martes, febrero 14, 2012

MegaUpload y los derechos de autor

Uno de los acontecimientos globales más significativos de los últimos meses ha sido el cierre de MegaUpload, un portal de descargas en internet. Ya sabíamos que todo hijo de vecino se descargaba archivos, principalmente películas y series de televisión, pero ante esta intervención policial los usuarios se indignaron y pusieron el grito en el cielo. Por su parte, los artistas también se manifestaron, pero éstos a favor del cierre y se reivindicó mucho el término “derechos de autor”.
Es evidente que los derechos de autor preocupan a todo el mundo. Y mucho. Por eso se cerró MegaUpload.
¿O no?

Bueno, en realidad, los derechos de autor no suelen importar demasiado, así que hay que suponer que el cierre de MegaUpload beneficia de un modo muy directo a otros intereses, corporaciones con el suficiente poder como para conseguir que el FBI lleve a cabo una misión como esta, irrumpiendo en una mansión de Nueva Zelanda, donde vivían los dueños de MegaUpload a cuerpo de rey.
Intento hacerme una composición de lugar sobre todo este asunto. Como en tantos otros casos, la gente se manifiesta radicalmente a favor o radicalmente en contra: no parece haber término medio, así que me pongo a indagar un poco.
Si uno navega por internet se da cuenta de que los derechos de autor no son defendidos por todo el mundo, sino todo lo contrario. En la industria cinematográfica, por ejemplo, existen productoras que parecen perseguir únicamente el cobro de las subvenciones. Se encuentran bastantes denuncias sobre esto.

El director Tinieblas González expone su caso en una interesante rueda de prensa que puede verse en youtube. En ella manifiesta que la productora “secuestró” su película, que figura como estrenada en el Ministerio de Cultura, aunque no la ha visto nadie.
(Enlace)

Algo similar revela Hernán Migoya en su blog respecto a su película “Soy un pelele”: “Denunciamos cómo el esfuerzo colectivo para realizar una película se ve tristemente frustrado cuando una productora se aprovecha de la posibilidad de obtener ayudas públicas sin tener obligación de estrenar sus películas de la manera adecuada”.
(Enlace)

En el mismo sentido se manifiesta el productor Xavier Catafal, que llega a afirmar que “el ICAA consiente a sabiendas el fraude de ley, ya que con ello consigue aumentar las cifras de espectadores del cine español”.
(Enlace)

Bueno, pese a lo indignante y escandaloso que resulta enterarse de todo esto, no parece que haya un clamor social para resolver estas evidentes injusticias.

Por otra parte, no creo que la descarga de libros sea la que ha rentabilizado el sitio MegaUpload y permitido a su propietario, Kim Schmitz, viajar en jet privado y poseer una mansión impresionante. No obstante, muchos escritores han puesto el grito en el cielo, escritores que, con el actual sistema de remuneración, no consiguen, ni parece que lo tengan fácil, llegar a vivir de sus letras, a no ser que den conferencias o publiquen artículos. Pese a ello, también aquí encuentra uno voces de denuncia.
Indignación por no tener forma de acceder a un libro que está descatalogado y que ninguna editorial considera rentable recuperar, por lo que se llega a decir que “hay casos en los que la divulgación por medios ilegales tiene por fuerza que resultar mucho más beneficiosa (y a la largo plazo productiva) que dejar el libro caer en el olvido, soñando con tiempos mejores, toda vez que este ha demostrado su incapacidad para llegar al gran público por medios tradicionales”.
(Enlace)

O bien de autores que se atreven a denunciar el desamparo en el que se encuentran muchos escritores. Como Norberto Luis Romero, que escribió en su facebook lo siguiente: “Si tanto molesta que lectores bajen gratis, o ilegalmente nuestras obras, ¿por qué permitimos que algunas editoriales ejerzan un sistemático maltrato con nosotros y encima monten en cólera cuando pretendemos reclamar nada más y nada menos que lo que nos corresponde y que consta habitualmente en un contrato?”

