo y el premio Nébula.

En el mundo en el que transcurren sus historias, no es extraña la simbiosis entre el hombre y las máquinas o incluso entre el hombre y otras formas orgánicas de vida. Sus personajes están muy bien perfilados, pese a lo extraordinario de alguno de ellos, como el caso del protagonista de su relato "Cantad, bailad". Se suele decir que sus obras son deudoras de la ciencia ficción de los años cuarenta y, con frecuencia, ha sido considerado como un discípulo de Robert A. Heinlein. También es autor de las novelas "Y mañana serán clones", que David Pringle incluye en su libro "Ciencia Ficción-Las 100 mejores novelas", y que, en palabras del propio Pringle, se trata de una historia desarrollada en "una sociedad polimorfa, en un futuro lejano, en la cual los personajes cambian de sexo voluntariamente", "Playa de acero", "Millenium" o "El globo de oro". Su primera serie fue la conocida como trilogía de Titán, formada por las novelas "Titán", "La hechicera" y "Demon".

He leído todos los relatos de Varley. Ninguna de sus novelas. Quizá son muchos los críticos que coinciden en afirmar que este autor pierde notablemente en las distancias largas. No obstante, en las cortas, tiene una contundencia poco común. Varley tiene un estilo directo, casi coloquial, al servicio exclusivo de la historia. Es evidente que se trata de un autor que mima a sus criaturas, las convierte en seres creíbles, reales y, a menudo, entrañables. Su imaginación es desbordante pero, sobre todo, lo que llama la atención es el modo en que nos introduce en su mundo. Varley no suele darte explicaciones, te sumerge en sus historias como si ya debiéramos conocer cómo son las cosas en esa sociedad de que nos habla. Y, desde el principio, nos obliga a seguirle, casi con la lengua fuera, alerta para ir atando cabos y comprendiendo cómo es el lugar en el que nos encontramos y qué está ocurriendo. Así es, especialmente, en su relato "Incursión Aérea", que figuró entre los mejores del año 1976 y fue llevado a la pantalla en una mediocre y ya olvidada producción del mismo titulo, protagonizada por Kris Kristofferson y Cheryl Ladd. Su relato "En el salón de los reyes marcianos" fue nominado al Premio Hugo en el año 1978, y ese mismo año consiguió ganar tanto el Hugo como el Nébula por otra historia, "La persistencia de la visión". En 1982, ganó el Hugo por su relato "El pusher". Y en 1984, de nuevo el Hugo y el Nébula fueron ganados por su relato "Pulse enter". Además de las múltiples nominaciones.

Es seguramente su novela corta "La persistencia de la visión" lo más conocido de su producción; y no es para menos, pues se trata de un relato magnífico sobre una comunidad de sordociegos en un periodo que llama el año de la cuarta no-depresión, un periodo en el que se llevan a cabo todo tipo de experimentaciones sobre modos de vida alternativos, escrito con una asombrosa sensibilidad. Tanto es así que Domingo Santos, en el prólogo al volumen de ediciones Martínez Roca, dice de ella que es a su juicio una de las obras más emotivas escritas en la década de los setenta en el ámbito de toda la literatura mundial; y no creo que exagere, pues la calidad del relato debería haber traspasado ya las fronteras del género.

viernes, enero 05, 2007

Noche de Reyes

Roberto estaba sentado en el sofá del salón, delante del televisor. A su lado tenía un vaso de whisky. Estaban emitiendo en directo la cabalgata de los Reyes Magos. A través de la ventana se veía el cielo negro. Susana entró en la estancia y se dejó caer en el otro extremo del sofá.
-¿Qué estás viendo? -le preguntó.
-Nada -respondió él.
Ella estuvo un rato mirando la pantalla. Luego le miró a él.
-¿Crees que los Reyes me van a traer algún regalo?
-Tal vez.
El rostro de la chica se puso serio.
-¿Te ocurre algo?
-No.
La muchacha apoyó la planta de los pies en el tapizado, doblando las piernas y rodeándolas con sus brazos.
-Les echas de menos, ¿verdad? -afirmó.
Roberto no contestó. Cogió el vaso y pegó un trago.
-¿Por qué no les llamas? -insistió ella.
-Creo que voy a salir a que me dé un poco el aire -dijo él.
-A ella no creo que le parezca mal...
Roberto se puso de pie.
-No tardaré. Fumaré un cigarrillo y subiré enseguida.
Susana también se levantó.
-Creo que deberías hablar con ellos. Te sentaría bien escuchar su voz. Ella lo entenderá.
-No sería una buena idea.
Roberto cogió su abrigo y volvió a decirle a ella que regresaría enseguida. Luego salió al rellano.
Decidió bajar por las escaleras. Cuando salió a la calle notó que el frío de la noche se le clavaba en la carne. Sintió que se le helaba la nariz. Se subió el cuello del abrigo y se frotó las manos. Su aliento era visible. Sacó el paquete de tabaco y encendió un cigarrillo. La luz del portal del edificio de enfrente se encendió y, al cabo de un momento, vio salir a un hombre con cierto apresuramiento. Lo siguió con la mirada y lo vio acercarse a un coche y abrir el maletero y extraer varias bolsas de juguetes. El hombre regresó al portal con las bolsas. Roberto empezó a andar, despacio. Notaba que el cigarrillo le temblaba en la mano. Aspiró con fuerza el humo. Al girar la esquina, divisó el pequeño parque de la urbanización y se dirigió hacia él. Avanzó por la gravilla y se sentó en un banco de madera, frente a unos columpios metálicos que se balanceaban levemente, mecidos por el viento. Arrojó la colilla al suelo y la pisó con el pie. Miró los edificios que rodeaban el parque y se quedó ensimismado observando las ventanas iluminadas.
Sacó otro cigarrillo y lo encendió.

