domingo, enero 16, 2011

Canino


Nos encerramos, nos aislamos, presumiblemente para protegernos, sentimos la necesidad de defendernos de los peligros que nos amenazan. La sociedad actual vive asustada y obsesionada con la seguridad. Una seguridad que se alcanza, al parecer, de un modo incuestionable, en el propio hogar, pasando por alto los conflictos y dramas que en dicho hogar se generan. Estas ideas conforman una especie de histeria colectiva. Wole Soyinka, en el recomendable libro “Clima de miedo” explica que la histeria “en su forma más efectiva surge como fruto de una comunicación unidireccional que logra cegar a sus seguidores ante las realidades que les rodean al tiempo que los encierra en una comunidad de convicción”. Pues eso exactamente es lo que encontramos en la película “Canino”, del director griego Yorgos Lanthimos.

Un matrimonio mantiene encerrados a sus tres hijos adolescentes en una confortable casa rodeada por un muro. Los muchachos nunca han salido al exterior, de hecho, sólo se puede salir al exterior sin peligro cuando se caen los dientes caninos. Los teléfonos no existen, es más, “teléfono” es un recipiente donde se guarda la sal. Y “coño” (¿dónde has escuchado esa palabra?) es una especie de lámpara. Los aviones son juguetes que caen en el jardín. El padre protege la casa y no duda en sumergirse en la piscina en busca de un monstruoso animal acuático. Todo transcurre en una aparente calma y armonía que se va tornando asfixiante.

La claustrofobia, la crueldad, la distorsión y la violencia son examinados de una forma desapasionada y distante, con cierta frialdad que torna más angustioso el ambiente enrarecido, las particulares normas que, pretendiendo preservar de los peligros del mundo, terminan por volverse contra sí mismas. Y es quizá esta mirada aséptica de la locura lo que ha provocado que a Lanthimos se le compare con Michael Haneke, e incluso se vean ecos del cine de David Lynch en su particular enfoque de la lógica que rige la realidad. Su gradual modo de provocar intranquilidad y ansiedad en el espectador, disfrazado con una medida dosis de humor y una estética casi minimalista, convierten este film en una peligrosa carga de profundidad, perturbadora e incómoda, no apta para todos los estómagos.

5 comentarios:

JOSE ROMERO dijo...

Interesante propuesta que deja ver esta película. Recuerda a "El castillo de la pureza" de Arturo Ripstein, basado en caso de la vida real que sucedió en México. Valdrá la pena verla.

Elèna Casero dijo...

Madre mía. Nada más leer cómo la reseñas ya causa claustrofobia. No es difícil imaginar cómo puede ser la convivencia, si se le puede llamar de esa manera.

Un beso

Antonia Romero dijo...

La tengo en mi lista. Muy buena reseña, Miguel.

Un beso

Ernesto Calabuig dijo...

Hacía tiempo que no me asomaba por tu blog. Me ha gustado mucho hoy revisitarlo. Qué lastima no haber estado por Valencia el día del gran y nunca suficientemente valorado, Pepe Cervera. Un saludo.
Ernesto

Miguel Sanfeliu dijo...

José, ya había oído hablar de la película de Ripstein, precisamente en algún texto relacionado con esta película. Lo cierto es que tengo ganas de ver "El castillo de la pureza".

Elèna, sí que es claustrofóbica la película, angustiosa y fuerte, pero vale la pena.

Gracias Antonia. Si te gusta el tema, la película te parecerá fascinante.

Hola, Ernesto, me alegra verte por aquí. Habría sido fantástico encontrarte en la presentación de Pepe.

Un abrazo a todos y gracias por los comentarios.