domingo, diciembre 10, 2006

Audiencia

La televisión es el fenómeno más importante que nos ha sucedido. La televisión cambió todo, modificó la imagen del mundo. La inmediatez de las noticias nos conectó de un modo inimaginable. La televisión se mostró como la más eficaz herramienta para influir en las masas. Así que los diferentes programas se pelean por conseguir audiencia porque, de este modo, los anunciantes querrán aparecer en ellos, para llegar al mayor número de gente posible. Los mensajes emitidos por televisión obtienen un resultado casi inmediato. No es extraño que haya bofetadas por la audiencia. Los programas de televisión no quieren divertirnos, la finalidad última de la programación es hacernos consumir.

La audiencia se escurre como una anguila. Nadie la entiende. Los programadores se vuelven locos. Algunos están más obsesionados en boicotear a la competencia que en idear programas innovadores. Narciso Ibáñez Serrador explicó en una entrevista que, para él, la audiencia tiene la mentalidad de un joven de catorce años. Ese es sin duda el secreto de su éxito. Pero hay poca gente con la mente lúcida de Ibáñez Serrador, así que lo normal es que se empiece a apelar a los instintos primarios del ser humano, a nuestro lado morboso. ¿Cómo? De la forma más burda: peleas en el plató, insultos, sexo, escándalos, sensacionalismo puro y duro. Hasta los telediarios utilizan música de fondo, adelantos de lo que ha de venir, imágenes impactantes...

Y el último fenómeno mediático es un individuo que forma parte del jurado del programa "Operación Triunfo" y que se dedica a humillar a los concursantes. Sus opiniones son un ejemplo del más zafio desprecio barriobajero. Una de sus últimas perlas: "Hoy quiero felicitar a los estilistas porque por primera vez no las han vestido a ellas de putas y a ellos de payasos". Fenomenal. Hay quien le vitorea. Ya lo entrevistan en revistas y talk-shows. Qué listo. Le da a la gente lo que quiere: carnaza. La lucha por la audiencia no tiene escrúpulos. Lo importante es que hablen de ti, ya sea bien o mal. Y yo lo estoy haciendo, así que me callo.

12 comentarios:

Mabalot dijo...

El éxito de Ibáñez Serrador es indiscutible, pero de aquella había dos canales; o el 1,2,3 o el 1,2,3. La 2 no le hacía sombra al único canal que había, era su sombra. Lo digo no porque tenga nada contra Ibáñez Serrador, que me parece un tipo muy competente, pero quizá no hace falta retroceder hasta los catorce años para enganchar al público, aunque posiblemente sea más fácil atraer con pericias del nivel de un chavalote de catorce años.
Un saludo.

Clarice Baricco dijo...

ayyy la TV...la cajita vendedora...
casi una enfermedad.
Pongamos la cura...

abrazos

Isabel Romana dijo...

Hace tiempo que las televisiones perdieron el horizonte de prestar un servicio público. Ahora prestan un servicio más bien político-económico, es decir, convertirnos en sujetos acríticos para que podamos consumir cada vez más. Y luego nos quejamos de la violencia en las aulas y bla, bla, bla. Saludos cordiales.

K dijo...

No se olviden que el mismo invento que creó la televisión, dio origen al cine!

Antonia Romero dijo...

Antes pensaba que la televisión era un reflejo de la sociedad. Ahora creo que es al contrario, es la sociedad la que va transformándose por causa de la televisión.
Sin embargo, he de reconocer que me gusta. Me gusta ver algunos de los programas que emite, no voy a hacer una lista porque probablemente sonaría pretencioso. Pero, por poner un ejemplo, ayer terminó la serie "Mujeres" que emitía la 2. Es una producción de los hermanos Almodóvar y me ha encantado. En casa la veíamos todos y he de reconocer que esperaba que llegara el lunes para reencontrarme con sus personajes.
No me interesan nada las audiencias.
Perdón por extenderme, Miguel.
Un saludo

Diarios de Rayuela dijo...

Ayer ví por casualidad -estaba de visita en casa de unos familiares de edad avanzada que entretienen sus horas con la tele- un programa cuyo protagonista es un aparato al que denominan polígrafo. Parece ser que enchufan al artilugio a un invitado, le interrogan lo más descaradamente posible y finalmente descubren gracias a los sensores del aparatito si el individuo/a está mintiendo o diciendo la verdad. El interrogado ayer era Ángel Cristo. De pequeño recuerdo haberlo visto en su fabuloso circo. Iba envuelto en oro en medio de los leones. En la tele aparecíó, al cabo de tantos años, hecho un auténtico guiñapo. Y el polígrafo era como el pulgar del César en el circo romano, cuando indicaba el suelo, la fieras se le echaban a la yugular. Supongo que entonces el público en sus casas salivaba entusiasmado. Ahora como entonces, pan y circo.