domingo, diciembre 31, 2006

Escritores premonitorios

¿Puede un autor predecir acontecimientos del futuro? Lo cierto es que existen algunos casos asombrosos.

Julio Verne es, sin duda, el escritor premonitorio por excelencia. Muchos de los datos que aparecen en su novela "Viaje a la luna", se corresponden con la realidad. La nave de la novela se llama "Apollon" y su velocidad era de 40.000 kms/hora. La nave de la NASA, el "Apolo", viaja a 38.500 kms/hora. Hay numerosas coincidencias entre el hecho ficticio y el hecho real. Además, acertó con los efectos que tiene la falta de gravedad sobre los objetos. De hecho, el astronauta Frank Borman, cuya nave fue lanzada desde el mismo sitio que describió Verne y que amerizó a tan sólo cuatro kilómetros del lugar en el que lo hace la nave de la novela, manifestó que aquello no podía ser fruto de la casualidad, dando a entender que Verne debía poseer algún tipo de poder sobrenatural.
Además se anticipó al submarino, a la evolución del automóvil, del aerostato, del telescopio, de la iluminación en las calles... De hecho, en su novela "Paris en el siglo XX", habla de trenes que circulan bajo tierra e incluso de una torre de metal dominando la ciudad, en un momento en que la Torre Eiffel ni siquiera estaba proyectada.

Un caso muy reciente es el de Gordon Thomas, que describe en una de sus novelas, "Deadly Perfume", los atentados que realizan grupos terroristas con Anthrax en diferentes ciudades del mundo. Algunas de las cosas escritas por Thomas coincidieron con los hechos que rodearon el atentado con gas sarín que tuvo lugar en el metro de Tokio. Sin embargo, en este caso parece ser que el libro sirvió de fuente de inspiración a los terroristas, y no se trata pues de una premonición.
En este sentido cabe señalar que, al parecer, la Agencia Espacial Europea analiza obras de ciencia ficción en busca de proyectos viables.

No es este el caso, por supuesto, que envuelve la coincidencia extraña que se encuentra entre la novela de Edgar Allan Poe, "Las aventuras de Arthur Gordon Pym", y el suceso que se produjo tras el naufragio del barco "Mignonette", en 1884, unos cuarenta y siete años después de la aparición del libro. En ambos casos, cuatro supervivientes, a la deriva en un bote, deciden que uno de ellos ha de morir para que los demás puedan alimentarse y sobrevivir. En ambos casos, el hombre que sufre tan trágica suerte se llama Richard Parker.

Sobre coincidencia en el nombre, podemos recordar que Orson Wells sembró el pánico con la retransmisión radiofónica de la novela "La guerra de los mundos", de H.G. Wells.