El patio anda un poco revuelto. Y está claro que los derechos de autor se encuentran bastante vilipendiados, y no sólo por culpa de internet.
No estoy en contra del cierre de MegaUpload, no quiero que parezca que apoyo el uso y disfrute gratuito y sin permiso de todo lo que uno pueda encontrar, pero es indiscutible que ese portal web ha puesto de manifiesto el importante y decisivo papel que tiene internet en la distribución de la cultura, así que no podrá prohibirse esto, tendrá en todo caso que legislarse, que es diferente. 

Parece claro que un autor debe tener la oportunidad de difundir su trabajo libremente y ha de tener la garantía de que, si su obra está accesible desde alguna web especializada, cobrará los derechos de autor correspondientes y su trabajo se valorará con justicia. Sin embargo, nadie tiene claro cómo liquidar esos derechos. ¿Los tiene que pagar el usuario? ¿No los podría pagar el suministrador de la red? ¿O los dueños de las páginas web? ¿O los buscadores? ¿O la publicidad? ¿O una combinación de todos éstos en función del número de descargas o consultas? He ahí la cuestión, me parece a mí.
Esto no ha hecho más que empezar.

13 comentarios:

Antonia Romero dijo...

Muy buena entrada, sí señor. Es difícil quedarse al margen, porque es algo que nos afecta a todos. Está claro que el modelo ha muerto, el que cultiva los tomates está hasta los mismísimos de llevarse una miseria a costa del que lleva los tomates a la gran superfície y de la propia gran superficie. Entre todos tendremos que encontrar un sistema más justo.

Un abrazo

Francisco Machuca dijo...

Una reseña muy interesante,amigo Miguel.El caso tiene niga,mucha miga.Los derechos de autor,pero ¿qué derecho? Aquí quien paga tiene todos los derechos excepto los morales,sí,los morales,que son gratuitos.Hace mucho tiempo que vemos por televisión a autores muertos que son expuestos grotescamente promocionando productos con sus imágenes y sus voces,pero las compañías han pagado.Pero ¿qué me dices de los derechos morales? Esos derechos que deberían ser el respeto por el artista y su obra.Lo mismo ocurre con los artistas vivos.Componen canciones,por ejemplo,y ya suenan en los móviles.El artista cobra,por supuesto,pero no puede prohibir que dichas canciones suenen a todas horas en las llamadas que campan por doquier.Deberíamos de educar a la gente para que respetaran las obras de los artistas,es decir,hacerles el uso convenido que no es más que escuchar,ver o leer,y no pagar y hacer con ellas lo que nos plazca,sobre todo las grandes corporaciones que son las que tienen el poder de joder una obra,un artista.Volvemos a lo mismo de siempre:quien paga manda.Después existe otro caso que me molesta muchísimo y es el problema de los herederos.Existen obras que no podemos tener acceso por culpa de esos herederos que ni se preocuparon por el muerto y tienen custodiadas unas obras que nos pertenecen,pero ellos las tienen allí guardadas esperando a que cotice más y más.

Un abrazo,amigo.

Elena Casero dijo...

la verdad es que me pierdo con todas estas cosas, será porque yo no me descargo nada. Pero todo el mundo gana, excepto aquel que produce la obra. Algo no funciona bien, eso está claro. Todos tenemos derecho a todo pero ninguna obligación.

No me parece muy justo

Juan Herrezuelo dijo...

Se nota que te has metido a fondo en el tema, un asunto muy preocupante y que no tiene vuelta atrás. Creo que estamos a las puertas del final de la autoría. Estoy con Muñoz Molina cuando dice que en los países desarrollados, y de manera muy especial en España, nadie cuestiona el derecho a la propiedad, salvo si se trata de la propiedad intelectual.

Anónimo dijo...

Pues realmente un post muy interesante y elaborado. Pero por desgracia acabo de leer de otro caso mas como el de Megaupload, http://bit.ly/AdQG74
¡un saludo, y sigue así!

Ana Muñoz de la Torre dijo...

Antes de preocuparnos tanto por lo que podemos perder en cuanto a derechos de autor con las descargas, más nos valía reclamar una ley que obligara a los editores a rendir cuentas y no a inventarse las liquidaciones.