Miguel Sanfeliu dijo...

Mabalot, cuando él dice que el televidente se queda enganchado ante programas que son diseñados pensando en que les gusten a muchachos de catorce años, es porque así lo ha enfocado desde su experiencia.

Clarice, no estoy seguro de que haya cura.

Isabel, coincido plenamente con lo que dices. La televisión es un invento revolucionario que debería ser usado con mayor responsabilidad.

K, por supuesto. Sigo diciendo que es un invento muy importante. Lo que se critica es su uso. Respecto al cine, hay que recordar que no es lo mismo un spaghetti western que una película de John Ford.

Antonia, suena inquietante eso de que la sociedad se va modificando a causa de la televisión. Y probablemente es cierto. Respecto a los programas, por supuesto, de vez en cuando emiten algunos muy interesantes.

Diarios de Rayuela, la forma en que se expone la vida privada de algunas personas en busca del espectáculo y del escándalo es, sencillamente, obscena.

Un saludo y gracias por los comentarios.

Portorosa dijo...

Sí, lo mejor es ni mentarlos.

Soy antitele hasta un extremo a veces incluso ridículo, pero lo soy. Y este tipo de programas de los últimos años, con supuestos debates sobre las vergüenzas de unos perfectos subnormales (!), son inefables; y quienes los ven, también.

Un abrazo.

Francisco Ortiz dijo...

La televisión también es otra cosa, y buena, y no voy a caer en el derrotismo porque la mayor parte sea bazofia. Me quedo con lo bueno y me alegro muchísimo cuando me pregunta mi sobrina: ¿Viste ayer tal programa, sabes lo que tal famosa dijo ayer? Porque puedo decir No, no lo vi, no, no lo sé, estaba viendo otra cosa, que estaba en otra cadena y sí merecía la pena.

Alvy Singer dijo...

Me parece que discrepamos: Risto es sólo una consecuencia eminentemente pop, si le echa usted un zapping al Dr. House que le quita audiencia a OT.

Con esta maniobra perversa como toda la TV en general tenemos nuevo personaje, frases míticas y diversión. ¿Humillación en la era del simulacro?

Esos muchachotes que concursan son productos efímeros, que el mismo producto TOTAL (el programa) incorpore otro producto (el nasty guy sacado también de X Factor aparte de House) que les diga su condición me parece estupendo. Porqué el público le criticara. Pero anda que no pensaremos igual.

En fin, fast food tv al 120%.

Rosa Silverio dijo...

A mí me gusta la televisión, Miguel. Pero coincido totalmente contigo en que hay muchos programas que son una vergüenza, en especial en donde se humilla a las personas que participan. Sin embargo, de manera asombrosa, esos son los programas que mayor raiting tienen y que más morbon despiertan en nosotros.

Yo creo que la televisión, como todo medio, tiene cosas buenas y no tan buenas. Tiene programas para todo tipo de gente y somos nosotros quienes tenemos la libertad de decidir lo que queremos ver, aunque no cabe duda que la influencia de la televisión en la sociedad es muyy grande y que si algunos canales se lo propusieran, podrían provocar cambios positivos y verdaderamente notables en esa sociedad a la que influye.

Un saludito y espero que pases feliz navidad.

Cariños,

Ro

Miguel Sanfeliu dijo...

Portorosa, me parece que ser antitele es algo difícil. Yo me asomo a ella todos los días, y a veces me dejo seducir, pero procuro mantener una postura crítica. Es un gran invento que merece un mejor uso.

Francisco, la televisión forma parte de nuestras vidas y de nuestra cultura. No podemos ignorarlo.

Alvy, de acuerdo con lo que dices de la humillación en la era del simulacro. No obstante, lo que al final estás deseando es asistir a un acto de humillación, y esto es algo que degrada al espectador.

Rosa, cuando hay un accidente, reducimos la velocidad. Del mismo modo, si vemos que en una cadena se está insultado, gritando, etc... se despierta la curiosidad morbosa. Se apela a nuestros instintos más primariso para conseguir el rating. Y es efectivo.
Lo que dices respecto a que la televisión puede cambiar la sociedad es cierto. Pero por el momento sólo quieren vendernos cosas.

Saludos.