Sin embargo, uno de los casos más espectaculares es el que tiene como protagonista a Morgan Robertson. Morgan Robertson nació en Nueva York y escribía sobre temas marineros sin demasiado éxito. Su novela "Futilidad" se publicó en 1898 y en ella describía el hundimiento de un trasatlántico británico, llamado Titán, que choca contra un iceberg en el Atlántico Norte, un mes de abril, cerca de las doce de la noche. El hundimiento del Titánic ocurrió catorce años más tarde, a las 11:40 horas del 14 de Abril de 1912. Nadie recuerda a Morgan Robertson, excepto por el hecho de que predijo con una exactitud sobrenatural una de las mayores catástrofes del siglo. De hecho, al comprobar las asombrosas coincidencias que existían entre el barco de ficción y el real, la novela fue reeditada después del dramático suceso y su titulo fue cambiado por el de "El hundimiento del Titán".
Este libro se encuentra disponible en internet, en inglés.

viernes, diciembre 22, 2006

El año del pensamiento magico



Un libro sobre la pérdida, sobre el dolor. Una disección quirúrgica del sentimiento de la ausencia, del vacío absoluto y la fragilidad. El pensamiento mágico es característico de los niños le dijo Joan Didion a Eduardo Lago en una entrevista (El País, 2 de Septiembre de 2006). Cuando una pareja se divorcia es frecuente que los hijos se sientan culpables; tienden a creer que la causa de la separación es su mal comportamiento. Los ritos propiciatorios que buscan provocar la lluvia son un ejemplo muy característico de pensamiento mágico entre adultos. Cuando perdí a mi marido me aferré al pensamiento mágico con una intensidad que después me causó asombro. Me negaba a tirar sus zapatos porque estaba convencida de que si los conservaba, John volvería a por ellos.

El 30 de Diciembre de 2003, Joan y su marido, el también escritor John Gregory Dunne, regresaron del hospital en el que se encontraba ingresada su hija por lo que en un principio parecía un caso de gripe invernal. Decidieron cenar en casa. Hablaron de que no se deben mezclar los whiskeys y de la Primera Guerra Mundial. Y de pronto, él dejó de hablar y se desplomó. Estaba muerto. La vida cambia en un instante.

Una experiencia así te golpea con fuerza y te deja noqueado. No es fácil asimilar una muerte, y menos una muerte repentina. Uno se queda como envuelto en una nube, como fuera de su cuerpo, flotando, el mundo sigue marchando, pero muy lentamente, todo se produce de pronto a cámara lenta. El cuerpo se vuelve pesado, el entorno se distorsiona. Y Joan Didion comienza a moverse como un autómata, haciendo con diligencia lo que tiene que hacer. Llama a la ambulancia. Va al hospital. Da su consentimiento para la autopsia. Recoge sus pertenencias. Entra en una especie de shock en el que únicamente piensa en las cosas que tiene que hacer.

La escritura de este libro es una catarsis. Ella busca una explicación. Busca también un desahogo. Revive una y otra vez los acontecimientos, la secuencia de los hechos, acumula datos, horas, detalles, volviendo a los mismos momentos. Joan Didion nos habla de la muerte, del impacto que produce en nosotros la desaparición de un ser querido, del periodo de duelo, de los misterios que envuelven nuestros pensamientos, nuestras creencias.

En épocas difíciles, me habían enseñado desde niña, lee, aprende, prepárate, recurre a la literatura. La información es control.

Nos habla pues de sus lecturas. Ocupan una parte importante de la narración. "Una pena en observación", de C. S. Lewis, el pasaje de "La montaña mágica", de Thomas Mann, en el que habla del efecto que la muerte de su esposa produce en el personaje Hermann Castorp, "Blues del funeral", de W. H. Auden; guías de autoayuda, algunas prácticas, otras inspiradas, la mayoría, inútiles; literatura profesional como los artículos recopilados en "Bereavement: Reactions, Consequences and Care", en el que se dice, por ejemplo, que los supervivientes pueden experimentar la sensación subjetiva de estar dentro de una cápsula o envuelos en una manta; un estudio de Harvard sobre el "Duelo en la infancia", el libro "Funerales", de Emily Post, que guía al lector desde el momento en que la muerte se produce (...) hasta las instrucciones de cómo deben sentarse los asistentes al funeral; o "Historia de la muerte en Occidente: desde la Edad Media hasta nuestros días", que reúne una serie de conferencias de Philippe Ariès. También los libros la ayudan a afrontar la enfermedad de su hija, a moverse por el hospital y a tomar una postura activa, especialmente "Intensive Care: A Doctor’s Journal", de John F. Murray, un médico que había sido jefe la unidad de Neumología y Cuidados Intensivos, en el Hospital de la Universidad de California, en San Francisco, y que describe el día a día, a lo largo de cuatro semanas, de una UCI.

Todo trata de ser racionalizado, desmenuzado, comprendido, asimilado, intenta reconstruir todos los detalles y recordar lo que había ocurrido un día determinado, un año antes. También los recuerdos del pasado están presentes. El lector se da cuenta de que está asistiendo a la exposición de la vulnerabilidad de una persona, a su intimidad más dolorosa.

