domingo, enero 03, 2010

La muerte de Gwen Stacy




Uno de los momentos que recuerdo de mi infancia fue la muerte de Gwen Stacy. Hasta ese momento dábamos por hecho que siempre ganaban los buenos, que a los buenos se les podía herir de un modo horrible, dejarles en coma varios meses, pero siempre sobrevivían y acababan venciendo a los malos. Esto era una verdad inamovible. Sin embargo, un día, un aciago día, el Duendecillo Verde secuestró a Gwen. Me estremezco tan sólo al recordarlo.


Imagino que quienes han conocido a Spiderman a raiz de su versión cinematográfica, creen que Mary Jane Watson era la novia de Peter Parker desde el principio, pero no es así. Primero fue Gwen Stacy. La bella Gwen, rubia y de ojos azules, hija del Capitán Stacy, que también había muerto unos episodios antes en trágicas circunstancias. Ella era el único consuelo de Peter en su difícil adolescencia. Era la mejor y todos estábamos enamorados de ella.
El Duendecillo Verde llevó a Gwen al puente George Washington. Durante la batalla con Spiderman golpeó a la muchacha y ella cayó al vacío. Pese a que Spiderman consiguió sujetarla antes de que se estrellara contra el suelo, haciéndonos creer por un momento que la había salvado, ya era demasiado tarde. Gwen había muerto. Y eso no era posible. Un nudo en la garganta. Seguro que se iba a despertar. Pero no despertaba. Y así terminaba el episodio número cincuenta y cuatro, dejándonos intranquilos, con la cabeza en las nubes, aferrándonos a la esperanza de que un milagro consiguiese salvarla.

Cada uno de aquellos libritos de la colección Marvel costaba treinta pesetas, que era mucho dinero, una parte considerable de la paga de la semana. Pero yo corría a gastármelo sin dudar, en cuanto salía un nuevo volumen. Y compré el número cincuenta y cinco, esperando el milago. Pero el milagro no se produjo. Era cierto. No había remedio. Gwen había muerto. La había matado el Duendecillo y nos había golpeado cruelmente, dejándonos absolutamente desolados.

Aquello ocurrió en 1973. Tan sólo en el libro de Álex de la Iglesia, “Payasos en la lavadora”, he encontrado referencias a este episodio, en un capítulo titulado como este post, dedicado a la muerte de Gwen Stacy, aunque es recreado por el protagonista de dicha novela que resulta ser un personaje delirante y bastante extraño, pero bueno, algo es algo.

8 comentarios:

conde-duque dijo...

Qué buena entrada, Miguel. Me ha encantado.
También el relato "Muy fashion".
Feliz Año Nuevo.
Un abrazo.

JOSE ROMERO dijo...

A pesar de ser parte de la generación que disfrutó de esos comics, entre ellos del Hombre Araña, no alcanza mi recuerdo a este pasaje que describes tan bien. Pero sin duda dejan huella. Te saludo desde atracadero.

Francisco Machuca dijo...

Miquel,yo tengo también esta colección que iba adquiriendo en un viejo quiosco hoy ya desaparecido.No me gustaba el superhéroe sino el Peter Parker solitario y lleno de problemas.
Me has hecho ir al viejo desván para desempolvar un poco un fragmento de mi memoria,de mi infancia y de esa emoción que recorría el trayecto entre mi casa y Peter Parker.

Un fuerte abrazo,amigo.

Mary Rogers dijo...

Uyyy qué difícil aceptar la muerte de los buenos. Es la puerta a la pérdida de la inocencia.
Saludos y feliz año!

Elèna Casero dijo...

Bueeeno. Estos no los tenía yo, supongo que era porque era niña.

Me los perdí ...

Besos, Miguel, y feliz año.

Clarice Baricco dijo...

Yo solamente vi al hombre araña en la película. No leí el comic.
Pero ya me diste historia y recuerdos.
El que sí disfruté mucho era a Fantomas.

Beso.

Miguel Sanfeliu dijo...

Gracias Sr. Conde, también yo le deseo un feliz año.

José, ya lo creo que deja huella. Me encanta la película, pero al ver que habían ignorado el personaje de Gwen Stacy me sentí un poco decepcionado.

Amigo Francisco Machuca, Peter Parker era el que dotaba a Spiderman de un encanto que no tenía ningún otro superhéroe. Su vida normal, sus problemas con los estudios, con el trabajo, con los amigos... era lo que de verdad nos interesaba.

Mary Rogers, tú lo has dicho perfectamente, la pérdida de la inocencia.

Eléna, es posible que leyéramos tebeos distintos, pero seguro que si hablamos de Ibáñez y personajes como Mortadelo y Filemón o El botones Sacarino ya empezaríamos a coincidir.

Clarice, conozco a Fantomas, pero no lo leí. Otros que me entusiasmaban eran "El hombre enmascarado", "Mandrake el mago" y "Rip Kirby".

Un saludo y gracias por los comentarios.

Anónimo dijo...

Coincidencias. Leyendo tus palabras sobre Gwen, Peter, el nº 54... y lo que sentías y recuerdas, encuentro unas coincidencias enormes con mis recuerdos y vivencias de entonces. Yo también atesoro aquellos tebeos de Vértice. Le puse ese nombre al negocio con el que me gano la vida. Recibe un saludo.
Carlos.
narval1984@hotmail.com