En mi caso, estoy tan quemada, que prefiero que la gente acceda a mi obra de manera gratuita a que un editor me robe por la jeta. De todas formas, voy a ganar lo mismo, pero al menos un ladrón no se lucrará a mi costa.

El problema es que el 95% de los autores no se atreven a levantar la voz ni a enfrentarse a quienes les mangan. Ya está bien de demagogia.

Un abrazo, Miguel

Marian Torrejón dijo...

Tienes razón en muchas cosas, Miguel, las descargas en Internet no se pueden -ni se deben- parar, son el futuro, pero sí que se deben por eso mismo regular con algo más que no sea la ley del Oeste y el gratis total. Al menos que los autores tengan algún control sobre lo que quieren poner en circulación, y cómo.
Por otra parte, el hecho de que las editoriales roben a los autores no significa que se haya de dar carta blanca a que lo haga cualquier hortera con delirios Megasize, ni ningún otro, aprovechando la tolerancia general de algunos buenos argumentos. Lo malo es que la regulación nunca contenta a todos, pero es necesaria.
Un saludo, amigo.
Marian.

Francisco Ortiz dijo...

También yo ando dando vueltas al asunto y tengo un escrito preparado y enfriándose para no precipitarme en dar mi opinión, que me temo que no gustará a casi nadie. Y es que nunca estoy a favor de los que tienen la sartén por el mango, sean quienes sean, pues existen tantos intereses espurios y disimulados en estos asuntos que es imposible no enfadarse conforme te llega más y más información. No defenderé jamás a Megaupload. Ni a quienes perjudican a otros. Pero los que perjudican son más de los que parecen. Pues ¿qué hace la industria editorial para acercarse al comprador de libros y no ahuyentarlo? ¿Y la del disco? ¿Y es la industria cuidadora del arte y la cultura?

Miguel Sanfeliu dijo...

Antonia, es cierto que nos afecta a todos, pero me temo que al modelo no morirá tan fácilmente, aunque parece evidente que ha de adaptarse.

Francisco M., muy buena aportación la de reivindicar los derechos morales, ahora sí que lo has puesto difícil del todo. Y el tema de los herederos ya es otro cantar, fíjate en el caso Larsson, por ejemplo.

Elena, así de claro, como lo has dicho, todo el mundo gana menos el autor.

Juan, espero que las cosas puedan legislarse de modo que no se acabe con la autoría. Acabar con el autor me parecería bastante desastroso.

Gracias, Anónimo. Seguirán apareciendo espacios así si no se delimita el terreno y se establecen las reglas me parece a mí.

Ana, exactamente. Lo peor de este asunto es que se utilizan los derechos de autor (que se pisotean diariamente y en todos los ámbitos) como emblema y justificación del cierre del portal web. No oigo ese interés, esa indignación en otros casos que suceden aquí al lado, sin necesidad de irse a la otra punta del mundo.

Marián, desde luego que una cosa no justifica la otra, pero ¿no te parece que si lo único que esa web estuviera vulnerando fueran los derechos de autor nadie habría hecho nada? A mí es la impresión que me da.

Francisco, ya estoy deseando leer tu artículo. Estoy de acuerdo con que los que perjudican son más de los que parecen.

Un abrazo a todos y gracias por los comentarios.

Raúl dijo...

A raiz de esta entrada tuya, el amigo Josep ha hecho en su blog una fantástica aproximación a este problema.

Raúl dijo...

Os habéis pegado ambos una currada de la leche.

JOMA dijo...

Totalmente de acuerdo Miguel en que debe legislarse, no prohibirse. Respecto a los derechos de autor, ahora batallo con uno de mis productores por lo mismo con mi más reciente película.

Miguel Sanfeliu dijo...

Raúl, buen texto el que señalas. Tampoco yo conocía "El bloc de Josep" y, efectivamente, se lo ha currado.
http://elblocdejosep.blogspot.com/2012/02/alma-en-pena.html


José, no eres el único que me ha contado en los últimos días que está o ha estado en esa situación. Fíjate que es un tema que yo desconocía y, al parecer, es algo general. Tremendo. Mucha suerte con tus negociaciones.

Un abrazo y gracias por comentar.