El protagonista de este libro es el pensamiento. La mente de la autora, descarnada y sincera. El pensamiento como refugio, pero también como fuente de dolor al recordarnos momentos felices que ya no volverán. El pensamiento irracional que confía en que la situación es reversible. El pensamiento analítico, que intenta estudiar con frialdad los hechos, los datos. El pensamiento humano, que nos sobrecoge ante una imagen, como cuando recuerda a su hija a los tres años o el día de su boda con John, o los recuerdos asociados a los años en que la familia había residido en Los Ángeles.

Sobrecoge la sinceridad del libro. Joan Didion expone sus sentimientos, su intimidad. Nos los pone delante de la cara en un acto particular de exorcizar el dolor. Asistimos a su manera de afrontar el duelo. No oculta nada, se hace preguntas y enuncia todas las dudas que su situación le provoca. ¿Era yo la «viuda media»? se pregunta ante un artículo que afirma que el viudo medio tarda varios años tras la muerte del cónyuge en recuperar su anterior nivel de satisfacción vital. Y se pregunta también: ¿Cuál había sido realmente mi «anterior nivel de satisfacción vital»?

El tema de la muerte. No solemos pensar en ella, pese a que somos conscientes de que ha de llegar el momento en que abandonemos el mundo, en que lo abandonen nuestros seres queridos. ¿Qué ocurre entonces? ¿Puede llegar a comprenderse algo así? John y yo estuvimos casados cuerenta años, nos cuenta Joan Didion. Estábamos juntos veinticuatro horas al día (...). No podría contar las veces que, a lo largo de un día normal, se me ocurría algo que necesitaba decirle. Pero de pronto todo cambia. Queda sola y ha de acostumbrarse a ello, asumirlo. Y nosotros la acompañamos en ese camino. Nos cuenta que tiene pensamientos irracionales, que ella sabe que son irracionales, pero que le proporcionan alivio, como cuando ante la muerte de una amiga piensa que se encontrará con John y podrán cenar juntos y charlar y reír.

El estilo de Didion es sencillo, claro y, sobre todo, eficaz. Se centra en lo que quiere contar y no se recrea en el sentimentalismo, lo cual no quiere decir que el libro no sea profundamente doloroso, su lectura se clava en el pecho del lector. Joan Didion te coge el corazón y te lo aprieta. Toca nuestros terrores más profundos y nos vuelve vulnerables.

El libro termina al llegar el aniversario de la muerte. Un año. A partir de ahí, los recuerdos del mismo día del año anterior ya no tendrán a John. Los últimos capítulos son una despedida. También sé que si hemos de continuar viviendo llega un momento en que debemos abandonar a los muertos, dejarlos marchar, mantenerlos muertos.

Por la solapa del libro nos enteramos de algo que ha quedado fuera del texto. Quintana, la hija de Joan y John, murió el 26 de Agosto de 2005, a los 39 años de edad.

domingo, diciembre 17, 2006

Caché


Fragilidad y miedo. Esas son las dos cualidades de nuestro mundo acomodado y seguro. Falsamente acomodado y falsamente seguro. Vivimos en estado de alerta, conscientes de la cantidad de peligros que nos amenazan. Unos ladrones pueden asaltar nuestra casa, y golpearnos brutalmente y llevarse todos nuestros ahorros, así que nos esforzamos en blindar nuestro hogar, en construir un rincón donde podamos sentirnos seguros. Y sin embargo... Supongamos que un día recibimos un paquete que contiene una cinta de vídeo. La ponemos en el reproductor y vemos que alguien se ha dedicado a grabar la fachada de nuestra casa desde el exterior. Nada más. Pero, ¿por qué alguien iba a hacer algo así?

Este es el inquietante inicio de "Caché", el último film de Michael Haneke, el interesante realizador de origen austríaco que saltó a la fama, principalmente, por la perturbadora película "La pianista". Haneke se muestra fascinado por la violencia que genera el hombre moderno, por las tensas relaciones que anudan el tejido social. Su puesta en escena suele ser sobria, elegante, fría. Los personajes son personas normales, de exquisita educación que, en un momento dado, muestran su lado cruel, abyecto o vulnerable, según el caso, dejando al espectador sobrecogido por ese golpe inesperado. En "La pianista", vemos a esa elegante profesora interpretada por Isabelle Huppert cómo al acabar una de sus clases va paseando tranquilamente hasta un sex-shop y se mete en una cabina a visionar películas pornográficas; o cómo en su bañera se tortura produciéndose cortes con una cuchilla de afeitar. En "Funny Games", vemos a esos inmaculados y educados jóvenes cómo se convierten de repente en dos sádicos sin piedad. En "El tiempo del lobo" la historia se inicia con un asesinatogratuito. Y aquí, en "Caché", vemos cómo el ambiente asfixiante va trastornando la vida de los protagonistas hasta que culmina con una escena de inesperada violencia.

La sensación de amenaza se va extendiendo como un cáncer. El marido, interpretado por Daniel Auteuil, escarba en su propio pasado en busca de alguien que pudiera tener un motivo para agredirle, extorsionarlo, llegando a encontrar el posible detonante de la situación en un episodio sucedido en su niñez. Un hecho que ha mantenido enterrado en su mente pero que ahora, de pronto, le asalta con la fuerza de los remordimientos, demostrando que el sentimiento de culpa que encierra siempre estuvo ahí. ¿Se merece pues ese castigo? ¿Le tranquiliza pensar que el temor que le inspiran los misteriosos videos lo tiene, en cierto modo, bien merecido? Por otra parte, la amenaza invisible que se cierne sobre la seguridad del hogar de esa familia de clase media, se extiende a otros aspectos como la precariedad del empleo del protagonista o la desaparición repentina del hijo. Señales que van desmoronando la vida de esa familia, que alteran los nervios de la esposa, una magnífica Juliette Binoche, que vuelven taciturno y agresivo al padre, que aíslan al hijo. Sin escenas de acción, sin alardes de cámara, sin música de fondo, el espectador se va sumergiendo en una situación cada vez más asfixiante. Se pone de manifiesto la vulnerabilidad, la indefensión, la precariedad sobre la que en realidad se sustenta una aparente felicidad de valores occidentales, basada en gran parte en nuestra posición en la escala social. Una situación cuya posible esperanza de salida se encuentra en la educación, en la integración y el respeto como asignaturas obligatorias de los colegios.

Un film de gran fuerza que, imperceptiblemente, irá enrareciendo el aire a nuestro alrededor hasta que nos demos cuenta de que nos cuesta respirar.

Director: Michael Haneke. Intérpretes: Daniel Auteuil, Juliette Binoche, Maurice Bénichou

miércoles, diciembre 13, 2006

Buscando a Klee

Un día Gregorio Klee salió de su casa y desapareció sin dejar rastro, abandonando a su mujer y a sus dos hijas pequeñas. Los esfuerzos por encontrarle fueron inútiles. Ocurrió en Diciembre de 2001 y ahora, varios años después, el caso vuelve a ponerse de actualidad debido a que, al parecer, existen numerosos testimonios que afirman haber visto a Gregorio Klee en las más dispares emisiones televisivas. Suele ser una presencia de bulto, un observador más entre un grupo de curiosos que se arremolinan en torno a un famoso, o a un accidente o a cualquier suceso que reclame la presencia de las cámaras.

Su mujer, Simone, se ha convertido, como no podía ser de otra forma, en la principal impulsora del movimiento que se ha dado en llamar "Buscando a Klee", compuesto por multitud de aficionados que graban miles de horas de programas de televisión para visionarlas después con detenimiento, en busca del escurridizo personaje. Sin embargo, hasta el momento, sólo disponemos de siluetas difusas, rasgos granulados, indefinidos, lo cual da pie a la conocida controversia sobre la veracidad o no de estas apariciones. No deja de ser curiosa la diversidad de lugares en los que parece haber sido localizado: detrás de un importante ídolo del rock en un local londinense, o entre la audiencia de una intrascendente conferencia en Alemania, o en la inauguración de una estatua en China, o con la gente que corre en una manifestación en Uganda, por poner algunos ejemplos. Hay quien dice que es tal el afán de la familia por encontrar al desaparecido señor Klee, que su mente imagina verlo en los más extravagantes eventos. El caso es que seguidores y detractores defienden con igual intensidad sus puntos de vista, y es este un asunto que seguirá dando que hablar durante mucho tiempo. Algunos programas fueron grabados en días consecutivos, con pocas horas de diferencia, lo cual acrecienta el misterio, pues nadie es capaz de desplazarse tan rápidamente.

Sea como fuere, quienes creen en la veracidad del fenómeno aseguran haber constatado, sin ningún género de dudas, que emisiones de los más diversos países han recogido la figura solitaria, un poco abatida, de Gregorio Klee, quien deja constancia así de haber conseguido su objetivo de desaparecer, no sólo de su vida cotidiana, sino del mundo real, para convertirse en una sombra, una imagen anónima que representa una existencia falseada.